No en vano Nicolás Guillén subtituló Sóngoro cosongo (1931) Poemas mulatos. En este poemario hay una búsqueda que lleva al poeta a explorar recursos y temáticas hasta entonces no experimentados.
En relación con Motivos de son(1930), en Sóngoro cosongo Poemas mulatos Guillén introduce cambios significativos en los elementos translingüísticos. La orientación étnica y poética se enriquece en el habla y los motivos.
Hay variedad en los géneros. Se emplean formas más diversas, como muestran estos poemas.
“Madrigal
De tus manos gotean
las uñas, en un manojo de diez uvas moradas.
Piel,
carne de tronco quemado,
que cuando naufraga en el espejo, ahúma
las algas tímidas del fondo.”
“Madrigal
Tu vientre sabe más que tu cabeza
y tanto como tus muslos.
Ésa
es la fuerte gracia negra
de tu cuerpo desnudo.
Signo de selva el tuyo.
con tus collares rojos,
tus brazaletes de oro curvo,
y ese caimán oscuro
nadando en el Zambeze de tus ojos.”
“Chévere
Chévere del navajazo,
se vuelve él mismo navaja:
pica tajadas de luna,
más la luna se le acaba;
pica tajadas de canto,
más el canto se le acaba;
pica tajadas de sombra,
más la sombra se le acaba,
y entonces pica que pica
carne de su negra mala.
En general, se amplían las formas, las estructuras, los tópicos y los mensajes. Estos tienden hacia las normas y los estilos del uso de la población en general, de Cuba y el Caribe.
A la vez, disminuyen los niveles del habla coloquial y popular de Motivos de son. En Sóngoro cosongo Poemas mulatos son menos notorias las marcas del negro. Decrecen los rasgos de las variaciones dialectales y sociolectales de ese significante.
Son menos pronunciadas en los poemas de este poemario, incluso en los que parecerían ser más afrocubanos, como “La canción del bongo”.
“Ésta es la canción del bongó:
-Aquí el que más fino sea,
responde, si llamo yo.
Unos dicen: Ahora mismo,
otros dicen: Allá voy.”
“A ése, le digo:
-Compadre.
ya me pedirás perdón,
ya comerás de mi ajiaco,
ya me darás, la razón,
ya me golpearás el cuero,
ya bailarás a mi voz,
ya pasearemos del brazo,
ya estarás donde yo estoy:
ya vendrás de abajo arriba,
¡que aquí el más alto soy yo!”
“Canto negro” es un poema onomatopéyicos en el que figuran expresiones con sonoridades no hispanas que tratan de evocar el canto y la danza africanos.
“¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambó sobre un pie.”
“Mamatomba,
serembe cuserembá.”
“El negro canta y se ajuma.
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.”
“Acuememe serembó.
aé;
yambó,
aé.”
“Tamba, tamba, tamba, tamba
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!”
Ese tipo de habla se proyecta en algunos poemas, los menos en este poemario. El énfasis mayor está puesto en el habla del español estándar y en motivos más variados y universales. Esa tendencia hacia el habla general y los variados motivos se amplía y acrecienta.
Es lo que muestran los siguientes poemas.
“Llegada” (Fragmento)
“¡Aquí estamos!
La palabra nos viene húmeda de los bosques,
y un sol enérgico nos amanece entre las venas.
El puño es fuerte
y tiene el reino”.
“Pequeña oda a un negro boxeador cubano”
(Fragmento)
“Tus guantes
puestos en la punta de tu cuerpo de ardilla,
y el punch de tu sonrisa.
El Norte es fiero y rudo, boxeador.”
“Mujer nueva”
(Fragmento)
“Con el círculo ecuatorial
ceñido a la cintura como a un pequeño mundo,
la negra, mujer nueva,
avanza en su ligera bata de serpiente.”
En Sóngoro Cosongo Poemas mulatos nos encontramos ante una poética que no es propia solamente de Guillén ni de Cuba. Se sitúa en la encrucijada del habla hispánica común con registros propios del habla y las variaciones del Caribe insular hispánico.
El prólogo de Guillén a ese poemario no deja duda de la tendencia que lo anima: trascender el significante negro sin excluirlo, transformándolo en el significante mulato.
Es lo que él llama “versos mulatos, a imagen y semejanza de Cuba y de todos los pueblo los pueblos del Caribe y Latinoamérica.
“Diré finalmente que estos son unos versos mulatos. Participan acaso de los mismos elementos que entran en la composición étnica de Cuba, donde todos somos un poco níspero. ¿Duele? No lo creo. En todo caso, precisa decirlo antes de que lo vayamos a olvidar. La inyección africana en esta tierra es tan profunda, y se cruzan y entrecruzan en nuestra bien regada hidrografía social tantas corrientes capilares, que sería trabajo de miniaturista desenredar el jeroglífico.
Opino por tanto que una poesía criolla entre nosotros no lo será de un modo cabal con olvido del negro. El negro -a mi juicio- aporta esencias muy firmes a nuestro coctel. Y las dos razas que en la Isla salen a flor de agua, distantes en lo que se ve, se tienden un garfio submarino, como esos puentes hondos que unen en secreto dos continentes. Por lo pronto, el espíritu de Cuba es mestizo. Y del espíritu hacia la piel nos vendrá el color definitivo. Algún día se dirá: «color cubano».
Estos poemas quieren adelantar ese día.”
El poeta se propone recatar los elementos étnicos de sus poemas en busca de una patria mestiza juntando al blanco y al negro. Es el ideal y a la vez la realidad que inspira la poética de Sóngoro Cosongo Poemas mulatos.
La ampliación señalada en los significantes y las significancias de ese poemarios tiene una basa étnica. Para hacer poesía, el poeta se ha valido del entrecruzamiento de las razas y las culturas.
Esa es , al mismo tiempo, la base del criollismo que fundamenta este poemario y lo que explica la transtextualidad de la poesía de Guillén, la cual comprende una época de la lengua y la literatura de habla hispana allende los países, los géneros y los motivos.
Así salvo en los motivos cubanos y afrocubanos, el poemario Sóngoro Cosongo Poemas mulatos trasciende su entorno original, conectándose a través de una amplia red transtexual con otros autores y géneros literarios de factura hispánica del siglo XX.
La orientación criollita de la poética de Guillén basada en la realidad y el imaginario de los elementos étnicos autóctonos, en el mestizo y el mulato, es similar a la de otros autores hispanoamericanos de la misma generación o anterior a él. Por ejemplo, converge con la cuentística de Juan Bosch, quien en sus cuentos recrea otros motivos, pero con semejantes significantes.
A través de diálogos, narraciones y descripciones, unos populares y sencillos, otros cultos, Bosch produce variadas significancias que se resumen en esta principal: la vida del campesino dominicano de los años treinta.
Antes que Guillén y Bosch, el uruguayo Horario Quiroga (1878-1937), el gran maestro del cuento de habla hispanas de principios del siglo XX explotó significantes estilísticos realistas y costumbristas semejantes, pero con significaciones distintas a las de Sóngoro Cosongo Poemas mulatos.
Leer este poemario es viajar a la búsqueda de géneros, motivos e historias diferentes a los del poeta cubano. Es lo que sugiere Ángel Augier en su texto “Centenario de Guillén”, cuando afirma la cercanía de Guillén con otros poetas de su tiempo, de España y de América.
“Como César Vallejo, como Pablo Neruda y Rafael Alberti, Nicolás Guillén es excepcional testigo, protagonista y cronista de su mundo y de su siglo y, como ellos, los recorrió en tiempo y espacio, en poesía y profundidad”.
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