La tercera vez que asistí de manera personal a los estudios de difusión de la emisora Radio Guarachita fue junto al reconocido locutor Pablo Marcel. La época a la que me refiero corresponde al año 1980, y en la ocasión lo acompañaba porque en La Poderosa se habían presentado varias vacantes y él tenía especial interés en ocupar uno de esos espacios laborales. Me extrañó sobremanera que a mi mentor y guía de mis inicios radiofónicos le interesara ajustarse al estilo popular de la estación, ya que Pablo era un profesional de la radiodifusión nacional muy versátil, con amplia facilidad de expresión, profundos conocimientos culturales del país y del mundo, y sobre todo, responsable con las tareas que asumía para garantizar el sustento de los integrantes de su noble familia.
Esa noche en los estudios de la planta conversó brevemente con el locutor de turno y obtuvo la información necesaria sobre los requisitos de ingreso y el pago que recibiría por ser miembro del staff. Claro, posteriormente tendría que conversar con el mandamás de la empresa, don Radhamés Aracena, quien establecía las condiciones creativas y exigencias técnicas para ser parte de su equipo de locutores.
Muchos receptores comunes de la radio dominicana, así como comunicadores sociales y locutores de oficio de aquellos años, pensaban que por el carácter enteramente popular de la estación, cualquier muchacho nuevo, con voz engolada y bajo nivel educativo y cultural, podía ingresar con facilidad al nicho sagrado que con mucho esfuerzo había diseñado y construido ese visionario de la radiodifusión del país. Allí había un estilo único e inconfundible que cada locutor debía respetar y aprender a producir. Nada de estilos e innovaciones personales, como era muy común en diversas estaciones radiales de esos años. Si luego de varios meses de prácticas constantes en torno a la metodología laboral diseñada de manera particular para La Guarachita los aspirantes no las dominaban con maestría, don Radhamés Aracena les daba las gracias por su interés.
Lo que hacía interesante trabajar en La Guarachita era el seguro reconocimiento de tu nombre en casi todo el país, el respeto profesional de tus colegas, y un hecho poco común en la radio de esa etapa: La Guarachita pagaba un buen sueldo y a tiempo. Las demás estaciones, por más profesionales que parecieran, con muy contadas excepciones, retribuían pobremente a sus talentos frente al micrófono. La Guarachita no jugaba con esa realidad, condición que le confería a su fundador y director toda la fuerza moral para exigir a cada locutor calidad profesional y respeto por su empresa.
Ese dato real me lo confió mi amigo y posterior colega Pablo Marcel al preguntarle sobre su interés en trabajar en una estación que a todas luces estaba por debajo de su capacidad creativa e intelectual. Me aclaró que la programación tenía un público cautivo que resultaba de interés para los anunciantes de diversas empresas privadas e instituciones estatales. Me explicó además que, producto de la estructura empresarial diseñada por Radhamés Aracena, la planta siempre tenía solidez económica, pues la distribuidora y tienda de discos, la prensadora y la estación se auxiliaban metodológicamente. En vez de faltar recursos, se agregaban otros que provenían de la contratación de artistas de su catálogo y por la promoción de fiestas amenizadas por estos, en la ciudad capital, pero de manera constante en el interior del país, dada la receptividad de la estación en las cabeceras de provincias, municipios y parajes.
Un aspecto que nunca dejó de materializar La Guarachita fueron sus servicios públicos. Esa labor social mediática era constante y se difundía sin patrocinio alguno. Al parecer ese era el argumento con que el avezado radiodifusor santiagués retribuía la fidelidad de sus oyentes a la programación de su estación. Con o sin patrocinio directo, los servicios públicos de Radio Guarachita amarraban una amplia masa de oyentes a la emisora, y eso lo reconocían empresarios y los ejecutivos de las escasas agencias publicitarias establecidas en el país para esos tiempos de grandes innovaciones creativas. Invertir en La Guarachita era garantía de que un blanco de público definido en tu estrategia de campaña publicitaria iba a consumir los productos o servicios fabricados o redistribuidos por tu empresa.
Para que los lectores puedan medir la importancia de los servicios públicos de Radio Guarachita en la época en que estos se implementan, deben valorar cuatro (4) aspectos claves ocurridos en el país antes y posterior al momento en que la estación inicia sus transmisiones regulares:
- Fin de la dictadura trujillista, el 30 de mayo de 1961.
- Elecciones democráticas en 1962.
- Golpe de Estado al gobierno del profesor Juan Bosch en 1963, y
- La Revolución Constitucionalista de abril a septiembre de 1965.
El periplo de esos hechos históricos ocurridos a mitad del siglo XX, que concluyeron con la elección presidencial del Dr. Joaquín Balaguer en 1966, no le dieron sosiego a la sociedad dominicana para que organizara sus esfuerzos laborales y estabilizara su economía personal y familiar.
Esa inestable realidad social y política provoca un éxodo masivo de habitantes del país desde diversas provincias hacia la ciudad capital. Por lo común venían atraídos por los acontecimientos políticos que habían transformado para siempre la conciencia del pueblo dominicano. Otras veces tan solo por ver la ciudad que les había sido vedada por tantos años de control de la férrea dictadura. En el mejor de los casos, la meta era conseguir un empleo estatal o privado, mientras concluían sus estudios profesionales en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Ese público, con ligeros niveles formativos pero con amplios deseos de trascender socialmente, es el que adopta mediáticamente Radhamés Aracena. Con su bien perfilada estrategia logra alcanzar un porcentaje significativo de ese blanco de público, solidificando el proyecto radiofónico que había diseñado tomando como referencia directa algunos conceptos creativos y técnicos de la radiodifusión colombiana, cuyas emisiones regulares se recepcionaban en el país en esos años.
¿Qué labor tan importante cumplían los servicios públicos ante los oyentes de La Guarachita?
Muchas personas del interior venían a la ciudad capital a la casa de un familiar, pero no tenían la dirección completa. Podía faltarles el sector o la calle, y muchas veces el número de la casa. Mediante un llamado público de La Guarachita, los familiares se reencontraban en la calle Palo Hincado n.º 74, local de la estación. Los choferes de carros y autobuses públicos les sugerían quedarse en el lugar, dada la seguridad de que serían recogidos en un tiempo prudente por sus familiares. La ubicación de la planta frente al kilómetro cero (0) de la ciudad era un valor agregado a esa propuesta social y creativa. Resultaba casi imposible extraviarse para llegar a la estación, pues el concepto social y creativo de su diseño le había facilitado el reconocimiento cabal por la sociedad dominicana.
Otra razón de valor de los necesarios servicios públicos de La Poderosa consistía en difundir la enfermedad terminal o el fallecimiento de algún familiar, tanto para sus seres queridos en el interior del país como en la ciudad capital. Este servicio público regularmente concluía con la frase: ¡Salgan seguido!
El diseño del texto, aunque creaba preocupación en los oyentes afectados, jamás declaraba el hecho real de las dolencias sanitarias del pariente bajo extremas condiciones médicas.
Independientemente de esa labor tan importante, la estación contaba con una programación que, además de bachatas y merengues típicos, incluía los siguientes espacios:
Los merengues de las 7:30 a. m.; Las canciones de Javier Solís y Así cantaba Pedro Infante, transmitidos en horario de 5:30 a 6:30 de la tarde. Los discos de esos dos intérpretes mexicanos de fama continental eran vendidos y distribuidos por el sello disquero La Guarachita, y el público los adquiría en su tienda de la calle El Conde.
A partir de las 12:30 del mediodía se difundía el programa Nuestro concierto de amor, producción especial dirigida a un público más selecto. En esa propuesta, por lo común eran difundidos discos instrumentales del mundo que su empresa disquera representaba en el país. Ese ambiente relajado, distante de la difusión de bachatas y merengues típicos, dejaba en el subconsciente de receptores y profesionales del medio la idea de que detrás de ese proyecto empresarial había personas con talento que cuidaban su inversión.
Como casi todas las emisoras de ese tiempo, Radio Guarachita poseía un noticiero informativo, denominándolo Noticiero Doble U (W), última letra de su alfabeto radiofónico que Radhamés Aracena destacó para identificar y distinguir su estación de las demás.
Otros espacios de su programación habitual fueron:
El mensajero Doble U (W), con la conducción de Francis Méndez, miembro distinguido de su staff de locutores, cuya voz, estilo profesional, así como sus amplios conocimientos culturales y educativos, le facilitaron el reconocimiento de los receptores; posteriormente asumió proyectos artísticos en torno al talento de orquestas e intérpretes solistas.
El Club de los Madrugadores; Alegrándole en su mañanita; Concierto de amor; El mundo de los long play; Cita con Roberto Yanes; La Discoteca Millonaria; Las Cuerdas que Lloran; Los Diplomáticos.
Además de Radhamés Aracena y Francis Méndez, Radio Guarachita tenía como locutores de planta a: Freddy Ortiz, William Tavárez, María Victoria Gaspar, Bernardo Palau Pichardo, Marcia Matos, Bolívar Rondón y Tony Díaz.
Su programación musical impulsó la carrera de los más populares bachateros de la época, entre los que destacan: Luis Segura, José Manuel Calderón, Leonardo Paniagua, Fabio El Policía, Aridia Ventura, El Chivo sin Ley, Inocencio Cruz y Rafelito Encarnación.
Cuando decidí este acercamiento nostálgico en torno a esta emblemática empresa radiofónica de mitad del siglo XX, llegaron a mi memoria aquellas promociones que una tras otra escuchábamos en el hogar, las guaguas, los carros de concho y en las casas vecinas.
Luego de transcurridos cuarenta y seis (46) años de aquella tercera visita a La Guarachita, definitivamente no puedo olvidar —y sé que gran parte de mis congéneres tampoco— esos estribillos que con objetividad y profundos niveles de creatividad fueron diseñados por ese eminente visionario de la radiodifusión dominicana, con la expresa intención de ganar receptores.
Veamos algunos:
"Hoy es martes, hoy es martes… ¡ni te cases, ni te embarques…!"
"HIAW, Radio Guarachita, con su antena polidireccional de 360 grados, rumbo al futuro…!"
"Están oyendo otro disco nuevo, por Radio Guarachita…!"
"Radio Guarachita a la cabeza…!"
"Aquí está Radio Guarachita, cien por ciento música, con más discos cada minuto que pasa. Música a toda hora… ¡y ahora, oiga la hora!"
Definitivamente, estamos inmersos en un enorme patrimonio cultural del pueblo dominicano.
Los espero en la entrega n.º 3 de esta serie.
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