La producción literaria de esta autora se concentró más en la narrativa que en la poesía. Laberinto (1998) es la novela que, en esta ocasión, vamos a razonar desde una mirada transcrítica.

Dedicada a Katharine Whittle y a Nicolás Liranzo.

Esta novela fue impresa en Editora de Colores, S. A. La edición estuvo a cargo de José Ma. Fernández Mesa. La diagramación e impresión fueron responsabilidad de Yissel Casado. La obra consta de 138 páginas. Santo Domingo, República Dominicana.

En su estructura, la novela no está dividida en capítulos. Está presentada en un solo bloque narrativo, pero con una organización dramática y accional armónica y ordenada, de tal forma que la participación de sus personajes se mantiene con determinada constancia en cada escena de acción.

Desde un tiempo en pasado, un narrador omnisciente va presentando las ocurrencias en los espacios geográficos elegidos por la autora, exponiendo a sus lectores ante una ambientación donde los personajes se presentan en oposición a un supuesto escritor que, en verdad, es la propia autora.

Aquí hay una extraña contraposición entre los personajes y los escritores. La autora, a nosotros, como escritores, nos pone a ser parte de esa controversia y es entonces cuando pasamos a formar parte de la dramática realidad que aquí aparece.

«—Mírelo, de barrendero a millonario» (Ver pág. 11, obra citada). Con esa expresión sentenciosa y acusadora de un personaje a otro es como inicia la novela, abriendo espacio a los sentidos de criticidad que en ella se exponen, como novela cuestionadora del estatus social, político y económico de nuestro país.

La novela es la expresión de una introcrítica que la autora hace y se hace desde esa propia novela. Es una autocrítica literaria a los personajes, a los escritores, desde su propia novela. Así de extrovertida era la autora y su posición ante la vida… ante su vida y el acto de la escritura.

Aquí, en esta novela, el escritor —en este caso, la escritora— entra en un pleito directo con los personajes actuantes y procura no matarlos, porque no tendría cómo escribir otra obra teniéndolos a ellos como personajes. Ya les dije, es una novela rara, muy extraña, donde la novela es el espacio de pleitesía con el escritor, en este caso, con la escritora.

Lectores y personajes entran en una interacción intensa, llegando a la contradicción en el proceso de cómo actuar y sostenerse en cada escena, hasta integrarse en la obra de manera activa, haciendo del espacio escénico el terreno apropiado para sus exposiciones e interacciones, la oportunidad para sus juicios críticos contra los escritores, porque, según ellos, «son unos locos» (Ver pág. 31, obra citada).Personajes y lectores interactúan aquí, procurando adecuarse a un contexto de acción que se corresponda con la topología accional que la autora ha querido impregnar en su obra.

Aquí, la autora es también un personaje actuante en esta novela. De ahí la base experimental y la originalidad que representa esta extraña obra narrativa.

Veamos:

«—Mamá, quiero ser escritor.

—Tú debes estar loco. ¿No ves que esos tipos viven en las nubes, soñando con las musarañas? No. Quiero que mis hijos sean personas de verdad, con los pies bien puestos sobre la tierra» (Ver pág. 33, obra citada).

Podemos decir que esta obra funciona, en sí misma, más que como una preceptiva literaria sobre cómo escribir una novela y cómo seleccionar sus diferentes personajes, como un canon narrativo sobre la elaboración de una novela, sus espacios y sus personajes, con sus múltiples características psicológicas y afectivas.

Laberinto no es nada más el título de esta novela, sino que también representa el nombre de su personaje principal y, a partir de él, la autora fue organizando la personalidad y el funcionamiento de los demás personajes.

Veamos:

«Construí tantas situaciones, diálogos, monólogos, escenas de amor y desamor para que estos azarosos las realizaran y no he podido lograrlo. Cuando tuve la fatídica idea de escribir una novela concebí diálogos así: —Mamá, quiero ser escritor. —Tú debes estar loco» (…) (Ver pág. 33, obra citada).

El negocio de la droga, los vicios de nuestros funcionarios públicos y privados; en fin, hay aquí una válida crítica sociopolítica a nuestra sociedad y su carroña.

En esta novela hay la integración de vivos monólogos que integran el cuerpo narrativo de esta obra, hasta convertirla en una expresión crítica de nuestro vivir.

La autora de Laberinto es un personaje que ha creado los demás personajes. Se trata de una novela que aparece en el trasfondo narrativo de la misma novela.

La obra Laberinto es escrita aquí por el personaje-autor «Laberinto». Es como una lección para jóvenes y viejos escritores que desean escribir una novela. Aquí tienen atinadas estrategias escriturales a ser aplicadas para obtener tal finalidad creativa.

En la literatura dominicana no habíamos leído un texto tan especial sobre cómo escribir una novela desde la novela misma. Esta autora, desde esta obra, nos reconfirma su vocación de maestra, hasta desde el acto de la escritura.

Laberinto, como personaje en esta novela titulada Laberinto, funciona aquí como coautor de esta novela. Aquí queda proyectada la potencialidad imaginativa y/o creativa de la autora de esta obra.

Y usted, amigo o amiga lector/a, cuando tenga que explicar o referirse al arte de escribir una novela, ya sea en el aula o fuera de los espacios áulicos, busque esta obra y entre a su interminable engranaje imaginativo para exponer sus preceptos y hasta discutir con sus personajes, como ocurre en este caso, como realidad tangible de esta novela.

Se trata de una obra narrativa modélica en el contexto de la literatura dominicana contemporánea, expuesta desde la voz inquisidora, intimista y melancólica de esta autora.

Esa es una innegable realidad. Desde un pleito interno con sus personajes, aquí la autora nos narra su vida, su pensar y su actuar.

Constata tú mismo/a esa percepción y reafirma lo dicho o contradice estos juicios. Demuéstralo, como lo ha hecho la autora, desde su transcurrir narrativo en esta novela.

Julio Cuevas

Poeta

Poeta, ensayista y crítico literario. Licenciatura en Educación, mención Filosofía y Letras-UASD. Maestria en Lingüística Aplicada-INTEC. Doctor en Derecho-O&M, con Maestria en Relaciones Internacionales, para el Área del Caribe-FLACSO-INTEC. Administración Cultural en Venezuela-OEA-CLACDEC. Fue Embajador, Encargado de Asuntos Culturales de la Cancillería dominicana. Ex-Secretario General de la Comisión Dominicana para la UNESCO. Es egresado de la Escuela Diplomática y Consular del Ministerio de Relaciones Exteriores. Actual Embajador Adscrito. Doctorado en Filosofía para un Mundo Global, Universidad País Vasco. OBRAS: ¨Epistolario del Crepúsculo¨, (poemas, 1974), ¨Visión Critica en Torno a la Poesía de Víctor Villegas¨, (Ensayo, 1975), ¨Testimonio del Tiempo¨ (poemas, 1986), ¨Homenaje en Tono Oblicuo¨ (poemas, 1992), ¨Los Cantos del Hierofante¨ (poemas, 1997),¨Poemas Tierra Adentro¨ (poema, 2008) y Literatura Infantil para el Desarrollo de la Creatividad y el Pensamiento Crítico (Ensayo,2013). Profesor Escuela de Letras UASD.

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