El presidente Luis Abinader depositó el proyecto de reforma policial en el Senado el 8 de diciembre de 2025. Siete meses después, la ley duerme. Mientras tanto, Darlin Mercado Reyes, un joven de 19 años, recibió un disparo en el corazón el pasado viernes, a quemarropa, sin mediar palabra, durante un operativo en la cañada de Guajimía, en Santo Domingo Oeste.
El propio Abinader llamó "animal" al agente (José Francisco Moreta Heredia). Bien. Pero un calificativo no refunda una institución. Y la institución que necesita ser refundada lleva décadas esperando.
La Policía Nacional nació de un pecado original —la intervención militar estadounidense— y fue moldeada por la cosmovisión del más cruel de los tiranos, uno de sus primeros directores. Esa herencia no se corrige con un nuevo uniforme. Se corrige con ley, con voluntad política y con urgencia. Las tres escasean.
Darlin no es un caso aislado. Es el número de una lista que el propio Ministerio de Interior y Policía reconoce: 60 jóvenes de entre 15 y 29 años son asesinados cada año por la Policía Nacional, entre 2020 y 2024. Un video lo salvó de la ejecución moral que suele acompañar a estas muertes. Sin ese video, Guajimía seguiría siendo solo una cañada más.
Como paradoja, la reforma fiscal se aprobó en menos de una semana. Tocaba los bolsillos y los legisladores se apuraron. La reforma policial toca las vidas y corre el riesgo de perimir en el mismo recinto. El mensaje es claro, aunque nadie se atreva a decirlo en voz alta: las recaudaciones tienen más urgencia que la seguridad ciudadana, que la estela de muertes que se están ocasionando, de los abusos policiales.
En las redes sociales, el dolor se mezcla con la impotencia. En las calles, las madres hablan del miedo de que a sus hijos les pase lo mismo. Esa es la República que estamos construyendo mientras el Congreso mira a otro lado.
La voluntad política existe cuando conviene. Que convengan las vidas.
La Comisión de Reforma Policial debe tener resultados ya. En términos de la formación de los nuevos agentes. Un Policía es un protector del orden, de los ciudadanos. No un agresor, no un asesino. Tienen y portan un arma para protegerse y proteger a los ciudadanos y proteger el orden público. No se les entrega un arma para asesinar ciudadanos, para envalentonarse, y agredir. La Comisión de Reforma Policial está obligada a ofrecer información sobre lo que ha logrado. Si estos nuevos policías son los asesinos que revelan los hechos, su trabajo ha sido un fracaso. La pregunta es ¿De dónde salen los asesinos en la Policía Nacional? ¿Quién les dice, contrario a las normas, que pueden asesinar ciudadanos?
Estamos ante una situación irracional. El modelo de formación de los agentes policiales debe ser revisado. Debe ser profundamente revisado y sometido a cuestionamiento. Todo criminal que intente utilizar la Policía Nacional como escudo debe ser detectado, y evitar que Ingrese a los servicios que ofrece la Policía Nacional. Lo importante es que las vidas estén por encima de cualquier otra actividad que se les identifique a la Policía Nacional.
Noticias relacionadas
Compartir esta nota
