El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, reforzó este martes la línea dura de la Administración de Donald Trump hacia Cuba al acusar al Gobierno de La Habana de haber respaldado históricamente a organizaciones armadas de izquierda en América Latina y de mantener vínculos con redes de inteligencia de China y Rusia, argumentos que utilizó para justificar la permanencia de la isla en la lista estadounidense de países patrocinadores del terrorismo.
Durante una audiencia pública ante el Senado estadounidense, Rubio afirmó que Cuba ha apoyado a diversos grupos armados que han operado en la región, entre ellos el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y facciones disidentes de esa organización.
El funcionario respondió así a preguntas de legisladores sobre la política de Washington hacia la isla, en un contexto marcado por el endurecimiento de las sanciones económicas y las tensiones diplomáticas entre ambos países.
Rubio insistió en que la decisión de mantener a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo responde a consideraciones de seguridad nacional y sostuvo que el Gobierno cubano continúa ofreciendo respaldo a estructuras que Estados Unidos considera una amenaza para la estabilidad regional.
Acusaciones sobre inteligencia china y rusa
El secretario de Estado también señaló que Cuba alberga instalaciones destinadas a la recopilación de información para los servicios de inteligencia de China y Rusia.
Según Rubio, estas actividades forman parte de un esquema de cooperación estratégica que, a juicio de Washington, incrementa los riesgos para la seguridad estadounidense en el hemisferio occidental.
Las autoridades cubanas han rechazado reiteradamente este tipo de acusaciones y sostienen que forman parte de una narrativa utilizada por Estados Unidos para justificar el mantenimiento del embargo económico y nuevas medidas de presión.
La presión sobre GAESA y la salida de empresas extranjeras
Rubio dedicó parte de su intervención a cuestionar el papel del Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), conglomerado vinculado a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.
Según el jefe de la diplomacia estadounidense, GAESA controla una parte significativa de la economía cubana, incluyendo sectores estratégicos como el turismo, la minería, los combustibles y otras actividades comerciales.
Las declaraciones coinciden con la ofensiva de Washington para aislar financieramente al grupo empresarial. En las últimas semanas, varias compañías extranjeras han reducido o cancelado operaciones en Cuba ante el riesgo de verse afectadas por sanciones estadounidenses.
Entre las empresas señaladas por medios internacionales figuran cadenas hoteleras con presencia histórica en la isla y compañías vinculadas al transporte marítimo y la minería.
Crisis económica y apagones
Rubio atribuyó la crisis energética que atraviesa Cuba a años de falta de inversión en infraestructura eléctrica y rechazó que los apagones sean consecuencia exclusiva de las sanciones estadounidenses.
El funcionario argumentó que el Gobierno cubano priorizó inversiones en el sector turístico mientras descuidaba la modernización de las plantas generadoras de electricidad.
La isla enfrenta desde hace varios años una profunda crisis económica agravada por la escasez de combustible, el deterioro de la red eléctrica, la inflación y una creciente emigración.
Washington plantea la necesidad de un cambio de liderazgo

Durante la audiencia, Rubio sostuvo que el sistema político cubano carece de capacidad para impulsar reformas estructurales y consideró que un proceso de transformación requeriría nuevos liderazgos.
“El sistema no puede reformarse por sí mismo”, afirmó el secretario de Estado, quien aseguró además que funcionarios estadounidenses han mantenido conversaciones con representantes cubanos sobre posibles cambios orientados a la recuperación económica.
No obstante, el funcionario no ofreció detalles sobre el alcance de esos contactos ni sobre las condiciones planteadas por Washington. Mientras tanto, el exilio cubano se prepara para un eventual cambio.
Una relación cada vez más tensa
Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la política hacia Cuba ha retomado una estrategia de máxima presión que incluye restricciones energéticas, nuevas sanciones económicas y un mayor control sobre las operaciones de empresas extranjeras vinculadas al Estado cubano.
Por su parte, el Gobierno de La Habana sostiene que las dificultades económicas del país están estrechamente relacionadas con el embargo impuesto por Estados Unidos desde hace más de seis décadas y rechaza cualquier intento de injerencia externa en sus asuntos internos.
La confrontación entre ambos gobiernos se produce en un momento especialmente delicado para la economía cubana, que enfrenta una de las peores crisis de las últimas décadas y observa con preocupación la reducción de inversiones extranjeras y el deterioro de sectores clave como el turismo y la energía.
(CON INFORMACIONES DE LAS AGENCIAS EFE Y AFP)
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