Los Juegos Centroamericanos y del Caribe están considerados unos de los mayores eventos deportivos de la región. Los primeros se celebraron en Ciudad de México, en 1926, con la participación de tres países. La República Dominicana ha sido sede en tres ocasiones. En 1974, de los XII juegos, en los cuales intervinieron 22 países y cuyo montaje costó 20 millones de pesos o de dólares, entonces las dos monedas estaban a la par.  En 1986, de los XV juegos, en los que participaron 30 países; su sede principal fue  La Barranquita, Santiago de los Caballeros. En los actuales, los XXV, compiten cerca de 37 naciones. Se desconoce la inversión del gobierno dominicano en estos y en los de 1986.

La organización de la XXV, edición ha sido compleja y costosa, puesto que ha requerido más de treinta instalaciones deportivas, tanto en  Santo Domingo como en el interior de país.

Las delegaciones presentes compiten en cerca de cuarenta disciplinas; entre ellas béisbol, fútbol, sóftbol, voleibol, baloncesto, boxeo, boliche, atletismo, natación, ajedrez, ciclismo, judo, karate, lucha, taekwondo, tenis, tenis de mesa, golf, remo, surf, squash, esgrima, rugby, tiro deportivo, triatlón y vela.

Los beneficios de estos Juegos trascienden el ámbito deportivo.

En lo psicológico, el deporte se aprecia como una poderosa herramienta para el desarrollo de la personalidad. Favorece el aprendizaje, fortalece la convivencia, estimula la socialización, cultiva la disciplina, el autocontrol y la perseverancia. No es casual que la antigua máxima «mente sana en cuerpo sano» conserve plena vigencia.

En lo político, reflejan avances institucionales. Una correcta organización y adecuadas instalaciones proyectan una buena imagen del país; además de capacidad administrativa y liderazgo político. Por eso, los resultados van más allá del número de medallas obtenidas. Por otra parte, estimulan el nacionalismo y el optimismo. Cada triunfo de un atleta dominicano despierta el orgullo colectivo, enaltecer el respeto por los símbolos patrios.

Porque el deporte, al igual que el arte y la cultura, posee un lenguaje universal capaz de reducir tensiones, generar confianza y acercar a los pueblos.

Esta visión del deporte se asocia a las contribuciones del famoso psicólogo   estadounidense Gordon Allport, quien estableció que, cuando personas pertenecientes a grupos diferentes interactúan en condiciones de respeto, igualdad y cooperación, disminuyen los prejuicios y aumenta la confianza mutua. Afortunadamente, los deportes aseguran estas condiciones: objetivos comunes, reglas compartidas, visión del adversario como un competidor, nunca como un enemigo.

Los Juegos Centroamericanos y del Caribe constituyen, por tanto, un valioso testimonio del poder del deporte para unir personas, fortalecer instituciones y estrechar los vínculos entre las naciones.

Por estos indiscutibles beneficios, y por el éxito en el montaje de estos juegos felicitamos al gobierno y al pueblo dominicano. Sin embargo, no dejan de surgir ciertas incómodas interrogantes. ¿Es este el tiempo adecuado para realizar inversiones tan cuantiosas en el montaje de estos Juegos? ¿Era preferible destinar una parte de esos recursos a enfrentar el caos del tránsito? ¿Sería una  inversión más útil construir más piscinas y  plays de beisbol, y otras modestas  instalaciones deportivas en  barrios y  campos para disfrute de un mayor número de ciudadanos y para alejar a los jóvenes  del peligro de la delincuencia?

William Galván

Profesor de psicología y antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Investigador académico y consultor de empresas.

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