Netanyahu, Gaza y una protesta diplomática que recorrió el mundo. Hay imágenes que hablan más que mil discursos.

El 24 de septiembre de 2026, cuando Benjamin Netanyahu tomó la palabra antes la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, decenas de delegaciones abandonaron el salón en señal de protesta. Entre los países identificados en distintos reportes figuraron Palestina, Türkiye, Irán, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait, Líbano, Irak, Argelia, Túnez, Yemen, Egipto, Jordania, Indonesia, Malasia, Brasil, Perú, Cuba, España, Sudáfrica, Senegal, entre otros.

Los recuentos periodísticos no coinciden sobre la cifra exacta: algunos hablaron de alrededor de 70 delegaciones y otros de 77. Como la ONU no publicó un registro oficial país por país, resulta más preciso hablar de decenas de delegaciones.

La imagen, sin embargo, fue inequívoca: mientras Netanyahu hablaba, numerosos representantes se levantaron y abandonaron la sala.

El primer ministro israelí respondió calificándolos de “cobardes morales” y desafió a quienes permanecían allí a marcharse también.

Pero una pregunta quedó suspendida en el aire:

¿Quién estaba realmente huyendo de quién?

Gaza estaba dentro de aquella sala

Netanyahu negó que Israel hubiera cometido genocidio y calificó esas acusaciones de falsas. Pero no se trata simplemente de una controversia nacida en las redes sociales o en las calles. La acusación forma parte de un proceso ante la Corte Internacional de Justicia, iniciado por Sudáfrica bajo la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio.

La CIJ todavía no ha dictado una sentencia definitiva sobre el fondo del caso, aunque sí ha ordenado medidas provisionales relacionadas con las obligaciones de Israel bajo esa Convención.

A ello se suma la conclusión de una Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas, que en septiembre de 2025 afirmó que Israel había cometido genocidio contra los palestinos de Gaza. Israel rechazó esa conclusión.

Por tanto, existen posiciones enfrentadas y un proceso jurídico internacional todavía abierto. Lo que resulta imposible ignorar es la magnitud de la tragedia palestina y la creciente confrontación diplomática que ha generado.

¿Cobardía o protesta?

Llamar “cobardes” a quienes abandonaron la sala buscaba desacreditar su gesto. Pero abandonar una sesión diplomática en protesta también puede interpretarse como una forma de expresar públicamente rechazo sin recurrir a la violencia.

Los países que salieron no necesariamente comparten idénticas posiciones sobre Israel, Palestina o la guerra de Gaza. Pero en aquel momento coincidieron en algo fundamental: no permanecer sentados durante el discurso de Netanyahu.

Y eso convirtió una protesta diplomática en una imagen política de alcance mundial.

Un momento difícil de olvidar

Sería exagerado afirmar que se trata, sin más, de un acontecimiento absolutamente inédito en toda la historia de Naciones Unidas. Pero sí fue una de las protestas colectivas más visibles de los últimos tiempos durante el discurso de un jefe de Gobierno ante la Asamblea General.

Netanyahu habló desde la tribuna.

Las delegaciones protestaron abandonando sus lugares.

Las cámaras registraron los asientos vacíos.

Y Gaza volvió a ocupar el centro de la escena internacional.

No fueron necesarios gritos ni pancartas.

Esta vez, la protesta tuvo la forma de una puerta que se abría, de representantes que se levantaban y de una sala que, poco a poco, comenzaba a vaciarse.

Y mientras Netanyahu pronunciaba la palabra “cobardes”, aquellos que habían decidido marcharse dejaron detrás de sí una imagen que difícilmente podrá ser borrada de la memoria política de Naciones Unidas.

A veces, un asiento vacío también es una declaración.

Julio Disla

Escritor y militante

Julio Disla: el militante de la palabra, el poeta del pensamiento crítico. Voy por la vida con una pluma que combate, un teclado que documenta y una mirada que no se conforma con lo superficial. Soy el arquitecto de textos que cuestionan al capital, al racismo, a los muros — y a toda forma de dominación que intente maquillar su rostro con promesas democráticas. He hecho del ensayo un arma, del artículo un escenario de lucha, y del poema una bandera. Cuando escribo, se siente la influencia de Marx, la voz serena pero firme de José Pepe Mujica, el reclamo por justicia social, y la pedagogía que busca educar a otros con ideas y datos. Fundador de utopías posibles, intento rehacer la historia desde la izquierda que se reinventa, que no teme nombrar el neoliberalismo por su nombre, y que encuentra en cada injusticia una oportunidad para escribir, denunciar, proponer. Lo técnico y lo emotivo coexisten en mi estilo como militante de una misma causa. Soy, sin duda, un constructor de puentes entre la teoría y la calle.

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