Cuando Juan Bolívar Díaz llegó a México, en el primer extrañamiento de su tierra, el 12 de febrero de 1966, el poeta que le ha acompañado de por vida, León Felipe, se encontraba en aquella ciudad. Según nos cuenta el autor del libro que esta noche se entrega, ese mismo año tuvo la oportunidad de asistir a una de las tertulias en las que León Felipe leía su propia poesía.
León Felipe estaba moviéndose y actuando, en su función política y poética, entre exiliados españoles y autoridades locales, como maestro y como contertulio. Juan nos habla de sus compañeros en la escuela de periodismo Carlos Septién García, de su paso rápido por la Iberoamericana, de sus compañeros de CENCOS y de muchos acontecimientos en los que se involucró, profesionalmente. Pero no nos dice nada, en sus memorias, de su poeta León Felipe, precisamente el que le proporciona el título de libro que se ponen a circular hoy:
VOY con las riendas tensas
Y refrenando el vuelo
Porque no es lo que importa llegar solo ni pronto
Sino llegar con todos y a tiempo.
León Felipe estuvo clamando justicia, poetizando la tragedia de España, haciendo analogías con El Quijote, hasta el 18 de septiembre de 1968, cuando falleció y precisamente ese año, Juan Bolívar Díaz, luego de finalizado sus estudios de periodismo, regresó a la República Dominicana para hacer historia en el periodismo radiofónico, televisivo, diarismo y de revistas, y para demostrar que el periodismo tenía agallas y vocación política más allá de los partidos.
El pasado 7 de mayo, luego de la muerte del padre José Luis Sáez, su gran amigo, Juan reveló en un mensaje privado, que entre Sáez, él y yo “fui el único que escuché al poeta del exilio y el llanto leer sus poemas en el Bosque de Chapultepec, una fría mañana dominical de 1966”. Esta revelación no está en las memorias.
Juan Bolívar lo dice muy claro, que encontró su identidad en México, en donde compartió desde temprano con las bases, con la gente pobre, con los periodistas y estudiantes preocupados por su país. Luego tendría que retornar a México, como exiliado, para salvar su vida, y se marchó casi contra su voluntad, como nos cuenta con detalles, ocho meses después de que explotaran su vehículo en el parqueo de la casa en que vivía junto a su madre doña Juanita Santana Castillo, San Carlos.
“En México me encontré conmigo mismo, con mi identidad sicocultural y étnica y adquirí los instrumentos fundamentales de una profesión que hipotecaría mi vida”.
Por donde quiera que leamos las memorias que esta noche se entregan, habría que decir que representan el ideal de un poeta, un soñador, amante de la libertad, de la independencia, que se propuso reivindicar en su país un ejercicio periodístico que no ha tenido altibajos, que ha sido consistente. Que se enfrentó al poder, que identificó las notables debilidades políticas de la sociedad, de las empresas periodísticas, de la política, del sindicalismo periodístico y que se formó para mostrar un camino transparente e idóneo para el alcance de la libertad.
El periodismo tiene esa posibilidad, y con Juan Bolívar fue posible porque hizo consciencia temprano de que era necesario luchar por la justicia y reivindicar su profesionalismo. Su generación despertó con el tiranicidio, y desde temprano buscó las opciones para hacer aportes y no ser indiferente.
No solamente innovó el tipo de periodismo radiofónico que se hacía, sino que introdujo alianzas que iban más allá del trabajo técnico. Locutores, técnicos de sonido, periodistas y otros servidores encontraban en su liderazgo la consciencia que movía voluntades por la libertad de expresión, por los salarios justos, por la seguridad de los trabajadores de la prensa. Describe con mucha claridad las presiones del poder para impedir su trabajo, las argucias utilizadas por el poder para aislarlo, o sonsacarlo, para convertirlo en parte de un esquema que iba creciendo en la medida que las críticas estaban más justificadas.
Luego pasó al periodismo vespertino, con Ultima Hora, en el que hizo historia, dando seguimiento a informaciones que otros periodistas eludían o evitaban para no correr riesgos. Lo ocurrido con la guerrilla de Caamaño es apenas una muestra. Juan Bolívar, con Raúl Pérez Peña como conductor, recorrieron la ciudad dentro de un vehículo, con el guerrillero sin montaña, como fue bautizado Toribio Peña Jáquez, quien llegó con Caamaño pero en el ingreso a tierra por la costa sur, se perdió y llegó solo hasta la capital.
De tener como administrador a Héctor Pérez Reyes, Juan Bolivar pasó a tener como director a Virgilio Alcántara, y como compañeros a Aníbal de Castro, Gregorio García Castro, Guarionex Rosa, entre otros destacados periodistas. Eran tiempos difíciles. Solo pensar, en este momento, las circunstancias de aquellas decisiones, que implicaban la posibilidad de perder la vida por una información. Y como bien explica Juan Bolívar, el vespertino Ultima Hora sufrió la agresión mayor con el asesinato de su jefe de redacción, Gregorio García Castro, quien pese a haber sido fundador del Partido Reformista , y en un momento cercano a Joaquín Balaguer, fue ejemplo para las fuerzas represivas indicar hasta dónde estaban dispuestas a llegar en el crimen. Luego le tocó a Orlando Martínez, de El Nacional y la revista Ahora.
Como bien describe Juan Bolívar, el periodismo pagó una cuota muy alta para mantener abierta la democracia y el derecho de los ciudadanos a expresarse, con medios de comunicación y periodistas dispuestos a dar la batalla, independientemente de las consecuencias.
Periodismo y política iban de la mano, y pese a la división del liderazgo opositor, finalmente fue posible hacer una gran alianza en 1974 para enfrentar el predominio y la manipulación electoral de Balaguer. Pero el régimen decidió lanzar a los militares a las calles, sembrar el terror y obligar a los opositores a retirarse de la contienda, que estaba preestablecida en sus resultados, con Balaguer como presidente, y que “mientras Balaguer respire que nadie aspire”. El periodismo y la valentía política volvieron a unirse en 1978, y con las leyes balagueristas, y frente a la represión, hubo elecciones y pese al fraude cometido, la presidencia cambió de mando. Y el periodismo fue un acompañante protagónico de ese proceso.
Este libro nos cuenta muchas historias, vividas y sufridas por el autor, tanto dentro como fuera de la República Dominicana, y entiendo que debemos acudir a este texto para descubrirlo íntegro. Unas palabras de comentarios solo deben servir para estimular a buscar el libro y dedicar tiempo a leerlo.
A mi me inspira leer al poeta León Felipe, cuando Juan describe la violencia, los asesinatos, los atentados, la prisión, la presión, la extorsión contra medios y periodistas.
¿QUÉ QUIEREN ESOS HOMBRES?
Quieren
que la sangre del mundo
se mueva sólo en diástole,
y vivir con un ojo nada más.
Quieren
que el péndulo en su curva
se pare siempre a la mitad
y oscile sólo a la derecha.
Porque tiene mareas,
quieren asesinar al mar.
Quieren
que los relojes de su casa
funcionen sin tic-tac.
Quieren
que sólo se oiga el tic,
siempre el tic,
y que no se oiga el tac.
Y Juan Bolívar Díaz ha sido ese periodista que desde su trabajo en la radio, en la televisión, en los diarios que dirigió y en las revistas para las que escribió, así como en sus análisis bien documentados y enjundiosos, nos advirtió sobre el riesgo de perder la democracia, y trabajó incansablemente para que esa democracia quedara establecida, con un sistema electoral sólido, con unos partidos políticos institucionalistas y serios, con un liderazgo político firme (sin importar que Juan Bosch, su amigo, lo expulsara de su residencia, luego de convocarlo a una rueda de prensa). Juan fue el periodista que también se dedicó a trabajar y fortalecer la sociedad civil, y el que sembró la idea de la colegiación periodística como un modelo para que el periodismo tuviera un respeto institucionalizado, y no dependiera de directores o propietarios de diarios que todos sabíamos se movían al son que les tocara Joaquín Balaguer.
Creo, y no exagero al aventurarme a decirlo de este modo, que Juan Bolívar Díaz ha sido un macro periodista, que vio con tiempo los desafíos, que puso sus velas en dirección a la conquista de ese mundo desconocido por la mayoría de la comunicación, y que encontró una definición de sí mismo, de su ser, de su conciencia, desde el trabajo que escogió como sustento de vida. León Felipe siempre está presente y nos cuestiona.
¿Quién soy yo?
Mi vida está en el aire
dando vueltas, ¡miradla!,
como una moneda que decide…
¿Cara o cruz?
¿Quién puede decirme quién soy?
¿Oisteis? Es la nueva canción
Y la vieja canción…
¡Nuestra pobre canción!…
¿Quién soy yo?…
Yo no soy nadie. Un hombre
con un grito de estopa en la garganta
y una gota de asfalto en la retina.
Yo no soy nadie. Y sin embargo,
mis antenas de hormiga han ayudado
a clavar la lanza en el costado del mundo
y detrás de la lupa de la luna
hay un ojo que me ve como a un microbio
royendo el corazón de la tierra.
… —Yo no soy nadie.
(¿Has entendido ya
que Yo eres Tú también?…)
Quisiera concluir estas palabras de invitación a la lectura de Con las riendas tensas, diciendo que Juan Bolívar Díaz intenta despedirse del periodismo, porque ha agotado muchas de sus energías en este oficio, y porque cree que ya no tiene mucho que aportar.
Estos tiempos, en materia de periodismo y comunicación, son desafiantes, porque mantienen contra la pared a la industria periodística que conocimos, con el modelo de sostenibilidad que practicamos. Pero Juan Bolívar se fue delante y nos mostró el camino.
Estos son tiempos, en el periodismo, de innovación, creación de nuevas rutas en la difusión de información, porque la derrota de la empresa periodística y de los periodistas comprometidos con la democracia, viene de un tipo de comunicación que se sustenta en la personalidad y astucia de determinados sujetos, que se creen por encima de los líderes nacionales y de las instituciones, y que extorsionan, y que se desvanecen en su propio ego, en considerarse señores dueños de un público ignorante, que son los seguidores de todo cuanto realizan. Juan Bolívar nos deja claro en estas memorias que el rigor es el camino, que la búsqueda de la verdad es la razón de vivir, que la sustentabilidad y la sostenibilidad es posible en empresas periodísticas que se mantengan, que resistan, como lo hizo Juan Bolívar, sin plegarse, sin rendirse, sin arrodillarse a ningún patrón.
Creo que este libro es un magnífico aporte al periodismo y a la esperanza de la buena comunicación, de ahora para el futuro, para quienes deseen leerlo y posicionarse, como lo hizo Juan Bolívar Díaz.
Y para no dejar de mencionar a León Felipe, les dejo aquí el poema con el que Juan Bolívar me respondió, cuando hablamos del fallecimiento de José Luis Sáez:
Yo no he sido bueno…
quisiera haber sido mejor.
Estoy hecho de un barro
que no está bien cocido todavía.
¡Tenía que pedir perdón a tanta gente!…
Pero todos se han muerto.
¿A quién le pido perdón ya?
¿A ese mendigo?
¿No hay nadie más en España…
en el mundo,
a quien yo deba pedirle perdón?…
Señoras, señores, muchas gracias.
Fausto Rosario Adames
(*) Palabras pronunciadas, como comentario a las memorias de Juan Bolívar Díaz, en el acto de puesta en circulación, la tarde de este lunes, en el salón Manuel del Cabral, de la Biblioteca Pedro Mir, de la UASD. La escritora y periodista Margarita Cordero escribió la presentación del libro, y el abogado Francisco Álvarez Valdez fue quien pronunció las palabras de presentación de la obra.
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