El liderazgo de Olivorio Mateo emergió al escenario del Valle de San Juan de la Maguana en el año 1908 como Mesías o enviado de Dios, en el momento en que una tormenta tropical de gran intensidad afectaba a toda la región Suroeste y a toda la República Dominicana. En ese contexto, el régimen autoritario del general Ramón Cáceres se había planteado acabar con todos los caudillos políticos y militares de la región, razón por la cual el nuevo mesías era visto como una amenaza latente para las autoridades locales, provinciales y nacionales.
Esa realidad es la que permite entender por qué Olivorio Mateo tuvo que afrontar varias situaciones de persecución y prisión, ya que se le acusaba de practicar la medicina de manera ilegal y se le veía como una amenaza para la paz, la estabilidad y el trabajo en el campo en la Región del Valle. Esto así porque día tras día sus seguidores crecían de forma exponencial, provenientes desde distintos puntos del país, por la fama de curandero y profeta que había ganado.
Olivorio Mateo promovía la vida comunitaria, las prácticas colectivistas en la producción agrícola mediante la realización de convites y la distribución equitativa de los bienes producidos entre sus seguidores y el pueblo en general. Esto hizo que la fama regional que tenía Olivorio alcanzara una dimensión nacional como un verdadero hombre del pueblo y para el pueblo, al cual Dios, Jesús y la Virgen María habían enviado para completar su obra en la tierra.
Olivorio era muy devoto de la Virgen María, a quien él y su legión de seguidores les rendían cultos en Maguana Arriba, El Naranjo, El Palmar y otras comunidades de la Región del Valle con salves, palos, gagás, mangulinas, carabinés, merengues y cantos de hacha, entre otros. Esto significa que el sincretismo mágico-religioso y cultural de Olivorio y su cofradía estuvo siempre presente en las prácticas y en los rituales que Olivorio y su gente realizaban.
Tras producirse la ocupación militar norteamericana a la República Dominicana en 1916, las autoridades de San Juan de la Maguana, la oficialidad de la Policía Nacional Dominicana y varios oficiales de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, le pusieron precio a la cabeza de Olivorio Mateo, al cual veían como una amenaza para la estabilidad que pretendían imponer a sangre y fuego en todo el país. Esto así, porque Olivorio Mateo y su gente se negaron a entregar sus armas, en abierto desacato a lo que dispuso mediante orden ejecutiva el gobierno militar norteamericano, al tiempo que se atrincheraron en la zona de Maguana Arriba, El Naranjo, El Palmar, La Pelona, así como otras comunidades y montes próximos a la Cordillera Central, para defender su santuario y las prácticas colectivistas que por años venían promoviendo entre sus correligionarios.
Olivorio Mateo y su legión de seguidores mejor entrenados se mantuvieron combatiendo a las tropas norteamericanas y a sus aliados durante cinco años consecutivos, causándoles importantes bajas y demostrando que su poderío no era infalible, logrando salir ileso en m{múltiples combates, como los del 19 de enero de 1919 y el 19 de mayo de 1922, donde murieron 23 personas cercanas a Olivorio y una cantidad considerable de las tropas del gobierno, hasta que se produjo su desenlace trágico el 27 de junio de 1922 en el Hoyo del Infierno, en la ladera sur de la Cordillera Central.
1-Contexto económico-social en que surgió Olivorio Mate
En el último cuarto del siglo XIX se inició el desarrollo capitalista de la República Dominicana, con la entrada de capitales extranjeros cubanos, italianos, canadienses, norteamericanos, árabes y de otras nacionalidades, con la implementación de legislaciones que permitieron la partición de los terrenos comuneros que desde la época colonial se habían mantenido indiviso, en su mayor parte. A partir de entonces los diferentes gobiernos dieron facilidades de todo tipo a los inversionistas extranjeros para que pudieran establecerse, incluyendo exenciones fiscales y entrega de tierra para establecer sus negocios. Este proceso facilitó la expropiación de una elevada cantidad de terrenos de propiedad comunal que carecían de títulos de propiedad, en perjuicio de grandes contingentes de campesinos que la cultivaban.
Esa situación ocurrió en las diferentes regiones del país, pero tuvo un impacto mayor en las regiones Este y Sur de la República Dominicana, donde la existencia de tierras comuneras y la falta de deslinde territorial tenían mayor peso y que, por su relativa cercanía a Santo Domingo, fueron requeridas por los inversionistas norteamericanos para el establecimiento de plantaciones de caña e ingenios azucareros modernos y la producción de otros rubros agrícolas para la exportación.
Hacia la década de 1870 la República Dominicana estaba sub-poblada, ya que la población se estimaba en alrededor de 200 mil habitantes, si se toma en cuenta que hacia el año 1869 la iglesia católica, en base a los censos parroquiales estimaba la población en 205 mil 100 almas y en 1871 en 207 mil[1]. En 1887 fue realizado un nuevo censo por la curia dominicana, poniendo de manifiesto un gran crecimiento, ya que la población fue fijada para entonces en 382,312 almas. Abad estimaba que la población dominicana para el año 1888 era de 415.000 a 416.000 habitantes.[2] En el año 1898, el padre Meriño calculaba el total de la población en 458.500 habitantes.
Para el año 1861 las actividades productivas más importantes del país continuaban siendo el corte de madera preciosa y la agricultura. La producción de tabaco se había elevado ese año a 80 mil quintales y la exportación del producto dejó un saldo de 700 mil pesos fuertes. La miel de abeja y la cera habían logrado un sitial muy importante, ya que para ese año se exportaron alrededor de 30 mil libras por un valor de 25 mil pesos fuertes.
La producción de otros rubros como el azúcar, el café y el cacao comenzaron a repuntar, pero se obtenían cantidades intrascendentes que sólo servían para abastecer el mercado interno. La crianza de ganado vacuno había sufrido enormemente, en virtud de los conflictos civiles y la guerra en Haití, que era el principal comprador de las carnes que se producían en el país. Los cueros sí tenían una gran demanda en el mercado europeo. Aunque existían minas muy ricas en oro, plata, sal y otros minerales con importantes mercados en el exterior, los yacimientos mineros estaban totalmente abandonados.
Según Emilio Rodríguez Demorizi,[3] Azua en 1863 tenía 7,550 habitantes. Asimismo, producía anualmente de 20,000 a 30,000 quintales de cera, 400 quintales de resina de guayacán, 500 toneladas de fustete, 100 toneladas de campeche, 30 toneladas de palo de Brasil y cantidades más pequeñas de madera satén, palo de rosa y palo cochinilla.
Más al occidente, hacia San Juan de la Maguana, donde no había puertos naturales como el de Azua, se sintieron más tardíamente las consecuencias del auge azucarero y de la implantación de más de 30 ingenios modernos; la inexistencia de vías de comunicación hizo que su economía fuera más autárquica que las de otras regiones y continuó con el pastoreo y la crianza de animales hasta principios del siglo XX.[4]
En el año 1900 se instalaron comerciantes extranjeros en el ámbito urbano del valle de San Juan de la Maguana, de nacionalidad árabe e italiana, y algunos de descendencia española o directamente españoles y puertorriqueños, que establecieron negocios y almacenes, trajeron mercancías de las zonas donde hay puertos (Azua, Barahona y la capital del país, que funciona como centro distante), como telas, enseres diversos, combustible para alumbrar, lámparas de gas, espuelas de caballos, cuchillos, platos, machetes, etc. y las intercambian por los productos que cosechaban los campesinos de la región.[5]
Hacia 1910 todavía no se habían sentido plenamente los efectos del aumento del valor de la tierra. Por tanto, apenas se iniciaban las particiones, la mercantilización de las tierras del valle y la superación del sistema de terrenos comuneros, que en otras regiones ya había hecho crisis como resultado del alza en el valor de la tierra.[6]
Entre los años de 1910-1920 estos comerciantes formalizan una red mercantil con la zona rural a través de compradores y agentes comerciales, que adquirían los productos agrícolas alimenticios y los traían a la ciudad mediante recuas a centros de acopio o almacenes que poseían para tales fines.
Ya para 1918 comenzaban los comerciantes a sustituir las recuas de animales y los recueros que viajaban a Azua y Barahona, y ensancharon el intercambio con la introducción de vehículos de motor. Los primeros vehículos de carga con motor de combustión interna fueron llevados al valle por estos comerciantes y para los años de 1920-1925 eran propietarios de grandes extensiones de tierras dedicadas a la ganadería, mediante procesos de apropiación ilegítimos o fraudulentos.[7]
Hacia 1920 no habían alcanzado todavía una importancia económica decisiva los procesos de desarrollo del capitalismo en la agricultura para el mercado interno en San Juan de la Maguana, y en gran parte de la región Sur. En las demás regiones del país, la vinculación de la producción campesina al capital se daba sobre la base de las relaciones comerciales que mantenían pequeños y medianos productores con una red de intermediarios, prestamistas y exportadores (tabaco, cacao, etc.), dentro de todo un sistema económico que, tras el dominio de la burguesía exportadora, localizada en las principales ciudades de la región del Cibao, ponía a depender al campesinado, en virtud de su vínculo mercantil, del mercado mundial.
El fenómeno de sometimiento mercantil del campesinado a una economía de exportación, no se producía a principios del siglo XX, y es probable que tampoco hacia los años veinte, en la zona del valle de San Juan de la Maguana. De hecho, tal sometimiento se produjo, pero vinculado a grupos mercantiles locales. Ello constituyó la primera diferenciación del campesinado, a partir de los años veinte.
En la provincia de Azua, de la cual San Juan de la Maguana era parte, se producía para exportación en el siglo XIX, pero es muy probable que la zona occidental no estuviese involucrada en esa red comercial, ya tradicional en la región del Cibao. A propósito del problema regional que se suscitó entre algunos intelectuales del siglo XIX, entre ellos Pedro Francisco Bonó y Angulo Guridi, este último discute con el primero sobre la importancia de las regiones, tratando de defender la idea de que todas las provincias, en tanto sean agrícolas, tienen la misma importancia para la vida nacional. Bonó saca a relucir que las provincias del Cibao producen mucho tabaco, “pero las de Azua y Santo Domingo producen mucho azúcar, (que se exporta no sólo al extranjero), y mucha madera, y mucha cera, amén del almidón, de cueros y granos, que tanto se exportan por allá como pueden exportarse por aquel puerto.”[8]
La región Sur estaba, ya a fines del XIX, aunque en menor medida que el Cibao, involucrada en relaciones comerciales con el mercado mundial, a través de los productos que se han mencionado: maderas, cueros, mieles, azúcar, cera, almidón y granos. Necesariamente no era una producción campesina; además, tomando en cuenta la despoblación tradicional de la región, se puede suponer que más bien eran productos mercantiles agenciados por comerciantes.
Las regiones del país se fueron incorporando de manera desigual al capitalismo, unas más tardíamente que otras. La región Este lo hizo a través de la industrialización azucarera; la del Cibao, a través, básicamente, de una agricultura mercantil de exportación, proceso a través del cual se generó el tradicional lazo mercantil del campesinado con redes de intermediarios, prestamistas y exportadores; el Sur a través, también, de una agricultura de exportación, pero hacia el occidente, San Juan de la Maguana, Elías Piña, etc., el proceso cobró auge ya entrado el siglo XX. Fue una región que se mantuvo distante.
José R. Abad[9] describe cómo eran los «caminos del oeste» y las dificultades y vicisitudes que lo acompañaban, a fines del XIX, por un camino real de Azua a San Juan de la Maguana. Esta parte del Suroeste, incluyendo el valle, hizo su incorporación al capitalismo a través de una acumulación por vía comercial de grupos burgueses locales vinculados hacia el centro del país con la burguesía comercial, a través del comercio con Haití y puntos importantes de la región Sur, Azua y Barahona. La acumulación regional del Suroeste estuvo centrada en su comienzo con el comercio urbano y urbano-rural. Todavía en 1920 existía fundamentalmente una agricultura de subsistencia, que ya comenzaba a descomponerse sobre la base de su incorporación a la producción de valores de cambio y sus vínculos con una red de intermediarios y burgueses mercantiles urbanos locales.
Todavía en 1920, según el censo de ese año, en el valle, y más específicamente en Punta Caña, se encontraba el mejor criadero de caballos del país. La parte oeste de la región Sur, al sufrir más tardíamente procesos de expansión capitalista, generará características diferentes en el desarrollo del capitalismo porque no necesariamente eran homogéneas con aquellas vinculadas al auge y la modernización azucarera.
Es importante destacar que en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, en la República Dominicana había una superabundancia de tierras de labranza, situación que condujo a situaciones caóticas con respecto a la propiedad de la tierra, ya que prevalecían los terrenos comuneros, indivisos o no mensurados. La infraestructura deficiente, la inestabilidad política y la escasez de trabajadores llevaron al predominio de las empresas ganaderas, que exigían poco personal, en el este y el oeste, y a una rotación de los cultivos en el Cibao, lugar donde se producía también para la exportación. Sólo en la parte costera del sur existía el cultivo tradicional de caña de azúcar con fines diferentes al consumo doméstico.
En el año 1911 fue promulgada la Ley sobre División de Terrenos Comuneros, la cual tenía por finalidad eliminar la copropiedad existente en los terrenos comuneros, propiedad que se expresaba en cuotas porcentuales, llamadas acciones de peso. Esta situación se presentaba en la mayoría de los terrenos del país, debido a que los mismos se encontraban indivisos y carentes de mensuras que indicaran sus límites.
Con esta ley se pretendía determinar e individualizar los predios, estableciendo sus límites y la extensión superficial de los mismos, a través de los trabajos de los agrimensores, quienes, autorizados por el Juez de Primera Instancia, junto a un notario realizarían el procedimiento de partición de los derechos, mensurando los predios y dejando en manos de los titulares una copia auténtica del procedimiento de partición.
El poder político y económico adquirido para ese período les permitió francamente forcejear con el ingenio Barahona por los derechos de utilizar las aguas del río Yaque del Sur. Estas unidades de ganadería fueron transitorias, pues tan pronto comienza el cultivo de arroz en el valle, después de 1930, cambian los propietarios y el uso del suelo. Estas tierras fueron destinadas principalmente, y sobre todo en sus zonas irrigadas, al cultivo de arroz, el cual despuntaba entonces como una mercancía agrícola importante para el mercado interno. Este cultivo ya se había consolidado en otras regiones, e incluso se cultivaba desde fines del siglo XX en el Cibao, según comentarios de Pedro Francisco Bonó. Hacia el 1950 el valle de San Juan de la Maguana entra en procesos de especialización productiva y los comerciantes-terratenientes desarrollan las factorías agro-procesadoras, dando lugar a nuevos procesos de modernización.
La región Sur continuó dedicada a la producción de maderas, mieles, cera, etc., dentro del modelo mercantilista que se configuró en el siglo XIX a base de la «acción condicionante» del capital comercial sobre la economía. El renglón principal donde éste actuaba en la región eran los cortes de madera, y en menor medidas en los cueros, el ganado, las mieles y la cera, los cuales alcanzaron una mercantilización considerable.
Hacia la parte occidental de la región Sur, o sea, el valle de San Juan de la Maguana y todas las localidades adyacentes, para fines del siglo XIX y principios del siglo XX, la ganadería entró en crisis y fue sustituida de forma progresiva por la agricultura de alimentos, que hasta entonces permanecía fundamentalmente como una agricultura de subsistencia. El capital comercial era muy débil y no tuvo un área en dónde actuar en forma predominante. Entrado el siglo XX comenzó a actuar colocando mercancías entre los productores agrarios y mercantilizando productos distribuidos a base de la explotación comercial de los productores directos.
Los primeros establecimientos comerciales con escaparates y mostradores, exponiendo diariamente a la avidez del público sus existencias comerciales, surgieron en el 1920; fueron los inmigrantes italianos Antonio, Flor y Samuel Marra; Antonio, Horacio y Liberato Marranzini, Miguel Dimayo y los árabes Simón Herrera, Bartolo, José y Miguel Paniagua, Elías y Nicolás Michelén, Pedro J. Heyaime y José J. Heyaime, los que iniciaron este tipo de establecimientos. Estos comerciantes se convertirían en la primera burguesía mercantil de la región, cuyas operaciones se desarrollaron en la zona urbana, pero después de los años 1920, una vez habían logrado amplios márgenes de acumulación, dirigieron su capital-dinero a la zona rural para negociar con los campesinos la compra de frutos a través de redes de intermediarios. De hecho, en la zona no existían grupos locales dominantes, a no ser, para esa época, los dirigentes caudillistas, que a nivel tanto político como militar manejaban al campesinado y mantenían una gran influencia sobre los diversos estratos sociales de esta.[10]
Los ganaderos y hateros, que usufructuaban en gran parte las tierras comuneras, no llegaron a conformar un grupo dominante cohesionado capaz de mantener social y económicamente el hato como unidad productiva, y con poder suficiente para impedir la conformación de la pequeña propiedad agraria sobre la base de la ocupación de tierras comuneras, ejidales, etc. Fue a partir de las actividades de este capital comercial urbano que se inició el vínculo con el campesinado.
El primero que inició el “comercio de frutos” fue un inmigrante español llamado Felipe Collado. Le siguieron Pedro J. Heyaime, José y Miguel Paniagua, Liberato Marranzini, Antonio Marra y otros. Justamente los mismos comerciantes que años antes se habían establecido como los negociantes urbanos que traían mercancías desde Azua y la capital. Los productos de la tierra (habichuela, maíz, etc.) se cosechaban para el consumo interno de la común de San Juan de la Maguana. Algunos de estos comerciantes, entre ellos principalmente Felipe Collado, pusieron en práctica la compra de productos agrícolas a los campesinos y asumieron el papel de agentes mercantiles, llevando a las plazas vecinas el sobrante de las cosechas. También lograron hacer algunas exportaciones de habichuelas a Puerto Rico.[11]
El capital comercial fue la principal vía de acumulación en una región escasamente vinculada al mercado de exportación. La vinculación que este capital desarrolló con el campesinado fue sobre la base de una lógica de subordinación, pero a través de la mercantilización de productos y géneros para el mercado interior. El sistema de mercantilización que entonces se desarrolló y que marcó el primer proceso de diferenciación del campesinado de la región, el cual se encontraba esparcido por las distintas secciones y parajes de la provincia, fue el siguiente: los comerciantes urbanos ponían sumas de capital-dinero en manos de agentes intermediarios compradores ubicados en las diferentes zonas agrícolas de la provincia, tanto hacia el norte montañoso y húmedo, como hacia el este y el oeste del valle, y hacia el sur tropical seco.
Los intermediarios funcionaban como acaparadores locales que se relacionaban con el campesinado a través de sistemas de medidas más o menos arbitrarios, los cuales estaban provistos de un instrumento clave para realizar las transacciones: un peso de balanza llamado romana, la mayor parte de las veces arreglados para engañar a los campesinos. De esta forma se organizó en toda la provincia una red mercantil, cuyo centro se controlaba en la ciudad de San Juan de la Maguana.[12]
Hacia 1920 todavía había un campesinado de subsistencia importante, pero en su generalidad las economías campesinas estaban en un proceso de mercantilización de la producción y de sometimiento al mercado interno regional. Este mercado ya venía formándose desde fines del siglo XIX, años desde los cuales hay noticias no sólo de la existencia de días de feria y de mercado en la zona urbana, sino también de comercio con Haití y con Azua, como terminal del transporte a lomo de animal que venía de San Juan de la Maguana con cueros, ceras, mieles y productos agrícolas, que, como la habichuela, ya ocupaba el primer lugar, y estaba sustituyendo en gran medida a la ganadería.[13]
En un informe de 1922, Víctor Garrido constataba la transformación que se estaba produciendo en la Región del Valle de San Juan de la Maguana. Eran los inicios de su desarrollo capitalista:
Mientras llovió y los pastizales reverdecieron copiosamente cada primavera, San Juan fue el cuerno de la abundancia. Surtía de ganado, especialmente, a la República de Haití. Sus caballos fueron tan famosos, que el padre Meriño cita en su «Geografía Patria» los de Punta Caña. Toda esa riqueza era de sabana, no tenía solidez básica. Hoy la común es mísera. Perdida la esperanza de reconstruir la riqueza ganadera, los habitantes se han dedicado a la agricultura y se cultiva toda clase de frutos menores. En grande escala la habichuela, que constituye un floreciente negocio de exportación; luego, arroz, maíz, guandul, garbanzo, arveja, plátano, rulo, yuca, batatas, papa, caña, tabaco, etc.[14]
Se puede constatar en dicho reporte la decadencia de una actividad otrora importante, como el pastoreo y la ganadería, que acaba cediendo un lugar de primera importancia a la agricultura campesina, actividad a la cual se dedicaría la mayor parte de la población. Ello habrá decidido la degradación económica y social de los hateros y la desaparición de las relaciones de servidumbre en la organización del hato. Dicha fuerza de trabajo habrá buscado ubicación en la agricultura de subsistencia que entonces comenzaba a producir valores de cambio.
De igual manera, los comerciantes, inmigrantes y nativos de la región pasarían a ocupar el primer lugar en la escala económica y social regional; la actividad del capital comercial incorporó al campesinado a la producción de mercancías mediante el vínculo del intercambio, donde el dinero ocuparía un lugar trascedente en las transacciones por su valor de uso y su valor de cambio. El informe de Víctor Garrido permite constatar, además, que la habichuela era un renglón de producción de primer orden, inclusive como género de exportación. En segundo lugar, estaban los frutos menores, dentro de los cuales se encontraba el arroz, que todavía no había pasado a ser un cultivo capitalista, ni un renglón de relevancia en la región, proceso que se produciría en décadas futuras.
Las que fueron campiñas de ensueños y amores, ahora pasaban a ser ganaderías bajo cerca, plantíos de habichuelas, arrozales, papas, maíz, cebollas y maní. El arado surcaba la tierra y los canales de riego la fecundaba, con lo cual sustituyeron al ganado que pastaba libremente, propiciando una economía más sólida para la región.
Para 1920 la industria era prácticamente inexistente; las factorías azucareras en Azua eran las únicas industrias que existían, en cuyos llanos costeros había plantaciones de caña y tres ingenios, con 45 kilómetros de vías férreas. Al oeste, la agricultura parcialmente mercantil, tenía una importante vinculación al mercado de bienes de subsistencia, dentro de las limitaciones que imponía la región en su conjunto, como la falta de medios terrestres de comunicación. Ello representaba un obstáculo a la mercantilización de productos agropecuarios, pues no había carretera, a no ser del kilómetro veinte de Azua hacia la capital.[15]
Había en San Juan de la Maguana una industria doméstico-rural importante donde se fabricaban andullos, jáquimas, lazos, hicos de hamaca, con la fibra de la cabulla, que tenían fama en el país por su excelencia; con la hoja del guano se elaboraban árganas, macutos, esteras, capachos; con otras hojas se confeccionaban esterillas, aparejos, canastos, sillas rústicas, con el fondo de guano retorcido. Utilizando barro cocido, la industria doméstico-rural fabricaba, asimismo, tinajas, ollas, cachimbos; con madera hacían bateas, barriles, tinajas; de la palma, el roble, caracolí y otras maderas, se sacaban tablas de construcción. También se fabricaban quesos y mantequillas, utilizando la leche de vaca, cabras y ovejas; casabe, tortillas de diversos tipos, almidón obtenido de la yuca; sombreros de cana; raspaduras, producto del jugo de la caña puesto al fuego en grandes pailas; se confeccionaban, de igual modo, monturas, pellones y sudaderos; así como también cigarros, llamados túbanos.[16]
El tabaco de esta común era inmejorable. El que se producía en la sección de Yabonico era de calidad tan superior, como el mejor tabaco cibaeño. Había quien afirmara que era superior. La intensidad de la industria andullera se debe a la dificultad para exportar con provecho la aromática hoja. El capital comercial no se interesó en el tabaco. El principal renglón en el cual aquel se interesó fue básicamente la habichuela. La situación cambiaría rápidamente a partir de 1930, con la generalización del cultivo de arroz.
Es probable que la mayor parte de la producción artesanal campesina no saliera de la región y que gran parte de ella se consumiera en las mismas localidades y zonas rurales de la región. Ello tiende a mostrar que el consumo de bienes de subsistencia por parte del campesinado era proveído por la industria doméstico-rural y la agricultura; lo mismo puede decirse del consumo de medios de producción, aunque había algunos que era absolutamente imprescindibles adquirirlos en el comercio urbano, tales como machetes, azadas, mochas, picos, fósforos, combustible, sal, etc.[17]
El consumo de bienes alimenticios, de ajuares del hogar, de materiales de construcción, de prendas de vestir era provisto fundamentalmente por la naturaleza; ésta jugaba todavía para esos años un papel destacadísimo en la provisión de elementos para la reproducción de la unidad familiar campesina. Los campesinos vivían en casas construidas de tablas de palma y en bohíos de tejamaní embadurnados de lodo y blanqueados luego; el tejamaní era usado solamente por las personas muy pobres o en aquellas secciones en que no había tablas y resultaba muy costosa su adquisición.[18]
Los enseres domésticos se componían de sillas criollas, mesas de madera, juegos de platos y tazas y tacitas de loza, cubiertos, calderos, ollas de barro, tinajas, güiros, bangañas, cucharas, sacadores de agua, hechos del fruto del higüero, etc. Sólo los muy infelices o los muy miserables carecen de estas pequeñas comodidades. Los hombres dormían generalmente en hamacas de tela, las mujeres en catres o barbacoas con colchones de algodón o de guajaca; pero el uso de la barbacoa quedó reducido a cierta clase de gente inferior. Se alumbran con lámparas corrientes o con lamparitas de hojalata, llamadas “jumeadoras”, o con jachos de pino o cuaba. El campesino adornaba su vivienda, generalmente con dos divisiones, con láminas y retratos recortados de los periódicos; en la sala tenían una mesita con un mantel, y encima vasos y tacitas de café, esmeradamente limpias.[19]
Al referirse a la forma tradicional en que se realizaba el matrimonio en la comunidad de San Juan de la Maguana a principios del siglo XX, Víctor Garrido, lo describe del siguiente modo:
Las familias se fundan por el matrimonio. Cuando dos jóvenes se dan palabra de cariño, los padres conciertan el enlace que, por lo general, se verifica cuando el mozo ha construido casa y conuco. Las nupcias son un verdadero acontecimiento. Son invitados todos los miembros de la familia y todos los amigos en muchas leguas a la redonda y ese día los desposados y sus acompañantes lucen sus mejores trajes y los caballos de más brío y renombre, galanamente enjaezados. Verificada la boda, en el pueblo, retoman al lugar de procedencia, y allí la noche transcurre entre libaciones, comilonas y baile. Pero predomina el amancebamiento. Es la forma de establecer familia socorrida por los que no pueden afrontar los gastos matrimoniales. En estos casos los padres y los galanes raptores se entienden familiarmente. Hay Don Juanes rurales que reparten su amor hasta en una docena de mancebas y que cuentan con descendencia ilegítima de cuarenta y más hijos. A decir verdad, en el país existe de hecho la poligamia.[20]
Al tiempo que habla del ritual del matrimonio tradicional, del amancebamiento y de la poligamia, Garrido describe la forma de trabajo colectivo que llevaban a cabo los campesinos de la Región del Valle de San Juan de la Maguana en los conucos o predios agrícolas, que se conoce tradicionalmente con el nombre de convite:
Para cercar sus tumbas (desmontes) y hacer la siembra y la recolección practican los principios cooperativos. El interesado invita a los vecinos y todos acuden, abandonando sus propias labores, a dar la ayuda solicitada que no tiene otra retribución que la abundante comida y el aguardiente que consumen durante el trabajo. Esas juntas toman el nombre de convite.[21]
Las prendas de vestir que usaban eran de fuerte azul y de listado, soletas, etc., principalmente en los días no feriados ni domingos. En los días festivos vestían dril o casimir, dejaban las soletas y usaban un par de zapatos. Esto significa que los campesinos consumían en el mercado urbano elementos como: vasos, tazas, zapatos, manteles, fuerte azul, dril, casimir, listado, platos, cubiertos de loza, cucharas, calderos, gas para lámparas jumeadoras, fósforos, etc. En cambio, todo lo demás era provisto por la naturaleza y transformado por la industria doméstico-rural, de gran riqueza entonces y de primera importancia en la vida campesina. En cuanto al consumo de sal y azúcar, el campesinado utilizaba la sal de Neiba y la raspadura. Ambos productos llegaban al mercado en recuas de animales. El acarreo proporcionaba un intercambio comercial entre las dos regiones, pues los neiberos regresaban a sus hogares con géneros adquiridos en el comercio de San Juan de la Maguana.[22]
Después de 1920, la economía campesina comenzaba a consolidar su vínculo con el mercado y su transformación lenta como productora de valores de cambio. Para que la producción de mercancías en el seno de sociedades agrarias se pueda dar, deberán ocurrir otros fenómenos que le son concomitantes, como que las zonas urbanas alcancen cierto desarrollo, la división del trabajo se haga presente, y el comercio y el mercado se amplíen. Estas condiciones comienzan a producirse a partir de los años 20.
Ya para esa fecha, la provincia de Azua, que comprendía el área oeste (San Juan de la Maguana y Elías Piña), hasta la frontera, tenía más de 10 mil 144 habitantes, el tercer lugar dentro de las 12 provincias del país para ese entonces; y la común de San Juan tenía más de 32 mil 011 habitantes, que representaba el 31.6% de la provincia de Azua y el 3.6% de la población total del país, que era de 894 mil 665 habitantes.[23]
A partir de 1920 hubo una significativa ampliación del comercio y el mercado debido al desarrollo del transporte hacia Azua, Barahona y otras provincias. Tradicionalmente las dificultades de comunicación terrestre habían sido un obstáculo para integrar el valle de San Juan de la Maguana a la circulación mercantil, a las que se agrega el hecho de que en dicha región no hubo históricamente presencia de compañías azucareras que le plantearan a ésta la necesidad de vínculos con el mercado mundial capitalista. Ello condujo a un aislamiento del centro del país que retardó, en comparación con otras regiones, su ampliación del mercado interior.
Después de llegar el primer vehículo de motor a la ciudad de San Juan de la Maguana, en 1918, los ayuntamientos de ésta y de Azua decidieron reparar la vía, que solamente tenía 15 kilómetros en condiciones aceptables, y terminar de construir el puente sobre el río Yaque del Sur, acción en la que influyeron los intereses comerciales, pues el cabildo de San Juan estaba bajo la influencia directa de éstos desde 1910 aproximadamente.
Para la misma época, el compadre y antiguo seguidor regional de Ulises Heureaux, general Wenceslao Ramírez, caudillo político de toda esa zona Suroeste, construyó el canal de Mijo, que se alimentaba de las aguas del río del mismo nombre, con el fin de regar sus tierras de Mijo, en donde tenía una gran hacienda agrícola y ganadera. En las dos primeras décadas del siglo XX, se intensificó la construcción de canales particulares de riego, construidos con capital-dinero privado, básicamente de comerciantes y de caudillos, entre ellos el hijo de Wenceslao Ramírez, el también general caudillista José del Carmen Ramírez (Carmito), quien, al igual que su padre, era entendido en riego y había hecho estudios de agrimensura en la capital del país a fines del siglo XIX.
2-Ámbito familiar en que nació y creció Olivorio Mateo
Tomando como base el contexto económico-social general y de la Región del Valle, se puede expresar que Olivorio Mateo Ledesma, popularmente conocido como Papá Liborio, nació en el paraje El Naranjo, de la sección Maguana Arriba, ubicada en la parte norte de la entonces común de San Juan de la Maguana, correspondiente a la provincia de Azua, en el año 1874, periodo en que gobernaba la República Dominicana el general Ignacio María González.
Olivorio Mateo Ledesma era hijo del señor Andrés Mateo y de la señora Sacarila Ledesma, una familia campesina que se dedicaba al cultivo de pequeños predios agrícolas propios o que trabajaban en calidad de jornaleros en las propiedades de grandes terratenientes de la zona, como la del general Wenceslao Ramírez.
El escritor sanjuanero Emigdio Osvaldo Garrido Puello, que conoció a Olivorio Mateo Ledesma, pero no comulgaba con sus ideales ni con sus prácticas mágico-religiosas o mesiánicas, lo describió en los siguientes términos:
Los antecedentes de Olivorio no podían hacer sospechar que en su figura inatractiva y estrafalaria se gestaba un futuro predestinado. Olivorio era bajetón, mulato oscuro, pelo crespo, frente amplia, barba y bigotes largos y descuidados y un peso aproximado de 175 libras. No sabía leer ni escribir. Era miembro de una familia muy numerosa, cuya cabeza visible era su hermano Carlito. Trabajaba como jornalero y usaba soleta. Como jornalero su especialidad era construir empalizadas. Le placía empinar el codo y proferir palabras groseras y subidas de color. Luego fue peón de Juan Samuel, un habilidoso cocolo que ejercía los oficios de brujo y curandero y que había aparecido por los campos de San Juan de la Maguana desde el año del 1907, seguido de un harén y amparado por la indiferencia de la época, propicia a las vulneraciones de la ley y la moral.[24]
La descripción un tanto prejuiciada que hace Garrido Puello de Olivorio Mateo es la de un campesino común y corriente, que provenía de una familia numerosa y muy pobre, que vivía de echar días. Este oficio estaba asociado principalmente a la construcción de empalizadas para la delimitación de fincas y a cercar territorios pertenecientes a sectores poderosos para la crianza de ganado, que, en la mayoría de los casos, obtenían de manera ilícita, valiéndose de su poder político, militar y económico. Sin embargo, otras personas que le conocieron físicamente y que no tenían ningún tipo de prejuicio ni animadversión hacia él, lo describen como un hombre carismático, obediente, de poco hablar y de rostro tierno, capaz de influir positivamente en los demás e incluso de sanar a los enfermos con su magnetismo y don de gente.
El escritor y patriota venezolano Horacio Blanco Fombona, quien luchó de manera sistemática contra la intervención militar norteamericana a la República Dominicana de 1916 y que fue expulsado del país por haber publicado en 1920 en la revista Letras una foto del patriota dominicano Cayo Báez con quemaduras en su cuerpo como señal de las torturas de que había sido víctima por parte del gobierno de ocupación estadounidense, describe al personaje Olivorio Mateo Ledesma de este modo:
Negro, al parecer de pura raza, sin estar contaminado de blanco ni de indio; feo como un ídolo azteca; más bien alto; ancho el tórax; los músculos desarrollados; enjuto de carnes; la boca anchísima; el belfo carnoso; los ojos muy cargados de fluido magnético dejaban ver grandes porciones rojizas en la parte blanca; un pañuelo de Madrás, rojo y blanco, o como se diría en México, un paliacate, cubriendo la cabeza que por aquí y allá dejaba escapar las vedijas, y, permanentemente, una pipa en la boca. Recorría los caminos siempre a caballo; pocos le habían visto a pie fuera de su vecindario, que era como la prolongación de su casa. Tenía un dominio extraordinario sobre los habitantes de su ínsula. Como guerrillero, en más de una revuelta probó su valentía. Mas ya ningún político contaba con él, porque nadie le hacía abandonar su región y, dentro de ella, no soportaba autoridad de ninguna clase. Él se bastaba para el gobierno de su extensa, aunque poco habitada ínsula.[25]
Blanco Fombona resalta que Olivorio Mateo era un dios negro, feo, alto, ancho de pecho, de fuerte musculatura, flaco, de boca ancha y labios carnosos, con ojos expresivos que hechizaban o hipnotizaban a quienes trataba, en los cuales se podían observar porciones rojizas dentro de la esclerótica del ojo. De igual manera, destaca que usaba un pañuelo rojo y blanco, aunque por los lados les salían mechones de cabellos, siempre tenía una pipa o cachimbo en la boca, recorría los caminos a caballo y muy pocas veces andaba a pie fuera de su comarca, a cuyos habitantes conocía y le daba siempre un trato cordial.
Además de cultivar su propio conuco, Olivorio Mateo se dedicó por varios años a echar días en otras fincas en su condición de jornalero u obrero agrícola, ya fuese trabajando en las tierras de algunos potentados o terratenientes de la región o construyendo empalizadas o cercas de alambres de púa para la crianza de ganado vacuno y caballar, ya que esta zona de la región sur es una de la más fértil, donde los pastizales se producen con una calidad y un verdor inigualables.
Este oficio de constructor de empalizadas que llevaba a cabo Olivorio revela que ya en el Valle de San Juan desde finales del siglo XIX se había iniciado el proceso de partición y deslinde de los terrenos comuneros que por siglos habían prevalecido en las diferentes regiones del país. Ese proceso fue impulsado por caudillos militares y políticos, como los generales Wenceslao Ramírez y José del Carmen Ramírez, los cuales inicialmente estuvieron vinculados al régimen dictatorial del Ulises Heureaux (Lilís) y luego a otros gobiernos de la postdictadura. Estos se apropiaron de inmensas cantidades de tierra en el Valle de San Juan, valiéndose este último primero de su calidad de agrimensor y luego de su condición de general, quien al realizar las mensuras catastrales engañaba a los campesinos o les cobraba sus servicios con la entrega de grandes extensiones de tierras.
Esto significa que Olivorio Mateo y su extensa familia eran campesinos muy pobres que tenían que trabajar sus propias tierras y las tierras ajenas para llevar el pan nuestro de cada día a su casa. Esto, junto a la realidad económico-social que existía en el Valle de San Juan de la Maguana a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, a la descripción que hacen tanto Emigdio Garrido Puello como Horacio Blanco Fombona en torno al dios mesiánico de la Maguana, de que usaba soleta, un pañuelo en la cabeza, un cachimbo en la boca, analfabeto, jornalero y que había sido peón del cocolo Juan Samuel, quien tras su aparición en 1907 por los campos de San Juan le había enseñado el oficio de brujo y el arte de curar a los enfermos, proporciona el cuadro completo del contexto social y familiar en que emergió y se desenvolvió este místico personaje de la Región del Valle, conocido indistintamente como Olivorio Mateo o Papá Liborio.
3-Momento en que emergió el liderazgo de Olivorio Mateo
Hacia 1907, Olivorio estaba trabajando en la propiedad de María Olegaria Casco, ex esposa del general Wenceslao Ramírez, quien de vez en cuando enviaba a alguien para que la ayudara en su conuco. María era dueña de una pulpería situada en la carretera que conducía a Azua y a su activo puerto Tortuguero, a unos 70 km al sur de San Juan de la Maguana. Como era la última pulpería que los viajeros podían encontrar antes de llegar a San Juan, era una parada casi obligada si alguien antes de entrar a esta ciudad quería enterarse de los últimos sucesos.
En una ocasión Olivorio estaba sembrando cebollín en el conuco de María Olegaria y al terminar el trabajo se fue a tomar un trago en la pulpería. Allí su atención fue atraída por un tipo misterioso -procedente de Azua-, un tal Juan Samuel, quien era un buhonero que vendía diferentes tipos de baratijas, telas, aguas curativas, oraciones y literatura de religiosa popular. Juan Samuel era un hombre inteligente que sabía leer, escribir y cómo impresionar a sus nuevos conocidos.
El nuevo amigo de Olivorio era una de esas personas “vividoras” o que vivían de los demás. Juan Samuel conocía diferentes trucos para engañar a la gente mediante la combinación de los papeles de mago, curandero y predicador. Este hombre fascinó a Olivorio y cuando Juan Samuel compró una propiedad en Acerito -un campo a pocos kilómetros de su casa de Maguana Arriba-, le ofreció sus servicios y le ayudó a cultivarlo, según refirió José del Carmen Ramírez Fernández (Mimicito), hijo del general José del Carmen Ramírez (Carmito) en una entrevista realizada el 14 de diciembre de 1985 en San Juan por parte de los investigadores suecos Jan Lundius y Mats Lundahl.[26]
El liderazgo mesiánico de Papá Liborio surgió en el verano del año 1908, momento en que el gobierno anti caudillista del presidente Ramón Cáceres estaba en pleno proceso de consolidación y enfrentando los brotes caudillistas regionales con la denominada Guardia Republicana, mejor conocida como la Guardia de Mon.
El 27 de septiembre del 1908 un huracán impactó directamente y de frente la Península Barahona, afectando fuertemente toda la costa occidental y el centro de la isla de Santo Domingo, donde estaba ubicada la común de San Juan de la Maguana, perteneciente a la provincia de Azua. De acuerdo con la tradición popular, la conversión del jornalero Olivorio Mateo en un enviado de Dios o en el dios de la Región del Valle se produjo cuando este desapareció en medio de esa poderosa tormenta que azotó al municipio de San Juan de la Maguana con varios días de intensas lluvias que hicieron que los ríos y las cañadas se desbordaran.
Después de una infructuosa búsqueda, a Olivorio lo dieron por muerto e iniciaron el tradicional novenario, con que los habitantes de los campos dominicanos despedían a sus difuntos. Sucedió entonces que, durante el último día de su novenario, Liborio regresó sorpresivamente a Maguana Arriba. “Yo vengo de muy lejos”, habría respondido Olivorio a la gente que lo interrogaba sobre su paradero durante sus días de misteriosa ausencia. En esa ocasión –según la tradición popular- Liborio narró que un ángel montado en un caballo grande lo condujo al cielo ante Dios, quien lo ungió con poderes divinos. Desde entonces, Liborio se convirtió en el hombre más famoso de toda la región, y San Juan se convirtió en un centro de peregrinaje al que acudía gente de diferentes lugares del país, lo mismo que de la vecina República de Haití.
Sin embargo, Emigdio Garrido Puello es del parecer que la conversión de Liborio Mateo en “un dios” fue responsabilidad principal de un misterioso personaje llamado Juan Samuel, supuestamente oriundo de la isla de Guadalupe, en las Antillas Menores. De este modo lo expresa Garrido Puello:
Juan Samuel asistió, quizás como padre espiritual, al nacimiento del ‘olivorismo’. Le dio aliento y ayudó en la organización de sus prácticas; pero cuando Olivorio se vio enredado en las mallas de la justicia, se esfumó como recuerdo. En Olivorio fructificaron sus enseñanzas, se incubó una herejía y brotó, surgido de las tenebrosas sombras de la ignorancia, un dios espurio y barrigón. Juan Samuel, a escondidas de Olivorio, cobraba por las curas que éste hacía.[27]
Olivorio se estableció en su pueblo natal, ahora como curandero y rápidamente la gente comenzó a congregarse a su alrededor. Los tiempos eran en verdad favorables para los hacedores de milagros. Entre los campesinos de San Juan prevalecía un ánimo apocalíptico. Extraños presagios eran interpretados como signos de la llegada del día del juicio final. El tiempo se comportaba de manera inestable. Inundaciones y sequías se sucedían a intervalos irregulares. Además, la aparición del cometa Halley trasmitió un gran miedo entre la población campesina, bajo la influencia de Juan Samuel -quien permaneció con su discípulo, aún después que éste se había convertido en profeta y mensajero divino-.
Olivorio se apoderó de los sentimientos de los campesinos: se acercaba el fin del mundo. El manifestaba una fuerte convicción de que sus días estaban contados y con frecuencia predecía su propia muerte:
“Viva en la fe de Jesucristo y María Santísima. Me voy porque Olivorio está cansado. Ayúdame a tomar mi trago porque ya me voy”[28]. “Pero fíjense bien en mí porque ustedes van a recordarme. Al final van a matarme. Todos ustedes van a entregarme”[29]. “El también predijo que muchos signos van a convencer a los incrédulos de la verdad de mi misión. Y los signos se dieron.[30]
Los olivoristas hacen referencia a las tres desgracias anunciadas por Olivorio, desgracias acaecidas a continuación de la persecución desatada por las autoridades de San Juan de la Maguana o de Azua, cabecera de la provincia, en su contra, a saber: la aparición del cometa Halley en 1910, el terremoto de San Bruno en 1911, y la guerra civil de 1912.
3.1. El Cometa Halley
La primera prueba que experimentaron los habitantes del Valle de San Juan de la Maguana con respecto a las profecías de Olivorio Mateo fue la aparición del cometa Halley, el cual se hizo visible por más de cinco meses desde las 4:30 de la madrugada del 18 de mayo de 1910. Este augurio ocasionó temor y desesperación entre los campesinos, ya que circularon los rumores de que la cola del cometa aniquilaría toda clase de vida en el planeta tierra. La comunidad científica identificó una sustancia llamada cyanogen, que, en combinación con determinadas sales podría convertirse en cianuro, lo que constituiría un poderoso veneno en la cola del cometa que impregnaría la atmósfera de la tierra acabando, posiblemente, con toda la vida en el planeta.
Una mujer de Maguana Arriba murió cuando apareció el cometa Halley, los campesinos del Valle de San Juan organizaron rosarios, confesaban públicamente sus pecados, todos se hincaron pidiendo perdón al altísimo y gritaban que se acercaba el fin del mundo, mientras que las viejas devotas del rosario cantaban incesantemente en honor a la Virgen de las Mercedes, en su calidad de Madre Soberana. Posteriormente, el cometa se fue reduciendo en tamaño hasta que finalmente desapareció. Olivorio había predicho su llegada y en una vieja décima se muestran las preocupaciones y tensiones que se centraron alrededor de Olivorio en esos días:
Si mentamos al Santo
nos prende la Ley
Líbranos, Señor
del Cometa Halley.
Ya Papá Olivorio
compró escopeta
apuntó pá el cielo
y tumbó el Cometa.[31]
Para los seguidores de Olivorio Mateo la aparición del cometa Halley en 1910 fue un signo de la ira divina, debido a que en 1909 este había sido citado a comparecer por ante la justicia. Los primeros reportajes de las actividades de Olivorio aparecieron en la prensa dominicana en 1909, ocasión en que el Dr. Alejandro Cabral, médico del hacendado Wenceslao Ramírez, envió una fotografía de Olivorio y Juan Samuel a varios periódicos dominicanos acompañada de ciertas advertencias sobre las posibles consecuencias de la supuesta práctica ilegal de la medicina que ambos realizaban.
En uno de estos artículos, que estaba calzado con la firma de Antonio Hoepelman,[32] se indicaba que la semana anterior había más de 2,500 almas en peregrinación hacia La Maguana, ya que la fama de Olivorio se había expandido rápidamente por toda la región y el país. Aparentemente la acción emprendida por el Dr. Cabral pudo estar motivada por la atención que había concitado la citación legal que le hicieron a Olivorio ese mismo año. Olivorio había sido acusado de practicar la medicina de forma ilegal. Sin embargo, fue absuelto por el juzgado, ya que él expresó que no cobraba nada por los servicios prestados, no administraba yerba o bebida alguna a sus pacientes, sino que únicamente usaba sus manos para curar. Un testigo del juicio que a la fecha era un muchacho de doce años, recuerda que:
Le trajeron a Olivorio del alto de la loma porque el alcalde quería interrogarlo. La alcaldía estaba frente a mi casa, era fácil atravesar la calle a verlo. Chichí Batista, quien era alcalde en el momento preguntó a Olivorio: ¿Quién es usted? respondió: Yo no soy nada. Soy un hombre a quien la gente va. Pero yo no soy nada. Hablaba como un campesino, lleno de reserva. Chichí estaba convencido de su inofensividad y le pusieron en libertad.[33]
Después de este exitoso juicio, la gente comenzó a reunirse masivamente alrededor del dios Olivorio Mateo, ya que su fama trascendió a toda la Región del Valle y a toda la República Dominicana.
3.2. El terremoto de San Bruno
Olivorio Mateo también había anunciado la ocurrencia de un gran terremoto que iba a estremecer todos los lugares del Valle de San Juan. Efectivamente, el 6 de octubre de 1911, día de San Bruno, a las 5:30 de la madrugada un sismo sacudió toda la Región del Valle y la tierra se movía cada diez minutos. Los temblores de tierra continuaron de forma intermitente durante tres días. Muchos árboles sucumbieron, pues sus raíces se dañaron sin posibilidad de restaurarse. El pánico cundió entre los habitantes de San Juan de la Maguana. Los dos únicos edificios de mampostería de la ciudad, la iglesia y la casa de un tal Juan Rodríguez, se desplomaron, levantando una nube de polvo que cubrió toda la ciudad.
La tierra se mantuvo moviéndose por el resto del año. Al más ligero movimiento el pueblo se lanzaba a la calle, se golpeaba el pecho pidiendo misericordia al Señor. Las creencias sobre el inminente fin del mundo llenaron de pánico a los sanjuaneros y la intensidad del miedo creció cuando inesperadamente las aguas del río San juan se tiñeron de blanco como la leche, probablemente debido a algún deslizamiento de roca caliza en las laderas de las montañas.
Para los olivoristas el terremoto de San Bruno fue la respuesta de Dios a los juicios y sufrimientos que El Maestro tuvo que aguantar durante el año de gracia de 1910. Cuando Olivorio fue descargado de las acusaciones levantadas contra él en 1909, las autoridades comenzaron a perseguir a sus seguidores y a desacreditar su movimiento.
La prensa dominicana da cuenta de varios incidentes, el más famoso de ellos fue el de unas fiestas de nudismo en Las Matas de Palma. Un hombre llamado Pedro Sánchez, que se decía enviado de Olivorio, fue acusado de inducir a un grupo de olivoristas a desvestirse completamente durante una ceremonia. Todos los participantes en el acto fueron sometidos a la acción de la justicia.
Dos meses antes, El Tiempo había publicado la historia de cómo una señora había sido aconsejada a exhumar a uno de sus hijos fallecidos y llevarle un pedazo de la ropa del cadáver a Olivorio para poder curarla de su enfermedad. La reseña periodística concluye con el sermón de que nuevas crueldades podían ser esperadas desde el asiento de Olivorio, donde se encontraban personas de todos los pueblos de la República Dominicana y numerosos haitianos leprosos.[34]
Las autoridades de San Juan de la Maguana se encontraban bajo la presión de la opinión pública para que actuaran contra los vergonzosos actos que supuestamente acontecían en La Maguana. Uno de los hijos de Wenceslao Ramírez, llamado Juan de Dios Ramírez (Juanico), que era el jefe comunal de San Juan, responsable de la guardia municipal, ordenó la captura de Olivorio. Se envió a un grupo de hombres armados a La Maguana y Olivorio se dejó capturar sin hacer resistencia. Pero en el camino hacia San Juan de la Maguana fueron asaltados por un grupo de olivoristas armados, constituido por más de doscientos hombres, produciéndose una fiera batalla entre ellos. Uno de los representantes de las autoridades resultó herido y murieron dos de los olivoristas, pero los atacantes lograron liberar a Olivorio.[35] Se enviaron otras expediciones armadas a las montañas a perseguir al Maestro y sus hombres. Una semana después del ataque, El Diario de Santiago reportó que cien de los fanáticos de San Juan que rescataron al Dios Olivorio se habían entregado a las autoridades, pero que todavía los otros cien continuaban al lado de su ídolo.[36]
El incidente puso en aprietos a la familia Ramírez, pues todo el mundo conocía de las relaciones de Olivorio con esta poderosa familia y circularon rumores de que Juanico Ramírez había utilizado tácticas equivocadas a propósito. Las cosas llegaron a tal punto que tuvo que intervenir el más arrojado de los hijos de Wenceslao Ramírez, el general José del Carmen Ramírez (Carmito), para salvar el honor de la familia, quien expresara: “si se me escapa, creeré en la divinidad de Olivorio”. Con la ayuda de un grupo de hombres disfrazados de campesinos infiltró el escondite de Olivorio y atrayéndolo hasta San Juan de la Maguana, fue hecho preso por el hermano de Carmito, Juanico Ramírez. Al siguiente día, antes de que amaneciese, Olivorio había sido llevado a marcha forzada a Azua, antes de que los olivoristas cayesen en la cuenta de que su líder había sido capturado una vez más.[37]
También en Azua, Olivorio se convirtió en una celebridad. Existía una gran tensión política entre la ciudad de Azua, con su próspero puerto, y los poderosos rancheros del Valle de San Juan. Estos últimos se oponían a estar sometidos a las autoridades provinciales de Azua quienes, a su vez, no veían nada malo en humillar a los sanjuaneros más destacados. El gobernador de la provincia de Azua, Túbano Mesa, era muy impopular en San Juan de la Maguana. Por tanto, puesto que Olivorio había sido capturado por las autoridades sanjuaneras, era muy natural que los azuanos le diesen un trato muy complaciente. El abogado de la defensa, Manuel de Jesús Bidó, logró fácilmente poner en libertad a Olivorio. No obstante, éste permaneció por un tiempo en Azua recibiendo tanto a los impetrantes como a los curiosos del pueblo.[38]
Después de un tiempo, Olivorio Mateo decidió regresar a San Juan de la Maguana, donde fue recibido como un triunfador. En las afueras de San Juan fue aclamado por una jubilosa muchedumbre. Más de mil hombres, mujeres y niños, muchos a caballo, le dieron la bienvenida y lo escoltaron hasta La Maguana. Con el descargo de Azua, aumentó la dignidad de Olivorio y se convirtió en el héroe de la mayor parte de los campesinos pobres: El Maestro, Dios Olivorio o Papá Liborio. Sin embargo, no todo el mundo estaba de acuerdo con su triunfo. Olivorio encontró oposición en varios frentes y procedió a castigar a sus enemigos. Se cuenta que provocó el terremoto de San Bruno como una forma de castigar a los incrédulos.
En varias ocasiones, los sacerdotes de San Juan de la Maguana subían a La Maguana a celebrar misa en la ermita que los olivoristas habían construido. Estas visitas eran beneficiosas para los sacerdotes, ya que los olivoristas eran profundamente dadivosos. Así, cuando uno de los sacerdotes, un padre de apellido Rodríguez, fue a celebrar la misa, Olivorio ordenó a sus seguidores poner sus ofrendas en los pañuelos que había regado por el suelo. Los pañuelos fueron llenados con regalos, amarrados y entregados al sacerdote. Mientras el padre Rodríguez gozaba de sus ofrendas, Olivorio entró en la ermita y retornó con un cuadro de Cristo en sus manos y dijo a los presentes: mis enemigos que se presenten. Después de esta proclama la tierra tembló. Además, cuando sucedió el temblor de San Bruno, la gente recordó las palabras que él había dicho a otro sacerdote, al canónigo Benito Piña: “Padre, su casa se caerá”, lo que relacionaban con la destrucción de la iglesia de San Juan de la Maguana, causada por las desenfrenadas fuerzas de la naturaleza[39].
3.3. La guerra civil de 1912
La posición de Olivorio se había consolidado bastante, pero todavía encontraba gran rechazo y recelo en la oligarquía de San Juan y en el gobierno central de Santo Domingo, que no toleraba la existencia de un grupo independiente y armado como el que se había formado alrededor de Olivorio. La persecución contra los olivoristas, aprobada oficialmente, se intensificó en 1911. Y de cuando en cuando crónicas periodísticas consignan arrestos de seguidores de Olivorio.[40]
Pero el tiempo favorecía a Olivorio. La tercera calamidad que sobrevino en el Valle de San Juan fue la guerra civil de 1912 que obligó a la oligarquía no sólo a pactar una tregua con él sino a convertirlo en su aliado. Esta acogida fue la prueba final que recibieron sus seguidores para confirmar que él era una persona a quien Dios le había dado una misión qué cumplir.
Las causas de la guerra estaban relacionadas con que los caudillos locales vieron sus poderes reducidos por las acciones del gobierno de Eladio Victoria, quien en realidad estaba totalmente bajo el control de su joven sobrino, General Alfredo Victoria, Comandante en Jefe del Ejército. La situación vino a complicarse más con las luchas de los viejos partidos que reaparecieron después del asesinato del fuerte y autócrata presidente, Ramón Cáceres, ocurrido el 19 de noviembre de 1911.
Por otro lado, los norteamericanos habían incrementado su influencia en los asuntos dominicanos durante el gobierno de Cáceres y estaban renuentes a perderla. Muchos de los caudillos, que eran relativamente independientes, sentían que detrás del gobierno central estaba de forma solapada la presencia impopular de los norteamericanos, la cual rechazaban.
La influyente familia Ramírez, en un intento por derrocar al gobierno, unió sus fuerzas a las del general Luis Felipe Vidal e iniciaron una rebelión en el Valle de San Juan, en una operación que incluyó, además, a los caudillos cibaeños. Los insurgentes rápidamente lograron el apoyo de sectores campesinos, creando un amplio ejército para marchar sobre la Capital. Pero la resistencia que ofrecieron las tropas gubernamentales fue más fuerte que la que los rebeldes habían calculado. El resultado de este error de cálculo devino en una de las más violentas guerras civiles que se hayan conocido en la República Dominicana. La lucha se expandió a todo el territorio nacional. Prisioneros políticos fueron ejecutados por el gobierno. La sangre se derramó en los valles del Cibao y San Juan y se perdieron muchas vidas.[41]
Olivorio y sus seguidores se vieron muy pronto envueltos en esta guerra. Manuel de Jesús Rodríguez Barona, comandante de las tropas gubernamentales acampadas en San Juan de la Maguana, permaneció leal al gobierno, y desde antes de que comenzara la guerra subió a las montañas a asegurar el apoyo de Olivorio y sus hombres. Para su sorpresa se enteró que la familia Ramírez ya había comenzado a complotar contra el gobierno y se le habían adelantado en su visita a Olivorio. “Lo siento, pero usted viene tarde, ya di mi palabra al General Wenceslao Ramírez y me mantengo leal a él y a su gente”, le dijo Olivorio al comandante Manuel de Jesús Rodríguez Barona.[42]
En el transcurso de la guerra civil, Olivorio aumentó su prestigio y poder. Era un hecho bien conocido que mucho antes de comenzar la guerra, Olivorio estaba ya en disputa con las tropas gubernamentales, o, mejor dicho, las tropas le perseguían tanto a él como a sus hombres, los que no solían entablar encuentros si no eran provocados. El gobernador provincial de Azua se vio forzado entonces a actuar con las armas. En contradicción a lo aconsejado por los Ramírez, el santuario de Olivorio en La Maguana fue asaltado y destruido. Olivorio y sus seguidores huyeron a El Naranjo, situado más alto en la montaña, cuyo acceso era más fácil de defender. Con El Maestro se quedó la parte más firme de su movimiento, los que empezaron a armarse considerablemente en comparación a como estaban anteriormente.[43]
En junio de 1912 Olivorio apareció sorpresivamente en San Juan de la Maguana buscando negociar con las autoridades. La prensa reportó el hecho de la siguiente manera:
Hacía más de dos años que el Dios Olivorio andaba errante con gente por los campos de San Juan y el día 4 se presentó con 80 hombres a las autoridades del Gobierno. El Dios Olivorio manifestó deseos de contribuir al definitivo establecimiento de la paz.[44]
Sin embargo, Olivorio no unió sus fuerzas a las del gobierno y lo más probable es que haya luchado junto a las de Ramírez y otros grupos insurgentes cuando éstos tomaron San Juan de la Maguana el 24 de agosto. Los generales rebeldes le suministraban armas y provisiones a Olivorio, pero recibían muy poco a cambio. Los olivoristas demostraron ser muy malos combatientes. En el campamento ellos se presentaban con colores llamativos, ropas pintorescas, pero, a la hora de la lucha preferían la retaguardia.[45] La visión táctica de Olivorio la retrata con gran acierto Mayobanex Rodríguez, hijo del comandante de San Juan de la Maguana, Rodríguez Barona:
Era listo. Solamente quería las armas. Eran lo único seguro para un hombre como Olivorio. Teniendo armas, la gente le dejaba en paz. Era un hombre pacífico, nunca amenazó al resto de la comunidad.[46]
Cuando la guerra civil terminó, Olivorio fue dejado tranquilo. Aprovechó la oportunidad para crear una comunidad que era casi totalmente autosuficiente. Una vez más, masas de campesinos pobres se congregaban a su alrededor en busca de seguridad, consejo o alivio para sus penas y enfermedades. No fue hasta la ocupación del país por las fuerzas de la Infantería de Marina de los Estados Unidos -los Marines- cuando Olivorio volvió a tomar las armas, esta vez llevando la vida de guerrillero, perseguido por los aislados valles, por las elevadas montañas y por las sinuosas cuevas de la Cordillera Central.
[1] Paulino Ramos, Alejandro: Censos Municipales del Siglo XIX y Otras Estadísticas de Población. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2008, pp. 21-23.
[2] Abad, José Ramón. Reseña general geográfico-estadística de la República Dominicana, Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1993, pp. 92-93.
[3] Rodríguez Demorizi, Emilio. Relaciones geográficas de Santo Domingo. Vol. I. Santo Domingo: Academia Dominicana de la Historia, 1978, p. 261.
[4] Moreta, Ángel. Capitalismo y descampesinización en el Suroeste dominicano. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2009, p. 41.
[5] Ibidem.
[6] Ibidem.
[7] Ibidem.
[8] Rodríguez Demorizi, Emilio. Papeles de Pedro Francisco Bonó. Santo Domingo: Academia Dominicana de la Historia, 1964, p. 115.
[9] Abad, José Ramón. Reseña general geográfico-estadística de la República Dominicana. Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos,1993, pp. 41-42.
[10] Moreta, Ángel. Capitalismo y descampesinización en el Suroeste dominicano. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2009, p. 54.
[11] Ibidem, p. 55.
[12] Ibidem, pp. 55-56.
[13] Ibidem, p. 60.
[14] Valenzuela, Edgar (Editor). Perlas de las plumas de los Garridos. Víctor Garrido: “Común de San Juan (Situación, historia, raza, carácter, religión, fiestas, costumbres, industriales, lenguaje, etc.)”. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2009, p. 281.
[15] Moreta, Ángel. Capitalismo y descampesinización en el Suroeste dominicano. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2009, p. 62.
[16] Ibidem, pp. 62-63.
[17] Ibidem, pp. 63-64.
[18] Valenzuela, Edgar (Editor). Perlas de las plumas de los Garridos. Emigdio Osvaldo Garrido Puello: Olivorio. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2009, pp. 284.
[19] Ibidem, p. 285.
[20] Ibidem.
[21] Ibidem.
[22] Moreta, Ángel. Capitalismo y descampesinización en el Suroeste dominicano. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2009, p. 65.
[23] Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Censo Nacional de 1920. Santo Domingo: Editora de la UASD, 1975. P. 143.
[24] Valenzuela, Edgar (Editor). Perlas de las plumas de los Garridos. Emigdio Osvaldo Garrido Puello: Olivorio. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2009, p. 79.
[25] Blanco Fombona, Horacio. Crímenes del Imperialismo Norteamericano. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2018, p. 73.
[26] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Santo Domingo: Estudios Sociales Año XXII, Número 76, Abril- Junio 1989, pp. 8-9.
[27] Valenzuela, Edgar (Editor). Perlas de las plumas de los Garridos. Emigdio Osvaldo Garrido Puello: Olivorio. Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2009, p. 79.
[28] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Santo Domingo: Estudios Sociales Año XXII, Número 76, abril- junio 1989, p. 10. Entrevista realizada a Julián Ramos, 16 de enero de 1986.
[29] Ibidem. Entrevista realizada a Javier Jovino, Río Limpio, 30 de marzo de 1986.
[30] Ibidem, p. 11. Entrevista realizada a León Romilio Ventura Rodríguez, Media Luna, 17 de enero de 1986.
[31] Garrido Puello, Emigdio. Olivorio. Un ensayo histórico. Santo Domingo: Librería Dominicana, 1963, pp. 59-61.
[32] Hoepelman, Antonio. Revista Blanco y Negro No. 42, Santo Domingo: 4 de julio de 1909.
[33] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Santo Domingo: Estudios Sociales Año XXII, Número 76, abril-junio 1989, pp 12-13. Entrevista con Maximiliano Rodríguez Piña, Santo Domingo, 23 de abril de 1986.
[34] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Santo Domingo: Estudios Sociales Año XXII, Número 76, abril-junio 1989, pág. 13; Listín Diario, 11 de junio, 13 de junio y 27 de junio de 1910; El Tiempo, 2 de abril y 11 de junio de 1910.
[35] Ibidem, págs.14; Listín Diario, 25 de julio de 1910.
[36] Ibidem; El Diario, 4 de agosto de 1910.
[37] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Santo Domingo: Estudios Sociales Año XXII, Número 76, abril-junio 1989, p. 14. Entrevista con Atala Cabral Ramírez (Doña Tala). Santo Domingo, 21 de noviembre de 1985.
[38] Garrido Puello, Emigdio. Olivorio. Un ensayo histórico. Santo Domingo: Librería Dominicana, 1963, pág. 27.
[39] Ibidem.
[40] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Santo Domingo: Estudios Sociales Año XXII, Número 76, abril-junio 1989, págs.15; Listín Diario, 17 de mayo de 1911, reporta que un supuesto criminal azuano y seguidor de Olivorio Mateo llamado Moreno Bueno ha sido capturado por las autoridades; y El Diario, 16 de octubre de 1911 nombra a diez personas conocidas por haber estado andando con el Dios Olivorio que habían sido tomadas prisioneras en San Juan de la Maguana.
[41] Moya Pons, Frank. Manual de Historia Dominicana. Santiago de los Caballeros: UCMM, p. 458.
[42] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Santo Domingo: Estudios Sociales Año XXII, Número 76, abril-junio 1989, p.16. Entrevista con Mayobanex Rodríguez, San Juan de la Maguana, 12 de diciembre de 1985. Mayobanex es hijo de Manuel de Jesús Rodríguez Barona.
[43]Garrido Puello, Emigdio. Olivorio. Un ensayo histórico. Santo Domingo: Librería Dominicana, 1963, pp. 30-31.
[44] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Santo Domingo: Estudios Sociales Año XXII, Número 76, abril-junio 1989, p.17. El Diario, 9 de julio de 1912.
[45] Garrido, Víctor. En la ruta de mi vida, 1886-1966. Santo Domingo: Impresora Arte y Cine, 1970, pp. 32-33.
[46] Lundius, Jan y Lundahl, Mats. “Olivorio Mateo: Vida y muerte de un dios campesino”. Santo Domingo: Estudios Sociales Año XXII, Número 76, abril-junio 1989, p.17. Entrevista con Mayobanex Rodríguez, San Juan de la Maguana, 12 de diciembre de 1985.
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