Definitivamente, el fútbol es el deporte más practicado en el mundo, la organización, amplitud y desarrollo del presente mundial constituye otra demostración. También, refleja los cambios societales en las formas del disfrute del ocio y tiempo libre de grandes grupos de individuos, en la gerencia y funciones del deporte en la sociedad de masa nacida bajo el impulso de la industrialización, las diversas formas de producir riqueza y el impacto de los procesos migratorios a escala global, fundamentalmente en aquellos países con economía en expansión. Igualmente, plantea el tema de la identidad, de cómo esta se construye y el significado de las acciones de los gobiernos de determinados países en la construcción de su historia.

El futbol nació en Inglaterra hace poco más de 700 años, fue un deporte muy popular en las poblaciones rurales y en los asentamientos que poco a poco despuntaban como urbanos. Provocaba violencia y ruidos en todo el tejido social, además de frecuentes y graves heridas en los jugadores. En sus inicios, se practicaba en los días festivos y religiosos, en una época en los que las festividades sociales y religiosas eran muy permeadas por las deportivas; también porque hacía competencia a otros deportes practicados por las élites. Por eso, tanto las autoridades eclesiales como gubernamentales eran contrarias a su práctica. Sin embargo, tal era su arraigo en la población que sobrevivió a 23 edictos reales, de 1314 a 1615, según Eric Dunning, tratando de prohibirlo.

El imperio inglés se expandió en el mundo y con él fútbol; lo mismo ocurrió con el beisbol que es practicado en todos los países en que la presencia de EEUU se mantuvo de diversas formas, siendo el favorito en algunos de ellos. La violencia, que suele acompañar a la generalidad de los deportes colectivos, en el fútbol fue sistemáticamente combatida con severas reglas, 17 en total.  Pocas con relación a las 830 del beisbol, un deporte que se caracteriza por desarrollarse en un ambiente esencialmente familiar. Las reglas en los deportes tienden a controlar las emociones y las tenciones que provocan las competencias, tanto en los competidores como en los espectadores. Y eso es importante porque tiende a hacer de esta práctica agonística una forma de control de la violencia y el fraude. Eso tiene cierto valor social.

Además, para provocar la aceptación de los resultados con cierto grado de civismo. Por la violación de una de esas reglas, fue sancionado con una tarjeta roja el principal delantero del equipo de EEUU, que significaba no poder participar en su próximo partido. Pero Trump, que no cree en reglas, pero sí en la violencia, cometió el bochorno de enviar una carta a la FIFA para que esta le levantase la sanción, lo cual fue aceptado por el presidente de esa institución, en un acto de abyecta pusilanimidad. Una vergüenza para el fútbol. La violencia no ha sido eliminada del todo en este deporte. Esa llamada la refuerza. Mezclada con afrentosas expresiones de racismo, esta violencia es profusamente practicada por grupos de antisociales durante el desarrollo de los partidos, además, por un puñado de jugadores.

También, sectores xenofóbicos se manifiestan contra varias selecciones nacionales por la presencia en ella de jugadores no nacidos el país representado o que, si nacieron allí, tienen orígenes extranjeros, sin considerar que de una u otra forma estos han forjado sus identidades en esa nación. Algunas de estas selecciones expresan la nueva realidad de esos países forjada, a lo largo del pasado o de la presente colonial de determinados países como Francia, por ejemplo. Difícilmente haya una selección nacional europea, e incluso norteamericana y hasta asiática que no tenga un jugador cuyos orígenes sean todos de la nación que representan. Es el caso del equipo de esa nación, cuya mayoría de jugadores son de origen extranjero, todos con una identidad tan francesa como el que más.

Y es que las identidades son el resultado de la historia nacional. Un pasado (y presente) colonial configura determinadas sociedades, su población, quiérase o no, está amalgamada por esa historia. Negar eso, es negar la esencia de los procesos históricos, al igual que en ese y otros casos, los efectos de las migraciones en la época moderna. Las selecciones nacionales europeas y de EEUU, principalmente, para siempre serán como actualmente son: diversas y de mayor nivel. Los mejores jugadores del seleccionado de este último país han nacido fuera de allí o sus padres son extranjeros, como el del delantero sancionado y truculentamente perdonado, cuyos padres son africanos. Sin embargo, en general, la población se identifica con esas selecciones. Es el mundo de hoy, en el que la diversidad sociológica es también potenciada por el deporte.

Este mundial así lo refleja. Este pasatiempo, como otros, no cesa de cambiar a fuerza de reglas. Inicialmente machista y agresivo, ahora con normas que limitan esas lacras. Y es que esta actividad, orientada hacia “una rivalidad más o menos amistosa”, como nos dice Dunning, sirven para unir los pueblos, potenciar el respeto a las diferencias, los derechos y una mejor comprensión del mundo actual. Este torneo, a pesar de la mancha de la aviesa inobservancia de una regla, ha sido más inclusivo y productivo que otros.

César Pérez

Sociólogo, urbanista y municipalista

Sociólogo, municipalista y profesor de sociología urbana. Autor de libros, ensayos y artículos en diversos medios nacionales y extranjeros sobre movimientos sociales, urbanismo, desarrollo y poder local. Miembro de varias instituciones nacionales y extranjeras, ex director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y ex dirigente del desaparecido Partido Comunista Dominicano, PCD.

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