El 10 de agosto del 2024 escribí en este mismo medio un artículo sobre el pronóstico del tiempo. Confieso que me equivoqué, decía que creía más en la sabiduría popular de un campesino, que en las advertencias meteorológicas, porque las predicciones se parecían más a Freddy Beras Goico cuando decía "hoy puede que llueva o puede que no llueva".

Hace cerca de un mes el COE nos está alertando sobre posibles aguaceros e inundaciones. Como mis matas dependen de que yo las riegue, cada alerta hace que me quede esperándolos y no tener que regarlas, aunque nunca llegan.

Solo aquella madrugada en que tuvimos una tormenta de rayos y centellas, llovió, pero nos tomó por sorpresa porque no habían dado ningún tipo de alerta y a partir de ahí, comenzaron los avisos.

Ese día temprano, como todas las mañanas, mi hijo menor me llamó, le pregunté si iba a llevar al niño al colegio, que no lo dejara ir a pie porque estaba lloviendo, por él me enteré de que el Ministerio de Educación había dado la instrucción de suspender la docencia.

Como vieja y metida, cualidad propia de la edad, me dediqué a avisar a todas las familias que llevaban sus hijos a la escuela básica Padre Billini, muchas no me hacían caso y dejaban a los niños allá. Antes de las ocho me acerqué a la escuela con una sombrilla y les dije sobre las instrucciones. Ahí ni se habían enterado, ni directora, ni maestras.

Cada alerta de lluvia me dejaba esperando, pero no decía nada, por lo que dudaba de esos pronósticos, hasta que un sábado, luego de que mi hijo menor, mi nuera y mi nieto me iban a pasar a buscar para ir a cenar como todos los sábados después de la misa, se desató una tormenta en la zona. Comenzó a las seis de la tarde y todavía a las ocho estaba en sus buenas. Pensé que no íbamos a ir, pero de todos modos me vinieron a recoger. El restaurante acostumbrado queda en Bella Vista, por lo que pensamos que la capital se estaba cayendo de tanta lluvia y esa es una zona que se inunda, optamos por ir al Naco. ¡Y sorpresa! En ese sector no había caído ni una sola gota de agua.

Una de estas tardes llamé a mi hijo que vive en Gazcue y le dije que aquí estaba cayendo un diluvio, me contestó que por allá, a menos de un kilómetro, no había llovido nada.

También aquel lunes al atardecer cuando se cayeron tantos árboles en Gazcue y en la zona universitaria y que hubo tantas inundaciones en las calles, por estos predios ni amagar la lluvia ni la tormenta, aunque aquí en la zona, en la calle Arzobispo Portes, supe que se cayeron varios árboles y ni me enteré.

Esto me hizo entender que las alarmas, los avisos, las alertas meteorológicas tienen sentido, debemos darle entero crédito y seguir las instrucciones, porque el hecho de que en mi sector no esté lloviendo, no quiere decir que el cielo no se esté cayendo en otras ciudades del país, incluso en la misma capital.

Como fueron anunciadas granizadas, tuve que remontarme a mi niñez. Tendría yo unos diez años y una tarde estando en el colegio comenzó a llover, fue cuando conocí los granizos, pero que yo recuerde, solo esa vez los he visto aquí.

Estando en Chile fui testigo de una granizada en forma. Los pedazos de hielo eran tan grandes que hasta cristales de carros rompieron. Yo busqué una sombrilla para salir a la calle y disfrutar de ese espectáculo.

También recuerdo, entre los fenómenos atmosféricos de mi niñez, las neblinas, que habían desaparecido de mi vida. Las vine a ver en el trayecto Santo Domingo-Nagua cuando mi hijo mayor impartía docencia los sábados en la UASD y yo le acompañaba para que tan temprano no hiciera ese trayecto solo. Disfrutaba de la belleza de ese paisaje y de ese espectáculo que hacía unos cuantos años había visto por última vez desde el frente de mi casa.

Cada día bien temprano me deleitaba con una hermosa neblina, hasta que una mañana les dije a mis hijos lo bello que estaba el horizonte. Ellos me miraron y se sorprendieron, solo yo veía esa neblina que resultó ser unas "cataratas" en los ojos. Desde que me operaron, mis hermosos despertares con el paisaje terminaron.

Luego de mis experiencias con estas alertas, aunque por mi casa no llueva, si han anunciado prudencia para salir a menos que fuera necesario, sigamos las instrucciones porque estoy convencida de que en algún lugar están cayendo "burros aparejados", y aunque vea el sol, puede que esté "casándose una bruja" o "peinándose la reina".

Elsa Guzmán Rincón

Bibliotecóloga

Maestra y Bibliotecóloga, retirada.

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