Recientemente leí esta expresión que me alumbró con meridiana claridad el concepto de transtextualidad: “quien cultiva el hábito de la lectura no solo vive muchas historias; también aprende a vivir mejor la suya” (Luis González Fabra, “Leer para entender la vida”, Diario Libre, jun. 29,2026).
Así es don Luis González Fabra. Para entender el libro que se lee y entender la vida mediante la lectura, hay que estar abierto a las correspondencias que se avivan cada vez que estamos ante las páginas de un libro y, en general, cualquier escucha y escrito : una conversación, un poema, un cuento, una novela, un ensayo, un texto, un artículo como el citado anteriormente.
En mi modo y hábito de leer, si una palabra me dificulta la comprensión del texto acostumbro a no avanzar. Inmediatamente consulto el diccionario.
Por igual, cuando se activa la copresencia de otro texto en el que estoy leyendo suspendo la lectura para viajar hacia la búsqueda de las referencias convocadas por simple vivencia, resonancia o literalidad de aquella obra que llega a mi encuentro.
Eso lo saben los investigadores y los escritores: planean innúmeras influencias, fuentes o referencias en cada tema, titulo, idea, imagen, información manejados en la investigación y la creación. Quien no atiende a esos llamados peca de repetición, plagio y pobreza en lo que produce.
Es preciso un enfoque horizontal que rebase la atomización y la verticalidad en la lectura del texto único que solo mira hacia sí mismo. Por eso hablamos de la perspectiva transtextual en el tema dominico-haitiano, en particular de la obra El masacre se pasa a pie. Hay que abrir las compuertas de los géneros y los textos hacia una orientación discursiva más amplia.
Así podremos descubrir que desde el siglo X IX, cuando con la ocupación haitiana en 1822 inició el conflicto dominico- haitiano que aún perdura sea en la realidad, sea en el imaginario de ambos pueblos, producciones históricas, literarias y del hablar común de distintas épocas se sitúan textual e ideológicamente en el problema tratado por la novela de Freddy Prestol Castillo: la matanza de 1937.
En ese universo no hay límites. Los géneros y los tópicos pueden estar directa o indirectamente relacionados. Se dan distintos modos de contrapuntos transtextuales con El masacre se pasa a pie.
Es lo que sucede con el extenso poema narrativo de Manuel Rueda, Metamorfosis de Makandal(1998), creación mitopoética inspirada en François Mackandal(1730 – 1758), líder cimarrón haitiano de la colonia francesa de Saint-Domingue, houngan o sacerdote del vudú haitiano.
La de Rueda también conecta textualmente con esta otra de alejo Caprpentier, El reino de este mundo (1967). En esa novela Mackandal es un joven esclavo mandinga héroe y símbolo de la resistencia contra la esclavitud en Haití:
“Mackandal había adelgazado. Sus músculos se movían, ahora, a ras de la osamenta, esculpiendo su torso con potentes relieves. Pero su semblante, que ofrecía reflejos oliváceos a la luz del candil, expresaba una tranquila alegría. Su frente era ceñida por un pañuelo escarlata, adornado con sartas de cuentas. Lo que más asombró a Ti Noel fue la revelación de un largo y paciente trabajo, realizado por el mandinga desde la noche de su fuga. Tal parecía que hubiera recorrido las haciendas de la llanura, una por una entrando en trato directo con los que en ellas laboraban.”
Mackandal y el entorno magico-religioso de la historia de Haití de la época de la esclavitud en que el legendario personaje habría actuado sugirieron a Carpentier el movimiento que plasma en su novela: lo real-maravilloso
“De Mackandal el americano, en cambio, ha quedado toda una mitología, acompañada de
himnos mágicos, conservados por todo un pueblo que aún se cantan en las ceremonias del Vaudou.”
“¿Pero qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real-maravilloso?”
En esa orientación, el Makandal de Rueda es de una factura más tenue y sugestiva, menos apegado a la legenda y al hecho histórico.
El Makandal que Rueda labra desde el Monte Cristi natal del poeta, donde se le cerraban las puertas a su paso, es un Makandal metamorfoseado con respecto a los makandares aantes conocidos. Es un Makandal dominicano, mulato de origen haitiano: “milagroso rayano” que ni “negro ni eres blanco”;“Makandal de todos los colores.”
Un Makandal que a sí mismo se nombra Anaisa, la Anaisa Pie del vudú dominicano :“Yo el fuerte Makandal”/ ¡soy Ana’isa “
Es un Makandal “Brujo de todas las grupas violador de doncella”.
Son largos los brazos de la transtextualidad en torno a Mackandal o Makandal; tan enormes que con ellos abraza numerosos otros textos de autores dominicanos de registros narrativos menos legendarios, más realistas, históricos, si se quiere, y de caracter mítico-religioso.
En esa transtextualidad concurre el cuento "Luis pie"(1940) de Juan Bosch, poniendo en escena al peón haitiano herido en el cañaveral que clama ¡Bonyé!
“ —¡Bonyé! —gimió Luis Pie con la frente sobre el brazo y la pierna sacudida por temblores—, pití Mishé va a ta eperán to la noche a son per.”
Asimismo, en la novela Over (1939), el haitiano que irrumpe en la conversación entre el carretero y el bodeguero y es tratado despectivamente de mañé:
“–Pero a nosotro no j’asen peor –siguió el carretero–. No sacanel cuajo, y cuando tamo deplotao, tísico, antonce jata noj botandel batey por infetoso.
–¡Compai, utéa decía la beldá! –terció un haitiano.
–¡Cállate la boca, mañé del diache, que tú no tiene que meterte en la conversación de la gente! –gritó uno que trabaja en la resiembra y que por ello cometía la osadía de sorber un trocito de caña aprovechando la ausencia de Cleto.
–¡La dominicane son palejele! –gruñó el haitiano, decepcionado.
–¡Parejero no, degraciao! ¡Que a utede y a eto condenao cocolo deberían quemarlo junto!
Ese “mañé del diache” es un estereotipo presente en El masacre se pasa a pie. De igual manera “¡Que a utede y a eto condenao cocolo deberían quemarlo junto!”
Tres novelas de Marcio Veloz Maggiolo con temas disimiles se alinean en la red transtextual cuyo epicentro es El masacre se pasa a pie,
En La vida no tiene nombre el testimonio político de un combatiendo contra la intervención norteamericana en 1916 se anuda con el testimonio de las vicisitudes de un rayano descendiente de un padre dominicano maltratador y una madre haitiana maltratada:
“Pienso en papá y todavía el odio me resuma en las entrañas. Hay escena de mi vida que no olvidaré nunca. Es una tontería recordar en estos momentos, cuando dentro de un instante no podré volver a hacerlo. Pero como siempre hago lo que creo prudente, me pongo a recordar y a recordar y creo que a nadie molesto con eso.
Soy rencoroso. Recuerdo perfectamente cuando papá golpeaba con todas sus fuerzas a mamá. Su mano, que hoy se la habrían comido los gusanos, se dejaba caer contra aquella haitiana.”
En novela La biografía difusa de Sombra Castañeda la transtextualidad se produce , además del motivo magico-religioso y los linderos fronterizos de esa novela, en torno al Antonio el bacá.
Ese personaje, procedente de Haití, era el alcalde del batey Los Negros, lugar vecino de Barrero, estaba dotado de poderes que lo transformaban en animales y cosas.
“Antonio el bacá fue la segunda personalidad que conocí en la sierra”
“—¡Quién carajo eres!, le dije
—Soy Antonio el bacá,(lo sentí con minúscula),y quiero ayudarte. Venia hecho cabra mansa y tu maldito cernícalo, cuyaya del demonio, me tomó por la cabeza y tuve que venir a mi forma humana, y zás, caímos, reventándose tú animal.
—Lamento mucho esto, Antonio el bacá.
—Te serviré de cernícalo—dijo—, podrás ayudarte conmigo, vivo desde 1825,pero he dedicado mi vida a ayudar a los demás ,y los demás no quieren ayuda.
Entonces Antonio el bacá me narró su historia. Y era como sigue: que había muerto a los 16 años en 1825,cerca de Ounaminthe, en la parte Haití, y que, como era joven, produjo mucha pena…”
Muerto, Antonio el bacá, fue comprado por el haitiano Santimilion a cambio de entregarle a su padre, el bacá, un chivo.
Asimismo, y de manera más directa, la novela El hombre del acordeón entra de lleno en relación de transtextualidad con El masacre se pasa a pie. Honorio Lora era un famoso acordeonista de la línea Noroeste.
Interpretaba merengues de motivos diversos, principalmente festivos y triviales, pero era antitrujillista y el motivo político no podía faltar en sus composiciones e interpretaciones. Era un crítico de la matanza de haitianos en 1937 y entonaba merengues de denuncia como se muestra en estas letras sobre esa matanza:
1
“A lo negros lo mataron
Del río Masacre a la Vera,
Y a la pobre Ma Misién,
a la pobre, que quien la viera.
Lo dientes de cara ai soi,
sonrisa de mueite entera.
La comadre Ma Misién
se murió de matadera”
2
“Cuando la mueite llegó
no quedó ningún rayano
que con la mueite en la mano
hata ei machete gritó:
que no lo maten poi Dio,
son también dominicano”
La relación de transtextualidad con El Masacre se pasa a pie viaja hasta nuestro presente anudándose con la reciente novela de Emilia Pereyra, Cuando gemía la Patria Horus, julio de 2025).
En las dos grandes partes que conforman esa obra, “En los tiempos de la dominación” y ”En los tiempos de la independencia”, Pereyra narra los dos acontecimientos señeros y decisivos de la fundación y el destino de la República Dominicana como nación: la ocupación haitiana e independencia, en lucha contra esa ocupación.
Así, Cuando gemía la Patria permite ver a los dominicanos de aquella época y por extensión de nuestra época, en las reacciones y actitudes que nos definen ante dos acontecimientos fundamentales de nuestra historia en relación con Haití. Y, todo eso está presente en El Masacre se pasa a pie.
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