La crisis en Medio Oriente, que se desarrolla desde finales de febrero tras la ofensiva conjunta estadounidense-israelí contra Irán, registró durante las últimas 48 horas una combinación de acciones militares, presiones diplomáticas y movimientos estratégicos que involucraron al golfo Pérsico, el estrecho de Ormuz, territorio iraní, Israel y el sur de Líbano.
Diversas versiones sobre los acontecimientos fueron difundidas por medios iraníes, israelíes, árabes y occidentales, reflejando la profunda guerra informativa que acompaña al conflicto.
Nuevos ataques entre Washington y Teherán
Uno de los hechos más relevantes ocurrió durante la noche del 2 de junio y las primeras horas del día 3, cuando Irán lanzó misiles y drones contra objetivos vinculados a Estados Unidos en la región del Golfo.
Según informaciones difundidas por medios iraníes como Tasnim y Fars, citadas posteriormente por Associated Press y otros medios internacionales, las acciones fueron presentadas como una respuesta a operaciones militares estadounidenses previas contra intereses iraníes.
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Teherán afirmó haber atacado instalaciones navales estadounidenses en Baréin y otros objetivos estratégicos.
El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), por su parte, aseguró que la mayoría de los misiles y drones fueron interceptados antes de alcanzar sus objetivos. Washington sostuvo además que ningún militar estadounidense resultó herido durante los ataques.
Como respuesta, fuerzas estadounidenses realizaron bombardeos contra instalaciones militares iraníes en la isla de Qeshm, situada en el estratégico estrecho de Ormuz.
Según la versión oficial estadounidense, los objetivos estaban relacionados con operaciones militares iraníes y representaban una amenaza para la navegación internacional y las fuerzas desplegadas en la región.
Medios iraníes, entre ellos Mehr y Tasnim, informaron sobre explosiones en la zona de Qeshm durante la madrugada del 3 de junio, aunque las autoridades iraníes ofrecieron pocos detalles sobre los daños sufridos.
El estrecho de Ormuz sigue siendo el centro de la crisis

Las operaciones militares volvieron a colocar al estrecho de Ormuz en el centro de la atención internacional.
Desde abril, Estados Unidos mantiene un sistema de control marítimo destinado a restringir el tráfico relacionado con Irán, mientras Teherán considera estas acciones como un bloqueo ilegal.
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Durante los acontecimientos del 2 y la mañana del 3 de junio, Washington informó sobre la interceptación de embarcaciones que intentaban dirigirse hacia puertos iraníes, mientras Irán denunció una escalada de la presión militar estadounidense.
El conflicto en esta zona tiene consecuencias globales debido a que por Ormuz transita una parte significativa del petróleo comercializado internacionalmente.
Reuters y otros medios financieros informaron que los mercados energéticos reaccionaron inmediatamente a las nuevas hostilidades, provocando aumentos en los precios del crudo y una mayor volatilidad en las bolsas internacionales.
Irán suspende contactos indirectos con Washington
Paralelamente a la escalada militar, se produjo un deterioro de los esfuerzos diplomáticos.
La agencia iraní Tasnim informó que Teherán suspendió los intercambios indirectos con Estados Unidos a través de mediadores internacionales. La decisión fue presentada como una protesta por la continuidad de los ataques israelíes en Líbano.
Según las fuentes iraníes, el Gobierno considera que no puede existir una negociación seria mientras continúen las operaciones militares israelíes contra Hezbolá y otros actores aliados de Irán en territorio libanés.
Associated Press confirmó que fuentes cercanas a las conversaciones señalaron una interrupción temporal de los contactos entre ambas partes. Sin embargo, el presidente estadounidense Donald Trump negó que las negociaciones hubieran sido suspendidas completamente y afirmó que seguían existiendo canales de comunicación abiertos.
La situación refleja las profundas diferencias entre Washington y Teherán sobre la relación entre la cuestión nuclear iraní y los conflictos regionales.
Mientras Estados Unidos insiste en concentrarse en el programa nuclear, Irán exige que cualquier acuerdo contemple también el fin de las acciones militares israelíes en Líbano y otros escenarios.
La guerra en Líbano se convierte en el principal foco de tensión

Aunque la confrontación entre Estados Unidos e Irán concentra gran parte de la atención internacional, numerosos analistas consideran que el frente libanés se ha convertido en el principal detonante de la actual crisis.
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Durante el 2 de junio, Israel intensificó los bombardeos sobre el sur de Líbano, dirigidos principalmente contra posiciones de Hezbolá. Según Reuters, al menos cuatro personas murieron en los ataques israelíes de esa jornada.
Las operaciones se produjeron pese a los intentos diplomáticos para establecer un mecanismo de reducción de las hostilidades.
Días antes se había anunciado una especie de alto el fuego parcial que impediría ataques sobre Beirut y sus suburbios, aunque permitiría que continuaran las operaciones militares en el sur del país.
La situación demostró rápidamente la fragilidad de ese entendimiento.
Israel continuó realizando ataques contra objetivos considerados vinculados a Hezbolá, mientras el movimiento chií mantuvo operaciones militares limitadas contra territorio israelí.
Trump presiona a Netanyahu
Uno de los acontecimientos políticos más significativos fue la presión ejercida por el presidente Donald Trump sobre el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
De acuerdo con diversas informaciones publicadas por Reuters, El País y otros medios internacionales, Trump intervino personalmente para evitar una expansión de la ofensiva israelí hacia Beirut.
Según esas versiones, Washington considera que una operación israelí de gran escala contra la capital libanesa podría provocar la ruptura definitiva de las conversaciones con Irán y desencadenar una guerra regional mucho más amplia.
Trump afirmó haber obtenido compromisos para evitar el despliegue de tropas israelíes en Beirut y limitar las operaciones militares. Sin embargo, dirigentes israelíes emitieron posteriormente declaraciones contradictorias sobre el alcance de dichos compromisos.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, insistió en que las operaciones contra Hezbolá continuarían mientras persistieran las amenazas contra Israel.
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La visión iraní: Líbano como línea roja
Los medios iraníes otorgaron una importancia especial a la situación en Líbano.
Tasnim, Mehr y otras publicaciones cercanas a las autoridades iraníes sostuvieron que cualquier acuerdo de alto el fuego debe incluir garantías para el territorio libanés.
Diversos responsables iraníes advirtieron que una reanudación de grandes operaciones israelíes en Beirut o en otras zonas de Líbano sería considerada una violación de cualquier entendimiento alcanzado en otros frentes.
Esta posición refleja la importancia estratégica de Hezbolá dentro de la red regional de aliados de Irán.
Para Teherán, el movimiento libanés constituye uno de los principales elementos de disuasión frente a Israel y Estados Unidos. Por ello, cualquier debilitamiento significativo de Hezbolá es percibido como una amenaza directa para la seguridad nacional iraní.
Hezbolá mantiene cautela
A diferencia de otros momentos de tensión regional, Hezbolá ha mostrado una actitud relativamente prudente durante estos acontecimientos.
La organización evitó comprometerse públicamente con un alto el fuego definitivo, aunque tampoco lanzó una ofensiva masiva contra Israel.
Analistas consultados por medios árabes consideran que la organización intenta equilibrar dos objetivos: mantener la presión sobre Israel y evitar una guerra total que pueda devastar nuevamente Líbano.
La destrucción acumulada desde marzo ha provocado más de un millón de desplazados y miles de víctimas en territorio libanés, según estimaciones citadas por medios internacionales.
Divergencias entre los relatos informativos
Los acontecimientos del 2 y 3 de junio también evidenciaron las profundas diferencias entre las narrativas difundidas por distintos medios.
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Las agencias occidentales como Reuters, AP, AFP y los grandes periódicos europeos y estadounidenses destacaron principalmente los ataques iraníes contra objetivos estadounidenses y las respuestas militares de Washington.
Los medios iraníes, por el contrario, enfatizaron las operaciones israelíes en Líbano, las presiones ejercidas por Washington sobre Netanyahu y la necesidad de proteger a la población libanesa frente a nuevas ofensivas.
Los medios árabes mostraron una visión intermedia, centrando su cobertura en las consecuencias humanitarias del conflicto y en los riesgos de una expansión regional.
Riesgo de una guerra más amplia
Los sucesos de estas 48 horas dejaron en evidencia que la región continúa extremadamente cerca de una confrontación mucho mayor.
La combinación de ataques directos entre Estados Unidos e Irán, los combates entre Israel y Hezbolá en Líbano, la fragilidad de las negociaciones diplomáticas y la importancia estratégica del estrecho de Ormuz configuran un escenario de alta inestabilidad.
Aunque ninguna de las partes parece interesada en una guerra abierta e ilimitada, todas mantienen capacidad militar suficiente para provocar una escalada rápida y difícil de controlar.
Por ahora, los esfuerzos diplomáticos continúan, pero los acontecimientos del 2 y 3 de junio demostraron que cualquier incidente adicional puede alterar el equilibrio precario que todavía impide una conflagración regional de mayores dimensiones.
La guerra en el estrecho de Ormuz castiga a 75 países vulnerables

(GINEBRA, IPS).- Las economías más vulnerables, 75 países menos adelantados (PMA) y pequeños Estados insulares en desarrollo (Peid), están en primera línea de afectados por las repercusiones de la guerra que se libra sobre el estrecho de Ormuz, advirtió este martes 2 una agencia especializada de las Naciones Unidas.
Un reporte de la Unctad (ONU Comercio y Desarrollo) muestra que 65 de esas economías vulnerables dependen del petróleo importado, y para ellas el aumento de los precios de la energía se traducirá en mayores costos y difíciles decisiones, entre cubrir las facturas de combustible e invertir en servicios públicos esenciales.
Eso afecta la vida de casi 1000 millones de personas, apunta la Unctad.
Desde el pasado febrero, la confrontación entre Estados Unidos e Israel, de un lado, e Irán, del otro, obstruye el estrecho de Ormuz, que comunica al golfo Pérsico con el de Omán, el mar Arábigo y el océano Índico, y por donde transita una parte considerable del petróleo, gas y fertilizantes que se comercian en el mundo.
El conflicto se mantiene con altibajos a la espera de que se concrete un elusivo alto el fuego y pueda avanzar un acuerdo para reabrir el estrecho mientras se negocia un trato sobre las causas del conflicto, que afecta a toda la región del Medio Oriente.
Las repercusiones alcanzan a todo el sistema energético mundial, y el secretario general de la ONU, António Guterres, observó que “cuando el estrecho de Ormuz se bloquea, los más pobres y vulnerables del mundo no pueden respirar”.
El reporte de la Unctad destacó, en primer lugar, cómo los precios del petróleo y sus derivados han subido entre enero de 2024 y mayo de 2026, y las economías vulnerables podrían pagar por esas facturas este año unos 20 000 millones de dólares más que en 2025.
El precio del petróleo crudo aumentó más de 40 %, pasando de unos 65 dólares por barril (de 159 litros) a oscilar en torno a los 100 dólares la unidad. El valor de la gasolina se incrementó en más de 50 %, al pasar de unos 700 dólares por tonelada a alrededor de 1100 dólares.
La sola variación en la factura petrolera significa una carga de más de medio punto del producto interno bruto (PIB) para unos 25 de los PMA, e igual número de Peid.
En el primer grupo los más castigados son Mauritania, Gambia y Burkina Faso, con entre cinco y 7,3 % de su PIB consumido por el alza, seguidos por otros ocho Estados africanos y Camboya.
En el segundo hay Estados del Pacífico y el Índico, como Vanuatu, Maldivas, Tonga y Mauricio, con afectación entre 4,2 y 5,8 % de su PIB, y del Caribe, entre los cuales Jamaica, Santa Lucía y Belice, en los que el alza en la factura petrolera representa entre 2,5 y 2,8 % del PIB.
Para Tanzania, Uganda y Zambia, en África oriental, entre 44 y 61 % del petróleo que consumen proviene de la región dominada por el estrecho de Ormuz. Representa 99 % de esas importaciones para Seychelles, 58 % para Mauricio y 43 % para Maldivas, estos tres últimos Estados insulares en el Índico.
Al carecer de infraestructura para la refinación, solo dos por ciento del petróleo que importan las economías más vulnerables es crudo, y 98 % corresponde a los productos derivados, más costosos.
La Unctad destaca que el alza de los precios del petróleo eleva los costos de transporte y combustible, incrementando así el costo total de los bienes y elevando rápidamente el costo de vida. Un aspecto adicional es la afectación de la agricultura por la escasez o mayor costo de los fertilizantes.
Las presiones inflacionarias generalizadas también pueden afectar a los países exportadores netos de petróleo.
Las fluctuaciones en los precios del petróleo aumentan la presión fiscal en las economías vulnerables que son importadoras netas.
Eso obliga a los Estados a tomar decisiones difíciles, entre proteger a los hogares de los aumentos repentinos de precios y mantener los servicios esenciales, y la inversión a largo plazo, incluido el desarrollo sostenible.
El aumento de la factura de las importaciones de petróleo puede ampliar los déficits por cuenta corriente (ocurre cuando un país gasta más en el extranjero de lo que le ingresa por sus ventas al exterior) y debilitar los tipos de cambio.
Eso provoca un aumento de los tipos de interés, un endurecimiento de las condiciones crediticias y un menor crecimiento económico, especialmente en economías con un margen fiscal limitado.
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