La ministra de la Mujer, Gloria Reyes, fue la conferencista magistral del Cuarto Foro de Mujeres Periodistas Dominicanas. Le acompaña el presidente de la Sociedad Dominicana de Diarios y el Comité Organizador.

Distinguido Sr. Persio Maldonado, director de la Sociedad Dominicana de Diarios

Estimada Anibelca Rosario, a quien agradezco de manera especial la presentación de estas palabras;

Estimada Elvira Margarita Lora Peña, fundadora del proyecto Ciudadanía Fémina y autora de la investigación doctoral que sostiene intelectualmente este espacio;

Estimadas integrantes del Comité Organizador —Altagracia Salazar, Aris Beltré, Dania Goris, Elsa Báez, Indhira Navarro, Karla Báez, Lilly Luciano, Margarita Cordero, Marien Capitán y Millizen Uribe—;

Estimadas panelistas de la mesa que sigue a mi intervención: Mary Cantisano, Margarita Cordero y Sandra Lara;

Estimadas y estimados representantes de los medios de comunicación, comunicadoras comunitarias, académicas, investigadoras, y organizaciones presentes

Muy buenos días.

Es un honor comparecer ante este IV Foro de Mujeres Periodistas, que trae a la memoria un hecho paradigmático: la conmemoración de los 104 años de la fundación de la revista Fémina, el 15 de  julio de 1922, un proyecto editorial, feminista, independiente, político y cultural que sirvió de plataforma para avanzar en la ciudadanía política de las mujeres dominicanas.

Petronila Angélica Gómez Brea, al fundar la revista Fémina, produjo una fractura en el imaginario social patriarcal y se adelantó a la tesis de que lo personal es político. Y lo hizo en medio de una intervención militar, en un país de mujeres desprovistas de ciudadanía y de derechos, cosificadas y relegadas al ámbito de lo doméstico, de lo privado y de la tutela masculina.

Como bien ha rescatado y documentado la periodista y académica Elvira Margarita Lora Peña en su reciente investigación doctoral: “Fémina no nació como una concesión del sistema, sino como una ruptura con él”. Hace 104 años, las dominicanas trazaron una ruta hacia la conquista del poder de la palabra pública; y el eslogan de este Foro,“Transforma las noticias, transforma el mundo”, no puede ser más elocuente ni más testimonial de esa ruta.

Por eso, con estas palabras, y como acto de justicia histórica, quiero rendir tributo a Petronila Angélica Gómez Brea y a todas las que, desde 1922 hasta hoy, han sostenido la tarea de informar como forma de transformar, mediante un periodismo que investiga, contextualiza, cuestiona y hace visibles las necesidades de la ciudadanía desde los lentes de género.

Colocar el lente de género en la noticia pasa por resignificar el titular que se elige, la fuente que se consulta, el ángulo que se privilegia, la imagen que se selecciona, o la que se descarta, el simbolismo que se proyecta y la voz que se amplifica o la que se silencia. Todo eso construye la realidad en la que vivimos.

Esta conversación pasa, entonces, por analizar la realidad que estamos produciendo minuto a minuto, en la brevedad de la noticia y en la velocidad exponencial del mensaje. Y los datos que existen sobre nuestra representación mediática son espejos que nos interpelan y, a la vez, nos desafían con fuerza.

De acuerdo con el estudio publicado por el Global Media Monitoring Project (GMMP) en septiembre de 2025, en su séptima edición, treinta años después del inicio del monitoreo global en Beijing 1995, solo el 26 % de las personas que aparecen, se oyen o se leen en las noticias del mundo son mujeres. Es decir, el 74 % del espacio simbólico de las noticias del planeta sigue estando ocupado por hombres.

Y esto es lo más desafiante: en las tres décadas que lleva midiéndose este indicador, la cifra apenas ha subido nueve puntos porcentuales; y desde 2010 el progreso está prácticamente estancado.

En los temas que definen la vida colectiva, política y gobierno, economía, justicia, los hombres continúan dominando las voces de autoridad. Y cuando las mujeres aparecen como fuentes, son citadas con mucha mayor frecuencia como testigas presenciales que dan testimonios personales, y no como expertas, a pesar de sus calificaciones profesionales.

Un dato ilustrativo del propio GMMP 2025: alrededor del 60 % de las mujeres citadas como fuentes provienen de campos de entretenimiento o cultura, actuación, canto, escritura, mientras las voces de las economistas, juristas, ingenieras y científicas siguen siendo minoritarias en las páginas de opinión y en los debates de coyuntura.

Y hay dos datos del GMMP 2025 que quiero subrayar porque me interpelan de manera particular.

Primero: la cobertura de la violencia basada en género representa menos del 2 % de todas las noticias del mundo, frente a una realidad que las Naciones Unidas catalogan como la violación de derechos humanos más generalizada del planeta.

Segundo: las mujeres son retratadas como víctimas al doble de tasa que los hombres. El 16 % de las mujeres que aparecen en noticias son presentadas como víctimas, frente al 8 % de los hombres.

En las salas de redacción, los datos son igualmente reveladores. Según el informe Women and Leadership in the News Media 2024, del Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford, apenas el 24 % de las posiciones de máxima responsabilidad editorial en 240 medios de doce mercados están ocupadas por mujeres, frente a un 40 % de mujeres en el gremio periodístico global.

La contundencia de estos datos nos indica que, al ritmo actual de cambio, la paridad en las direcciones editoriales del mundo se alcanzaría en el año 2074.

Y eso significa que, si no ponemos el pie en el acelerador de la igualdad y la equidad de género, las niñas que hoy nacen, incluidas las hijas y nietas de las periodistas que llenan este salón, vivirán su vida productiva entera antes de ver una redacción global con paridad de dirección.

Estos son los números globales. Y, aunque con matices, describen también el panorama del ecosistema mediático dominicano.

Hoy, en la República Dominicana, los siete diarios de circulación nacional están dirigidos por hombres. Siete de siete. En más de un siglo de prensa dominicana, una sola mujer ha dirigido un diario impreso nacional y su gestión duró tres años. No es falta de mujeres capaces: es una decisión que se repite cada vez que hay una silla que ocupar.

Y que nadie diga que no hay mujeres preparadas. Las jefaturas de redacción de nuestros principales periódicos las sostienen mayoritariamente mujeres: en los cargos editoriales verificados este año, ellas son ocho y ellos son cuatro. Las mujeres ya están en las redacciones. Ya dirigen el trabajo de cada día. Lo que corresponde ahora es que ese trabajo se traduzca en dirección, porque el talento existe; lo que falta es la decisión de reconocerlo.

Las investigaciones de la sociedad civil, en particular los dos trabajos del Centro de Investigación para la Acción Femenina (CIPAF) publicados en 2024 y 2025, nos dicen que el 76.5 % de los espacios de comunicación está liderado por hombres, y que las mujeres somos apenas el 21 % de las fuentes consultadas. Somos más de la mitad de la población y la mayoría de las graduadas universitarias del país, pero en las noticias hablamos una vez de cada cinco veces. Y cuando los medios eligen a quién preguntarle, eligen también a quién creerle.

Y esto tiene consecuencias directas sobre la vida de las mujeres. El Monitoreo 2025 de CIPAF encontró que más del 70 % de la cobertura sobre violencia de género es reactiva llega después del feminicidio; que la mitad de los contenidos excluye voces expertas; y que más de la mitad no ofrece un solo dato.

Ahora bien, permítanme plantear algunas ideas sobre cómo podemos avanzar juntas bajo ese principio de “Transforma las noticias, transforma el mundo”. Voy a plantear tres escenarios en los cuales podemos alinear nuestras estrategias como interlocutoras rigurosas, críticas, autónomas y comprometidas con la ciudadanía plena de las mujeres.

Primer escenario: la violencia contra las mujeres

La República Dominicana ha construido, a lo largo de tres décadas, un andamiaje normativo importante: la Ley 24-97 contra la violencia intrafamiliar; la Ley 88-03 de Casas de Acogida; los Centros de Atención Integral; y el Sistema Nacional de Prevención y Atención de la Violencia, entre otros dispositivos relevantes.

Pero cada año seguimos contando feminicidios. Y cada feminicidio es un desafío colectivo: un desafío del Estado para llegar a tiempo; un desafío de las instituciones para proteger oportunamente; y también, en ocasiones, un desafío mediático.

Enfrentamos el desafío de analizar la violencia contra las mujeres y las niñas en su dimensión más amplia: la violencia sexual, la violencia política, el acoso sexual, el acoso laboral, la violencia vicaria y la violencia patrimonial. Con más de 71,000 denuncias de violencia de género recibidas por el Ministerio Público en un año, se hace necesario explotar mediáticamente esas estadísticas y contar lo que hay detrás de esas cifras.

Como Estado, estamos compelidos a transformar de manera radical nuestra capacidad de respuesta; la calidad y cobertura de los servicios; la gobernanza del sistema; la capacidad de diálogo con todos los actores que intervienen; y una justicia expedita y a tiempo.

Pero necesitamos construir puentes con ustedes para avanzar hacia un mejor tratamiento mediático de la violencia contra las mujeres y las niñas. El tratamiento de la noticia puede prevenir o puede normalizar. También tiene la capacidad de interpelarnos como Estado, de identificar los fallos del sistema, de informar sobre las rutas de protección y sobre los derechos.

Y necesitamos construir esos puentes, además, porque la violencia también llega con crudeza a ustedes en el ejercicio de su profesión. Un informe global divulgado por la UNESCO en mayo de 2026 encontró que el 45 % de las mujeres periodistas encuestadas se autocensuraba en redes sociales como consecuencia de la violencia digital, frente al 30 % en 2020. El 22 % también reportó autocensura en su trabajo; y un 5 % había sido atacada mediante imágenes o videos manipulados con inteligencia artificial.

Segundo escenario: la desigualdad económica y la Política Nacional de Cuidados

El segundo escenario que quiero compartir con ustedes es la desigualdad económica y la Política Nacional de Cuidados.

Las mujeres dominicanas estudian más y se gradúan con honores en tasas superiores a las de los hombres. Y, sin embargo, la brecha salarial persiste, y la carga del trabajo de cuidados no remunerado sigue recayendo sobre sus hombros.

Por eso es de vital importancia que el periodismo económico incluya la economía de los cuidados en sus análisis del PIB, de la inflación, del empleo y de las brechas salariales.

Tercer escenario: la subrepresentación política de las mujeres

El tercer escenario es la subrepresentación política. Las mujeres somos más de la mitad del electorado, pero la arquitectura de los partidos y de los medios sigue siendo resistente a nuestro liderazgo.

Las mujeres pueden ser mayoría entre las electoras, participar intensamente en campañas, organizar comunidades y sostener estructuras partidarias. Pero cuando llega el momento de encabezar una alcaldía, representar una provincia en el Senado, dirigir un partido o administrar los recursos de una campaña competitiva, la puerta se hace más pequeña. La escalera de la participación de las mujeres se estrecha a medida que se acerca a los espacios de mayor poder, tanto en la política como en los medios de comunicación.

Y cuando llegan a la esfera pública, el escrutinio se vuelve brutalmente desproporcionado. Cuando una mujer política aparece, se le pregunta sobre su hogar, su vestido, su tono de voz, la forma de su peinado. Muchas veces, cuando una candidata debate, se analiza su estilo antes que su propuesta. La violencia política contra las mujeres pasa, con frecuencia, por el tratamiento mediático de sus figuras públicas.

Y cuando las mujeres tomamos la palabra pública, se nos cobra: siete de cada diez mujeres dominicanas enfrentan violencia digital, con un impacto especial en periodistas y en mujeres con incidencia pública. El mensaje es claro: hablar tiene un precio si eres mujer. Y un país democrático no puede aceptar que la participación pública de la mitad de su población se pague con acoso.

Por eso se hace necesario fortalecer el lente de género del periodismo político: para contar las agendas, no las anécdotas; para escuchar las voces, no medir las cinturas; para preguntar a las mujeres políticas lo mismo que se les pregunta a los hombres políticos.

Amigas periodistas:

El Estado no puede cambiar la cultura machista solo con decretos y con políticas. Necesitamos al periodismo como aliado estratégico. Y cuando hablo de aliado, no me refiero a un megáfono que repita comunicados de prensa. Me refiero a un periodismo que haga su trabajo: examinar las grietas, mostrar las territorialidades y exigir cuentas.

El Ministerio de la Mujer va a seguir diseñando políticas: vamos a seguir profundizando en la Política Nacional de Cuidados; avanzando en la respuesta al ecosistema de la violencia; construyendo ciudadanía política desde la paridad; impulsando la autonomía económica de las mujeres; fortaleciendo la arquitectura institucional para la igualdad; y vamos a seguir luchando por las tres causales en el Código Penal.

Pero no podemos caminar solas. Necesitamos que las plumas, las cámaras, los micrófonos y, sobre todo, las decisiones editoriales de este país caminen a nuestro lado.

Quiero cerrar donde comencé. Con Petronila.

Ciento cuatro años atrás, una mujer dominicana decidió que la palabra pública también le pertenecía. Fundó una revista. Escribió, editó, distribuyó. Enfrentó el silencio del país y el juicio del entorno. Y le abrió una puerta a todas las mujeres que hoy llenan esta sala.

Ciento cuatro años después, ese gesto tiene descendencia. Cada una de ustedes es una hija de Fémina. Cada titular firmado por una periodista dominicana, cada investigación, cada podcast, cada crónica, cada análisis, cada denuncia, cada entrevista, es la continuación de esa ruptura de 1922.

Petronila Angélica entendió antes que nadie que la ciudadanía plena no se ejerce solo votando: se ejerce teniendo acceso a la palabra pública, democratizando la palabra.

Lo que se publica, cómo se titula, qué foto acompaña la noticia, quién es citado como experto y quién es reducido a víctima, todo eso construye la realidad social. Porque si transformamos las noticias, no solo cambiamos la portada de un periódico: cambiamos el destino de millones de mujeres. Y eso, sin exagerar, es transformar el mundo.

Ustedes, mujeres periodistas de la República Dominicana, son arquitectas del país que se está construyendo. Y en cada redacción, en cada portada, en cada programa, en cada red social, se están jugando la ciudadanía plena de las dominicanas.

Muchas gracias.

Gloria Reyes

Ministra de la Mujer de la República Dominicana.

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