Pasadas las cinco de la mañana de este martes, el ruido seco de una ventana violentada interrumpió el sueño de Génesis Rodríguez, madre soltera residente en Espínola Segunda Etapa, San Francisco de Macorís. Un ladrón, desafiando las más elementales normas de cortesía, penetró en el aposento de una mujer que, como buena dominicana, dormía como Dios la trajo al mundo.
El intruso había salido en busca de unos cheles a punta de pistola, pero terminó vencido por la astucia y las infinitas curvas de la dama.
Según la protagonista de esta historia, el hombre entró exigiendo dinero, pero, al recibir una negativa, optó por ver qué escondía la enigmática joven debajo de las sábanas. Cuando levantó el lienzo, al “atracador” se le fue la nota y quedó “hipnotizado”. Fue entonces, supuestamente, que el hombre se olvidó de su propósito original y empezó a tocarla hasta imponerse por la fuerza.
Mientras el presunto atacante la tocaba, Génesis, haciendo gala de una sangre fría que ya quisieran muchos negociadores del FBI, decidió ofrecerle hasta una oportunidad de empleo: “Lo mejor es que tú te quedes conmigo, muchacho, que yo te puedo poner a trabajar legalmente para que no te pongan en 29”, dijo.
Según la presunta víctima, el ladrón hasta se olvidó del “tairrá” que llevaba para atarla y prolongó su visita hasta cerca de las seis de la mañana. La mujer, que relata ante las cámaras de El Nuevo Diario lo sucedido con la naturalidad brutal de lo cotidiano, dice que el ladrón fue enviado por unos “piperos” de un taller contiguo a su residencia.
Génesis dice que dejó que el hombre “estuviera” con ella porque tenía una “niña hembra en la otra habitación” y narra dramáticamente qué pensó: “Ahorita, cuando abuse de mí, me mata, pero por lo menos los hijos míos quedan vivos”.
La mujer fue tan convincente que el ladrón, en un insólito arranque de confianza, hasta su número de teléfono le dejó. Y, por si fuera poco, le confesó tener 24 años. Génesis lo describe como un hombre con una cicatriz alrededor del ojo izquierdo. También apuntó que quiso defenderse, pero que no sabía cómo manipular el “revólver grandísimo” que el delincuente había puesto en su cama.
Explicó que pasó de cinco a seis de la mañana “embullando” al intruso para que no la matara. Y en medio de aquella desesperada negociación, Génesis llegó hasta a ofrecerle matrimonio.
Vecinos del sector, al enterarse de la insólita historia, ofrecieron ante las cámaras una versión menos criminal y más novelesca: el supuesto ladrón de patio no era más que un amante furtivo de la joven.
Lo que falta por ver es si ella quiere que lo encuentren por el hecho delictivo o porque todavía lo espera. ¿Será que le dejará la ventana abierta?
Lo que sí está claro es que la mejor trampa que la policía puede tenderle a este huésped no invitado es vigilar la infame ventana, ya que hasta el escritor de esta página se quedó con la curiosidad de saber qué escondía esa morena perfecta debajo de esa bendita sábana.
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