Durante el proceso de la colonización española, la élite gobernante celebraba sus carnavales con bailes exclusivo y excluyente en los salones de las Capitanías de las Casas Reales y a nivel popular con encuentros en la Plaza de Armas, al lado de la catedral, donde está hoy el Parque Colón.
Los más aventureros salían con jeringuillas de bambú introduciendo agua en el interior de los hogares por los orificios de las cerraduras de puertas y ventanas, mientras otros tiraban “ojos de cera” a los transeúntes, que no eran más que cascarones de huevos llenos de agua perfumada de canela, en los alrededores del 1538, en lo que era “El Primer Carnaval de América”.
El carnaval asumió características particulares en la medida en que se desarrollaba la sociedad. No henos encontrado documentación del carnaval durante la ocupación haitiana, aunque parte de la élite existente debió de haber realizado bailes de carnaval, las primeras manifestaciones populares se realizaron para celebrar la epopeya de la Restauración Nacional, prohibido durante la intervención norteamericana 1916-24, resurgiendo durante la dictadura trujillista y redefiniéndose después de la Revolución de abril del 65.
El pueblo, con las entrañas de las esencias populares convirtió el carnaval en una conquista social, apoderándose del poder de un carnaval secuestrado por las élites en sus clubes y casinos, para trasladar su presencia a las calles y a los barrios populares, quienes se convirtieron en protagonistas y en creadores en un proceso de identidad y dominicanización.
Con mis vivencias durante cuatro años en el carnaval de Río de Janeiro, Brasil, mientras estudiaba sociología, Iván Dominguez y Dagoberto, presentaron un reportaje sobre el calentamiento del carnaval de Guachupita en el programa de televisión “Otra vez con Yaqui” donde Anita Ontiveiro era la editora y la Dra. Milagros Ortiz Bosch era la guionista.
Milagros Ortiz Bosch, mujer excepcional, de fino olfato político, al ver la grabación que habíamos realizado, expresó su admiración y su trascendencia a José Francisco Peña Gómez y luego a Rafael Suberví Bonilla, cuando era secretario de Estado de Turismo sobre la necesidad de que el gobierno realizara una revalorización de esta manifestación de la cultura popular con una política explicita de Estado.
Con una nueva visión política-ideológica, Peña Gómez, Milagros, Fello Suverví y Dagoberto, definieron como propuesta del apoyó del Estado a los carnavales locales y la de organizar anualmente un desfile nacional que incluyera la presencia de todos los carnavales del país en un mismo escenario, (escogiéndose al Malecón de la ciudad de Santo Domingo) para que se pudiera apreciar la riqueza y la diversidad nacional del carnaval dominicano. Esta propuesta del desfile de carnaval fue el resultado de conceptualizaciones elaboradas colectivamente. En este nuevo modelo de carnaval consideramos lo siguiente: a). – Que el carnaval era una de las manifestaciones colectiva y trascendente de la cultura popular dominicana. b). – Que el carnaval era una actividad donde el protagonista era el pueblo y por lo tanto, el Estado tenía que apoyarlo económica, estratégicamente y respetarlo como un derecho a la alegría.
c). – Que, en ese apoyo, los sujetos eran los sectores populares y el Estado tenía que respetar la libertad de la creatividad, sus dimensiones democráticas, sus contenidos y su poder contestario a través de la sátira, el arte, la fantasía y sus expresiones de tradición e identidad.
d). – Que el carnaval era un espacio de resistencia expresión para la afirmación y valorización de esencias de la dominicanidad. Con estas bases se elaboró la siguiente propuesta:
- El Estado, a través de los Ayuntamientos y el Ministerio de Turismo, debían apoyar económicamente a los carnavaleros populares.
- Hasta ese momento (1982) todos los carnavales, copiando de Europa, tenían como estandarte al Rey Momo como figura central. En una redefinición de identidad, desde ese momento el rey del Desfile Nacional de Carnaval, pasó a ser Califé, personaje simbólico del contenido crítico y contestatario del carnaval.
- Las carrozas, reminiscencia del Corso Florido de la élite, que implicaban inversiones muy altas económicamente, pasaron a ser figuras secundarias, decorativas, incluso fueron excluidas de las premiaciones.
- En las premiaciones, las comparsas y personajes individuales desfilaban a pies, donde se definieron categorías populares como los diablos cojuelos, provinciales, etc.
- Todos los pueblos tenían el derecho de participar en el desfile nacional, sin ningún tipo de discriminación, en total libertad de personajes y de contenidos.
- El jurado debía estar compuesto por personas conocedoras y ligadas al carnaval, sin complacencias ni discriminaciones ideológicas, políticas, con una visión nacional.
- Se creó el concurso para escoger el tema musical y el de fotografías. Posteriormente fue instituido por nosotros el Premio Nacional Felipe Abreu.
En el 2002, el presidente Hipólito Mejía, con el decreto núm. 602-02, creó la Comisión Nacional de Carnaval integrada por diversas instituciones del Estado, cuya responsabilidad era la organización del desfile nacional de carnaval.
Dos años después, en el 2004, Leonel Fernández, al asumir la Presidencia de la República, emitió el decreto núm. 1330.04, redefiniendo la Comisión Nacional de Carnaval como dependencia del Ministerio de Cultura, reafirmando la responsabilidad de la organización del desfile nacional de carnaval por esta comisión, pasando está a ser ignorada por casi todos sus ministros a pesar de estar vigente el decreto, violándolo en los últimos años para que el ministerio de cultura acapare arbitrariamente el monopolio de su organización y deje fuera diversos organismos y personajes.
Este desfile nacional transformó el carnaval dominicano en todos los pueblos del país, el cual se ha realizado por 51 años seguidos, con la excepción del año de la pandemia, convirtiéndose en una conquista social de los sectores populares, a tal punto, que el único lugar del mundo donde se celebra un desfile nacional de carnaval es en nuestro país, por eso es un patrimonio dominicano y un orgullo nacional. ¡Esta es su historia!
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