La mañana del 10 de marzo de 1812, fue publicado en Londres un libro de amplia prosa poética, compuesto por narraciones complementarias en cuanto a exaltar epopeyas clasificadas en cantos. Enarbolados estos cantos por signos retenidos en palabras figurativas a una intemperie fuera de lo lineal, cuyo escrito odiseico, que igualmente contemplaba la línea tormentosa  de un esnobista y de  almas en vida que  caminaban sobre un purgatorio terrenal, idealizado ante  un pragmatismo  dramático dentro de una sucesión contextual de hechos y  desventuras puestas en el tedio de una colectividad harta de batallas y revoluciones, preocupada en habilitar una identidad patriótica, perdida entre rocas amuralladas por el impase de la intolerancia y la violencia,  se convirtió, este libro, a nivel de estructura, en el  planteamiento o propuesta de una reforma escritural diferente al patrón cursi  en cuanto a predicar un amor colectivo y desmedido en la absolutez de la existencia, eclipsando a la sociedad londinense de ese período dadas las cuotas envolventes de un excéntrico héroe como protagonista en la interioridad  de un nombre: Las peregrinaciones de Harolds Childe, o The Childe Harolds Pilgrimage.

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Lord Byron.

El autor, George Gordon Byron (1788-1824) a quien la historia del siglo XIX, más allá de fiestas cortesanas, bautizara como lord Byron, representando en vida real  a aquel joven aristócrata, de belleza cautivante, de ideas anarquistas, mirada melancólica y proceder errante, con esencia avasalladora entre contrastes  de fatalidades arrastradas por heridas no cicatrizadas durante su infancia, progresivamente se convirtió en la nota disfónica,  antibucólica y aberrante de eso que representara su misma obra en la silueta de Harolds Childe. Misma que correspondía, sin lugar a dudas, a embates de un sistema político burocrático que solamente reparaba en apariencias y no en la efímera búsqueda de la felicidad, partiendo del sufrimiento constante. Esta onda de Byron, entre lágrimas y arrebatos, causó revuelo multitudinario a tal punto, que sigue siendo, para quienes aún lo leen y recuerdan, la figura salida de un expresionismo dominante, metafórico en grados superlativos, pero también engendrado de aquello que se supone infernal conforme a su trayecto existencial laberintico, ya escrito en una dimensión diametralmente superior a la terrestre mucho antes de su venida al mundo físico.

Ciertamente, la personalidad indomable de lord Byron, irrumpía espacios  comedidos de una sociedad inclinada hacia un orden moral, que detrás maniobraba con el desenfreno y la comunión acalorada en el caos, orgías y sodomismo encubierto por tejemanejes sobreentendidos en la decrepitud de una era de libertinaje palaciego, que sobrepasa a otras entre el  llanto quebrantado por las más bajas pasiones, siendo Byron, fuera de  rostros que lo condenaban, a la vez de ser partícipes de tales acontecimientos,  una celebridad trascendental, fluctuante, histriónica e hipnótica, pues aquel glorioso lord era a nivel de superficie y sobre  cavernas de su obra suculenta,  símbolo del hombre conquistador y justiciero que todos querían ser, pero también era arquetipo del hombre calculador y déspota, como una vez lo catalogara una de sus amantes, frustrada ante la imponencia de sus arrebatos conductuales: ¨´Es loco, malvado y peligroso de conocer¨.

Y dentro de ese caldo de aciertos y sinsabores prejuzgados, antes de atribuirle un pleno juicio, nació el byronnismo, movimiento que también sirvió de tumba y destierro a tan celebrada figura que, con el discurrir, sería  intertextualizada en estilos monocromáticos imitados por una población masculina contemporánea a su ego fashionista, elogiado también en mentes febriles de autores tan emblemáticos que estudiaron e influenciaron con su obra póstuma, citando a Nicolás Gógol, Mijaíl Burgákov y Aleksandr Pushkin, por ejemplo, este último, centró su trayecto  inventivo en trituraciones de particulares sufrimientos y tragedias convertidas en la más sublime belleza expresiva a través  de la narración poética. En yuxtaposición a estos postulados, como todo hombre nacido del romanticismo, se aferró al valor epocal, sacrificando su persona y fortuna por una causa libertadora, que más tarde le otorgaría, después de su prematura muerte, exoneración por haberle Inglaterra designado la condena de  depravado cuando, territorialmente, lo expulsaron dentro de lo que asumimos como cruel y desatinada inmediatez generacional, que la historia a sus víctimas suele manipular y tergiversar, convirtiéndolos en bestias obedientes.

Adhesionando lo dicho en un espacio sucedido a dos siglos, luego de la era byronniana  en que otros  movimientos culturales, el naturalismo, se anteponían y aferraban a tortuosos debates por defender, un lado y otro,  la llamada inmortalidad literaria de Byron, importante es admitir algunas modalidades e ideales desafiantes en Europa, fuera de lo elemental en su accionar creativo, delegando memoria ancestral a quienes en vida sobresalieron de aquellos marcos regidos por una contextualidad emancipada a estilos tradicionales muy rígidos o limitados ante reformas y modismos.

En ese sentido, arribando a  nuestros espacios, donde mayormente se confunde y transgrede como buenas siembras a estructuras y géneros literarios en manos de letrados arraigados a un poder patriarcal, que se aleja de lo puro con síndrome monárquico, visiblemente puesto en ligerezas más que aquel que debe prevalecer o enaltecer la obra misma cuando dispone de  antorchas necesarias como para llamarse obra, lejos del charco geográfico en que parece sumido nuestro lecho territorial, identificamos figuras representativas, vistas como  tendencias morfológicas en la poesía contemporánea nacional, que se hacen perennes y trascienden  espacios por encima de la actualidad, aislando de sus auras resplandecientes, las pendientes vocinglerías en proyectar  aquello que ni a huella y sombra se asemeja a legado. En consonancia de esta algarabía en cuanto a ponderar la semilla descompuesta, hablando de una vieja y nueva generación de autores plagiadores y caricaturescos, por encima de ese tejido implacable que estipulan los estándares de la mediocridad intelectual, constatamos desde finales del siglo XX y trayecto del siglo XXI a un escritor que se ha inoculado contra este síndrome que arrastra otras simetrías y órdenes a nivel infausto de las letras en República Dominicana.

Es él, podríamos decir que hay un cosaco insurrecto, intelectual armado en afabilidad, engreído e irreverente, pasional, orfebre y dominante, que se funde externa e interiormente en personajes e histrionismo triplicado pitagóricamente en una no identificable ecuación de sintagmas e hipotenusas, fraccionadas en segmentos del diario vivir, organizadas en números dispares por  un autor centralizado con imperfecto orden y tacto, que conjuga lo dramático, lo lírico esencial, lo clásico , lo contemporáneo y lo moderno siendo el eslabón perdido y hallado por quienes lo han consumido y consumen como producto automodificable.

Pastor de Moaya.

Y la modificación resurge sobre una estructura rectangular que cabalga con tres aspectos fundamentales que mencionaremos más adelante con los que, en nuestro caso, ponderamos la obra en tendencia perenne, bajo un disyuntivo nombre: Pastor De Moya en la era del Moyarismo. Y desde esa órbita Freudiana, Carl-Junista, plasmamos las siguientes interrogantes, distanciadas de movimientos literarios y escalafones:

¿Es el dominicano Pastor De Moya artífice y sucesor narcisista de la poesía contemporánea moderna, sin necesidad de que, en lo artístico, se le ajusticie como simple bohemio romántico y perseguidor de sueños inalcanzables, en el entendido de ser capaz de asumir la literatura con una sensibilidad ensanchada en denunciar la hipocresía y desfachatez de un sistema estigmatizado por la exhibición y opulencia de elites y grupos desfilados en su universo contemplativo?

O ¿es un predicador versal ante el sufrimiento  de las clases desvalidas, oprimidas en su ungüento espacial de la cotidianidad más cruda y cruel, abrazando lo poco o mucho que se advierte en almas desorbitadas, incapaces de desconocer la conmiseración suprema, incluyendo la suya?  ¿O por el contrario, dentro del tiempo, sin ser espátula mediadora, recrea una realidad abundante en susceptibilidades y belleza argumentativa con la palabra hilvanada ante otra palabra puesta, como si tratara de mostrar en la totalidad de una tragicomedia, verdades virulentas que en los siglos de los siglos arrastra la raza humana?

En estas  escalas de  originalidad contextual, dentro de la tendencia Moyarista, respondemos a las preguntas, deduciendo que Pastor De Moya sí es capaz  de reestructurar la  poseía en cada uno de los andamios arriba mencionados sin que  esta deje de ser su mayor arma para recrear un mundo existencial, cuasi en totalidad, enajenado, decadente e involutivo, descifrando,  tras la imagen inescrutable de la palabra hecha signo y deponerla con hondas complejidades del ser, a un creador redentor de la escala dualista, que exhibe sin antifaz una obra fuera de lo mecánicamente racional en toda su arbitrariedad apológica y poética, donde la bondad y maldad forman parte de un cuerpo en sustancias y adiposos tejidos.

Reposo de las piedras
me asomo a los barrotes y el patio
es un hormiguero virulento de cuchillos
tumulto desmedido de la rabia
instante del embate y el cuidado
dos hombres cruzarán en alarde de
destreza y de terror
(toda demostración se hará en vano)
ha llegado la hora de morir o de vencer
o acaso
de ser libre eternamente y en otras piedras

(Álgebra de peces, pag,21)

En relación a este entremés, tomando como muestra la poesía arrebatadora de Pastor De Moya en nombrar cada letra portando una entidad cuántica, onírica y  apta en metamorfosearse así misma, igual que permanecen intocables y a la vez cambiables las variaciones moleculares en constelaciones y estrellas de un universo inamovible e irónicamente complejo en vibración y frecuencia, donde cada elemento nace y muere desde una conciencia expandible  y a veces irreal, es que abordamos la trayectoria de Pastor De Moya cual si fuera el hombre adanístico de Enoc, el mitológico cavernario de Homero,  y el apocalíptico de Dante como resultado de su impronta selectiva, pero también del ente  retratado en sus variables individuos, esperando  ser rescatados de sus purgatorios de acuerdo a la incidencia prolífera del pecado.

No obstante a estos condicionantes, elementales para su uso y discernimiento, percibimos que la obra de Pastor De moya se articula y descompone sobre dos realidades notables:

La realidad tangible, el mundo que creemos ver y la realidad intangible, que también supone un trayecto de otras materias que se hallan aprisionadas e interconectadas en la interioridad de emociones y sentidos:

Carnaval (pag.49)

trajimos el pasado con el alba
nos intercambiamos los rostros en el vacío
comimos pan de otro tiempo
aterradora melancolía
al iniciar la fiesta
desnuda la memoria hace alarde
de la lozanía de sus piernas
todo es real si la fantasía existe
ese hombre que soporta el peso de sus días
se mira hacia dentro
y se le queda pegada la mirada en el olvido

esa es la presencia del ser en la razón
de parecernos a los colores
cuando nos disfrazamos de nosotros mismos

Pastor de Moya.

Y para que la obra de Pastor De moya sea  de carne, vísceras  y  venas, destinataria en su libro más reciente: Algebra de peces, y que se asienta dentro de los esquemas acústicos y musicales que asume su escritura muy suya en tendencia a lo Moyarista, vamos a enumerar tres aspectos que guardamos para este momento, que lo catalogan y catapultan como  trascendente en el ámbito de la restructuración que, hoy por hoy, es analizada, observada y en muchos casos tomada como referente de estudio ante el nuevo rostro de la poesía renacentista del siglo XXI, en cuanto a poseer un modelo refrescante y aleccionador e identificable en su pautado recorrido abstracto y objetivo, advirtiendo un lenguaje sonoro, que desafía, en roles surrealistas, la ley  de gravedad, causa y efecto, ambientada en cada uno de sus monosilábicos encuentros con la palabra y su hegemonía. Son estos elementos:

-Sustentabilidad en el discurrir y los espacios, porque sus piezas no se adecúan a una superficie temporal especifica.

-La palabra, tomada como forma y fondo, se reafirma en el signo lingüístico, almacenada en una genealogía de recursos evocativos dentro de una sucesión, hasta cierto punto, primigenia del antes y el hoy, que gira a la velocidad del sonido,

– Y, por último, su obra es capaz de transformar la sustancia a materia de acuerdo con una simultaneidad de entidades diferenciadas y clasificadas en lo pretérito e inmediato, que es también el presente cuando late el futuro.

Si atamos cabos en relación a estos recursos emblemáticos con los que configuramos la propuesta vista y desarrollada en la poética de Pastor De Moya, puesta al servicio de un lector comprensivo en la que denominamos era del Moyarismo,  circundada  y bifurcada a un lord Byron contestatario, en Pastor De Moya, entre una y otra función y fusión, dentro de la misma palabra articulada, entendemos,  de manera inentendible, que todo lo que construya en esta  acelerada marcha temporal y atemporal, probablemente, se ligará a  la dirección que conlleve su mensaje tridimensional, sometido a  unos estándares ascendentes en la colisión del yo individual, de los otros yo subordinados, de vosotros y esos ¨ellos¨ en resurrecciones permanentes.

Referentes teóricos:

Thomas Moore: Cartas y diarios de lord Byron (Letters and journals of Lord Byron, 1830)

Nikolái Gógol; Diario de un loco

Mijaíl Bulgákov: El maestro y Margarita.

Aleksandr Pushkin: La hija del capitán

Ana Almonte

Escritora y periodista

Ana Almonte es escritora y periodista. Obtuvo u na licenciada en Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Realizó una maestría en Ciencias humanas en la Universidad de Sevilla, España. Ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos prensa escrita, televisión y revistas culturales de medios digitales como el periódico Quisqueya News, que se divulga desde Segovia, España. En la actualidad es la editora redaccional e informativa de Ocadys Entarprise, una agencia promocional de artistas internacionales de habla hispana en Estados Unidos.

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