“Baila en la calle de noche, baila en la calle de día”. Luis Días
El sábado pasado miles de personas bailaron con la música de Fineta Records en el Malecón Deportivo hasta que les dolieron los pies. El día antes otra multitud acudió a su cita semanal para bailar donde Chencha en Santo Domingo Este. Y el domingo hacían lo propio la gente que prefiere ir a bailar a la Zona Colonial con Bonyé mientras el Corito Bachatero sigue convocando fans de la bachata en todos los lugares donde va. Se trata de espacios diferentes: dos itinerantes y con fechas variables (Finetta y el Corito) y dos con lugares y fechas fijas (Bonyé y Chencha). Bonyé lleva más de 18 años deleitando a su fanaticada mientras que Chencha, el Corito Bachatero y Fineta son mucho más recientes. Sin embargo, todos tienen algo fundamental en común y que no debemos subestimar: son lugares para cultivar la alegría a través de la música y del baile reconquistando el espacio público en la ciudad.
Bonyé se refiere tanto al grupo musical Bonyé como al espacio que han creado al lado de las Ruinas de San Francisco y que se ha convertido en ritual semanal para cientos de personas y lugar de peregrinación para tantas y tantos turistas. Yo misma he llevado amistades de otros países a bailar a Bonyé y me encanta ir y ser testigo y participante entusiasta de este cultivo deliberado de la alegría. El grupo conformado por Francisco “Chino” Méndez, Félix Báez, Franklin Soto, Néstor Sánchez y Roberto Bobadilla rinde homenaje al icónico bailador de son José María Guerrero (Bonyé). Y Bonyé es el grupo y espacio público de mayor trayectoria en Santo Domingo y, hasta ahora, el de mayor proyección a nivel internacional. El grupo y el espacio se han hecho tan famosos que han aparecido en un sinnúmero de medios internacionales como CNN, el Miami Herald y el New York Times.
Incluso, escenas del encuentro dominical en Bonyé aparecen al inicio del episodio sobre República Dominicana y Haití en el documental “Black in Latin America” (“Las y los negros en América Latina”) del profesor de Harvard Henry Louis Gates Jr. simbolizando el legado afrodescendiente en nuestro país. Pero lo mismo podría decirse de cada uno de estos espacios donde conviven el son, el merengue, la salsa, la bachata y otros géneros con raíces en nuestro legado afrocaribeño. Bonyé también es reconocido a nivel nacional. Tanto que la primera dama Raquel Arbaje lo llamó una marca país por la tradición que ha creado en la Ciudad Colonial cuando fue representando al presidente Luis Abinader en la reactivación de los conciertos del grupo tras la pandemia. El impacto de Bonyé en la ciudad y en el turismo ha sido tal que la alcaldesa Carolina Mejía y el ministro de turismo David Collado también estuvieron presentes.
De manera similar, Chencha es un espacio abierto ubicado debajo del puente Ramón Matías Mella frente al río Ozama. O sea, justo después de cruzar el puente flotante que conecta la Zona Colonial con la comunidad de Villa Duarte. Fue inaugurado en el 2022 durante la gestión del cantante y ex alcalde de Santo Domingo Este Manuel Jiménez. Y así como el grupo Bonyé lleva el nombre del bailador de son más famoso del país, Chencha rinde homenaje a la reina del son y compañera de baile y de vida de Bonyé Inocencia Paredes (Chencha). Igual que Bonyé, Chencha ha tenido un impacto inmenso rescatando una parte abandonada de la zona metropolitana de Santo Domingo. Esta iniciativa ha convertido lo que había sido un basurero en uno de los espacios culturales más importantes de la ciudad.
Aunque ya Chencha tiene 4 años, yo no había podido sacar el tiempo para ir. Y cuando por fin lo logré el pasado mes de febrero, me emocioné viendo los grupos de bailadores y bailadoras de son que habían preparado coreografías especiales para celebrar el Día del Amor y la Amistad (por supuesto con camisetas combinadas con el nombre y los colores de sus grupos). Y es que aunque Chencha, igual que Bonyé, es un espacio para gente de todas las edades, predominan las personas de mi generación en adelante y confieso que me emocioné viendo tantas personas mayores cultivando su amor por el son y por pasarla bien. También me gustó ver que Chencha ha captado la atención de más personas jóvenes como ocurrió hace unos días con el evento organizado por Reconocidos en tu Barrio, otra iniciativa interesante de conciertos gratis, en este caso de música urbana, en diferentes partes de la ciudad.
El Corito Bachatero y Fineta también convocan personas de todas las generaciones pero, a diferencia de Chencha y Bonyé, hay más personas jóvenes. El Corito Bachatero fue iniciado por el gestor cultural Reggie Valera y, al igual que Fineta, atrae a mucha gente joven incluyendo las que asisten a las escuelas de baile de la ciudad quienes generalmente son las primeras en llegar a los diferentes lugares donde realizan sus encuentros. Igual que Bonyé, el Corito empezó en la Zona Colonial y de ser un grupo pequeño e informal se ha convertido en un fenómeno que convoca a cientos de personas. Por mucho tiempo se llevó a cabo en la explanada frente al Cinema Centro Malecón y confieso que los videos de cientos de personas jóvenes bailando ritmos tradicionales frente al que fue uno de mis cines favoritos de la adolescencia me alegraban el corazón.
Sin embargo, a pesar de la internacionalización de la bachata y su estatus como Patrimonio Intangible de la UNESCO, Valera se ha quejado de la falta de apoyo gubernamental para este tipo de encuentros como sí ocurre con otros ritmos e iniciativas. Un espacio similar dedicado preponderantemente a la bachata son los famosos carrandales, especialmente la Disco Terraza el Grande en el Batey Bienvenido de Manoguayabo en Santo Domingo Oeste, donde se dan cita cientos de personas los sábados, domingos y lunes. Como explica la folklorista Xiomarita Pérez en el mismo reportaje, los colmadones y los carrandales son los lugares donde más se baila el estilo actual o “tercera ola” de la bachata en la que se mezclan las bachatas clásicas con lo moderno.
Por último, Fineta Records es el fenómeno más reciente de los espacios de baile abiertos en la zona metropolitana de Santo Domingo y uno de los más visibles. A diferencia de los anteriores, también es un colectivo de curaduría musical encabezado por los DJs Nassim Dina y Limbano Sánchez rescatando el uso y la estética del vinilo en su propuesta. Fineta ha ganado tanta notoriedad en los Finetazos o encuentros al aire libre que han hecho con apoyo del Ayuntamiento del Distrito Nacional que acaban de ser anunciados como parte de la reedición del famoso Festival Presidente en diciembre. Aunque empezaron de manera informal y modesta, igual que las otras experiencias que les comento, en este momento atraen miles de personas ya sea en la Plaza de la Cultura, el Parque Iberoamericano, el Centro de los Héroes o en el Malecón Deportivo que les mencioné.
Fineta, el Corito Bachatero, Chencha y Bonyé son parte de un fenómeno que incluye varios espacios más. Estos cuatro son de los más visibles y conocidos y destaco este tipo de espacios porque la propuesta que representan no es un tema secundario. Primero, porque son ejemplos de la “efervescencia social” de la que hablaba Emilio Durkheim, uno de los fundadores de la sociología, y que les he mencionado tantas veces en esta columna. La efervescencia social es la sensación de conexión que genera el compartir una experiencia colectiva en tiempo real con otras personas. Un concierto o un rito religioso nos puede hacer sentir parte de la comunidad aunque no conozcamos a las personas con quienes compartimos la experiencia. Espacios como Fineta, el Corito Bachatero, Chencha y Bonyé aumentan la cohesión social porque la efervescencia social es una de las mejores formas de generarla.
Más aún, la música y el baile son de las principales formas de crear efervescencia social en sociedades como la nuestra. Como también les he comentado en otras columnas, a diferencia de las culturas enfocadas en el trabajo o en el honor, las culturas caribeñas y latinas como la nuestra priorizan las relaciones personales y el momento presente. Como ha destacado varias veces la antropóloga Tahira Vargas, la música y la danza son elementos cruciales en este tipo de culturas. También Sharina Maíllo-Pozo plantea en su libro Puentes sonoros que la música popular dominicana, tanto en la isla como en Nueva York, tiene un componente de rebeldía que nos ha ayudado a empezar a superar el autoritarismo y a imaginar otras maneras de habitar el mundo. (Por cierto, Sharina está presentando el libro en la Feria del Libro, chequeen la cuenta de la Editorial Universitaria Bonó para que vean sus eventos).
Si todo esto fuera poco, espacios como Fineta, el Corito Bachatero, Chencha y Bonyé nos ayudan a rescatar y expandir el espacio público. Bajo la apariencia supuestamente “superficial” o “trivial” de la música y del baile nos ayudan a democratizar la ciudad. Como analiza de manera brillante mi colega sociólogo Thomas Jefferson Reyes Matos sobre los juntes de Fineta, el “único requisito para existir aquí es llegar”. Lo mismo ocurre con los demás espacios: asiste gente de todas las clases sociales y de todas las edades, de RD y de los países que nos visitan. Las tantas formas de autoritarismo social que todavía nos traicionan como sociedad se toman un receso y bailamos y cantamos a una.
La memoria espacial y sentimental de la gente también crece y se reactiva el poder de la música para la rebeldía. Las personas más jóvenes conocen los clásicos de otras épocas mientras las no tan jóvenes y mayores conocemos la música más reciente y todo el mundo compartimos el mismo lugar físico y emocional. Las Ruinas de San Francisco, lo que fue un basurero debajo del puente Mella y los diferentes lugares del Malecón donde han estado han vuelto a la vida. Por ejemplo, la gente joven que no conoció el Malecón iluminado y siempre activo de los años ’80 está recreándolo junto con Fineta, el Corito Bachatero y las autoridades de la ciudad.
Además, como destacó Reyes Matos, muchas de estas personas llegan usando el transporte público; otro efecto democratizante y calmante para contrarrestar lo agresiva y congestionada que se ha vuelto la capital. Es una señal muy positiva que diferentes autoridades municipales y parte del sector privado han apoyado varias de estas iniciativas. Aumentar ese apoyo y expandirlo a más de estos espacios en Santo Domingo y en otros centros urbanos puede ayudarnos a cambiar para bien la vida en la ciudad.
Como dijo una fanática en las redes, estos encuentros son “una curita pa’l corazón y una forma de reclamar nuestros espacios y nuestro derecho a la alegría”. No habría podido decirlo mejor.
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