En Tiempo nublado, Octavio Paz reflexiona sobre las distintas velocidades del tiempo histórico. Al igual que él, no soy historiador; sin embargo, comparto, su preocupación por comprender los acontecimientos sociales, políticos y tecnocientíficos que atraviesan una época. Escribió desde un tiempo marcado por profundas transformaciones y por las amenazas que los totalitarismos de izquierda y de derecha representaban para la democracia. Desde mi presente, me sitúo en el discurso filosófico cibernético e innovador con relación a las mutaciones históricas que configuran el mundo y el cibermundo como híbrido planetario.

Octavio Paz

Como poeta y filósofo, Paz observó el devenir histórico desde una sensibilidad crítica, atento a los ritmos desiguales con que cambian las sociedades, las instituciones, las ideas y las formas de vida. Para ello, partió de una distinción que vincula la antigua concepción maya del tiempo con las categorías elaboradas posteriormente por la historiografía francesa. La historia puede transcurrir mediante transformaciones lentas, casi imperceptibles, y también mediante acontecimientos súbitos que alteran de manera visible el curso de una sociedad. Esto lo expresa con las siguientes palabras:

«A la manera de los antiguos mayas, que tenían dos maneras de medir el tiempo, la «cuenta corta» y la «cuenta larga», los historiadores franceses han introducido la distinción entre la «duración larga» y la «corta» en los procesos históricos. La primera designa a los grandes ritmos que, a través de modificaciones al principio imperceptibles, alteran las viejas estructuras, crean otras y así llevan a cabo las lentas pero irreversibles transformaciones sociales. Ejemplos: los ascensos y descensos de la población, todavía no explicados enteramente (…) La «duración corta» es el dominio por excelencia del acontecimiento: imperios que se derrumban, estados que nacen, revoluciones, guerras, presidentes que renuncian, dictadores asesinados, profetas crucificados, santones que crucifican, etcétera» (Paz, 2014, vol. VI, pp. 213-214).

La duración larga remite, de este modo, a procesos cuya profundidad contrasta con la lentitud de su desenvolvimiento. Transformaciones demográficas, económicas, tecnológicas, científicas y culturales pueden comenzar de manera apenas perceptible y terminar modificando las estructuras fundamentales de una sociedad. El tiempo histórico aparece aquí como acumulación y sedimentación: fuerzas que actúan durante décadas o siglos hasta producir configuraciones diferentes de la vida colectiva. A la duración corta, él le concede un lugar decisivo, pues en ella el tiempo histórico adquiere una densidad particular. Allí irrumpen acontecimientos capaces de quebrar continuidades y modificar abruptamente las trayectorias colectivas. Revoluciones, guerras, crisis políticas, derrumbamientos institucionales o transformaciones repentinas, como determinadas innovaciones tecnológicas, pueden desarrollarse en períodos relativamente breves y, pese a su corta duración, producir consecuencias que se prolongan durante generaciones.

Esta complejidad de la mutación temporal adquiere mayor profundidad cuando Paz recurre a la imagen del tejido para pensar el devenir histórico, donde la «cuenta corta» y la «cuenta larga» se entrelazan y revelan la coexistencia de temporalidades diversas en el curso de la historia. Las sociedades producen la historia mediante innumerables acciones que se cruzan, se enfrentan y se combinan, aunque quienes participan en ellas carezcan de una visión completa del resultado que terminarán generando:

«Se compara con frecuencia a la historia con un tejido, labor de muchas manos que, sin concertarse y sin saber exactamente lo que hacen, mesan hilos de todos los colores hasta que aparece sobre la tela una sucesión de figuras a un tiempo familiares y enigmáticas. Desde el punto de vista de la «duración corta», las figuras no se repiten» (Paz, 2014, vol. VI, p. 214).

La metáfora del tejido introduce una concepción del devenir marcada por la multiplicidad y la singularidad. La historia aparece como resultado de innumerables acciones, decisiones, conflictos y contingencias que confluyen sin obedecer necesariamente a un plan previamente establecido. Cada sujeto histórico emerge de una combinación específica de fuerzas y circunstancias. De ahí que, en la duración corta, los sujetos y acontecimientos históricos carezcan de una repetición idéntica: cada uno posee una singularidad determinada por la trama particular de condiciones que hizo posible su aparición.

Desde un enfoque filosófico, tecnológico y cibernético, esta reflexión permite aproximarnos al concepto de ciberposhistoria o poshistoria cibernética, entendido como una mutación de la temporalidad histórica producida por la expansión de las tecnologías digitales, las redes, los algoritmos y la inteligencia artificial. Esta concepción nada tiene que ver con el fin de la historia formulado por Fukuyama (1992); por el contrario, remite a un devenir abierto, inestable y cambiante, donde los acontecimientos se aceleran, se interconectan a escala planetaria y pueden modificar su curso mientras están ocurriendo. La ciberposhistoria expresa así una nueva configuración del tiempo histórico, marcada por la simultaneidad, la variación y la creciente capacidad tecnológica de intervenir en los procesos sociales, políticos y culturales.

La expansión del cibermundo introduce una modificación profunda en la velocidad con que esos acontecimientos se producen, circulan, son interpretados y generan consecuencias. Aquello que antes podía desarrollarse durante días, meses o años, entra ahora en circuitos informativos capaces de operar en segundos.

Un acontecimiento local puede registrarse de inmediato, circular a escala planetaria y desencadenar, de manera simultánea, reacciones políticas, económicas, sociales y culturales. Mientras el acontecimiento ocurre, sus imágenes circulan, sus interpretaciones se disputan y sus consecuencias comienzan a desplegarse. De este modo, en el plano filosófico cobran vigencia los principios de variación, inestabilidad, complejidad y no linealidad. Estos principios permiten distanciarse de las concepciones que representan la historia como una marcha uniforme y necesaria hacia una finalidad determinada, tal como la concibió Hegel.

La concepción hegeliana de la historia universal descansa en una lógica teleológica: el trascurrir humano aparece orientado hacia la realización progresiva del espíritu y hacia formas superiores de conciencia de sí. Esta concepción filosófica concede al proceso histórico una dirección inteligible y una racionalidad interna, como si los acontecimientos particulares adquirieran su sentido último dentro de una totalidad que avanza hacia su cumplimiento. Hegel afirma:

«La historia universal es la exposición del proceso divino y absoluto del espíritu, en sus formas supremas; la exposición de la serie de fases a través de las cuales el espíritu alcanza su verdad, la conciencia de sí mismo, las formas de estas fases son los espíritus de los pueblos históricos, las determinaciones de su vida moral, de su constitución de su arte, de su religión y de su ciencia» (Hegel, 1986, p. 76).

Marx y Engels, en la Ideología Alemana (1979) parten críticamente de la dialéctica histórica hegeliana, aunque desplazan su fundamento idealista hacia las condiciones materiales de existencia. La historia deja de concebirse como realización progresiva del espíritu y pasa a comprenderse desde la producción material de la vida, las relaciones sociales y sus contradicciones históricas universales.

La poshistoria cibernética se distancia de estas grandes concepciones explicativas de la historia, tanto de la teleología del espíritu hegeliano como de ciertas lecturas deterministas del materialismo histórico. La temporalidad cibernética aparece atravesada por redes, algoritmos, inteligencia artificial y flujos informacionales, mientras la computación cuántica se perfila como una nueva dimensión tecnológica capaz de profundizar estas transformaciones y de reconfigurar los procesos históricos.

El acontecimiento puede modificarse, amplificarse y adquirir nuevas significaciones mientras está aconteciendo. Frente a una historia concebida como despliegue progresivo del espíritu o como proceso determinado principalmente por estructuras materiales, la poshistoria cibernética introduce un devenir abierto, mutable e imprevisible, cuya dirección puede alterarse en el instante de su realización.

Antonio Campillo

Antonio Campillo sitúa precisamente la variación en el centro de esta discusión al examinar críticamente la concepción hegeliana de la naturaleza y de la historia:

«Hegel piensa que la «repetición» es el principio material que rige en los procesos de la naturaleza biofísica, mientras que la «progresión» es el principio espiritual que mueve la historia humana, guiada por la providencia divina. En cuanto a la «variación», la considera inaceptable porque supondría reconocer lo azaroso, lo imprevisible, lo carente de finalidad, tanto en la naturaleza como en la historia. Pues bien, ese principio desechado por Hegel es el que ha acabado siendo adoptado por una amplia corriente del pensamiento filosófico y científico en las últimas décadas, y el que ha permitido cuestionar el dualismo ontológico entre una supuesta naturaleza repetitiva y una supuesta historia progresiva» (Campillo, 2025, p. 188).

La importancia de esta reflexión para la concepción de la poshistoria cibernética reside en que permite comprender el transcurrir como un campo abierto de contingencias, bifurcaciones, mutaciones y transformaciones imprevisibles. La variación rompe con la representación lineal del tiempo histórico y permite pensar una historia formada por trayectorias múltiples, discontinuidades y emergencias. El futuro permanece abierto porque las interacciones entre procesos sociales, políticos, tecnológicos y ecológicos pueden generar configuraciones imposibles de determinar previamente.

En este punto se produce una significativa convergencia entre Paz y Campillo. La afirmación de Paz de que, desde la duración corta, “las figuras no se repiten” encuentra una afinidad filosófica con el principio de variación desarrollado por Campillo. En ambos casos, el acontecer, queda atravesado por la singularidad y la contingencia. Cada acontecimiento emerge de una configuración irrepetible de relaciones, mientras la historia permanece abierta a bifurcaciones capaces de modificar trayectorias anteriores.

Los seres humanos forman parte de una comunidad de vida sometida a variaciones espaciotemporales que afectan tanto a las sociedades como a los ecosistemas (Campillo, 2023). La historia humana aparece así entrelazada con procesos terrestres, ambientales, tecnológicos y sociales que interactúan y se transforman recíprocamente.

En el cibermundo se intensifica esta variabilidad al multiplicar las interacciones entre sujetos, máquinas, instituciones, sistemas algorítmicos y procesos planetarios. La inteligencia artificial, la automatización y las redes globales aceleran las transformaciones y amplían las capacidades de intervención sobre la sociedad.

La ciberposhistoria constituye una expresión específica de esta condición variable, ya que designa una etapa en la que los procesos sociales, políticos, económicos y culturales se encuentran mediados por redes sociales, sistemas algorítmicos, inteligencia artificial y entornos virtuales. La historia adquiere una configuración acelerada, fragmentaria, reticular y variable. El acontecimiento deja de desplegarse exclusivamente en el mundo físico y comienza a producirse simultáneamente en el cibermundo, donde circula, se reproduce, se interpreta y se transforma.

La duración corta pensada por Paz experimenta aquí una mutación cualitativa. Una guerra cibernética, una elección, una crisis financiera, una protesta social o una declaración política pueden generar inmediatamente millones de imágenes, comentarios, interpretaciones y reacciones. Los sujetos cibernéticos participan activamente en esa circulación, convirtiéndose a la vez en receptores, comentaristas y productores de narrativas sobre acontecimientos que todavía se encuentran en desarrollo.

Esta condición introduce una característica decisiva que va más allá de los grandes relatos de la historia universal: el acontecimiento puede transformarse mientras está transcurriendo. Su representación digital deja de ser solamente un relato posterior y pasa a formar parte de su propia dinámica. Una movilización puede modificarse a través de las redes sociales; una guerra incorpora operaciones cibernéticas, imágenes en tiempo real y campañas de desinformación; una crisis financiera puede intensificarse mediante operaciones automatizadas; una disputa política local puede adquirir dimensión planetaria en unas pocas horas.

La imagen del tejido propuesta por Paz adquiere entonces una nueva significación. Las muchas manos que tejían la historia se multiplican ahora mediante millones de sujetos cibernéticos conectados, dispositivos, plataformas, algoritmos y sistemas de inteligencia artificial. A los hilos sociales, políticos y culturales se incorporan hilos digitales que atraviesan simultáneamente territorios y redes.

De manera lúcida, nos dices en Pequeña crónica de grandes días «Muy pocas veces la historia es racional; todo aquel que la haya frecuentado sabe que siempre hay que contar con un elemento imprevisible y destructor: las pasiones de los hombres, su ambición y locura» (Paz, 2014, vol. VI, pp. 330-331). Esta dimensión imprevisible de la historia adquiere nuevas formas en el cibermundo, donde las pasiones humanas se entrelazan con la aceleración tecnológica, los flujos informacionales y la capacidad algorítmica de anticipar comportamientos y acontecimientos.

La duración poshistórica en el mundo cibernético introduce también una nueva relación entre pasado, presente y futuro. El pasado se transforma en un inmenso archivo digital disponible; el presente se fragmenta en flujos continuos de información, mientras el futuro intenta anticiparse mediante simulaciones, modelos predictivos y cálculos algorítmicos.

Andrés Merejo

Filósofo

Profesor e investigador de la escuela de filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD): PhD en Filosofía. Coordinador del Master Filosofía en un mundo global UASD-UPV/EHU (País Vasco). Especialista en Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Premio Nacional de ensayo científico (2014). Profesor del Año (UASD). Fundador del Instituto Dominicano de Investigación de la Ciberesfera (INDOIC). Fundador del Observatorio de las Humanidades Digitales de la UASD (2015). Miembro de la Sociedad Dominicana de Inteligencia Artificial (SODIA). Miembro fundador e integrante de la Junta Directiva de la Asociación Iberoamericana de Filosofía de las ciencias y las técnicas (AIFCYT). Director de fomento y difusión de la Ciencia y la Tecnología, del Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCyT). Autor de varias obras: La vida americana en el siglo XXI (1998), Cuentos en NY (2002), Conversaciones en el Lago (2005), El ciberespacio en la Internet en la República Dominicana (2007), Hackers y Filosofía de la ciberpolítica (2012), La era del cibermundo (2015), La dominicanidad transida: entre lo real y virtual (2017), Filosofía para tiempos transidos y cibernéticos (2023), Cibermundo transido: Enredo gris de pospandemia, guerra y ciberguerra (2023), El oficio de pensar. Diálogos filosóficos (2025), vol. I y II, y Filosofía política de la inteligencia artificial. Poder, técnica y futuro humano (2026). Email: merejoandres@gmail.com

Ver más