Las mujeres en República Dominicana trabajan más horas a la semana que los hombres si se suma el empleo remunerado y las tareas domésticas y de cuidado no pagadas, una desigualdad que continúa limitando su autonomía económica y evidencia los retos pendientes en materia de equidad de género.
Según las cifras oficiales, las mujeres registran una carga total de trabajo de 66.3 horas semanales, frente a 56.9 horas en los hombres. La diferencia se explica, en gran medida, por el peso del trabajo no remunerado, particularmente en el ámbito del cuidado.
En ese renglón, la brecha es aún más marcada: las mujeres dedican en promedio 16.4 horas semanales a labores de cuidado, casi el doble que los hombres, que destinan 9.6 horas. Esta distribución desigual sigue siendo uno de los principales obstáculos para la inserción y permanencia de las mujeres en el mercado laboral.
Durante el tercer webinario Regional COMMCA–CENTROESTAD, Mildred Martínez presentó los avances en la medición de estas dinámicas a partir de módulos incluidos en encuestas de hogares desde 2016 y 2021, así como el proceso para desarrollar la primera Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo.
El uso de este tipo de instrumentos estadísticos ha ganado relevancia en la región, en línea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 5, que promueve el reconocimiento y la redistribución del trabajo doméstico y de cuidados entre el Estado, el mercado y los hogares.
Sin embargo, más allá del progreso técnico, los datos vuelven a poner sobre la mesa una realidad persistente: el sistema económico continúa descansando en una carga de trabajo invisible que recae desproporcionadamente sobre las mujeres.
La ministra de la Mujer, Gloria Reyes, y la directora general de la ONE, Mildred Martínez, encabezaron la participación del país en este encuentro y también evidenció que, aunque países de Centroamérica y el Caribe avanzan en la producción de estadísticas con enfoque de género, la traducción de estos datos en políticas públicas efectivas sigue siendo un desafío.
En ese contexto, la participación de República Dominicana en estos espacios apunta a fortalecer la cooperación regional y a consolidar sistemas estadísticos más robustos.
No obstante, los propios indicadores sugieren que el reto no es solo medir la desigualdad, sino transformarla.
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