Siempre tendremos dulce la saliva
para morder un colibrí dondequiera que sueñe. E. S
El ritmo es una red que nos libera. Un misterio que nos regresa al presente. Sin ritmo no hay música, no hay vida, no hay literatura.
Al leer Pájaro dentro de la lluvia resulta evidente que grandes poetas dominicanos han sido seducidos por su ritmo. Su ritmo cautiva, contagia benignamente.
La imaginación con frecuencia rompe los encasillamientos, suele provocar nuevas realidades. Un artista es un hacedor de mundos, un destructor de rutinas. El escritor -cuando es artista- crea sin sacrificar lo bello, aunque tenga sus dioses. Enriquillo Sánchez lo sabía. Y su saber rimaba con hacer.
Eras la más bella. La noche lo sabía.
Eras la más dulce. El azul lo sabía.
Eras la más honda. El colibrí lo sabía.
Pero no lo supo la brújula ni lo supo el olvido
Llama poderosamente la atención el erotismo con alas, con vuelo, que jamás cae en lo explícito y burdo, que está presente en la poesía de Sánchez. Erotismo que va de la mano de lo estético sin dejar de ser atrevido.
Estuve en tu seno como una fiera muda
Estuve en tu seno como una fiera muda.
Estuve en tu seno como un ángel hambriento.
De tu seno a tu seno hay un camino.
De tu seno a tu seno hay dos delfines.
Tu seno derecho navega hacia el izquierdo.
Tu seno izquierdo navega hacia el olvido.
No tengo boca para el delfín.
Me sobran ojos sobre la rosa.
Estuve en tu seno como una lluvia rota.
Estuve en tu seno como una daga fina.
En la ribera del viento están tus senos.
A la orilla de un potro que galopa.
En mis ojos navegan y a mis ojos regresan.
Navegan desde un puerto que el agua interroga.
Son dos rincones de pez nadando hacia mi lengua.
Son dos islas de sombra con que el tigre retoza.
Atraviesa un pájaro tu voz
Atraviesa un pájaro tu voz
Atraviesa un pájaro tu voz
como una espada de música a caza de otra espada
y yo permanezco en un limbo de espuma y de melaza
como un párvulo en el frío o un relámpago sin pecho,
hechizado en el mudo recinto de tu boca,
los ojos vueltos a tus ojos navegantes, sin hambre ya,
sin tino ni pez ni cosa gris de firmamento lácteo,
sin memoria ni palabra ni pájaro ni voz ni hechicería.
Atraviesa un pájaro tu voz
cuando atraviesa la lluvia tu cintura.
He perdido la memoria y he perdido el amor
y he perdido la lluvia y tu figura en la lluvia perdí
a la hora de luna desnuda en tu espejo de lluvia desnudándose.
¿Dónde estás –asunto de luz que no regresa-
si no estás en mis manos de bestia pordiosera?
Atraviesa un pájaro tu voz, un delfín tu melodía,
una estrella helada tus senos suspendidos del navío,
un corcel tu vientre camino de los trigos,
una gacela tus pies detenidos en el viento sucinto del almendro,
una anguila tu pozo, una maraca tu cadera de aguardiente
y una lengua –mi lengua- tu talle de nata y aguacero.
Atraviesa un pájaro tu voz,
lento como la noche,
mientras yo atravieso despacio tu memoria
y aprendo a conocerte en el olvido.
Vale la pena –más que la pena, la alegría- releer a Pájaro dentro de la lluvia. La oportunidad de estar en contacto con una poesía –que huye de los adjetivos- es un regalo, un regalo que vale mucho, tanto, tanto, que no tiene precio.
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