Las diferencias lingüísticas que se manifiestan en el español hablado en América son muchas. Sin embargo, hay dos rasgos generales que comparten todos los países hispanoamericanos en todos los niveles sociales: el seseo, es decir, la pronunciación de ‘ese’ en vez de ‘zeta’ (‘corasón’, con ese; no ‘corazón’, con zeta), y el empleo de ‘ustedes’ en vez de ‘vosotros’ en el área sintáctica, en concordancia con la tercera persona plural del verbo (‘ustedes estudian’, ‘ustedes cantaban’…). Otros fenómenos, como la elisión de la /d/ intervocálica postónica (‘terminao’, ‘atentao’), que se produce en proporciones menores a las verificadas en España, son igualmente comunes en todas las regiones americanas, sobre todo en el habla popular. Por eso, tales rasgos no son incluidos en la enumeración de las características distintivas de cada país.
Tomando en cuenta determinados hechos, se han realizado muchos intentos de zonificar el español americano. La idea ha sido agrupar las regiones o los países que comparten ciertos rasgos fonéticos frente a los que no los comparten. Unos autores han llegado a la conclusión de que existen cinco regiones, otros plantean que son dieciséis y otros, que hay muchas más zonas diferentes lingüísticamente. Una división global interesante es la que distingue entre tierras altas y tierras bajas, que algunos han caracterizado, de forma jocosa, según su régimen alimenticio: ‘las tierras altas se comen las vocales y las bajas se comen las consonantes’. De esta manera, en Bogotá, en La Paz, en ciudad de México o en Quito se puede escuchar la palabra ‘entonces’ como [entóns’s], con una /s/ final muy tensa y larga, pero sin la /e/ final; en cambio, en Santiago de Chile, en Caracas, en La Habana o en Santo Domingo es común oír [entónse], con retención de la última /e/, pero con omisión de la /s/ final.
México tiene una población que sobrepasa en la actualidad los 130 millones de habitantes. Esta cifra convierte a México, por mucho, en el país que concentra la mayor cantidad de hablantes de español en el mundo. Por su gran extensión geográfica y demográfica, es normal que dentro de su territorio haya varias modalidades lingüísticas. Con todo, además del seseo, que es general en toda América, es también común en todo el país el yeísmo (se dice ‘caye’, con ye, en vez de ‘calle’, con elle).
Desde el punto de vista fonético, el país se puede dividir en varias regiones dialectales. En la zona central, la de mayor población, que incluye a la ciudad de México, el habla culta presenta un sólido consonantismo que se revela en la conservación de los fonemas, incluso en posición final de sílaba y palabra. Estas son algunas de las características fonéticas de la zona central de México:
- mantenimiento sistemático de una /s/ tensa en posición final de sílaba y de palabra (los dos, disgusto);
- relajamiento y la elisión de las vocales inacentuadas, sobre todo junto a /s/ (ant’s, por ‘antes’; camis’s, en lugar de ‘camisas’);
- frecuente diptongación de los hiatos /ea/, /eo/, /oa/, /oe/ en palabras como [tjatro], por teatro, o [pweta], por poeta;
- pronunciación de la jota como fricativa y velar, aunque menos tensa que la española;
- mantenimiento de la /n/ final de palabra como alveolar;
- pronunciación asibilada (parecida a una ‘ese’) de la /r/ final de palabra ([salir’s], por [salir]).
En cambio, la zona de la costa de Golfo de México (por ejemplo, el estado de Veracruz), se caracteriza por fenómenos semejantes a los que ocurren en la República Dominicana, como:
- aspiración y la elisión de la /s/ final de sílaba y de palabra;
- velarización de la /n/ final de palabra;
- pronunciación de la /x/ como aspirada [h].
Por su parte, en la zona de Yucatán se producen fenómenos como la pronunciación oclusiva de las sonoras /b, d, g/ en cualquier contexto, la bilabialización de la /n/ final de palabra, que se convierte en [m]: [pam], por ‘pan’; la pronunciación relajada de la ye, y de la jota como aspirada [h]. En la zona norte, Chihuahua, por ejemplo, son comunes la pronunciación fricativa de la che, como [sh] (shihuahua), y la articulación muy abierta y relajada de la ye ([eia], por ella).
Desde el punto de vista sintáctico, el rasgo más peculiar del español mejicano es el empleo de la preposición hasta con el valor de inicio, y no de término, con ausencia del adverbio no. Por ejemplo, en lugar de decir, según la versión regular, ‘La tienda abre a (desde) las 10 de la mañana’, o ‘La tienda no abre hasta las 10 de la mañana’, dicen ‘La tiende abre hasta las 10 de la mañana’, lo que, para la mayoría de los hispanohablantes del resto del mundo significa lo contrario, porque si la tienda ‘abre hasta las 10’, lo lógico es entender que ‘cierra a las 10’.
En cuanto al léxico, se pueden citar diversas palabras distintivas, como ‘camión’ (autobús),
‘güero’ (rubio), ‘gis’ (tiza), ‘chamaco’ (niño, adolescente), ‘platicar’ (hablar, conversar), ‘padre’ (adjetivo: chévere, muy bueno), ‘aventón’ (autoestop, bola), ‘mande’ (para responder a alguien que llama o cuando no se ha escuchado bien algo).
América Central
Aunque algunos fenómenos son comunes a todos los países de esta región, en otros casos se manifiestan unas diferencias que la convierten en una zona lingüísticamente heterogénea. Un rasgo muy extendido en la zona es el voseo: vos cantás (tú cantas); vení (ven), con la excepción de Panamá, donde no es de uso generalizado.
Costa Rica tiene una población estimada en poco más de 5 millones de personas. A pesar de ser un país pequeño, el español hablado en Costa Rica presenta una notable variedad de una zona geográfica a la otra, y se distingue claramente de las modalidades vecinas de Panamá y de Nicaragua.
Fonéticamente, algunas características generales son la pronunciación relajada, que llega a veces hasta la elisión, de la ye intervocálica (dicen [aier], por ayer), y la velarización de la /n/ cuando se encuentra en posición final de palabra. En la zona del Valle Central, que concentra la mayor parte de la población en ciudades como San José, la capital, y Cartago, son fenómenos generales la conservación de la /s/ final de sílaba, la articulación alveolar africada del grupo tr, con [r] asibilada (que puede confundirse con che: ‘otro’ puede sonar como ‘ocho’), y la pronunciación fricativa asibilada de la vibrante múltiple erre, como una especie de ye rehilada, zumbada. En otras regiones, es común el mantenimiento de la vibrante múltiple alveolar erre, así como también la aspiración y la elisión de la /s/ final de sílaba y de palabra.
En el campo morfosintáctico, es de uso general en todo el país el voseo (vos cantás), y la forma de diminutivo –ico se utiliza cuando la última consonante de la palabra es una /t/ (gatico). Este uso es la causa de que a los costarricenses los llamen ‘ticos’, aunque la misma designación podría aplicarse igualmente a los venezolanos, a los dominicanos y a los cubanos, por ejemplo.
El Salvador cuenta con una población estimada de unos 6.6 millones de personas que, en su mayoría, son hablantes de español como única lengua. A diferencia de Guatemala, por ejemplo, la presencia indígena en El Salvador es muy escasa. En lo fonético, el español salvadoreño presenta fenómenos como la pronunciación relajada y elisión de la ye intervocálica, la articulación oclusiva de /b, d, g/ después de consonantes no nasales, la velarización de la /n/ final de palabra, la aspiración y elisión de la /s/ final de sílaba y de palabra. Como en otros países vecinos, también practican el voseo (Si vos querés, vení conmigo).
Guatemala tiene una población de más de 18 millones de habitantes. Sin embargo, una parte de esa población no habla español o lo habla como segunda lengua, ya que muchas personas tienen como materna alguna lengua indígena de la familia maya–quiché o de algún otro tronco.
Entre los rasgos fonéticos que caracterizan el español guatemalteco se pueden citar algunos como el mantenimiento muy frecuente de la /s/ final de sílaba y de palabra, la velarización de la /n/ final de palabra y la pronunciación de la jota como aspirada [h]. También son comunes la pronunciación relajada y elisión de la ye intervocálica, la articulación alveolar africada del grupo tr, con [r] asibilada (‘otro’ suena parecido a ‘ocho’), y la pronunciación fricativa asibilada de la vibrante múltiple erre. En el terreno sintáctico, es general en el país el voseo: ‘Vení, ponelo vos, pues’. Y, especialmente en el habla popular, es común el empleo del artículo indefinido o del demostrativo delante del adjetivo posesivo en construcciones nominales como “una mi amiga” y “esta mi hermana”. En cuanto al léxico, vale mencionar el término ‘chapín’, que es el gentilicio familiar que identifica a los guatemaltecos.
La población estimada de Honduras es de poco más de 9 millones de habitantes. La gran mayoría de ellos solo habla español, porque la presencia indígena es escasa. Entre los rasgos fonéticos más importantes del español hondureño se encuentran la pronunciación relajada, que llega a veces hasta la elisión, de la ye intervocálica; la articulación oclusiva de /b, d, g/ después de consonantes no nasales; la velarización de la /n/ final de palabra y la pronunciación de la jota como aspirada [h]. Es frecuente también la aspiración y elisión de la /s/ final de sílaba y de palabra, que incluso se aspira en posición inicial de palabra, en casos como ‘la semana’ [lahemana]. En el plano sintáctico, es de uso general el voseo.
Nicaragua, situada entre Honduras y Costa Rica, tiene una población de 6.6 millones de habitantes, y a diferencia de lo que pasa en algunos de los países vecinos, no existe mucha variación lingüística en el interior de sus fronteras. Algunos de los rasgos fonéticos más destacados del español nicaragüense son la pronunciación relajada y la elisión de la ye intervocálica, de forma que una palabra como calle suena como cae; la velarización de la /n/ final de palabra; la aspiración y elisión frecuente de la /s/ final de sílaba y de palabra (desde → dehde → dede); así como la pronunciación de la jota como una débil aspirada [h]. En el campo sintáctico, el voseo es la norma general.
Panamá, con una población estimada de más de 4 millones de habitantes, comparte muchos rasgos lingüísticos con las islas del Caribe hispánico, a pesar de no formar parte geográficamente del conjunto antillano, sino de Centroamérica. Desde el punto de vista fonético, una característica importante del español panameño es la aspiración y elisión frecuente de la /s/ final de sílaba y de palabra (ehcuela por escuela, do por dos). Como en todo el Caribe, este proceso está condicionado por una serie de factores sociolingüísticos, como el nivel de educación, el sexo y la edad. Otros rasgos compartidos también con el Caribe son la posteriorización o velarización de la /n/ final de palabra y la pronunciación relajada de la jota como aspirada [h]. En el habla de los grupos sociales más bajos, las líquidas /1/ y /r/ finales de sílaba se relajan y se neutralizan con relativa frecuencia. Por otra parte, parece haberse extendido en las últimas décadas el fenómeno de la fricativización o pronunciación floja de la che intervocálica como [sh] (mushasho, en vez de muchacho).
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