Cada 11 de enero no solo se conmemora el nacimiento de un destacado pensador caribeño, sino que se evoca la vida y obra de un hombre que hizo de la educación su causa esencial, de la justicia su bandera permanente y de América su patria definitiva. Eugenio María de Hostos nació en Mayagüez, Puerto Rico, en 1839, y murió en Santo Domingo en 1903, tierra que lo acogió como hijo y donde sembró una de las herencias intelectuales y pedagógicas más profundas de la historia dominicana. Su existencia fue testimonio de entrega, sacrificio y coherencia moral, razones por las cuales la historiografía latinoamericana lo reconoce como el Ciudadano de América (Ocampo López, 2004).

Hostos no fue un pensador encerrado en la abstracción ni un intelectual distante de la realidad social. Fue un educador comprometido con su tiempo, un filósofo itinerante, un sociólogo que pensó la sociedad desde la ética y un maestro convencido de que los pueblos solo alcanzan la verdadera libertad cuando desarrollan la capacidad de pensar críticamente. En ese proyecto vital, la República Dominicana ocupó un lugar central, pues fue aquí donde convirtió sus ideas en acción concreta y duradera, vinculando pensamiento y práctica educativa de manera ejemplar.

Para Eugenio María de Hostos, la independencia política alcanzada por las naciones latinoamericanas representaba apenas el inicio del proceso emancipador. Sin educación, sin conciencia moral y sin ciudadanos formados en la razón, esa libertad quedaba incompleta y vulnerable. La ignorancia, la superstición y la ausencia de ética pública constituían, a su juicio, formas modernas de esclavitud tan peligrosas como el colonialismo mismo (Hostos, 1939a). Desde esta perspectiva, la educación se convertía en una auténtica revolución moral, capaz de transformar al individuo y, con ello, a la sociedad.

Impulsado por esta convicción, fundó en 1879 la Escuela Normal de Santo Domingo, un acontecimiento que marcó un punto de inflexión en la historia de la educación dominicana. Su propósito no se limitaba a la formación técnica de docentes, sino a la creación de maestros con conciencia moral, rigor científico y profundo compromiso social. Para Hostos, el maestro debía ser formador de ciudadanos, orientador ético y agente activo de transformación social, responsable de elevar la calidad moral e intelectual de la nación (Ocampo López, 2004).

Desde su visión humanista, educar significaba mucho más que transmitir contenidos. Implicaba despertar la razón, fortalecer la conciencia y cultivar la virtud. La escuela debía ser un espacio de formación integral, donde el conocimiento estuviera al servicio del bien común, la justicia social y la dignidad humana. En este sentido, Hostos concebía la educación como una tarea ética, inseparable del desarrollo moral del individuo y del progreso colectivo.

Considerado precursor y fundador de la sociología en América Latina, Hostos entendía esta disciplina no solo como un campo de estudio, sino como una herramienta para comprender y transformar la realidad social. En obras fundamentales como Tratado de sociología y Moral social, reflexionó sobre la relación entre el individuo y la colectividad, afirmando que el orden social solo es legítimo cuando se fundamenta en el deber, la solidaridad y el respeto a la dignidad humana (Hostos, 1939b). Advertía que el progreso material, cuando se desvincula de los valores morales, conduce inevitablemente al deterioro de la vida social y al empobrecimiento espiritual de los pueblos.

Otro rasgo profundamente avanzado del pensamiento hostosiano fue su firme defensa de la educación de la mujer. En una época marcada por profundas desigualdades de género, Hostos denunció la exclusión femenina del conocimiento como una grave injusticia social. Estaba convencido de que una sociedad que margina intelectualmente a la mujer compromete su propio desarrollo moral, cultural y humano (Hostos, 1939c). En la República Dominicana apoyó activamente la formación de maestras y el fortalecimiento de instituciones dedicadas a la educación femenina, convencido de que la mujer educada desempeña un papel esencial en la formación ética de las nuevas generaciones.

Más allá de su labor pedagógica, Eugenio María de Hostos fue un luchador incansable por la independencia de Puerto Rico y por la unidad de las Antillas Mayores. Soñó con una federación antillana libre y solidaria, capaz de resistir las imposiciones del colonialismo y de construir un destino común basado en la justicia, la cooperación y la autodeterminación de los pueblos. En ese ideal, la República Dominicana no fue un simple lugar de acogida, sino su patria espiritual, el espacio donde desarrolló su obra más fecunda y donde reposan hoy sus restos, como símbolo de gratitud y reconocimiento nacional (Ocampo López, 2004).

Conclusión

Conmemorar el natalicio de Eugenio María de Hostos en la República Dominicana es mucho más que recordar una fecha histórica o rendir homenaje a una figura ilustre del pasado. Es, ante todo, una invitación a reflexionar sobre el sentido de la educación, la ética pública y la responsabilidad ciudadana en el presente. En una sociedad que aún enfrenta desafíos profundos en materia de valores, formación cívica y calidad educativa, el pensamiento hostosiano conserva una vigencia extraordinaria.

Hostos nos recuerda que no hay verdadera democracia sin ciudadanos conscientes, ni progreso auténtico sin moral social. Su legado interpela a educadores, estudiantes, dirigentes y ciudadanos a asumir la educación como una tarea ética y transformadora, orientada al desarrollo integral del ser humano. En cada aula dominicana, en la vocación del magisterio, en la defensa del pensamiento crítico y en la aspiración de una sociedad más justa, vive aún la obra de Eugenio María de Hostos. Recordarlo es, en definitiva, asumir el compromiso de construir una nación más consciente, más justa y más humana, fiel al ideal educativo y moral que él dedicó su vida a sembrar.

Bibliografía

Hostos, E. M. de. (1939a). Tratado de sociología. En Obras completas (Vol. XVII). La Habana, Cuba: Cultural S. A.

Hostos, E. M. de. (1939b). Moral social. En Obras completas (Vol. XVI). La Habana, Cuba: Cultural S. A.

Hostos, E. M. de. (1939c). Forjando el porvenir americano (Tomo I). En Obras completas. La Habana, Cuba: Cultural S. A.

Hostos, E. M. de. (1968). Moral social. Colección Pensamiento Dominicano. Santo Domingo, República Dominicana: Julio D. Portigo e Hijos Editores.

Ocampo López, J. (2004). Eugenio María de Hostos (1839–1903): Sus ideas americanistas y educativas para la formación de los maestros. Revista Historia de la Educación Latinoamericana, 6(6), 235–248.

Anthony Almonte Minaya

Historiador, Educador, Politólogo

Anthony Almonte Minaya, de nacionalidad dominicana, es un destacado profesional con una sólida formación académica y una amplia trayectoria en diversas áreas. Sus credenciales incluyen: Maestría en Historia Dominicana de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Licenciatura en Educación con mención en Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Licenciatura en Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Fue encargado del Departamento de Ciencias Sociales y profesor en el Colegio de La Salle en Santiago. Miembro de Ateneo Amantes De La Luz Miembro de la comisión de Efemérides Patria de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Recinto Santiago.

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