Hay frases que no se dicen, se depositan. "No te quedes sola como yo". Eso le dijo Teresa Pichardo a su nieta Tatiana antes de morir. Una advertencia, o quizás una confesión. Tatiana Fernández Geara —cineasta, fotoperiodista, directora de Nana y Bals de Santo Domingo— no pudo preguntarle qué quiso decir. Pero tampoco pudo olvidarlo.
De esa frase nació La nieta de mi abuela, documental que se estrenó en las salas dominicanas el 7 de mayo de 2026, tras un recorrido de más de un año por festivales internacionales donde cosechó premios en Chicago, Nueva York, Guadalupe, Italia y Panamá. La película llega ahora a su casa: Downtown Center en Santo Domingo, y salas en Santiago, San Francisco de Macorís y Puerto Plata.
Pero más que un estreno, lo que Tatiana trajo de vuelta es una pregunta que le pertenece a todas las dominicanas, y más las que superan los 40 años.
La genealogía como método: abrir gavetas, leer cartas
El feminismo ha entendido desde hace décadas que recuperar la historia de las mujeres que nos antecedieron no es nostalgia: es política. La filósofa Luisa Posada Kubissa lo define como genealogía feminista: el acto de construir una memoria colectiva de las mujeres como sujeto político, frente a una historia que sistemáticamente las ha borrado o reducido a figuras secundarias.
Tatiana hizo genealogía con las manos. Literalmente. Abrió gavetas en la casa de su abuela, encontró cartas de amor, fotos de personas que no sabía quiénes eran, poemas. "Yo trataba de entender quién es esta persona, quién fue esta persona en su vida", cuenta. Y en ese ejercicio de arqueología íntima fue descubriendo que Teresa Pichardo no era solo su abuela: era una mujer que había amado, que se había divorciado tres veces, que había desafiado los cánones de la sociedad dominicana de su época.
Y que se parecía, física y espiritualmente, a ella.
"El familiar a quien yo más me parezco físicamente es ella", dice Tatiana. Ese reconocimiento —verse en el rostro de la mujer mayor— es el primer gesto del affidamento.
Compartimos las fotografías detrás de cámara del rodaje





Affidamento: confiar en la mujer que fuiste antes de ser tú
El concepto de affidamento fue desarrollado por la Libreria delle Donne di Milano en su libro Non credere di avere dei diritti (1987). En su esencia, propone una práctica política y afectiva entre mujeres: la de reconocer en otra mujer —especialmente en una mayor, con más experiencia o autoridad simbólica— una fuente de saber y de confianza, en lugar de competencia o amenaza.
El patriarcado, señalaban las feministas italianas, nos enseña a desconfiar de las otras mujeres. A ver en la madre una figura de la que hay que separarse para "entrar a la cultura". A ver en la abuela una advertencia de lo que no debemos ser.
Tatiana, por curiosidad artística y convicción de mujer, invirtió ese mandato. En lugar de alejarse de la imagen de su abuela, se acercó. En lugar de temer parecérsele, investigó qué significaba ese parecido. "Me empieza a dar un poco de miedo de que bueno, ¿será que voy a terminar como ella? ¿Y eso será algo bueno o algo malo?", reconoce en la entrevista que realizamos en Mirada Femenina, junto a la periodista Indhira Suero. Esa pregunta, formulada con honestidad, es ya un acto de affidamento: es decir, me confío a ti, mujer que ya viviste lo que yo aún no entiendo.
Teresa Pichardo: la mujer que puso su nombre en la marquesina
La genealogía que Tatiana recupera no es solo emocional. Es también una genealogía de poder femenino ejercido en condiciones adversas.
Su bisabuela fundó el Cine Carmelita en San Francisco de Macorís en plena dictadura de Trujillo. El cine llevaba entonces el nombre del padre del tirano: José Trujillo Valdés. Cuando cayó el régimen, varios hombres fueron a avisarle: "Oye, Carmelita, vamos a ir a tumbar tu letrero. Tienes que ponerle otro nombre". Ella le puso el suyo.
Ese gesto —renombrar, apropiarse del espacio, inscribir el nombre propio en la historia— es lo que las teóricas feministas llaman autoridad femenina: la capacidad de una mujer de actuar desde su propio criterio, sin pedir permiso al orden patriarcal.
Teresa Pichardo lo hizo en los años 60. Tatiana lo hizo en 2026 cuando, al fundar su productora, decidió llamarla Cine Carmelita. "Yo le voy a poner el nombre del cine de mi bisabuela y mi abuela", explica. No fue un homenaje decorativo. Fue una declaración de linaje.
Imágenes de escenas del documental





El peso de los 40 y la soledad como estigma
La pregunta que estructura el documental —¿qué significa quedarse sola?— no es solo personal. Es una pregunta que la sociedad le hace a las mujeres de manera sistemática.
"Ese número 40 siempre da como que si llegaste ahí como que ya jamona oficial", dice Tatiana. "Era un peso muy fuerte, pero es una edad, es un número y uno sigue vivo y sigue haciendo nuevas experiencias."
La presión del reloj biológico operan como mecanismos de control sobre los cuerpos y los proyectos de vida de las mujeres. Lo que Tatiana hace en su documental es algo más radical que denunciarlo: lo examina desde adentro, con su propia vida como material, y llega a una conclusión que desestabiliza el relato original.
Porque Teresa Pichardo, la mujer que le dijo "no te quedes sola como yo", no estaba sola. Tenía amigas, tertulias, una mejor amiga que se mudó con ella a la capital, vecinos que la recuerdan siempre presente. "No, ella no estaba sola, ella siempre estaba con nosotros", le dijeron quienes la conocieron.
La soledad que dolía no era la ausencia de compañía. Era, quizás, la ausencia de continuar con su cine, de tener su habitación propia. El único tipo de vínculo que la sociedad valida como suficiente para una mujer.
Verse en la pantalla: el cuerpo de la cineasta como archivo
Hay una dimensión adicional en este documental que lo distingue del trabajo previo de Tatiana: ella está en cámara. Por primera vez, es personaje de su propia historia.
"Con Nana y con Bals de Santo Domingo, yo no soy parte de la historia, yo tengo que darme al margen", explica. "Pero ahora yo soy el componente de la historia, yo estoy enfrente de la cámara".
Este gesto tiene un nombre: hacer del cuerpo femenino un sujeto y no solo un objeto de la mirada. Tatiana no filma a su abuela desde afuera. Se filma a sí misma buscándola. Y en ese movimiento, la cámara deja de ser un instrumento de distancia para convertirse en un espejo intergeneracional.
Un cine que viene de las mujeres, para las mujeres
La nieta de mi abuela no es solo una película sobre una familia dominicana. Es una obra que propone una forma diferente de relacionarse con las mujeres mayores: no con lástima, no con distancia, no con el miedo de convertirnos en ellas, sino con curiosidad amorosa, con el deseo de entender qué vivieron, qué guardaron en sus gavetas, qué quisieron decir con las frases que nos dejaron sin terminar.
Eso es affidamento. Eso es genealogía feminista. Y en el caso de Tatiana Fernández Geara, también es cine.
La película está disponible en salas desde el 7 de mayo de 2026. Nana, su ópera prima, puede verse de forma gratuita en el canal de YouTube de Cine Carmelita.
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