Advertencia preliminar. La situación de Cuba es tan apocalíptica, en medio de tantas amenazas de exterminio de civilizaciones centenarias, de regreso por doquier a la Edad Media occidental y de reproducción de infiernos dantescos en la tierra hoy, que clama al cielo.

Dicho en buen cubano, su solución final está “en mientes”.

En lo que acontece lo que tiene que —a no confundir con lo que debe— acontecer, no hay mejor arma humana que apelar a “la suerte del cubano” en una forma tradicional.

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Secretario
¡Audiencia pública! ¡El tremendo juez de la Tremenda Corte va a resolver un tremendo caso!

Juez
Buenos días, secretario. ¿Qué caso tenemos hoy?

Secretario
Señor juez, un caso de los que no tienen pies ni cabeza… pero sí hambre, cola… y amenaza.

Juez
Explíquese.

Secretario
Nananina y el gallego, Gumersindo Caldeiro y Zapatilla, acusan a Cien Patines de estafarlo con un seguro… que ya no cubre ni los abusos y entuertos de aquí, ni los excesos y amenazas de allá.

Juez
¡Ah! Caso de cuidado ese.
Llame usted a los implicados en este seguricidio.

Secretario
¡Gumersindo Caldeiro y Zapatilla!

Gumersindo
¡Presente, señor juez!
Con el caldero vacío y el alma en un hilo.

Secretario
¡Pepe Candelario Cien Patiiines!

Cien Patines
¡A la reeejaaa!

(Entran. Gumersindo agitado y visiblemente molesto. Cien Patines, como si la cosa no fuera con él.)

Juez
Bueeeno…, y ¿dónde está Nananina?

Gumersindo
Quedó en la casa, señor Juez.

Resulta ser que está temblorosa y muerta de miedo.

En estos días ni sale de la casa.

Usted debe saberlo.

¡Cada día es más difícil vivir aquí, señor juez!

Y, ¡pa´colmo!, ese saco de hueso que usted ve ahí todos los días nos cobra más por menos.

Juez
¿Cómo que más por menos?

Gumersindo
¡Nada!, señor juez.

Ese seguro que nos vendió ni nos resguarda del hambre, ni de las colas de aquí.

Y ahora este sujeto tampoco quiere cubrir de los asedios y de las amenazas que llegan, hablando en inglish, pero no como los turistas, ¡del célebre “norte revuelto y brutal”!

Juez
A ver si logro entender.

Gumersindo
No se haga el bobo, chico. ¿Acaso usted no ha oído hablar de un rubio que anda suelto por ahí repitiendo como un perico que los próximos somos nosotros?

(El juez asiente con la cabeza.)

¡En efecto, es el mismo que nos aprieta con el bloqueo y que pregona eufórico que le va a entrar al país con las dos manos!

Cien Patines
¡Qué cerebro tan estrujado tienes gallego!

¿Por qué no entiendes que eso no es mi problema? Por menos no puedo asegurarte más y mucho menos todo lo que ese míster dice que nos va a traer. ¡Tu tá loco, chico!

Juez
Explíquese, Cien Patines, ¿por qué no?

Cien Patines
¿Tú también estás bobeando?
Una cosa es asegurar golpes criollos…
y otra muy distinta, cercos, bloqueos y amenazas importadas.

Gumersindo
¡Pero si usted me dijo que era cobertura total!

Cien Patines
Total… hasta donde alcance el bolsillo, chico.

Juez
Le he dicho que se explique.

Cien Patines
No se me haga el desentendido. ¿Dónde vives tú, chico?

Aquí solo hay hambre…
colas…
y penuria por todos lados…

Y más ahora, en medio de la oscuridad, con todo eso que se oye cacarear con acento extranjero.

Gumersindo
¡Y yo con el caldero puesto!
¡Que no hay qué echarle, ni ahora ni después!

Cien Patines
Por eso mismo…, chico.
La prima sube y vuelve a subir.

Juez
¿Sube?

Cien Patines
¡Mucho!
Porque esos rubios no creen en nada.
No dicen dónde hay…
ni dejan algo ´lo demás.

Gumersindo
¡Pero si yo ya le pagué!

¡Cobertura “too-tal”!

Cien Patines
Eso era tarifa básica… chico. “Báasicaa”.
solo para pleitos criollos,

sin bloqueo reforzado ni susto internacional.

Lo mío es un negocio por la ley.

Gumersindo
¡Negocio ninguno!
¡Que tengo a Nananina en la casa temblando!,

escondida debajo de la cocina.

Y yo, sin poder rehuir las carencias de aquí,

Ni dejar de preocuparme por lo que viene y nunca llega.

Juez
¿Nananina debajo de la cocina?

Gumersindo
¡Sí, señor!

Que ya no come, ni encuentra qué comer y, con lo que dicen que dice el rubio de por allá.

¡Ni duerme, ni deja de temblar!

Y entretanto, nosotros, ni olemos la comida, ni tenemos seguridad.

Cien Patines
¡Yo no puedo cubrir tiros, palazos y bombas!

Juez
Pero entonces, ¿qué cubre usted entonces?

Cien Patines

Yo no cubro nada..
El seguro sí, mucha ilusión y muchísima esperanza…
Pero ahora, sí, tras los supuestos acuerdos que irán a ser acordados, con aumento.

 Gumersindo
¡Pues yo lo que tengo es a nuestra humanidad postrada en la cocina,

temblando de desesperación.

 Juez
¿Qué dice usted a eso, Cien Patines?

Cien Patines
Que yo no inventé ni el hambre,
ni la cola,
ni el bloqueo…

ni las amenazas de intervención en la casa de algún vecino.

¡Pero para yo, Mamita y Cucusita no dejarnos morir, tengo que ajustar la prima del negocio.

Gumersindo
¡Ajustar dice!
¡Sí, lo único ajustado en este país es el cinturón!

Juez
¡Orden en la sala!

(Pausa)

Este tribunal considera…

Que el gallego y Nananina fueron engañados.
Compraron seguridad completa en medio del desespero…

Y, si bien el acusado no puede parar lo de afuera,
ni resolver lo de adentro…,

por tanto, no puede cobrar más

para que todos sigan

de mal en peor.

Secretario
Y entonces, ¡venga la sentencia!

Juez
Condeno a Cien Patines

a devolver el dinero de la prima…,
sin recargo por sustos adicionales;

también, a calentar sin chistar

con toda su humanidad

el calabozo más oscuro en

el Castillo del Príncipe.

Cien Patines (saliendo)
“¡Qué suerte tiene el cubano…!

Suben el precio al miedo…
y bajan la ración al hambre…

Y, justo cuando todo se va a desmoronar…,

no permiten que aumente más,

a cambio de una prima elevada,

la esperanza, el sosiego y la tranquilidad.

Fernando Ferran

Educador

Profesor Investigador Programa de Estudios del Desarrollo Dominicano, PUCMM

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