El Fondo Monetario Internacional cerró su visita técnica al país el 12 de junio con un mensaje que el Gobierno recibió con satisfacción: la economía dominicana mantiene su trayectoria de crecimiento en torno al 4% para 2026 y la inflación permanece dentro del rango meta. Un certificado de buena conducta macroeconómica en medio de uno de los escenarios externos más complejos de los últimos años.

Los números respaldan esa lectura. Según el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) del Banco Central, el crecimiento acumulado entre enero y abril de 2026 alcanzó exactamente el 4.0%. A ese desempeño se suman las remesas, que entre enero y mayo totalizaron US$ 5,170.1 millones, un 5.4% más que en el mismo período del año anterior. Solo en mayo, el flujo llegó a US$ 1,090.2 millones, con un alza interanual del 10.6%, la cifra mensual más alta del año.

Ese flujo de divisas, junto al turismo —que proyecta ingresos de US$ 12,500 millones para todo 2026— y las exportaciones de oro, actúa como amortiguador frente al choque petrolero que generó el conflicto en Medio Oriente. El gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, y el ministro de Hacienda y Economía, Magín Díaz, presentaron precisamente ese cuadro ante la misión del FMI días antes del cierre del Staff Visit: una economía resiliente que crece, pero que enfrenta presiones externas de consideración.

La otra cara del crecimiento

Sin embargo, el promedio esconde disparidades. Mientras la economía en su conjunto avanza al 4%, el sector comercio apenas creció un 1.7% según datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONEC). La brecha refleja que el dinamismo no se distribuye de manera uniforme: hay sectores y familias que no sienten en el bolsillo el mismo ritmo que registran los indicadores agregados.

A eso se suma otro dato que el propio Banco Central documentó: de los 118,631 nuevos ocupados netos en el primer trimestre de 2026, 98,127 —el 82.7%— fueron empleos informales. La economía crece, pero el empleo formal no absorbe la mayor parte de los puestos que se generan.

El plan anticrisis: ¿Quién gana y quién paga?

Es en ese contexto donde el Gobierno presentó, el 11 de junio, su anteproyecto de ley de medidas pro-crecimiento y mitigación de la crisis internacional. El ministro Magín Díaz calificó como "grave" la situación del mercado petrolero y anunció que desde el inicio del conflicto en Medio Oriente el Ejecutivo ya reorientó aproximadamente RD$ 12,000 millones del presupuesto para absorber el impacto.

La reforma tributaria, que fue promulgada por el presidente Luis Abinader la noche del jueves, busca recaudar entre RD$ 40,000 y RD$ 50,000 millones adicionales  a través de una combinación de medidas que mezcla alivios y nuevas cargas. Entre los beneficios: una amnistía fiscal, la eliminación del anticipo del ISR para microempresas y ajustes en la escala no gravable para personas físicas. Entre las nuevas obligaciones: un aumento del ISR a grandes empresas, gravámenes a transacciones bancarias, pasajes aéreos, vapes y juegos de azar. En materia energética, el proyecto contempla la congelación de los precios de los combustibles siempre que el barril de crudo no supere los US$ 95.

El debate no tardó en instalarse. Analistas señalan que, pese a que algunas medidas son "correctas y justicieras", el paquete en su conjunto no supera la categoría de parche coyuntural. Su objetivo central, advierten, es obtener recursos para cerrar el espacio fiscal del Gobierno hasta 2028, más que reformar de fondo la estructura tributaria del país.

El equilibrio en cuestión

La pregunta que queda abierta es si ese equilibrio es sostenible. El FMI validó el desempeño macroeconómico, pero el plan Anticrisis introduce variables nuevas: más presión fiscal sobre las empresas grandes en un momento en que la inversión necesita estímulos, y más carga sobre sectores que ya muestran señales de desaceleración, como el comercio.

El Gobierno apuesta a que la combinación de crecimiento, remesas y turismo provea el colchón suficiente para absorber el ajuste sin frenar la economía. Si el crudo se mantiene por debajo de los US$ 95 y las remesas continúan su tendencia al alza, el margen existe. Pero si el conflicto en Medio Oriente escala y los precios del petróleo superan ese umbral, el escenario cambia de manera sustancial. El FMI puso la nota. Ahora el país tiene que sostenerla.

Katheryn Luna

Editora de Economía

Editora de Economía. Periodista. Comunicadora Social, con maestría en Comunicación Corporativa. Experiencia en temas educativos, salud, turismo, tránsito, transporte, gestión de desechos, agua y economía. Premios AIRD, Funglode, FIL, Indocal, Unicef, Juan Bosch, Raphy Durán y PEL.

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