Milagros Ortiz Bosch cumplió 90 años el domingo que acaba de pasar. Y lo celebró con su familia, en particular su hijo Juan Basanta, sus nietos, hermanos y con los compañeros y amigos que ha tenido y que han persistido en una amistad que ella ha honrado y que dignifica a todos los que con ella parten ideales y sueños.
Milagros Ortiz Bosch es una mujer de la historia, de la política, de la institucionalidad, del compromiso democrático. Es una mujer de alianzas por la cultura, por la conciencia, por la lealtad. Es una señora de la tercera edad, que se mantiene erguida con vitalidad, con energía, con poder que simboliza su gran vocación de servicios y de confianza en la responsabilidad histórica que siempre ha puesto en práctica.
Milagros Ortiz Bosch, una mujer que ha cargado apellidos de gran peso social, político e intelectual, y que ha mantenido con hidalguía y nobleza humana lo que implican estos símbolos.
Ella fue responsable de dar a conocer al presidente de la República, en 1963, su tío Juan Bosch, los casos de sospechas de corrupción que fueron identificados, investigados y castigados responsablemente.
Ella fue la auxiliar que sacó del Palacio Nacional la comunicación que el destituido presidente envió al país, diciendo que no renunciaba a su compromiso democrático y con la elección que había hecho el pueblo el 20 de diciembre de 1962.
Valientemente, en su ropa interior, Milagros Ortiz Bosch, sacó del lugar donde estaba detenido Juan Bosch esta carta al pueblo:
El Presidente de la República Dominicana
Al Pueblo Dominicano:
Ni vivos ni muertos, ni en el poder ni en la calle se logrará de nosotros que cambiemos nuestra conducta. Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución, a la tortura.
Creemos en la libertad, en la dignidad y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con libertades humanas pero también con justicia social.
En siete meses de gobierno no hemos derramado una gota de sangre ni hemos ordenado una tortura ni hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos de ladrones.
Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia debe ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones ni crímenes ni torturas ni huelgas ilegales ni robos porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete el orden público y demanda honestidad.
Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática.
La democracia es un bien del pueblo y a él le toca defenderla. Mientras tanto, aquí estamos, dispuestos a seguir la voluntad del pueblo.
Juan Bosch
Palacio Nacional,
26 de septiembre, 1963.
Ella fue la mujer que, en la plenitud de su juventud, acompañó al pueblo dominicano en su lucha por el restablecimiento democrático en 1965, y en la lucha por la libertad y la soberanía, luego de la intervención militar de los Estados Unidos.
Durante los 12 años de Balaguer ella fue la persona que organizó, con José Francisco Peña Gómez, y la ayuda de Roberto Fernández, la campaña más grande que se hiciera en el exterior por la defensa de los derechos humanos, derecho a la libertad de los dominicanos en un gobierno represivo como el de Joaquín Balaguer.
Ella fue la aliada a José Francisco Peña Gómez, y le ayudó a encontrar la forma de salir de los 12 años sin un derramamiento de sangre, sin una guerra ni un golpe violento.
Ella fue quien estructuró y organizó los cientos de programas que hizo con dirigentes de todo el mundo, conducido por Jose Francisco Peña Gómez, llamado Los Dirigentes, que colocó a la República Dominicana en la atención internacional.
Ella fue la vicepresidenta de la República entre el 2000 y el 2004, y la ministra de Educación, y antes había sido la senadora del Distrito Nacional que salvó las grandes diferencias entre políticos éticos y de gran dignidad, de quienes no lo eran.
Ella ha sido la dirigente política coherente, la mujer comprometida con los sectores marginados, la dama aliada de la cultural, de los artistas, de los pintores, de los medios de comunicación, amarrada a una ética irrompible, que la mantiene inalterable, vital, enérgica y que simboliza la alianza de la buena política con la intelectualidad.
Por donde quiera que se la coloque Milagros Ortiz Bosch es mucho más que una dirigente del Partido Revolucionario Moderno. Ella es una de las mujeres más dignas de su generación, y mantiene vivo un espíritu progresista, una fuera democrática que no hay razones por las que jamás deba renunciar.
El acto de celebración de sus 90 años, la noche del domingo 23 de septiembre fue memorable. Milagros disfrutó con su familia, sus amigos, bailó, conversó, animó la fiesta y dejó claro que queda mucho para seguir batallando por la democracia, la prosperidad y la dignidad del pueblo dominicano.
Juan Basanta, su hijo, dijo unas breves palabras, que quedan como testimonio del ambiente en que Doña Milagros celebró sus 90 años:
El día de hoy es una gran mentira. Has dicho que son tus primeros 90, que son tus sextos 15 años, pero no es cierto. Hoy celebramos tus no venta. Has sido extremadamente celosa en no vender tus principios. No alquilar tus ideas en la no venta de tus ideales.
Es admirable saber que no sólo es la no venta sino también la no compra de la traición, del populismo del quedar bien porque eso está bien. Son realmente los no venta de las lealtades. De qué, a pesar de qué este mundo no tiene ideologías, seguir pensando en los demás y de nunca ponerte a ti primero si no siempre primero la gente como nos enseñó tu hermano, José Francisco. En fin ha sido un camino de fe …. de Milagros.
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