Para mucha gente quizá resulte una sorpresa saber que, además de la antropología, la educación, el patrimonio cultural y los estudios sobre la alimentación, soy un amante de la música. Podría decirse que soy un verdadero melómano. Esa relación comenzó desde muy temprano, inculcada en buena medida por mi abuela paterna Matilde Ramírez, con la que viví hasta su fallecimiento cuando tenía quince años, ella escuchaba música todo el tiempo, el radito de la casa donde vivíamos no se apaga, le gustaba especialmente las emisoras de música románticas, pero también canciones antiguas que terminaron formando parte de mi memoria.

Todavía hoy, cuando tengo tiempo libre e incluso mientras trabajo, escucho música de diferentes países, géneros y épocas. Me gusta escucharla, pero sobre todo detenerme en sus letras, porque muchas veces una canción cuenta una historia social con una capacidad que incluso sorprende a quienes la escuchan solamente para bailar. Mi relación con la música también ha sido práctica. Estudié canto con los maestros Marianela Sánchez y Fausto Cepeda, aprendí a leer partituras, a tocar varios instrumentos de persuasión, fui integrante de coros en el colegio, la iglesia y la universidad, y he tenido la oportunidad de compartir con personas vinculadas profesionalmente a este mundo, tengo amigos cercanos que son directores de coros. Por eso, cuando escucho una canción, no solamente escucho su melodía, sino que intento descubrir qué sociedad está detrás de ella.

Este escrito forma parte del trabajo final de la asignatura de Etnomusicología y Patrimonio Cultural dentro de mis estudios doctorales ya finalizados, pero su impulso inicial nació en marzo del año 2025 durante una profunda y enriquecedora conversación con el Dr. Manuel Vargas Payano, director del Museo del Hombre Dominicano, un intelectual dominicano a quien valoro profundamente y considero un referente y mentor.

En aquel diálogo surgió el tema musical y el Dr. Vargas Payano me animó con vehemencia a que escribiera sobre esta pieza desde un enfoque antropológico y etnomusicológico. Pues cuando se dio el momento, le tomé la palabra para desarrollar aquel trabajo académico y hoy comparto esta reflexión reexaminando la canción en su justa dimensión. Me refiero al merengue “Siña Juanica”, una composición de Félix López Kemp que, detrás de su aparente sencillez, contiene una verdadera radiografía de la vida popular dominicana y demuestra cómo una canción nos permite recorrer un periodo histórico completo cuando la miramos desde la antropología social y la etnomusicología.

La economía doméstica de supervivencia y los costos de la miseria

La historia narrada en la canción parece sencilla a primera vista: un niño está enfermo de tosferina y su familia no tiene dinero para comprar la medicina. Sin embargo, al escuchar cuidadosamente la letra descubrimos un retrato profundo de las condiciones de existencia de la época. “Se me muere el niño, tiene tos ferina / y no tengo cuaito pa’ la medicina”. Dos versos bastan para colocar frente a nosotros un drama estructural donde la tosferina representa la vulnerabilidad sanitaria y la falta de dinero encarna la desigualdad social.

La canción convierte así la enfermedad biológica en un problema socioeconómico. Frente a esta urgencia, comienza a desplegarse un universo de estrategias de supervivencia doméstica: “Tengo la cotorra y todita la gallina / por cuatro clavao yo se la doy, Siña Juanica”. Más adelante aparecen también el gallo y la puerca. Desde la antropología económica, estos animales no están en la canción para adornar el paisaje rural, sino que constituyen el capital de emergencia de la economía familiar campesina. Cuando no hay dinero en efectivo disponible, se recurre al patrimonio vivo del patio.

En este punto resulta indispensable analizar el léxico popular que Félix López Kemp inmortaliza en la letra. La expresión “cuatro clavaos” hace referencia a una suma insignificante de dinero o unas pocas monedas de escaso valor en el habla coloquial de la época, en mis investigaciones encontré que es un modismo derivado de la circulación de monedas desgastadas. Por su parte, la mención de la “puerca polanchina” alude a las variedades porcinas criollas o cruzadas con la raza Poland China, extendidas en los campos dominicanos como un activo de gran valor para las familias rurales. En este contexto, vemos como la pobreza convierte así los bienes del patio en circulante para intentar salvar la vida de un infante, sabiendo que la miseria no se define en el texto mediante abstracciones, sino que se materializa en la necesidad trágica de liquidar la cotorra, las gallinas, el gallo y la puerca por unos escasos “clavaos” para acceder a los medicamentos que necesita el infante.

La medicina en el territorio: etnobotánica y etnomedicina en el batey

Cuando la medicina institucional no está al alcance de los sectores populares por razones económicas o geográficas, la comunidad activa sus propios sistemas de conocimiento. La canción lo expresa claramente: “Una curandera que hay en el batey / me dice que lo cure con rompezaragüey”. Esta escena exige una lectura atenta desde la antropología. El “batey”, espacio que históricamente pasó de ser la plaza ceremonial taína a nombrar el asentamiento poblacional en torno a los ingenios azucareros, se presenta aquí como un territorio de vulnerabilidad, pero también de profundos saberes compartidos. En ese entorno emerge la curandera, una figura de autoridad comunitaria cuyo saber no procede de una universidad o un hospital, sino de la experiencia, la transmisión oral y la memoria acumulada durante generaciones.

Aquí entramos en los campos de la etnobotánica, que estudia las relaciones entre los grupos humanos y las plantas de su entorno, y de la etnomedicina, que analiza las formas culturalmente construidas para comprender la salud y sanar las enfermedades. El “rompezaragüey” (Eupatorium odoratum), mencionado en la canción, es una planta históricamente vinculada en el Caribe y en la República Dominicana tanto a los llamados remedios caseros para afecciones respiratorias como a prácticas de despojo y protección espiritual.

De igual modo, la canción menciona más adelante el “ají tití”, una variedad silvestre y picante de pequeño tamaño utilizada tradicionalmente en la elaboración de jarabes y cataplasmas expectorantes. No se trata de romantizar estas prácticas ni de asumir que sustituyen a la medicina científica moderna, eso jamás. Aquí lo que se busca es comprender que estos remedios y saberes eran y siguen siendo respuestas culturales concretas vinculadas al territorio. La planta no estaba separada de la gente: crecía en el monte, en el patio, en el camino o en el conuco, y alguien en la comunidad poseía el saber necesario para identificarla y prepararla. Y para quien suscribe como nieto de un curandero, estas prácticas son muy normales

Mujeres cuidadoras y transmisoras del saber ancestral

Existe además en la canción una dimensión de género fundamental para la antropología social. La narrativa coloca a las mujeres en el centro absoluto de la preservación de la vida. La voz principal se dirige a “Siña Juanica”, utilizando el término “Siña”, como apócope tradicional de “Señora” que en el campo dominicano expresaba respeto, jerarquía y reconocimiento social hacia una mujer de la comunidad. Es una madre quien enfrenta la enfermedad, quien busca los recursos y quien apela a la solidaridad de otra mujer. Pero también aparece la curandera en el batey, otra figura femenina portadora de conocimientos ancestrales y botánicos sobre el cuidado.

Este universo simbólico nos conecta directamente con la importancia histórica de las mujeres como guardianas de la salud, la alimentación y los saberes medicinales. Junto a la curandera debemos recordar la figura primordial de la comadrona o partera tradicional en la sociedad rural dominicana. La partera no solo acompañaba el embarazo, el parto y el puerperio cuando no existían maternidades ni médicos rurales, sino que aconsejaba sobre el cuidado de los recién nacidos y los remedios para sus primeros padecimientos.

Curanderas, parteras, sabedoras, mayoras, servidoras de misterios, rezadoras, mambosas, madre y abuela conforman distintas facetas de una red comunitaria de cuidados, que no eran instituciones académicas, pero constituían verdaderos espacios de producción y reproducción de conocimiento ancestral que forman parte indeleble de nuestro patrimonio cultural inmaterial.

El merengue como documento histórico y pedagogía de la memoria

Recreación visual de la época que describe el merengue analizado "Siña Juanica". Elaborada con IA

La presencia de la tosferina en la composición de Félix López Kemp convierte a “Siña Juanica” en un documento etnomusicológico extraordinario para observar la transformación de la sociedad dominicana. La tosferina, una infección bacteriana que causaba una alta mortalidad infantil en tiempos pasados, hoy es una enfermedad prevenible mediante vacunación pública y tratable con la medicina moderna (Hoy, 2004). Sin embargo, el mundo que retrata la canción era muy distinto: la distancia geográfica con los pocos centros sanitarios existentes y la falta de médicos, la carencia de dinero y la precariedad general determinaban las posibilidades reales de supervivencia. Por ello, esta pieza funciona como una potente herramienta pedagógica para analizar la historia social, la salud pública, las economías de patio, la etnobotánica y las relaciones de género a partir de un solo tema musical.

Félix López Kemp tuvo la maestría de convertir escenas desgarradoras de la vida cotidiana en composiciones de un enorme valor documental, al igual que lo hizo en su tema “La Miseria” (Hoy, 2006), que en otro artículo analizaremos. A través del ritmo del merengue, la música popular dominicana logra la proeza de hablar de la pobreza mientras la gente baila, o de narrar una tragedia mientras la tambora y la güira marcan el compás.

Lejos de restar gravedad al problema, este formato permitió que el mensaje circulara socialmente en una época de escasa alfabetización. La canción ha continuado viva a través de las interpretaciones de figuras como Vinicio Franco y, en años recientes, de extraordinarios proyectos musicales como Retro Jazz con los arreglos del maestro Peng Bian Sang (Sang & Retro Jazz, 2024). Lo importante es que diferentes generaciones han podido escucharla con preguntas nuevas: para unos será un merengue sabroso, para otros un recuerdo del pasado, y para nosotros, un valioso testimonio antropológico.

“Ay, Siña Juanica, de poi dio, Siña Juanica, se me muere el niño y no tengo medicina…”

Volver a escuchar “Siña Juanica” con oídos antropológicos nos permite mirar hacia atrás para valorar cuánto ha cambiado la República Dominicana en materia de salud pública, vacunación y acceso a servicios médicos, logros que sin duda deben celebrarse. Pero al mismo tiempo, nos exige estudiar y preservar los conocimientos tradicionales y los saberes comunitarios que sostuvieron y siguen sosteniendo a nuestra gente en los momentos más difíciles.

Detrás del rompezaragüey y del ají tití hay una relación sabia con la naturaleza; detrás de la curandera y la partera hay una historia de mujeres cuidando la vida; detrás de la gallina, el gallo y la puerca polanchina hay una economía de supervivencia; y detrás de los cuatro clavados está la realidad de la miseria, que ahora se presenta transformada. Al final, el patrimonio cultural no siempre se guarda en las vitrinas de un museo; también habita en una canción que desafió al tiempo y que todavía hoy tiene la capacidad de contarnos quiénes fuimos y cómo logramos sobrevivir.

Con especial admiración para el Dr. Manuel Vargas Payano, uno de los lectores más puntuales de esta columna cultural y educativa. Hasta la próxima semana.

Referencias

Cruz Minier, C., & Castillo, D. (2008). Etnobotánica en el batey Palavé: Prueba de sensibilidad y resistencia microbiana de cinco plantas utilizadas en atención primaria de salud. Ciencia y Sociedad, 33(3), 361–387. https://doi.org/10.22206/cys.2008.v33i3.pp361-87

Hoy. (2004, 7 de febrero). Siña Juanica: ¡ahora tenemos vacunas!. Periódico Hoy. https://hoy.com.do/vivir/sina-juanica-ahora-tenemos-vacunas-2_8589.html

Hoy. (2006, 18 de marzo). De Félix López y Siña Juanica: Radiografía de un merengue. Periódico Hoy. https://hoy.com.do/suplementos/areito/de-felix-lopez-y-sina-juanica-radiografia-de-un-merengue_142362.html

López, F. (s. f.). Siña Juanica [Composición musical]. En Recopilación de la música popular dominicana.

Organización Mundial de la Salud. (2025). Medicina tradicional. OMS. https://www.who.int/es/health-topics/traditional-complementary-and-integrative-medicine

Sang, P., & Retro Jazz. (2024). Siña Juanica [Versión piano, voz y cuarteto de cuerdas].

Jonathan De Oleo Ramos

Antropólogo Social, Investigador, Gestor Cultural

MSc. Jonathan De Oleo Ramos: Antropólogo, docente-investigador y consultor en patrimonio cultural y políticas culturales. Doctorante en Humanidades y Patrimonio Cultural enfocado en la Investigación. Maestro en Gestión del Patrimonio Cultural, con especialización en antropología de la alimentación, estudios afrolatinoamericanos, derechos humanos y políticas culturales. Becario Mellon (DSI, City College of New York) 2024. Docente en FLACSO-RD y UNIBE. Miembro de la Sociedad Dominicana de Antropología; World Anthropological Union; Instituto Panamericano de Geografía e Historia; Federación Mundial de Estudios Culturales y Consejo Mundial de Académicos e Investigadores Universitarios. Autor de Antropología del Plátano y Cofradías Dominicanas del Espíritu. jonathan.deoleoramos@gmail.com

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