Durante décadas, la imagen del padre estuvo ligada principalmente al trabajo y al sustento económico del hogar. Mientras las mujeres eran asociadas al cuidado y la crianza, muchos hombres crecieron bajo la idea de que demostrar fortaleza, ejercer autoridad y proveer eran las principales formas de cumplir con su papel dentro de la familia.

El informe Paternidad activa: la participación de los hombres en la crianza y los cuidados, publicado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), plantea que cuando la identidad masculina gira principalmente alrededor del papel de proveedor económico, el cuidado cotidiano de los hijos suele percibirse como una responsabilidad secundaria o atribuida principalmente a las mujeres.

La paternidad también se aprende

Fátima Lorenzo Mencia, directora de la Dirección de Educación en Género del Ministerio de la Mujer, explica que estos aprendizajes comienzan desde la infancia y responden a una organización social que históricamente ha asignado funciones diferenciadas a hombres y mujeres.

"La sociedad ha vinculado tradicionalmente a las mujeres con el cuidado del hogar y la crianza, mientras que a los hombres se les ha asociado con el poder, la provisión económica y la toma de decisiones".

Fátima Lorenzo

Según Lorenzo, muchos niños crecen escuchando mensajes que les hacen creer que expresar afecto, mostrar vulnerabilidad o participar activamente en el cuidado no forman parte de lo que significa "ser hombre".

"Esa socialización puede traducirse en una participación limitada en la vida familiar y en el ejercicio de una paternidad distante, delegando gran parte de las responsabilidades de cuidado en las mujeres. Esto genera brechas en la corresponsabilidad familiar y limita el desarrollo de relaciones más cercanas, afectivas y respetuosas entre padres e hijos", afirma.

La paternidad también se aprende: cómo los estereotipos de género pueden influir en el vínculo entre padres e hijos.

Por otro lado, el investigador especializado en estudios de género, Ramón Stalin Montero Santiago coincide en que la forma en que se educa a los hombres influye en la manera en que ejercen la paternidad.

"La forma en que socializamos a los hombres tiene un impacto directo en el tipo de padres que llegan a ser. En nuestro contexto todavía predomina una educación masculina que premia la fortaleza, la autosuficiencia y el rol de proveedor, mientras desvaloriza la expresión de las emociones, el cuidado y la ternura".

Ramón Stalin Montero Santiago

Añade que muchos hombres crecieron creyendo que ser un buen padre consistía principalmente en garantizar el sustento económico del hogar.

"Ese mandato invisibilizó otras dimensiones fundamentales de la paternidad, como acompañar, escuchar, jugar, cuidar y construir vínculos afectivos", expresa.

La evidencia apunta al valor del involucramiento paterno

La investigación Participación del padre y regulación emocional durante la primera infancia: una revisión sistemática, publicada en 2024 en la revista científica BMC Psychology, analizó múltiples estudios sobre el papel del padre durante los primeros años de vida y concluyó que la calidad de su involucramiento se asocia con una mejor regulación emocional en la niñez.

Los autores encontraron que las interacciones caracterizadas por sensibilidad, disponibilidad y cuidado tienen mayor impacto en el desarrollo infantil que la simple presencia física o el tiempo compartido.

Asímismo, Montero explica que estos hallazgos coinciden con una transformación que ya comienza a observarse en la sociedad actual.

"Hoy es cada vez más frecuente ver a padres llevando a sus hijas e hijos al médico, participando en reuniones escolares, asistiendo a actividades extracurriculares o compartiendo tareas cotidianas de cuidado que antes eran consideradas exclusivamente femeninas".

Ramón Staling Montero Santiago

Aunque reconoce que persisten barreras culturales, considera que cada vez más hombres buscan ejercer una paternidad distinta a la que conocieron durante su infancia.

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Masculinidades para la igualdad

Desde el Ministerio de la Mujer se promueve el concepto de masculinidades para la igualdad, entendido como formas de ser hombre basadas en el respeto, la corresponsabilidad, la empatía y el reconocimiento de los derechos humanos.

Lorenzo explica que esto implica educar a los niños para que comprendan que expresar emociones, mostrar sensibilidad, pedir ayuda o cuidar de otras personas no disminuye su fortaleza ni cuestiona su identidad masculina.

"Un padre que desarrolla estas capacidades construye vínculos más cercanos, seguros y afectivos con sus hijos e hijas. La presencia activa en la crianza, la comunicación abierta, el afecto cotidiano y el ejemplo de relaciones basadas en el respeto fortalecen el desarrollo emocional de la niñez", afirma.

Por su parte, Montero coincide en que la llamada masculinidad positiva no busca cambiar la identidad de los hombres, sino ampliar las posibilidades de vivirla de una manera más saludable.

"Un padre que practica una masculinidad positiva entiende que cuidar también es una responsabilidad masculina. Participa en la crianza cotidiana, expresa afecto sin temor, establece una comunicación abierta, educa desde el ejemplo y ejerce la autoridad sin recurrir a la violencia", explica.

Subraya que esto no solo fortalece el vínculo con los hijos, sino que también permite que muchos hombres descubran que el cuidado también es un derecho que les permite construir relaciones más profundas y significativas con sus hijas e hijos.

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Un cambio que involucra a toda la sociedad

Tanto Lorenzo como Montero coinciden en que transformar la paternidad no depende únicamente de decisiones individuales.

Lorenzo considera necesario fortalecer modelos de crianza basados en el respeto, el diálogo y la distribución equitativa de las responsabilidades familiares, además de incorporar la educación para la igualdad y la corresponsabilidad en el sistema educativo.

También plantea impulsar políticas públicas que favorezcan la conciliación entre la vida laboral y familiar y promuevan una mayor participación de los padres en la crianza.

Asimismo, Montero añade que el cambio también pasa por revisar la forma en que la sociedad entiende el cuidado.

"Necesitamos dejar de entender la paternidad únicamente como una obligación económica y reconocerla como una experiencia integral de cuidado, presencia y afecto", añade.

Halley Antigua

Periodista apasionada por temas tecnológicos, salud y sociales; me gusta ponerle rostro a los datos. Disfrutar de la cultura y el turismo ecológico.

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