La guerra en Irán y las tensiones geopolíticas en Medio Oriente dejaron de ser un titular lejano para convertirse en una realidad que toca directamente la mesa de los dominicanos. Tras el mensaje del presidente Luis Abinader el pasado 22 de marzo, en el que alertó sobre las presiones económicas derivadas del conflicto, especialmente en electricidad, transporte y alimentos, la pregunta que ronda en cada hogar es la misma: ¿Cómo estirar el ingreso sin sacrificar la calidad de lo que comemos?

La inflación interanual se ubicó en 4.67 % al cierre de febrero de 2026, según el Banco Central, con los alimentos y bebidas no alcohólicas como principal motor de presión: solo en enero, ese rubro aportó el 45.68 % del alza del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Aunque en febrero los precios se moderaron, el IPC apenas varió un 0.03 % gracias a la normalización en la oferta de pollo fresco y plátanos tras los estragos de la tormenta Melissa, las expectativas apuntan a nuevos aumentos en las próximas semanas por el encarecimiento del petróleo y los insumos importados.

En ese escenario, comprar inteligentemente no es un lujo: es una necesidad.

"Las crisis externas no las controlamos, pero sí la forma en que administramos"

El economista Alexi Martínez, profesor de Administración y ex decano de Economía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), lo plantea sin rodeos: "Más que alarmarnos, debemos actuar con inteligencia económica desde los hogares".

Alexi Martínez, profesor de Administración y ex decano de Economía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

Para Martínez, el primer error que cometen las familias en contextos de incertidumbre es la compra por impulso o por ansiedad. "Hay que evitar la idea de comprar solo porque algo esté barato; el ahorro real está en comprar lo que verdaderamente necesitamos", advierte.

Su receta es clara y la desglosa en seis recomendaciones concretas: planificar los alimentos, priorizar productos locales, sustituir inteligentemente, reducir el desperdicio, evitar compras por ansiedad y cocinar en casa siempre que sea posible.

"La clave no es cuánto ganamos, sino cómo gestionamos", resume Martínez, quien insiste en que el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre la economía dominicana se siente especialmente a través del alza del petróleo y los insumos básicos, lo que presiona sectores sensibles como la electricidad, el transporte y, por supuesto, los alimentos.

Volver a lo natural: la “alimentación de los abuelos” como clave de ahorro y salud

La nutricionista Nassidit Ramírez D' Oleo recomienda apostar por los llamados “alimentos reales” como una estrategia efectiva para ahorrar sin comprometer la salud. Se trata de retomar la “alimentación de los abuelos”, basada en productos frescos, naturales y de cosecha local, como víveres, frutas, vegetales y legumbres, que además de ser más económicos, aportan mayor valor nutricional que los alimentos ultraprocesados.

Según D' Oleo, este enfoque no solo permite reducir el gasto en la compra de alimentos, sino también mejorar la calidad de la dieta diaria. Priorizar productos como la yuca, el plátano, la batata, las habichuelas y las frutas de temporada ayuda a mantener una alimentación balanceada, accesible y sostenible, evitando el consumo excesivo de productos industrializados que suelen ser más costosos y menos saludables.

Sin embargo, el economista Raúl Ovalle Marte, director de la Escuela de Economía de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), ha advertido que por cada incremento de 10 dólares en la canasta energética, la factura petrolera nacional aumenta en unos 800 millones de dólares. Esa presión se traslada inevitablemente a los precios finales de los alimentos que dependen de insumos importados.

La alternativa más inmediata está en lo que produce nuestra propia tierra. República Dominicana cuenta con una oferta agrícola diversa que, bien aprovechada, permite armar una dieta completa y nutritiva a menor costo. Tubérculos como la yautía, la batata y el ñame; frutas como la lechosa, el guineo y el aguacate; legumbres como las habichuelas y los guandules; y vegetales de producción local como la auyama, el pepino y la berenjena son opciones accesibles que no dependen de las fluctuaciones del mercado internacional.

En esta temporada de Cuaresma y Semana Santa, por ejemplo, el Instituto de Estabilización de Precios (INESPRE) ha puesto a disposición combos de habichuelas con dulce a RD$300 y oferta más de 56 productos de la canasta básica a precios especiales en la Feria Agropecuaria Nacional 2026. Aprovechar estos espacios es parte de comprar con inteligencia.

Marcas propias y productos locales: aliados del ahorro familiar

Otra estrategia clave para reducir el gasto en alimentos sin sacrificar calidad es optar por marcas propias de los supermercados, que suelen ser entre un 10 % y un 30 % más económicas que las marcas comerciales tradicionales, ya que eliminan costos de publicidad y distribución. A esto se suma el consumo de productos locales, que generalmente tienen precios más estables al no depender del transporte internacional ni del dólar. Comprar arroz, habichuelas, vegetales, frutas y tubérculos producidos en el país no solo ayuda al bolsillo, sino que también apoya la producción nacional y reduce el impacto de la inflación importada.

Comer bien no tiene que ser caro

Más allá del bolsillo, los especialistas advierten que la peor decisión en tiempos de crisis es sacrificar la calidad de la alimentación. Reducir porciones de frutas, vegetales o proteínas para “ahorrar” puede generar deficiencias nutricionales que, a mediano plazo, salen mucho más caras en consultas médicas y medicamentos.

La clave, coinciden nutricionistas dominicanos, está en la sustitución inteligente. Si la carne de res sube, el huevo, las legumbres y el pollo son alternativas de alto valor nutricional y menor costo. Los tubérculos locales ofrecen energía y fibra a precios más estables que productos procesados. Las frutas de temporada son la fuente más económica de vitaminas, mientras que el aguacate dominicano representa una opción accesible de grasas saludables.

El programa Aliméntate, que según el gobierno beneficia a casi 1.5 millones de familias, también representa un recurso para los hogares más vulnerables que buscan mantener una dieta equilibrada.

El desperdicio: el gasto que no se ve

Uno de los datos más reveladores que aporta el economista Alexi Martínez es que el desperdicio de alimentos puede representar hasta un 20 % del gasto familiar. Es decir, de cada cinco pesos invertidos en comida, uno puede terminar en la basura.

Las causas son conocidas: comprar más de lo necesario, no almacenar correctamente los alimentos, cocinar porciones excesivas y no reutilizar sobras. La solución pasa por hábitos simples pero consistentes como revisar la despensa antes de comprar, elaborar un menú semanal, almacenar correctamente los alimentos, cocinar porciones justas y aplicar la regla “lo primero que entra, primero que sale” en la nevera y la alacena.

Planificar es el verbo del momento

En un contexto donde los precios de los alimentos se mantienen estables pero con expectativas de aumento, la planificación deja de ser una recomendación y se convierte en una herramienta de supervivencia económica.

No se trata de privarse, sino de decidir con información: comparar precios, aprovechar ofertas reales, cocinar en casa y valorar lo que produce nuestra tierra.

Como resume Alexi Martínez: "Las crisis externas no las controlamos, pero sí la forma en que administramos nuestros recursos. En momentos como este, la clave no es cuánto ganamos, sino cómo gestionamos".

Abraham Marmolejos

Periodista y estratega de comunicación, con experiencia en medios digitales, docencia y creación de contenido.

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