El próximo 9 de agosto el Partido Revolucionario Moderno (PRM) celebrará su Asamblea Nacional de Delegados para escoger, por aclamación, a las autoridades nacionales que conducirán la organización durante el período 2026-2028. En esa jornada serán ratificados la presidencia, la secretaría general y otras posiciones de dirección, además de incorporar cinco nuevos miembros a la Dirección Ejecutiva como parte del proceso de renovación anunciado por el partido.
Aunque la elección se realizará por aclamación, no se trata de una votación competitiva como las elecciones internas tradicionales. En este mecanismo, las candidaturas son el resultado de un proceso previo de consultas y acuerdos dentro de la organización, y la Asamblea Nacional de Delegados expresa su respaldo de manera colectiva. La aclamación debería funcionar, precisamente, como la ratificación de un consenso político construido previamente alrededor de quienes asumirán la conducción del partido durante los próximos dos años.
Más allá del procedimiento, estos procesos internos ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre un aspecto que con frecuencia pasa desapercibido: ¿qué tipo de liderazgo deciden fortalecer los partidos cuando renuevan sus órganos de dirección?
La ciencia política distingue entre el liderazgo electoral y el liderazgo organizacional. El primero conecta con el electorado y moviliza votos; el segundo fortalece las estructuras, forma cuadros políticos, articula equipos y garantiza la continuidad del partido entre un proceso electoral y otro. Sin esta segunda dimensión, difícilmente una organización política puede sostenerse en el tiempo.
Gloria Reyes y la construcción del liderazgo
Mientras realizaba mi Trabajo de Fin de Máster en Estudios Avanzados en Comunicación Política titulado: “Fortalecimiento de la participación política de las mujeres y la cuota de género en República Dominicana: el rol de la comunicación política", entrevisté a dirigentes políticas y especialistas para comprender cómo se construyen los liderazgos dentro de los partidos. Una de las conclusiones más consistentes fue que los liderazgos sólidos rara vez nacen de la improvisación. Son el resultado de años de organización, trabajo territorial, formación política y capacidad de gestión.
Una de las entrevistadas fue Gloria Reyes. Mucho antes del proceso interno que hoy vive el PRM, al preguntarle qué recomendación ofrecería a las mujeres que aspiraban a desarrollar una carrera política, respondió: "La campaña no se hace en tiempos electorales, sino en el día a día". Aquella frase no hablaba únicamente de estrategia electoral; resumía una forma de entender la política basada en el trabajo permanente, la cercanía con la militancia y la construcción de organización.
Vista con la perspectiva que ofrece el tiempo, esa visión encuentra correspondencia en su propia trayectoria. Gloria Reyes inició su carrera en la dirigencia juvenil, coordinó movimientos de jóvenes profesionales, asumió responsabilidades en la formación partidaria, integró la Comisión Política del PRM, fue la diputada más joven del Congreso Nacional, vicepresidenta nacional del partido y dirigió procesos de planificación y seguimiento de campañas electorales. Desde la gestión pública encabezó la transformación de Progresando con Solidaridad en Supérate, lideró la reorganización del principal programa de protección social del país y actualmente ocupa el Ministerio de la Mujer.
No se trata únicamente de una sucesión de cargos. Su recorrido refleja una combinación poco común de experiencia partidaria, trabajo territorial, planificación estratégica y gestión pública. Es una trayectoria construida desde la base, recorriendo distintos niveles de responsabilidad y acumulando experiencia tanto en la organización política como en la administración del Estado.
Durante aquella entrevista, Reyes también señalaba que las mujeres enfrentan mayores exigencias para acceder a espacios de dirección y que construir una carrera política implica asumir causas concretas, formar estructuras y generar alianzas. Esa reflexión coincidió con uno de los principales hallazgos de mi investigación: las mujeres que logran consolidar liderazgos sostenibles suelen hacerlo a partir del trabajo constante, la construcción de legitimidad y los resultados.
Ese hallazgo también invita a mirar los procesos internos de los partidos desde otra perspectiva. La representación de las mujeres no se limita a las candidaturas de elección popular o a las cuotas establecidas por la ley. También pasa por su presencia en los espacios donde se toman las decisiones estratégicas y se define el rumbo de las organizaciones políticas. En ese sentido, la renovación de la Dirección Ejecutiva del PRM representa una oportunidad para fortalecer esa representación desde el reconocimiento a trayectorias construidas con experiencia, capacidad de gestión y compromiso con la organización. No como una concesión ni como un gesto simbólico, sino como una expresión de mérito político.
Los partidos no solo envían mensajes cuando ganan elecciones. También lo hacen cuando deciden quiénes los organizan. Las personas que integran sus órganos de dirección representan el modelo de liderazgo que la organización decide proyectar hacia el futuro. En tiempos en que la ciudadanía demanda instituciones más sólidas, liderazgos más cercanos y respuestas eficaces a los desafíos del país, vale la pena que esas decisiones reflejen experiencia, capacidad de gestión, construcción de consensos y una representación más equilibrada de quienes han contribuido a fortalecer la organización.
El momento político que atraviesa el país exige partidos capaces de acompañar la gestión de gobierno con dirección estratégica, cohesión interna y liderazgos legitimados por su trayectoria. La renovación de la dirección nacional del PRM no debería entenderse únicamente como un relevo de nombres, sino como una decisión sobre el perfil de quienes tendrán la responsabilidad de fortalecer la organización en una etapa particularmente desafiante. Porque las campañas ganan elecciones, pero son las organizaciones las que sostienen los proyectos políticos cuando comienzan los retos de gobernar.
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