Durante el más reciente brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC), el número de casos sospechosos supera el millar, según las autoridades congoleñas, y el virus continúa propagándose a un ritmo que preocupa a las autoridades sanitarias.
Durante una visita a Bunia, ciudad situada en el epicentro de la emergencia en la provincia de Ituri, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, insistió en que las comunidad?es locales deben desempeñar un papel decisivo para frenar la enfermedad, mientras organizaciones humanitarias advierten que la respuesta internacional sigue siendo insuficiente frente a uno de los brotes de expansión más rápida registrados hasta ahora.

"Combatir desde el epicentro"
Tedros llegó a la República Democrática del Congo el jueves para coordinar la respuesta al brote y evaluar la situación sobre el terreno. Tras aterrizar en Bunia, uno de los principales focos de la epidemia, destacó la importancia de involucrar a las poblaciones locales en los esfuerzos de contención.
“Las comunidades entienden mejor los problemas y también conocen las soluciones”, declaró a periodistas.
Según el jefe de la OMS, aunque la comunidad internacional participa en la respuesta bajo el liderazgo del Gobierno congoleño, el éxito de la estrategia depende de que los habitantes de las zonas afectadas se apropien de ella.
Durante su visita, Tedros tiene previsto recorrer centros de tratamiento y reunirse con autoridades locales, trabajadores sanitarios y familias afectadas. El responsable de la OMS afirmó que la prioridad es garantizar que las regiones más golpeadas por la enfermedad reciban toda la ayuda necesaria.
“La mejor manera de abordar esta situación es brindar todo el apoyo necesario para combatir la enfermedad en su epicentro y seguir ofreciendo toda la asistencia que se requiera”, sostuvo.
La OMS informó el viernes sobre 906 casos sospechosos, entre los cuales se incluyen 223 fallecimientos, aunque el balance oficial de las autoridades congoleñas elevó posteriormente la cifra total de contagios sospechosos hasta 1.028. Por su parte, la nación vecina Uganda confirmó nueve contagios y una muerte vinculados al brote.
Una propagación inédita desde 1976
La organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) advirtió que el actual brote, el decimoséptimo registrado en el país desde 1976, avanza a una velocidad nunca vista.
“Nunca antes un brote de ébola había registrado tantos casos tan poco tiempo después de su declaración”, señaló en un comunicado Alan González, subdirector de operaciones de la organización.
MSF alertó además sobre la falta de recursos disponibles para responder a la emergencia. Según González, el número de organizaciones médicas especializadas desplegadas en la zona y el nivel de apoyo recibido continúan muy por debajo de las necesidades reales.
“Nadie conoce la verdadera magnitud ni la gravedad de este brote”, añadió, al reclamar una ampliación inmediata de la capacidad de diagnóstico, un despliegue más rápido de personal humanitario y un acceso sostenido a suministros médicos.
La preocupación es aún mayor debido a que el linaje Bundibugyo del virus del ébola, responsable de la actual epidemia, no dispone por ahora de una vacuna ni de un tratamiento aprobado.
Pese a ello, Tedros se mostró confiado en la capacidad de la RDC para controlar la situación. Tras reunirse con la primera ministra congoleña, Judith Suminwa Tuluka, recordó que el país ya ha enfrentado numerosas epidemias de ébola en el pasado.
“Es una situación difícil y lo reconocemos, pero la República Democrática del Congo ha enfrentado el virus del ébola muchas veces antes. Confiamos en que una vez más podrá controlar este brote”, afirmó.
Restricciones fronterizas y financiación complicada
Aunque la llegada de ayuda internacional ha permitido reforzar algunos hospitales de Bunia con más personal, equipos de protección y suministros médicos, los pacientes continúan llegando de forma constante y la respuesta sigue sin alcanzar el ritmo de propagación del virus.
La situación se ve agravada por la inseguridad. En varias localidades de Ituri, algunos residentes han reaccionado con indignación a los estrictos protocolos sanitarios aplicados a los cuerpos de las víctimas, considerados incompatibles con ciertas tradiciones funerarias. Al menos tres ataques contra centros de salud han sido registrados.
Además, la presencia de grupos armados dificulta el acceso de los equipos médicos. Entre ellos figuran las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), vinculadas al autodenominado Estado Islámico, y diversas milicias étnicas activas en la región. El brote también se ha extendido a las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, donde el M23, respaldado por Ruanda según Kinshasa y varios países occidentales, controla importantes ciudades como Goma y Bukavu. Los rebeldes informaron de dos casos en esas zonas.
En paralelo, Uganda y Ruanda decidieron cerrar sus fronteras para intentar frenar la propagación del virus. Estados Unidos anunció además restricciones de entrada para personas que hayan visitado recientemente la RDC, Uganda o Sudán del Sur y que no posean ciudadanía estadounidense.
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Tedros criticó estas medidas y aseguró que los cierres fronterizos no contribuyen a controlar la epidemia.
“El cierre de fronteras, como han hecho algunos países, solo desalienta la transparencia. La República Democrática del Congo está informando sobre la situación de manera abierta y transparente”, declaró.
La OMS también enfrenta dificultades financieras. A su llegada a Kinshasa, Tedros advirtió que la organización apenas había recibido un tercio de los fondos necesarios para sostener la respuesta. Mientras tanto, la Unión Europea envió ayuda médica de emergencia a Ituri y Estados Unidos anunció 80 millones de dólares adicionales, elevando su contribución total a más de 112 millones de dólares.
Con Reuters y AP
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