Alejarse del Gran Santo Domingo rumbo al sur del país permite descubrir la esencia de provincias como Azua y Barahona, donde la vida cotidiana gira en torno al trabajo agrícola y las tradiciones heredadas de generación en generación.

En estas comunidades, hombres y mujeres mantienen viva la identidad rural a través de la producción del campo, el comercio de productos típicos y el emprendimiento local, actividades que representan no solo un sustento económico, sino también un símbolo de arraigo cultural.

Muchas mujeres rurales han convertido la elaboración de dulces típicos, artesanías y otros productos en pequeñas empresas familiares que les permiten generar ingresos, sostener a sus hogares y contribuir al desarrollo económico de sus comunidades, demostrando que el empoderamiento económico también se cultiva en el campo dominicano.

Viajar por las carreteras de Azua es encontrarse con una de las expresiones más auténticas de la cultura dominicana: los pilones de madera.

Elaborados artesanalmente por manos expertas, estos utensilios, utilizados tradicionalmente para machacar alimentos, representan una herencia cultural que ha pasado de generación en generación.

Más que simples objetos, los pilones reflejan la creatividad y el ingenio de los artesanos de la región.

El emprendimiento femenino desempeña un papel cada vez más importante.

Entre los productos más emblemáticos que se comercializan en los puestos ubicados a lo largo de las carreteras del sur también destaca la mamajuana.

Esta tradicional bebida dominicana, preparada con una mezcla de raíces, cortezas, vino y ron, es considerada un símbolo de la identidad nacional y una de las opciones preferidas por turistas y visitantes que desean llevarse un pedazo de la cultura dominicana.

Muchas mujeres han encontrado en la elaboración y venta de dulces típicos, como el dulce de leche, las conservas y el majarete, una oportunidad para generar ingresos y mejorar la calidad de vida de sus familias.

A través de estos pequeños negocios, no solo preservan tradiciones gastronómicas heredadas de sus antepasados, sino que también fortalecen la economía local y abren nuevas oportunidades para las futuras generaciones.

La producción agrícola continúa siendo el principal motor económico de provincias como Azua y Barahona.

En sus fértiles tierras se cultivan plátanos, mangos, sandías, melones y otros productos que abastecen mercados locales y nacionales.

La agricultura no solo genera empleos, sino que también mantiene vivas las tradiciones rurales que han caracterizado históricamente a estas comunidades.

EN ESTA NOTA

Osmil Crooke

Editora Multimedia

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