Durante mucho tiempo, ser un "buen padre" estuvo asociado principalmente con llevar el sustento económico al hogar. Sin embargo, la ciencia dice que esa función, aunque importante, no es suficiente para favorecer el desarrollo de los hijos.

El informe "Crianza cariñosa y participación de los hombres: documento temático" (Nurturing Care and Men’s Engagement: Thematic Brief), elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), señala que cuando los hombres participan activamente en el cuidado de sus hijos desde el embarazo, los niños presentan mejores resultados en su desarrollo cognitivo, emocional y social. Además, ese involucramiento fortalece el bienestar de la madre y contribuye a una crianza más saludable.

La Academia Americana de Pediatría, en el documento "El papel de los padres en el cuidado y desarrollo de sus hijos: el rol de los pediatras" (Fathers' Roles in the Care and Development of Their Children: The Role of Pediatricians), señala que los hijos de padres involucrados presentan una mejor regulación emocional, menos problemas de conducta y un mejor desempeño escolar.

Pero, ¿qué tan cerca está ese modelo de la realidad dominicana? Para responder esa pregunta, especialistas consultados por Acento coinciden en que el país aún enfrenta importantes desafíos culturales para construir una paternidad más activa.

En República Dominicana todavía pesa el modelo del padre que sólo provee

El sociólogo Leopoldo Artiles Gil señala que la imagen tradicional del padre continúa profundamente arraigada en la sociedad dominicana.

Explicó que, aunque cada vez existe mayor conciencia sobre la importancia de involucrarse en la crianza, todavía predomina la expectativa de que el hombre sea principalmente quien sostiene económicamente a la familia.

"No es tanto el padre responsable lo que predomina, sino el padre que fundamentalmente es proveedor y persiste como figura de autoridad antes que como figura o modelo a seguir", señaló.

A su juicio, un padre responsable no solo aporta recursos económicos. También participa en la educación de sus hijos, comparte las responsabilidades del cuidado y acompaña a su pareja desde el embarazo hasta la crianza cotidiana.

Así también resalta que muchas mujeres se han incorporado al mercado laboral, pero continúan asumiendo la mayor parte del trabajo doméstico y del cuidado de los hijos, mientras sobre los hombres sigue recayendo una fuerte presión social relacionada con el sustento económico del hogar.

El sociólogo agregó que esta situación no responde únicamente a decisiones individuales, sino también a patrones culturales que han definido durante generaciones los roles de hombres y mujeres dentro de la familia.

Aunque reconoce algunos avances, como mayores facilidades para que algunos padres acompañen el nacimiento de sus hijos, considera que todavía faltan políticas públicas que promuevan una verdadera corresponsabilidad en la crianza.

La presencia vale más que la cantidad de tiempo

La psicóloga clínica, Caluz Polanco, resalta que uno de los mayores errores es creer que un padre presente es simplemente aquel que está en casa.

La especialista explicó que la verdadera presencia implica prestar atención, compartir tiempo sin distracciones y participar activamente en la vida de los hijos.

"Cuando digo presente no es estar en el mismo espacio, sino estar enfocado e intencionalmente presente", subrayó.

Agregó que los niños aprenden principalmente observando el comportamiento de sus padres, por imitación y no por discurso.

Sostuvo, además, que un padre que sabe controlar sus emociones, demuestra afecto, cumple su palabra y trata con respeto a los demás termina enseñando esas mismas habilidades a sus hijos.

También destacó la importancia del refuerzo positivo. No basta con corregir cuando los niños se equivocan; también es necesario reconocer sus logros, expresar cariño y brindar seguridad emocional.

En ese sentido, insistió en que la calidad del tiempo pesa más que la simple presencia física.

"Los hijos necesitan presencia de calidad", señaló, al recomendar que durante esos momentos los padres dejen a un lado el teléfono, el trabajo y cualquier otra distracción.

La paternidad comienza antes del nacimiento

"La paternidad no inicia cuando nace el bebé", señala Polanco.

Explicó que el vínculo puede comenzar desde el embarazo mediante acciones sencillas como hablarle al bebé, acompañar a la madre en las consultas médicas y participar activamente durante el parto.

Después del nacimiento, ese involucramiento continúa con tareas cotidianas que durante años fueron consideradas exclusivamente maternas.

Cambiar pañales, alimentar al bebé, bañarlo, dormirlo, asistir a las actividades escolares, llevarlo y recogerlo del colegio o reservar espacios individuales para compartir con cada hijo fortalecen el vínculo afectivo y ayudan a que los niños vean a su padre como una figura de confianza.

La especialista incluso explicó que el contacto piel con piel durante las primeras horas de vida favorece la liberación de oxitocina en el padre, una hormona relacionada con el apego y la formación del vínculo afectivo con el bebé.

¿Cómo influye la salud mental del padre en la familia?

Otro aspecto que suele pasar desapercibido es el estado emocional del padre.

Polanco explicó que un hombre que sabe manejar sus emociones genera estabilidad dentro del hogar y se convierte en un referente para toda la familia.

Añadió que un padre involucrado favorece el bienestar de la madre durante el embarazo y el posparto, reduce el riesgo de depresión y ansiedad posparto y fortalece el vínculo entre todos los miembros del hogar.

Asimismo, indicó que los niños aprenden a regular sus propias emociones observando cómo reaccionan sus padres frente al enojo, la frustración o los conflictos cotidianos.

Cambiar la forma de ser padre también requiere cambios culturales

Aunque la ciencia coincide en los beneficios de una paternidad activa, tanto el sociólogo Artiles Gil como la psicóloga Caluz Polanco advierten que ese modelo aún enfrenta obstáculos en República Dominicana. Ambos coinciden en que ser un mejor padre requiere cambios, pero cada uno pone el foco en aspectos diferentes.

Para Artiles Gil, el primer paso es transformar la idea tradicional de que el hombre cumple su rol únicamente cuando provee económicamente. Explicó que la sociedad debe avanzar hacia una paternidad corresponsable, donde los hombres compartan las tareas de cuidado, acompañen a sus hijos desde el embarazo y participen activamente en su educación y desarrollo emocional.

También consideró necesario fortalecer las políticas públicas que faciliten ese involucramiento, como licencias parentales más amplias y medidas que permitan conciliar el trabajo con la vida familiar. A su juicio, mientras el cuidado siga viéndose como una responsabilidad principalmente femenina, será difícil cambiar el modelo de crianza.

En cambio, Polanco señaló cambios que cada padre puede hacer dentro del hogar. La psicóloga sostuvo que es necesario abandonar los modelos autoritarios heredados de generaciones anteriores y construir relaciones basadas en la cercanía emocional.

Entre las acciones que recomendó figuran escuchar a los hijos, cumplir las promesas que se les hacen, dedicarles tiempo de calidad sin distracciones, conocer sus necesidades particulares y educar principalmente con el ejemplo.

Asimismo, insistió en que los padres también deben cuidar su propia salud mental, ya que la forma en que manejan el estrés, la frustración o los conflictos se convierte en un modelo que los hijos tienden a reproducir.

¿Qué tan buen padre eres? Haz esta autoevaluación

No existe una fórmula única para ser un buen padre. Sin embargo, la ciencia y los especialistas consultados para este reportaje coinciden en varias conductas que fortalecen el desarrollo de los hijos. Marca un punto por cada respuesta afirmativa.

☐ ¿Dedicas tiempo de calidad a tus hijos sin distracciones como el celular o el trabajo?

☐ ¿Escuchas a tus hijos y conversas con ellos todos los días, aunque sea unos minutos?

☐ ¿Demuestras afecto con palabras, abrazos o gestos de cariño?

☐ ¿Cumples las promesas que les haces?

☐ ¿Participas en tareas de cuidado como preparar alimentos, ayudar con las tareas escolares, bañarlos o acostarlos?

☐ ¿Intentas controlar tus emociones antes de reaccionar con gritos o enojo?

☐ ¿Reconoces y felicitas a tus hijos cuando hacen algo bien, además de corregirlos cuando se equivocan?

☐ ¿Educas más con el ejemplo que con los discursos?

☐ ¿Compartes las responsabilidades de crianza con tu pareja o con la persona que cuida a tus hijos?

☐ ¿Conoces los gustos, preocupaciones, amistades y sueños de tus hijos?

¿Cómo interpretar tus respuestas?

De 8 a 10 respuestas afirmativas: Vas por buen camino. La ciencia señala que la presencia, el afecto y la participación activa fortalecen el desarrollo emocional de los hijos.

De 5 a 7 respuestas afirmativas: Hay aspectos que puedes fortalecer. Dedicar tiempo de calidad, escuchar más y compartir las tareas de crianza pueden marcar una diferencia.

Menos de 5 respuestas afirmativas: Nunca es tarde para involucrarte más. Los especialistas coinciden en que la paternidad no se mide solo por proveer económicamente, sino por construir una relación cercana basada en el cuidado, el ejemplo y la presencia constante.

Halley Antigua

Periodista apasionada por temas tecnológicos, salud y sociales; me gusta ponerle rostro a los datos. Disfrutar de la cultura y el turismo ecológico.

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