Cartografía del asombro. Selección y prólogo de Juan Carlos Abril

Juan Carlos Abril.

Prólogo

Mateo Morrison (Santo Domingo, República Dominicana, 1946) es uno de los poetas en lengua española más conocidos y reconocidos de la actualidad, presencia constante en todos los repertorios poéticos que se precien, y una referencia indiscutible de las letras dominicanas y caribeñas. Su obra comienza a fraguarse a finales de los 60. Con Aniversario del dolor (1973) irrumpe su voz, junto a los por entonces jóvenes maestros del momento, Alexis Gómez Rosa (1950-2019) o Soledad Álvarez (1950), entre los más destacados de aquella generación. Desde aquellas publicaciones hasta Híbridas máscaras (2023) han pasado más de cinco décadas y un sinfín de títulos. Aunque su amplia obra abarca diversos géneros literarios, su actividad predilecta siempre ha sido la poesía.

El lector que ahora tiene en sus manos esta antología, Cartografía del asombro, podrá leer composiciones de los poemarios A propósito de imágenes (1991), Nocturnidad del viento (1996), Dorothy Dandrige (2006), Espasmos en la noche (2008), Tempestad del silencio (2014), Terreno de Eros. Líquidas formas del gozo (2017) y, finalmente, Híbridas máscaras (2023). Se trata de una selección que abarca la última época del poeta, esperando que aparezca pronto otra excerta en la que se recojan poemas y textos de su juventud, esto es, desde finales de los años 60 hasta principios de los 90. Los lectores españoles le estaríamos muy agradecidos. Sus libros publicados en España son escasos y se encuentran agotados.

La poesía de Mateo Morrison se inscribe en una tradición de compromiso ético y social que atraviesa buena parte de la literatura hispanoamericana del siglo XX y de este primer cuarto de siglo XXI. Su escritura nace en un contexto histórico marcado por profundas tensiones políticas y sociales. Su voz lírica no puede desligarse de una conciencia viva. Morrison entiende el poema como un espacio de intervención: no sólo canta, sino que interpela, denuncia y reflexiona sobre las condiciones materiales y simbólicas de la existencia.

Del mismo modo, en su obra se subrayan principalmente los temas del deseo y la muerte. Fruto de esa palpitante pulsión erotanática, asistimos a textos como el siguiente:

Pezuñas puntiagudas en la crispación de sus presencias; estruendos que asesinan, violentas bestias, escisión de lo convencional, caos en las comisuras: vulvas humeantes, falos encendidos. La muerte de los cerebros que concibieron esta fantasía pretendiéndose, propicias al sexo (fragmento 14 de «Terreno de Eros»).

El Eros se disuelve en el agua como inconsciente libidinal, líquido amniótico desde el que nacemos y hacia el que volveremos. El Eros, tan presente en esta obra, subtitulado enfáticamente como líquidas formas del gozo,

En ese círculo de la existencia que se cierra y se abre, nuestro poeta evoca a su padre y progenitor en el poema «Egbert», humilde profesor que dejó una gran cosecha de discípulos:

Usted transitó por el mar

asombrando sus ojos

a cada instante.

Pero no descubrió

nada vendible

en mercados europeos.

Su descubrimiento fue

un simple corazón

de una mujer

existiendo

sobre la isla

sin heroísmo atesorado

por la historia.

Cargada de latidos cotidianos

que cesaron una tarde,

y usted decidió seguirla

en una marcha fúnebre de amor.

Uno de los rasgos más característicos en nuestro poeta se halla en el equilibrio entre intensidad emocional y claridad expresiva. Frente a ciertas corrientes herméticas, Morrison opta por un lenguaje directo, en apariencia sencillo, pero cargado de resonancias. Esa transparencia implica una voluntad de comunicación que busca alcanzar a un lector amplio. En sus versos, lo cotidiano se vuelve significativo, y la experiencia individual se proyecta hacia una dimensión colectiva que dota al poema de alcance social.

La poesía es respiración. Bachelard planteó que el agua se halla en los sueños eróticos, a menudo asociada con la respiración y el control del propio cuerpo. La conexión onírica radica en su simbolismo de flujo, en las emociones y en la liberación de tensiones sexuales, fundamentalmente durante el sueño. Purificación, renovación, fertilidad, bautismo… A sus 80 años, Morrison nos regala esta Cartografía del asombro y se recrea en una visión «donde impera la quietud de los amantes, / formando una efigie, / emergiendo de las aguas» (del poema «Los dos mares»), desde la conciencia de su propia muerte y con la premura del goce tal vez último, sabiendo cada vez más cerca su fin. La capacidad de asombrarnos no se pierde nunca. Asombro como sinónimo de esperanza.

Recordemos con Bataille que el término petite mort (pequeña muerte) es una expresión francesa que se refiere metafóricamente al orgasmo, describiendo la sensación de una breve pérdida de conciencia de uno mismo después del clímax. Expresión que vuelve a aparecer en el magnífico poema en prosa «Terreno de Eros»: «Puede ser la plenitud en todas las fibras que dictaminan una pequeña muerte, que revive para reiniciar la ruta hacia líquidas formas del gozo» (del fragmento 1).

Otro elemento fundamental de esta poesía es la presencia de la memoria como eje vertebrador. La memoria histórica —la de los oprimidos y olvidados— aparece como una forma de resistencia frente al olvido. Mateo Morrison recuerda y reconstruye una identidad, tanto personal como nacional, la de su patria dominicana, en la que el pasado dialoga continuamente con el presente. Su poesía participa de una ética de la responsabilidad: escribir es también preservar y dar testimonio. De ahí «En la esquina del viento»:

En la esquina del viento

he colocado mi casa

en ella habito

rodeado de montañas

de huesos

cadáveres creados

por la patria

en múltiples batallas

Soy un combatiente

del recuerdo

Los invito a visitar

este museo viviente.

Mateo Morrison.

Asimismo, su obra está profundamente atravesada por una sensibilidad caribeña y de la negritud —por ejemplo Dorothy Dandrige, de la que por cierto hay un excelente biopic protagonizado en 1999 por Halle Berry— que se manifiesta tanto en el sensual ritmo como en la exuberante imaginería desplegada, incorporando elementos culturales autóctonos. La musicalidad, la oralidad latente y ciertas modulaciones del habla cotidiana contribuyen a construir una voz que oscila entre lo íntimo y lo colectivo. Esta poesía se sostiene sobre una dimensión ética. Más allá de sus temas concretos, lo que permanece es una actitud: la del poeta que se siente responsable ante su tiempo. Su escritura no busca clausurar la significación, sino abrir interrogantes, generar conciencia y propiciar una lectura activa, en la que el lector se vea implicado. A todo ello se suma una constante reflexión sobre la condición humana, en la que aparecen temas como la fragilidad y la dignidad. Morrison no se limita a denunciar las injusticias, sino que también indaga en las posibilidades de resistencia y de transformación (véase por ejemplo el poema «Ecología»). Hay en su poesía una tensión entre el dolor y la esperanza que evita tanto el derrotismo como el optimismo ingenuo. Además, se percibe una dimensión existencial que amplía el alcance de su obra más allá de lo estrictamente histórico o social. La palabra poética se enfrenta a preguntas esenciales sobre el sentido de la vida, el paso del tiempo o la experiencia de la pérdida: «¿Qué hago yo aquí?», se pregunta en el poema «Exento de devotos». Esta vertiente más introspectiva convive con su vertiente pública, creando un entramado complejo y matizado, junto a su capacidad para articular imágenes. Sus metáforas nacen de una necesidad expresiva y se hallan al servicio del sentido.

La poesía no sólo se esboza como un testimonio, sino como ese salvoconducto antropológico que nos protege para realizar el viaje de la vida. Un refugio, oasis, amparo, rama dorada o amuleto que nos ayudará a atravesar los vastos territorios del inframundo. En el poema «Voz que se cartea con las aves», el sujeto verbal reconoce que debe nadar en ocasiones a contracorriente, asumiendo que su punto de partida nace del deseo y que ese mismo lugar será su punto de llegada.

Mi destino es fluvial.

Mi silencio es boscoso.

Soy más que un valle doblegado,

una voz que se cartea con las aves,

un minúsculo sol ahuyentado por la luna.

Me traslado entre neblinas venenosas.

Respiro sobre hierbas.

Al final,

nadaré contracorriente.

Mateo Morrison, Premio Nacional de Literatura y fundador de la Semana Internacional de la Poesía de Santo Domingo.

En cualquier caso, desde la desnudez de la poesía nos adentramos en otro sueño, todos húmedos y líquidos, parafraseando a Bauman. El poeta no renuncia al placer del texto, como quisiera Barthes, a la estética del sexo, como abordara Foucault, ni a la contemplación de la belleza, al modo de Lipovetsky. Una suerte de alegoría sexual atraviesa esta antología, sobre todo en Terreno de Eros: «palpitantes cuerpos exhibidos en la ondulación que une a la tierra con el cielo, a través de múltiples océanos» (del fragmento 39). Y desde su insularidad, se pregunta en «Espacios que nos ofrece el mar»:

Las puertas que cruzamos

antes del deterioro de las naves

no advirtieron del cansancio.

Seguimos sin tiempo

por los espacios que nos ofrecía el mar.

Un conjunto de senderos nos recordó

que otras dimensiones existían.

A veces, en estos estadios,

miramos la tierra con desdén.

¿Será el mar nuestro hábitat preferido?

Se trata de un asedio incesante que cesará cuando nos doblegue la muerte, la Pelona, la inevitable.

Para terminar, habría que subrayar que la poesía de Mateo Morrison puede leerse como un espacio de cruce entre historia, ética y experiencia personal. Su lírica conjuga compromiso y reflexión, sentimiento y lucidez. Por ello, su obra ocupa un lugar destacado en la poesía contemporánea no sólo dominicana y caribeña, sino en el conjunto de la lengua española. Mateo Morrison es una voz necesaria para celebrar el don de la existencia y la poesía. Afortunado tú, lector, que ahora tienes este libro en tus manos. Esta poesía esencial llena de optimismo y vitalidad para una época de perplejidades.

Juan Carlos Abril

Granada, 10 de abril de 2026

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