En la historia de la humanidad se registran encuentros memorables entre importantes personalidades. No hablaré de eso.

Y es común celebrar encuentros que resultan marcantes entre amigos, enamorados y propios de las actividades de todo tipo en la vida sencilla de las personas. Tampoco hablaré de eso.

Vengo a hablar de un encuentro excepcional. El encuentro del que aquí hablo rompe los parámetros de los encuentros de todo tipo y de todas las épocas: el encuentro de Bosch a Hostos. Es un encuentro de enormes significaciones y proyecciones para Juan Bosch y, en general, para nuestro país.

El tomo VI Biografía de las Obras Completas de Juan Bosch comprende las biografías de Hostos, Bolívar y Juan Vicente Gómez. En el estudio que inicia esa obra, Marcio Veloz Maggiolo destaca la afición de este autor por la bibliografía.

El sembrador (1939) y Mujeres en la vida de Hostos (1938) son los dos textos biográficos escritos por Bosch sobre el ilustre educador y político puertorriqueño (11 de enero de 1839, Mayagüez – 11 de agosto de 1903, Santo Domingo), prócer de la independencia de su país y del ideal de una patria antillana conformada por Cuba, Puerto Rico y República Dominicana.

La biografía es un género enmarcado en otro más general, antiguamente llamado Vidas, cuya tipología es bastante amplia. En ella caben diversos tipos de obras: la autobiografía, la biografía, la semblanza, el testimonio, el diario, etc.

Las características comunes son que alguien escribe la vida de una persona en singular, unida a sus circunstancias, narrando y describiendo las facetas que confluyen en su origen, constitución y actuación. En términos literarios, son aspectos esenciales de ese tipo de texto: la familia, la sociedad, la psicología, los acontecimientos, los ambientes, las motivaciones, etc.

La lectura de las biografías de Hostos, El sembrador y Mujeres en la vida de Hostos, requiere de una hermenéutica que a la vez se oriente hacia el conocimiento y valoración del sujeto biografiado y del biógrafo.

Esto es así, particularmente, en estas biografías, porque se escriben como testimonios del determinante influjo transformador ejercido por Hostos sobre Bosch en circunstancias apremiantes específicas del autor. Ellas hablan tanto de Hostos como de Bosch, hasta el punto de que la lectura de la vida y la obra del primero nos invita, irremisiblemente, a la lectura de la obra y la vida del segundo.

El conocimiento de Hostos y de Bosch son, pues, inseparables en esas obras, y la hermenéutica que se proponga la lectura e interpretación no ha de perder de vista tres componentes del análisis del discurso (AD) en la visión de Teun van Dijk: uso de la lengua, interacción social y cognición o comunicación de creencias.

Valiéndose de esos elementos, resulta factible dilucidar en esas obras el contexto escritural, personal e histórico en que Bosch escribió los textos, a fin de desentrañar y entender la importancia que Hostos adquiere para Bosch, cuyo descubrimiento representó un antes y un después en su vida.

Pero aquí no hablaré de las obras. Solo interesa hablar del encuentro de Bosch a Hostos, y eso puede leerse en el "Prólogo para una edición puertorriqueña de Hostos el sembrador".

Ese prólogo nos habla de la dicha, la suerte o el azar. De la oportunidad que favoreció a Bosch con ese encuentro.

"El encuentro se debía al azar; pues, buscando trabajo lo hallé como supervisor del traslado a maquinilla de todos los originales de aquel maestro de excepción…"

Nos habla de dos vidas hoy ilustres en las Antillas y en el mundo hispánico, y de un conjunto de circunstancias y valores. De los aportes de los hombres.

De la proyección y continuación de los legados de ambos. Del perfil humanístico de Hostos y Juan Bosch. Del valor político de una relación.

"Si mi vida llegara a ser tan importante que justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: 'Nació en La Vega, República Dominicana, el 30 de junio de 1909; y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven, y cómo la mueven, el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás'".

Nos habla del sentido del ser y la existencia que Hostos representó para Bosch, al llegar en un momento de un gran vacío en este, llenado por Hostos.

"El hecho más importante de mi vida hasta poco antes de cumplir 29 años fue mi encuentro con Eugenio María de Hostos que tenía entonces casi 35 años de muerto."

"Hasta ese momento, yo había vivido con una carga agobiante de deseos de ser útil a mi pueblo y a cualquier pueblo, sobre todo si era latinoamericano; pero, para ser útil a un pueblo, hay que tener condiciones especiales."

"¿Y cómo podía saber yo cuáles condiciones eran esas, y cómo se las formaba uno mismo si no las había traído al mundo, y cómo las usaba si las había traído?"

"La respuesta a todas esas preguntas, que a menudo me ahogaban en un mar de angustias, me la dio Eugenio María de Hostos, 35 años después de haber muerto."

"Eugenio María de Hostos, que llevaba 35 años sepultado en la tierra dominicana, apareció vivo ante mí a través de su obra, de sus cartas, de papeles que iban revelándome día tras día su intimidad; de manera que tuve la fortuna de vivir en la entraña misma de uno de los grandes de América, de ver cómo funcionaba su alma, de conocer —en sus matices más personales— el origen y el desarrollo de sus sentimientos."

El encuentro de Bosch a Hostos nos habla de la gratitud de Bosch hacia Hostos.

"Había estado viviendo de la obra de Hostos como un buitre de las entrañas de un cadáver; y aprovecharme de esa situación para enviar al certamen una biografía de Hostos me daba sobre todos los posibles biógrafos una ventaja que no podía usar sin convertirme automáticamente en un ser abyecto, indigno de llamarme hostosiano."

"Sin embargo, yo tenía que ayudar a difundir la obra de Hostos. Tenía que hacer con ella, en otros jóvenes, lo que ella había hecho en mí; y me pareció que la mejor manera de cumplir ese deber era proporcionando a los que quisieran ir al concurso abierto por la Comisión Pro-Centenario del gran puertorriqueño esa imagen íntima de Eugenio María de Hostos que me había tocado recibir, como un don extraordinario, a través de sus papeles."

Nos habla del antillanismo. Y, sobre todo, nos habla del deber, del sentido del deber. Pero nos habla también del valor de la lectura, de los libros y, en general, la cultura.

"El centenario del nacimiento de ese gigante, que siendo —como era— puertorriqueño, figura por derecho propio entre cinco forjadores de la patria dominicana, iba a celebrarse en 1939, y uno de los puntos del programa conmemorativo era la edición de sus obras completas, para lo cual se abrió un concurso que fue ganado por la Cultural, S.A., de La Habana. El escogido para dirigir la edición fui yo; y, por eso se explica que Hostos, el sembrador fuera publicado el mismo año de la celebración del centenario por la Editorial Trópico, de la capital de Cuba. He ahí brevemente dicha la historia de este libro, y ahora pasaré a explicar la naturaleza de la obra."

"En el programa de la Comisión Pro-Centenario de Hostos había un premio para la mejor biografía del maestro que fuera enviada al concurso abierto por la Comisión. Pero mi biografía no fue escrita para ese certamen, ni podía serlo si yo era un hostosiano legítimo; pues, en lo que se refería al conocimiento de la vida de Hostos, yo había sido un privilegiado, no solo porque me había tocado la fortuna inmerecida de supervisar el traslado a maquinilla de todos sus originales —y por esa razón tenía que conocer su obra mejor que nadie—, sino, además, porque había estado recibiendo por esa tarea un salario."

"Ahora, al cabo de 38 años, he vuelto a leer Hostos, el sembrador; y, aunque al releerla sabía que Hostos fue un idealista como lo fui yo cuando salí de sus manos vivas después de 35 años de su muerte, he autorizado esta edición puertorriqueña, a la que no le he cambiado una sola palabra de las que aparecieron en la edición cubana, porque no me avergüenzo de haber sido idealista. Me hubiera avergonzado traicionar a Hostos después de haberlo conocido. Y no lo traicioné. No soy el idealista que él formó; pero sé que, si él viviera, los dos estaríamos en las mismas filas, naturalmente, él como jefe y yo como soldado. Juan Bosch, Santo Domingo, 24 de mayo de 1976."

Todo eso aparece en palabras de Juan Bosch en el "Prólogo para una edición puertorriqueña de Hostos el sembrador", tomo VI Biografía de las Obras Completas de Juan Bosch.

Manuel Matos Moquete

Manuel Matos Moquete. Fecha de nacimiento: 6 de abril de 1944. Lugar: Tamayo, provincia Bahoruco, República Dominicana. Profesor, escritor, investigador. Escritor-Docente-Investigador. Doctor en Literatura, Universidad París VIII, París, 1982. Especialidad: análisis del texto literario: poética, temática, fantasmática. Orientación científica: Translingüística y Análisis del Discurso. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de República Dominicana, 1992. Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, 2000. Premio Nacional de Literatura 2019.

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