A simple vista, el Parque Las Salinas de Puerto Hermoso parece simplemente eso, un parque. En un pequeño pueblo costero de la República Dominicana, unos bancos rodean un gazebo en el centro del espacio, mientras vecinos conversan bajo la sombra y los niños cruzan la cancha cercana. No es un parque particularmente grande ni ostentoso. Sin embargo, para los habitantes de Salinas, representa uno de los pocos proyectos de áreas de recreación.
Es uno de los pocos espacios públicos donde la comunidad se reúne. Aquí se celebran actividades, se toman decisiones, se reciben visitantes y se fortalecen los lazos que mantienen unido al pueblo.
Sentadas en uno de los bancos del parque, converso con Julia Perozo, presidenta de la Asociación de Mujeres Neida Ortiz; Bérgica Ibaña Tejeda, vicepresidenta; Altagracia Peña, vocera; y Altagracia Arias, asesora medioambiental. Mientras hablan sobre los proyectos que han impulsado durante años, resulta difícil separar la historia de la asociación de la historia misma de Salinas.
La Asociación de Mujeres Neida Ortiz nació precisamente de esa necesidad. Lo que comenzó como un esfuerzo comunitario se ha convertido en una de las organizaciones más activas del pueblo, interviniendo en áreas tan diversas como salud, educación, medio ambiente, asistencia social y desarrollo comunitario.
Para Julia Perozo, presidenta de la asociación, la organización surgió porque la comunidad necesitaba una estructura que realmente trabajara por sus habitantes.
“Estábamos huérfanos de una organización que duela la comunidad, que trabaje para la comunidad,” explica Perozo.
Su trabajo no se limita a una sola causa. Cuando se les pregunta en qué área se enfocan, la respuesta es sencilla; “todo lo que tiene que ver con la comunidad.”
Esa filosofía las ha llevado a convertirse en una especie de red de apoyo informal para los residentes de Salinas. Cuando una familia atraviesa una emergencia, la asociación actúa. Cuando la escuela necesita ayuda, la asociación responde. Cuando surgen problemas ambientales o de salud, ellas organizan la comunidad.
Recientemente, la organización realizó una recaudación de fondos para una familia cuyo hijo estaba atravesando un proceso de rehabilitación por adicción, donde sus esfuerzos de solo dos día, llevaron al cabo 70 mil pesos.
Según Bérgica Ibaña Tejeda, vicepresidenta de la asociación, esta capacidad de respuesta se debe a la amplia participación de las mujeres de Salinas.
“Tenemos un grupo con mayoría de las mujeres de aquí, de la comunidad…Se puede decir que aquí hay cien mujeres y ochenta están en la asociación,” dice Tejada.
“Mandamos la información de algo que se está necesitando en el momento y a veces no hay ni que decir nada,” es decir la comunidad se ha acostumbrado a aportar.
La organización financia muchas de sus actividades mediante rifas, bingos, ventas de comida y otras iniciativas comunitarias.
“También hacemos, ‘kermés’ donde cada vecino aporte un plato y nosotros vendemos la comida,” dice Perozo.
Pero el compromiso va mucho más allá de recaudar fondos. Las propias integrantes aportan dinero de sus bolsillos para sostener los proyectos.
“Cada una de nosotras… vamos a aportar nuestro propio dinero para la asociación, y el trabajo que nosotros hacemos es gratuito,” explica Tejada.
Esa disposición nace de una realidad que las integrantes describen con cierta frustración: muchas veces sienten que la comunidad tiene que asumir responsabilidades que corresponden a las autoridades.
“Aquí es que están ‘mendigándole’ a los políticos para que hagan algo o resuelvan. Hay que luchar mucho”.
Describen cómo la provincia, a regañadientes y mediante pago, por supuesto, proporciona servicios como el camión de la basura, pero no se esfuerza en la sencilla tarea de instalar los contenedores adecuados en la comunidad y sus alrededores. Esto significa que la asociación debe cubrir estos costos. Sienten que este tipo de situaciones los hace sentir ignorados.
La portavoz de la organización, Altagracia Peña, señala que varias de las obras comunitarias comenzaron gracias al esfuerzo de los residentes antes de recibir apoyo oficial.
“En este parque, el síndico tuvo parte, sí, es verdad, pero la comunidad fue que empezó. La cancha, (Señalando una cancha de baloncesto recreativa al otro lado de la calle) la comunidad fue que empezó.”
Para ella, la situación refleja una inversión de responsabilidades.
“No debería la comunidad empezar primero, sino el síndico dar los aportes que tiene que dar, porque es como derecho que nos pertenece.”
Es importante mencionar como la Confederación Autónoma Sindical Clasista (CASC) y el sindicato de Salinas de Puerto Hermoso denunciaron que la empresa, bajo la administración del Ayuntamiento de Baní, que preside el alcalde Santo Ramírez, adeuda aproximadamente $4,000,000 de pesos en salarios atrasados. Esta cantidad equivale a 11 quincenas de sueldo correspondientes a los trabajadores de dicha empresa. Además, el sindicato señaló que existen deudas adicionales por $14,000,000 de pesos heredadas de gestiones pasadas (2016-2020).
La realidad de Salinas no es única. Aunque la República Dominicana ha experimentado un importante crecimiento económico en las últimas décadas, muchas comunidades rurales y costeras continúan enfrentando limitaciones en acceso a servicios, infraestructura y oportunidades de desarrollo. En localidades como Salinas, el progreso muchas veces depende más de la organización vecinal que de políticas públicas sostenidas.
La asociación también mantiene una estrecha relación con la escuela pública local. Cada inicio de año escolar organizan colectas de útiles y mochilas para estudiantes necesitados.
“Para el principio de año escolar les llevamos mochilas… hacemos una recolecta… comenzamos a pedir cosas como cuadernos…lo que puedan aportar,” dice Perozo, quien trabaja como coordinadora escolar.
Asimismo, gestionan cursos técnicos a través de INFOTEP para ampliar las oportunidades de capacitación en la comunidad.
La protección del medio ambiente es otro de los pilares de su trabajo. En una comunidad costera cuya economía depende directamente de los recursos naturales, la conservación se ha convertido en una prioridad.
“Dentro de nuestra responsabilidad, educar a la comunidad sobre medio ambiente,” explica Arias.
La organización realiza jornadas de limpieza y campañas educativas, la mas reciente siendo en Semana Santa
Además, han creado un sistema informal de apoyo para personas con necesidades médicas. Mantienen sillas de ruedas, muletas y otros equipos que pueden ser prestados a quienes los necesiten.
“Los mas recientes nos lo mandaron de Estados Unidos para cuando alguien lo necesite, nosotros se lo prestamos, además recibimos Pampers y otras necesidades asi” explica Perozo.
La confianza que la comunidad deposita en la asociación es evidente.
“Si hace falta algo en la comunidad, ellos mismos se acercan a nosotras,” dice Tejeda
Incluso algunos espacios públicos del pueblo llevan la huella de sus esfuerzos. Según explican las integrantes, varios de los bancos instalados en la playa fueron financiados por la propia organización y por donantes que ellas mismas consiguieron.
“Nosotros compramos dos bancos con los fondos, pero nosotros se lo solicitamos a otras personas,” explica Tejada, que es el mismo mecanismo que uso el Sindico para construir el parque en el que estábamos sentadas, reiterando cómo su trabajo a menudo refleja el de un servidor público.
La historia de la Asociación de Mujeres Neida Ortiz es, en muchos sentidos, la historia de la República Dominicana fuera de los grandes centros urbanos. Es la historia de comunidades que continúan resolviendo problemas con recursos limitados, de ciudadanos que asumen responsabilidades que deberían recaer en instituciones más robustas y de mujeres que, lejos de los titulares nacionales, sostienen el tejido social de sus pueblos.
Mientras las discusiones sobre desarrollo, pobreza y representación política suelen concentrarse en Santo Domingo, en lugares como Salinas son organizaciones comunitarias las que mantienen funcionando gran parte de la vida cotidiana.
“No estamos ajeno nada de lo que pasa en la comunidad,” termina Perozo.
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