En 2007 emití un diagnóstico severo sobre el cuerpo diplomático dominicano. Lo llamé “Turistas de Estado”: una patología crónica caracterizada por sobrenómina, empleados fantasma, ineficiencia estructural y una diplomacia reactiva, incapaz de defender los intereses nacionales.
En 2020 confirmé el diagnóstico, “Turista de Estado II”. El paciente —nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX)— seguía enfermo. Mismos síntomas. Mismo abandono terapéutico.
Hoy, en 2026, regreso a la sala de observación. Y encuentro algo distinto: un paciente en rehabilitación. No está curado. Pero tampoco agoniza. Hay signos vitales. Ha habido cirugía. Ha habido tratamiento. Ha habido, por primera vez en décadas, intención real de sanar.
La pregunta correcta ya no es si el MIREX está enfermo —lo está—, sino si el tratamiento funciona y si el ritmo de recuperación es suficiente para evitar una recaída.
Historial clínico: del colapso a la intervención
En agosto de 2020, el MIREX estaba en cuidados intensivos. República Dominicana (RD) ocupaba el cuarto lugar mundial en número de funcionarios ante la ONU, solo detrás de Estados Unidos, China y Rusia. De 80 empleados, apenas 37 estaban acreditados. Más de la mitad cobraba sin trabajar.
La nómina diplomática era un botín político: salarios sin mérito, sin evaluación, sin rotación. Tres embajadas en Roma ( aún existen) donde una concurrencia basta. Vicecónsules no acreditados percibiendo sueldos. El servicio exterior operaba como una pensión vitalicia disfrazada de función pública.
La intervención fue radical. En septiembre de 2020 se desvincularon 781 “botellas”, generando un ahorro mensual de RD$222.6 millones. Fue políticamente costoso, pero médicamente inevitable. Se extirpó tejido necrótico.
Luego inició la rehabilitación: aplicación real de la Ley 630-16 y su reglamento 46-19, durante años letra muerta. Se activaron concursos públicos, rotación, alternancia, evaluaciones de desempeño.
En 2022 se graduaron 54 funcionarios para secciones comerciales; en 2024 se realizaron los primeros ascensos colectivos por mérito; en 2025 ingresaron 50 nuevos diplomáticos por concurso puro. Por primera vez, la carrera diplomática empezó a comportarse como carrera.
El paciente recibió tratamiento. Tocaba evaluar la respuesta.
Signos vitales: resultados verificables
En medicina no se habla de sensaciones, sino de indicadores objetivos. En diplomacia ocurre lo mismo.
Haití: Resolución 2793 del Consejo de Seguridad (2025)
Por primera vez, RD desempeñó un rol articulador en una resolución crítica sobre Haití. La Resolución 2793 transformó la misión internacional en una fuerza de supresión de pandillas con 5,500 efectivos.
RD asumió compromisos logísticos y médicos concretos. No fue retórica. Fue diplomacia operativa.
Esto no lo logra un “turista de Estado”. Lo logra un cuerpo diplomático dedicado y profesional.
Sargazo: primera resolución global en la UNEA-7
En diciembre de 2025, la ONU aprobó la primera resolución global sobre sargazo, redactada y presentada por RD.
El fenómeno pasó de problema local ignorado a tema de agenda internacional con acceso potencial a financiamiento, cooperación científica y tecnología. Es diplomacia estratégica en acción.
Posiciones de influencia internacional
En 2025, el país ocupó 17 posiciones clave en organismos multilaterales, desde la OEA hasta ONU Mujeres. No son cargos simbólicos: son espacios donde se moldean agendas globales. Hace cinco años, RD no competía. Hoy gana.
Presencia del P5 en Santo Domingo
Con el establecimiento del embajador ruso residente, RD completó la presencia de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad en su territorio. Eso no ocurre por azar. Ocurre cuando un país se vuelve relevante.
Tomografía institucional: transparencia
El MIREX ha avanzado en datos abiertos: nóminas (hasta 2022), compras, cuentas por pagar, servicios consulares. No es perfecto —faltan 2023-2025—, pero es un avance medible. La transparencia pasó de inexistente a parcial. Falta completar el estudio.
Síntomas persistentes: la enfermedad no ha sido erradicada
No nos engañemos. Persisten riesgos claros:
* Politización percibida en algunos nombramientos y movimientos masivos.
* Cuentas por pagar recurrentes y rezagos administrativos.
* Diplomacia aún reactiva, dependiente de crisis.
- Débil diplomacia económica, especialmente en Asia-Pacífico.
- Estructuras redundantes, como embajadas no concurrentes (Roma sigue siendo el símbolo del problema).
El caso de China es ilustrativo: comercio creciente, pero con una balanza brutalmente desfavorable. Sin diplomacia comercial agresiva, seguimos perdiendo oportunidades estratégicas.
Comparación internacional: otros pacientes
Costa Rica, Chile y Uruguay demuestran que una diplomacia profesional, estable y meritocrática produce resultados superiores, incluso con menos recursos. RD avanza hacia ese modelo, pero aún no lo alcanza.
Costo del tratamiento: una deuda pendiente
Sin datos presupuestarios consolidados 2023–2025, no puede evaluarse costo/beneficio. Eso es inaceptable.
Demando la publicación inmediata de las nóminas 2023, 2024 y 2025.
La transparencia no es cortesía: es obligación legal.
Tratamiento pendiente: la receta
1. Transparencia presupuestaria total.
2. Implementación real de embajadas concurrentes.
3. Auditoría internacional independiente del servicio exterior.
4. Observatorio ciudadano de política exterior.
5. Diplomacia económica agresiva en Asia-Pacífico y África.
6. Blindaje legal de la carrera diplomática contra la politización.
Pronóstico
Mi evaluación es clara: recuperación en progreso, con riesgo de recaída si el tratamiento se interrumpe.
Los avances son reales. Los síntomas persisten. El resultado final dependerá de la continuidad y profundidad de las reformas.
Responsabilidad colectiva
Reclamo al Poder Ejecutivo sostener lo avanzado.
Exijo al Congreso blindar la carrera diplomática.
Convoco a la ciudadanía, a los medios y a la academia a fiscalizar.
La diplomacia no es patrimonio de diplomáticos. Es patrimonio de la nación.
Conclusión
El MIREX ya no está en cuidados intensivos.
Pero tampoco está curado.
Por primera vez en décadas, caminamos en la dirección correcta. No bajemos la guardia. No permitamos recaídas. No volvamos al “Turismo de Estado”.
El pueblo dominicano merece un servicio exterior profesional, eficiente, transparente y estratégico.
La rehabilitación continúa.
El tratamiento debe profundizarse.
El objetivo final es claro: la cura completa.
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