Es ya común ver presentaciones del Instituto Dominicano de Aviación Civil (IDAC), tanto en la prensa como en las redes sociales, sobre su participación en foros y actividades internacionales relacionadas a seguridad operacional en la aviación. Incluso, en ocasiones, tanto el presidente de la República como funcionarios del sector han alabado al país por ser un referente regional en la materia. Pero cuando los técnicos del sector profundizamos, nos damos cuenta de que es todo papel y poca aplicación. La seguridad operacional es una ciencia complicada, con muchas aristas que en ocasiones tocan el poder gubernamental y empresarial, y la República Dominicana, a lo largo de su historia aeronáutica, casi siempre ha optado por salvaguardar esos poderes fácticos por encima de la seguridad operacional.
¿Cómo se supone que debe funcionar?
En el último episodio del podcast The Captains Council hablamos con Joshua Arnold, director de seguridad operacional de una de las principales aerolíneas de EE. UU. Arnold sostuvo que la seguridad operacional es una ciencia más que nada estadística, en la que las decisiones se deben tomar en base a los cambios significativos estadísticos que se vayan encontrando a medida que se analizan los números. Para que dicha estadística tenga sentido, los reportes deben ser sinceros y detallados, lo que a su vez sugiere la enorme importancia del factor clave en todo sistema de seguridad operacional: la confianza.
Y es que una vez se alcanza la confianza de los técnicos, en el que no se teme a represalias por lo que reportan, el siguiente paso es el análisis y la transparencia con los datos recaudados. Esto no significa que se deba violar la confidencialidad del reportante, sino más bien compartir con la comunidad aeronáutica la mayor cantidad de datos sobre reportes, o tendencias identificadas en dichos reportes.
La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) ha hecho énfasis, en sus más recientes publicaciones, en lo que ha llamado una cultura justa y positiva de seguridad operacional, donde el técnico se sienta en la libertad de proactivamente identificar, mediante reportes, los aspectos de la operación que pudieran causar desvíos o incidentes de seguridad operacional. Cabe resaltar que, en dicha estructura, el énfasis es prevenir con la mayor anterioridad posible las desviaciones que pudieran causar incidentes, más que reportar incidentes ya ocurridos.
¿Cómo funciona en República Dominicana?
Aunque las instituciones de aviación dominicana y sus empresas aéreas y aerolíneas tienen una larga lista de auto-felicitación por la gran labor ejercida, la realidad es que nuestro sistema de seguridad operacional existe en su gran mayoría solo en el papel. La cultura de seguridad operacional dominicana es casi inexistente, comenzando con la Ley de Aviación Civil 491-06 y sus modificaciones. El Estado dominicano castiga cualquier desviación de los estándares con penas pecuniarias exorbitantes, y a la vez les pide a los técnicos que reporten cuando se desvíen por error de dichos estándares, creando una doble moral que acaba con cualquier intento de modernización del sistema. A esto se suma una cultura de confidencialidad, que más que guardar la identidad del reportante, busca esconder toda desviación de los estándares como una forma de proyectar una seguridad inexistente.
Tal es el caso de la famosa resolución del IDAC No. 001/2017, la cual supuestamente amparada en el Anexo 19 de Gestión de Seguridad Operacional de la OACI, cohíbe de todas las maneras posible a que se divulgue cualquier aspecto de seguridad operacional, incluyendo estadísticas y reportes. Esto no solo es una contradicción con el mismo anexo 19 de OACI, sino que va en contra de todo lo que OACI y las demás agencias de aviación civil global recomiendan.
Resultado
República Dominicana cuenta con un sistema sumamente deficiente de seguridad operacional en la aviación, escondido detrás de una política de confidencialidad que prohíbe su desarrollo, y que muchos unen a una excusa barata de “defensa del turismo”, en la que la mediocridad continúa siendo la base de la operatividad en el sector. Es como si los turistas (en su mayoría de países más desarrollados que el nuestro, con sistemas más abiertos y transparentes) fuesen a preferir la mentira y el falso sentido de seguridad actual sobre la transparencia y la profesionalidad que la OACI nos llama a ejecutar.
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