Treinta días después del doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudió el centro-norte de Venezuela, el país  prosigue las operaciones de búsqueda y rescate y a la vez mira hacia una compleja etapa de reconstrucción que aún no arranca.

El balance oficial, actualizado al 23 de julio, cifra en 5.398 los fallecidos, 16.740 los heridos y 17.907 las personas que permanecen sin hogar.

Además, la ONU estima que podría haber unos 50 mil desaparecidos, aunque el Gobierno interino de Delcy Rodríguez no comenta esa cifra ni ninguna otra sobre los ciudadanos que faltan por ser hallados.

El desastre del 24 de junio

Poco después de las 6:00 de la tarde del 24 de junio, dos fuertes terremotos golpearon el centro-norte del país. El epicentro se ubicó en Yaracuy, pero la mayor destrucción se registró en La Guaira, Caracas y otras zonas del litoral central.

Durante las semanas siguientes se produjeron más de mil réplicas.

En las primeras horas, las autoridades declararon el estado de emergencia y desplegaron a la Fuerza Armada, Protección Civil y equipos de rescate para remover escombros, sacar cuerpos, atender heridos y habilitar refugios temporales.

También quedaron suspendidas las operaciones en infraestructuras críticas afectadas, entre ellas el aeropuerto internacional de Maiquetía y parte del Metro de Caracas.

Miles de desplazados

Con las labores de rescate prácticamente concluidas, la emergencia se concentra ahora en la atención a los damnificados.

Según el último balance oficial, 17.907 personas continúan sin vivienda y 21.210 permanecen alojadas en 107 campamentos temporales. El Gobierno asegura haber asistido a más de 128.000 familias, aunque organizaciones humanitarias sostienen que son más las necesitadas.

El Banco Mundial calcula que el 47 % de las pérdidas corresponde al sector vivienda, mientras el resto afecta infraestructura pública y edificaciones comerciales. Los informes iniciales contabilizaron cientos de edificios colapsados y miles de estructuras con distintos niveles de daño.

Oficialmente, suman 190 los edificios que colapsaron completamente y 856 los que resultaron afectados con distintos niveles de daño (esta cifra incluye los colapsados y los que sufrieron daños parciales o estructurales).

Servicios y reconstrucción

La recuperación de los servicios básicos avanza de forma desigual.

Buena parte del suministro eléctrico y de agua potable ha sido restablecido en las principales ciudades, pero persisten interrupciones en varias comunidades afectadas.

Los hospitales principales retomaron parcialmente sus actividades, mientras otros siguen operando con limitaciones por daños estructurales; unos y otros con falta de equipamiento desde hace mucho.

Las autoridades aún no han publicado un balance nacional sobre cuántos hospitales y planteles educativos quedaron destruidos, cuántos requieren reparaciones y cuántos podrán reabrir tras ser rehabilitados.

Las ONG contabilizan 38 centros de salud con daños y continúan las evaluaciones gubernamentales y no gubernamentales sobre otras infraestructuras públicas afectadas.

La presidenta interina, Delcy Rodríguez, sostiene que la prioridad es acelerar el inicio de la reconstrucción y mejorar la atención a las familias afectadas. Su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional (Parlamento), ha sido el encargado de actualizar el balance oficial y defender la respuesta del Estado.

El Ejecutivo insiste en que los recursos disponibles son insuficientes para afrontar la magnitud del desastre y ha reiterado su reclamo sobre los millonarios activos venezolanos congelados en el exterior.

Desde que Rodríguez asumió el poder tras la detención de Nicolás Maduro —de quien era vicepresidenta—, Estados Unidos tomó el control de la industria petrolera venezolana y, según estimaciones de Financial Times, ha recaudado unos 13.000 millones de dólares. ¿Dónde está ese dinero?.

Trump, aseguró esta noche que el secretario de Energía, Chris Wright, "está dirigiendo Venezuela" y elogió su gestión al frente de la estrategia energética estadounidense en el país.

Wright supervisa el esquema de comercialización del crudo venezolano tras la flexibilización de las sanciones que permitió a compañías como Chevron, BP, Shell, Eni y Repsol reanudar operaciones. Washington aspira a atraer hasta 100.000 millones de dólares en inversiones para reactivar el sector, mientras mantiene el control de los ingresos procedentes de las exportaciones de petróleo.

Siempre sobre dinero y necesidades urgentes,  Unicef advirtió este jueves que necesitará 65,7 millones de dólares para atender a unas 470.000 personas, entre ellas 169.000 niños, afectadas por los terremotos.

La agencia de la ONU alertó de que la infancia enfrenta un mayor riesgo de sufrir traumas psicológicos, violencia, explotación y separación familiar, e informó de que ya ha distribuido más de 82 toneladas de ayuda de emergencia y respaldado la atención sanitaria, nutricional y el acceso a agua potable para decenas de miles de personas en coordinación con las autoridades venezolanas.

Una factura multimillonaria

Las estimaciones sobre el costo de la reconstrucción varían, aunque el Banco Mundial calcula en 19.600 millones de dólares los daños físicos directos ocasionados por los terremotos.

El organismo advierte, sin embargo, que una reconstrucción resiliente, con edificaciones e infraestructura más seguras, podría elevar la factura hasta los 50 mil millones de dólares.

Transparencia y recuperación

Diversas organizaciones civiles y humanitarias reclaman mayor transparencia en la distribución de la ayuda, información sobre los desaparecidos y criterios claros para la reconstrucción de viviendas e infraestructura.

También advierten que la recuperación no dependerá únicamente de levantar edificios, sino de restablecer servicios de salud, educación, agua potable y atención psicológica para cientos de miles de afectados.

Considerado el peor desastre natural en Venezuela desde el terremoto de 1812, el sismo golpeó además a un país inmerso en una prolongada crisis económica y social, lo que complica la financiación de la reconstrucción.

Un mes después, el sonido de las sirenas ha dado paso al de las excavadoras y a la incertidumbre de miles de familias que aún desconocen cuándo podrán volver a tener un hogar.

El reto ya no consiste solo en reconstruir edificios, sino en recuperar comunidades enteras y transformar las promesas oficiales en resultados para una población marcada por el duelo y la pérdida.

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