Yuval Noah Harari ha convertido la historia en una herramienta para interrogar el futuro.

Sus libros no se conforman con explicar lo que ocurrió: plantean qué está haciendo la humanidad con el poder, la tecnología, la información y el conocimiento. Esa mirada resulta especialmente útil para la educación dominicana, que enfrenta uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo: preparar a los estudiantes para un mundo que cambia más rápido que los propios programas escolares.

En Sapiens. De animales a dioses, Harari explica cómo Homo Sapiens llegó a dominar el planeta gracias, entre otros factores, a su capacidad para cooperar mediante relatos compartidos: religiones, Estados, leyes, monedas e instituciones. La enseñanza es profunda: las sociedades no se sostienen únicamente con infraestructura, sino también con ideas, valores y propósitos capaces de unir a millones de personas.

En Homo Deus, la mirada se desplaza hacia el porvenir. Inteligencia artificial, algoritmos, biotecnología y manipulación genética abren posibilidades extraordinarias, pero también una interrogante inquietante: ¿qué ocurrirá si nuestra capacidad tecnológica crece más rápido que nuestra sabiduría?

21 lecciones para el siglo XXI coloca el foco en el presente. Harari advierte sobre la desinformación, la automatización, la saturación de contenidos y la necesidad de pensamiento crítico. Cuando cualquier estudiante puede encontrar miles de respuestas en segundos, memorizar datos deja de ser suficiente. La verdadera educación consiste en comprender, discriminar, relacionar, interpretar y cuestionar.

En Nexus, Harari profundiza aún más esta preocupación. Su mensaje resulta decisivo: disponer de más información no significa necesariamente poseer más verdad. Las redes que comunican también pueden manipular. La inteligencia artificial multiplica ese poder y obliga a enseñar ética, responsabilidad y criterio junto con tecnología.

Incluso sus adaptaciones gráficas de Sapiens y la serie juvenil Imparables dejan otra lección educativa: el conocimiento complejo puede transmitirse de manera atractiva, narrativa e innovadora sin perder profundidad.

¿Qué significa todo esto para la República Dominicana?

Significa que modernizar la escuela no puede reducirse a instalar pantallas, repartir dispositivos o digitalizar viejos métodos de enseñanza. La transformación educativa exige algo mucho más profundo: enseñar a pensar.

El estudiante dominicano debe aprender a leer con comprensión, argumentar, verificar fuentes, detectar manipulaciones, resolver problemas, crear conocimiento y utilizar la inteligencia artificial sin convertirse en dependiente de ella. Debe saber distinguir entre información y conocimiento; entre popularidad y verdad; entre una respuesta rápida y una respuesta correcta.

El maestro seguirá siendo indispensable precisamente porque ninguna máquina puede sustituir completamente su dimensión humana: orientar, inspirar, transmitir valores, descubrir talentos y enseñar a convivir.

La escuela dominicana del futuro no debe formar repetidores de respuestas, sino constructores de preguntas.

Esa es quizás la lección más importante que podemos extraer de Harari: la tecnología puede multiplicar nuestras capacidades, pero solo la educación puede enseñarnos para qué utilizarlas.

La verdadera revolución educativa dominicana no consistirá en colocar una pantalla delante de cada niño, sino en colocar pensamiento crítico detrás de cada pantalla.

Porque en el siglo XXI, tener información será común. Saber pensar seguirá siendo extraordinario.

Rafael Santos Badía

Ministro Educación Superior

Ministro de Mescyt Político, abogado y maestro. Licenciado en Derecho. Maestrías en Diplomacia y Derecho Internacional y Derecho Administrativo. Especialista Economía Política y Derecho Laboral y Sindical. Experiencia y conocimientos sobre el sector sindical, el tripartismo y el sistema político, le han permitido participar activamente en la formulación de políticas educativas y laborales de la República Dominicana

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