Si mañana muero, yo espero que nunca olviden mi rostro
Y pongan un tema mío el día que traigan a Hostos”.
Bad Bunny

En esta entrega, continúo analizando el primer año del segundo mandato de Donald Trump con la segunda parte de las lecciones que creo importante aprender para contrarrestar las tendencias antidemocráticas que representan Trump y otros líderes autoritarios. Y lo hago, igual que en mi primera entrega sobre el tema, utilizando ejemplos de “la lección de historia” que fue el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl de Bad Bunny para usar la frase con que lo calificó el periódico New York Times. Mi querido lector, mi querida lectora, no les pido que se conviertan en fans de Bad Bunny. Para los gustos se hicieron los colores y yo misma todavía tengo problemas con parte de sus canciones.

Lo que sí les pido es apertura y un poco de paciencia porque los símbolos y la intencionalidad del artista en ese espectáculo constituyen “un manifiesto político” importantísimo. Y eso no lo digo yo, lo dice mi papá, Arsenio Hernández Fortuna, un dirigente comunista de 77 años que está desde los 13 años en la política. Tanto él como yo pensamos que Bad Bunny mostró en 13 minutos lo que nos puede llevar meses enseñar en el aula y hasta años entender a través de otros medios. En mi columna anterior les compartí dos de las lecciones que nos dejó este primer año de Trump. Ahora les propongo tres más.

Lección 3: La política del miedo paraliza, pero no sostiene

Como les he comentado antes y ustedes han visto en las noticias, Trump utiliza el miedo y la intimidación para reprimir a los grupos y personas con quienes no está de acuerdo. También les he compartido cómo estas actuaciones son parte del resurgir del autoritarismo y el fascismo que vemos alrededor del mundo. Pero en esta ocasión quiero usar como ejemplo su política exterior. El segundo mandato de Trump no ha sido el primer gobierno en asumir los intereses de EEUU como criterio casi único de su política exterior. En Latinoamérica conocemos muy bien esta política de intervenciones militares y de otros tipos. Pero desde la caída del Muro de Berlín, EEUU se había dedicado a utilizar mucho más el llamado “poder suave” de influencia cultural del que hablaba el experto en relaciones internacionales Joseph Nye.

Por el contrario, como vimos de manera reiterada en el primer año de este segundo mandato, el énfasis de Trump ha estado en intimidar y amenazar a otros países. Incluso, como han planteado analistas en varios medios, su doctrina se resume en la frase “Fuck Around and Find Out” (“inventa para que veas lo que te pasa”) y la Casa Blanca lo confirmó usando el acrónimo de la frase (FAFO) en sus publicaciones. El mismo Trump también la llama la doctrina “Donroe” poniendo la D de su primer nombre a la famosa Doctrina Monroe con la que EEUU terminó justificando sus intervenciones en Latinoamérica.

Por eso parece tan interesante que, como han planteado múltiples analistas desde su primer mandato, Trump solo parece respetar a las y los líderes que no temen ponerle frente públicamente (aunque sigan negociando tras bambalinas) mientras castiga aún más a quienes tratan de tranquilizarlo. China y Rusia son ejemplos obligatorios en ese sentido. Pero también parece ser el caso de países y líderes con mucho menos poder como México con Claudia Sheinbaum, Brasil con Lula Da Silva y, más recientemente, Colombia con Gustavo Petro con quien Trump salió sonriente en la Casa Blanca después de amenazarlo y tildarlo de narcotraficante durante meses. Incluso Canadá y la Unión Europea, aliados casi incondicionales de EEUU, han tenido que zapatearse como hizo el primer ministro canadiense en la cumbre anual de la gente más rica del mundo en Davos e hizo la Unión Europea a raíz de las amenazas de Trump sobre Groenlandia y parece estarles dando resultado.

El último disco y el espectáculo de Bad Bunny muestran este espíritu contestario y de independencia incluso con críticas directas al impacto negativo del dominio colonial estadounidense en Puerto Rico como en la canción “Lo que pasó a Hawái” que cantó Ricky Martin. De la misma manera, varios de los símbolos del show, como el color azul claro del vestido de Lady Gaga y la bandera de Puerto Rico con el mismo color, son referencias claras al movimiento independentista. (El gobierno de EEUU cambió el color a un azul oscuro en 1952 para que se pareciera a la bandera estadounidense). Y la canción “El apagón” y la escena en los postes de electricidad también representaban el abandono de la isla por parte de EEUU, especialmente después del daño ocasionado por el huracán María.

Incluso el hecho de que Lady Gaga cantara una de sus canciones a ritmo de salsa ha sido interpretado como un “crossover” inverso en el que la artista anglosajona se deja influenciar por la música de Latinoamérica. Pero, por supuesto, el momento de más impacto fue el final cuando Bad Bunny desafió la definición de América como Estados Unidos tan común en dicho país. Y lo hace, de manera muy provocativa, después de decir “God Bless America” que en EEUU es una frase sagrada para luego decir “o sea” y pasar a mencionar todos los países que conformamos el continente americano.

 Lección 4: La masculinidad es parte del problema pero también es parte de la solución

Trump y los líderes autoritarios como él nos recuerdan que hay una forma de ser hombres muy dañina incluso para el planeta. Como destacan los hombres que educan y ayudan a cambiar a otros hombres, el problema no son los hombres en sí. El problema es el tipo de masculinidad o forma de ser hombres que les enseñamos y que muchos aprenden en la que su identidad se basa en dominar y ejercer violencia contra las mujeres, otros hombres con menos poder y el medio ambiente. Líderes como Trump, Orbán, Milei y otros muestran con orgullo este tipo de masculinidad del mal llamado “hombre fuerte” de manera muy similar a los líderes autoritarios de otras épocas incluyendo a Hitler y a Mussolini. Carole Cadwalladar, la periodista británica que sacó a la luz el escándalo de Facebook y Cambridge Analytica, plantea que los archivos sobre el pedófilo Jeffrey Epstein muestran una manifestación contemporánea de esta masculinidad tóxica: la red internacional de políticos de la extrema derecha y líderes de la industria tecnológica (“Broligarchy”) involucrados en la explotación sexual de niñas y mujeres jóvenes.

Pero como nos recordaban los compañeros de la cuenta @demachosahombres (¡se las recomiendo!), hay muchas maneras positivas de ser hombre como saben bien los padres, abuelos, esposos y amigos que se han dado permiso para ser vulnerables, tiernos y aliados de las mujeres y otros grupos vulnerables. A pesar del contenido de algunas de sus canciones, Bad Bunny también hizo muestra de esta masculinidad más sana y abierta dando protagonismo a las mujeres y a la diversidad sexual en su espectáculo del Super Bowl igual que ha hecho en varias entrevistas. El ejemplo más evidente fue el incluir a Lady Gaga pero hay muchos más. Un batallón de mujeres bailó su canción contra el acoso “Yo perreo sola” y el show tuvo como invitada a Toñita, la dueña del famoso Caribbean Social Club en Brooklyn, un lugar icónico de la comunidad puertorriqueña y latina en Nueva York.

Incluso hay quienes especulan que las bailarinas poniendo blocks representaban el rol de las mujeres en la reconstrucción de Puerto Rico después del huracán María y su participación en oficios tradicionalmente masculinos. Otras personas plantean que era una referencia al programa “Manos a la obra” que inició la industrialización de Puerto Rico pero que también llevó a la esterilización de la tercera parte de las mujeres puertorriqueñas. Y si se fijan, en dos momentos distintos hay una pareja de hombres bailando y otra de mujeres dando visibilidad a las personas LGTBQ como parte normal de la alegría colectiva. Y no les tengo que decir que muchas personas se emocionaron con la ternura del gesto de Bad Bunny dándole uno de sus Grammys al niño que personifica a las nuevas generaciones.

Lección 5: La resistencia solo puede ser colectiva y se sostiene en la alegría

Para mí como estudiosa que soy de los movimientos sociales y activista de décadas, lo que va hasta ahora del segundo mandato de Trump es un recordatorio de que no hay soluciones individuales a los problemas colectivos. Como les comentaba en mi columna sobre los ataques de Trump a las universidades, el error de muchas personas e instituciones ha sido tratar de sortear esos ataques de manera aislada. Aunque suene a cliché, este primer año de Trump nos recordó que en la unión está la fuerza. Esa es la lección, por ejemplo, que está aprendiendo la Unión Europea después de meses tratando de complacer a Trump. Esa es también la lección que están aprendiendo las y los productores que se unieron en la demanda contra las tarifas de Trump y en la que, para sorpresa del presidente, la Suprema Corte falló en su contra.

Más aún, como siempre insiste el profesor de activismo de Harvard, Marshall Ganz, celebrar y cultivar la alegría es fundamental para generar los cambios que queremos porque es lo que nos da la energía para las próximas batallas. Bad Bunny y su equipo lo entendieron muy bien. En vez de referirse a quienes se opone como había hecho en los premios Grammy, puso en el centro la alegría y la historia de resistencia de Latinoamérica y de su diáspora. Como dijo hasta Apple, la multinacional patrocinadora del show, ese fue “el día que el mundo bailó” como confirmaron millones de personas con sus testimonios, fotos y videos en las redes sociales.

Es cierto. Bad Bunny es un artista que ha logrado entrar a la cultura dominante. Pero quizás por eso mismo y la forma en que lo ha hecho es importante tomar nota de cómo refleja lo que podemos aprender de los movimientos sociales, países y personas que se han enfrentado con más éxito a Trump.

Esther Hernández-Medina

Doctora en sociología

Es una académica, experta en políticas públicas, activista y artista feminista apasionada por buscar alternativas para garantizar el ejercicio de los derechos de las mujeres y de los grupos marginados de todo tipo en la construcción de políticas públicas y sociedades más inclusivas. Es Doctora en Sociología de la Universidad de Brown, egresada de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard y egresada de la Licenciatura en Economía (Summa Cum Laude) y de la Maestría en Género y Desarrollo del INTEC universidad donde también fue seleccionada como parte del Programa de Estudiantes Sobresalientes (PIES). Su interés en poner las instituciones y políticas públicas al servicio de la ciudadanía, la llevó a colaborar en procesos innovadores como el Diálogo Nacional, la II Consulta del Poder Judicial y el Programa de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres (PIOM) en la década de los ’90 y principios de la siguiente década. Años después la llevaría a los Estados Unidos a estudiar la participación ciudadana en políticas urbanas en la República Dominicana, México y Brasil y a continuar investigando la participación de las mujeres y otros grupos excluidos en la economía y la política dominicana y latinoamericana.

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