En el vestíbulo del hotel Kimpton Las Mercedes, entre la concurrida audiencia saliente del Festival Mar de Palabras, encontré a Maridic Ramírez. Afuera, por la estrecha calle de trazo colonial, el bullicio de los autos ponían fin a la ensoñación literaria.

—Querida mía, cuánto debemos agradecer a Minerva y a Yulissa —fue su saludo y, casi al mismo tiempo, su despedida. Durante unos breves minutos comentamos la jornada, hasta que una bocina conocida me apartó de la conversación y me condujo de regreso a casa.

Maridic, a quien llevo en mis afectos desde finales de los años noventa, es una mujer serena, lúcida y dueña de una inteligencia que no necesita imponerse. Lectora avezada, como otras integrantes de Tertulia Urbana, nuestra sala de lectura, me compartió sabias reflexiones.

En el trayecto de regreso por la parte moderna de la ciudad, su hilacion de ideas, dicción perfecta y sofisticadas maneras, propias de dominicanas republicanas, me recordaron un diálogo de Espectros (1881), de Henrik Ibsen.

El antológico intercambio ocurre entre el pastor Manders y Elena Alving. Al visitar a la viuda Alving a su casa, el pastor descubre libros sobre una mesa y, sorprendido, la interpela. Elena le contesta:

“Los leo yo. Contribuyen a darme más confianza en mí misma. Descubro en estos libros la confirmación de cosas que medito, recogida en mis adentros. Y lo asombroso del caso es que nada nuevo encierran estos libros: solo contienen lo que piensan y creen los hombres en su mayoría. Solo que los más no se dan cuenta de esas cosas o no quieren desentrañarlas”.

Al Festival Literario Mar de Palabras, organizado por Minerva del Risco y Yulissa Álvarez Caro, asistió un colectivo de clubes de lectura integrado por el arquetipo del mujer ibseniana que piensa, lee y duda, como acto de reivindicación a su libertad interior.

Desde hace cinco años, estos encuentros con mujeres lectoras —y algunos caballeros— han renovado mi espíritu. En Mar de Palabras confirmé que en el país existen otros grupos semejantes al nuestro: espacios de lectura y diálogo con profundo sentido humanista.

A Ibsen llegué por la lectura del diario de un joven integrante de una célebre sala de lectura de la historia dominicana: el salón Goncourt, organizado por Leonor y Clementina Feltz a inicios del siglo XX, en su casa, a pocos metros de la sede de Mar de Palabras.

El contertulio, de catorce años, apuntaba en sus memorias a los veintiséis:

“Pero lo que vino a dar carácter a aquellas reuniones y aquellas lecturas fue el descubrimiento (sí, para nosotros no fue otra cosa) de Ibsen. Una estupenda sensación de asombro causó en nosotros la lectura de Espectros, seguida de Casa de muñecas y Hedda Gabler… Esta era, en verdad, una revelación de la vida moderna; esta clase de humanidad era la que me parecía reconocer, y no me explicaba entonces cómo había quien encontrase raros estos dramas: ¡cuando yo conocía más de una Elena Alving…!

Mar de Palabras y sus autores invitados nos permiten reconocernos como una comunidad de lectoras capaz de lograr cambios. Minerva y Yulissa, a quienes bautizo con admiración como las nuevas Feltz, poseen “sagacidad crítica y percepción delicada”, como asentaba el joven lector acerca de Leonor, su tutora.

Ella influyó en el gusto literario de aquel grupo de lectores y, en particular, en el de dos hermanos de catorce y doce años que acudían diariamente a su casa para leer y discutir los textos: Pedro y Max Henríquez Ureña.

Minerva del Risco, presidenta de la Fundación René del Risco Bermúdez.

Las lecturas del “saloncito Goncourt”, un portal íntimo de los albores del siglo XX dominicano, no pasaron al olvido, gracias a las memorias por los hermanos intelectuales. Pedro llamó “días alcióneos” a su despertar intelectual en el seno de ese hogar.

Las creadoras de Mar de Palabras —junto a Claudia Neira Bermúdez, María Helena Hernández, Yinette Santelises, Aidita Selmán y otros colaboradores, entre ellos Daniel Mordzinski, el fotógrafo de los escritores— nos guían, con sólida cultura y tenacidad administrativa, en la interpretación literaria y nos reúnen con autores escogidos con “el más elevado gusto”, como decía Pedro sobre Leonor Feltz.

El evento culminó dejándonos un catálogo de obras para nuestras salas de lectura y el recuerdo de unos escritores mezclados entre nosotras con humildad y alegría. En las páginas de sus libros, como Elena Alving, encontraremos confirmación de nuestras meditaciones; a diferencia del solitario personaje de “Espectros”, hacemos la travesía juntas, equipadas de esperanza.

Y al fin doy respuesta, por escrito, a mi dilecta amiga Maridic, como hizo Pedro, con estos apuntes para mis memorias sobre el festival:

Leonor y Clementina Feltz acompañaron la formación literaria de los hijos adolescentes de Salomé Ureña tras su temprana muerte. En este nuevo siglo dominicano, Minerva del Risco y Yulissa Álvarez Caro reabren el diálogo literario y crítico. Las mujeres lectoras hemos de acoger en nuestras salas a jóvenes capaces de imaginar otros mundos posibles.

Nos reencontraremos en el antiguo portón cochero de la Zona Colonial de Santo Domingo y navegaremos, capitaneadas por Minerva y Yulissa, por un Mar de Palabras.

Angélica Noboa Pagán

Abogada

Socia de la firma de abogados Russin, Vecchi & Heredia Bonetti con práctica en las áreas de Comercio Exterior, Competencia, Telecomunicaciones y Privacidad de Datos. Doctor en Derecho de la Universidad Iberoamericana (1987), mención cum laude y maestra en Derecho Corporativo de la Universidad Anáhuac México Norte (2021). A su vez, es directora, productora y guionista de Poncho Morado Films, un emprendimiento familiar con estudios de escritura creativa de la Escuela de Escritores de Madrid, la Universidad del Claustro de México y GC Films, escuela de cine dominicana. Ha sido docente universitaria y autora de la obra “Libre y Leal Competencia en la República Dominicana (1994-2021)”, primera obra sistemática de derecho de la competencia en República Dominicana, así como de otros ensayos jurídicos en temas de derecho público, publicados en Gaceta Judicial, Acento, Thomson Reuters, Tirant Lo Blanche, Legis, Concurrences, la Universidad de Cantabria y la Escuela Judicial de la Judicatura. Como productora cinematográfica ha dirigido el corto “Concha” (2013) ganadora del premio a Mejor Diseño de Producción en el festival dominicano “Mujeres en Corto”; y , “Carta Malva, Poniatowska y Dominicana Conversan” (2023), este último ganador en el Madrid International Film Festival como Best Documentary in a Foreing Language Documentary, organizado por International Film Festival de Reino Unido. En 2025, fue nominada por su ensayo “La regla de la razón y su interés casacional” a los Antitrust Awards de la Revista Concurrences y la Universidad George Washington, bajo la categoría de artículos sobre Procedimiento, convirtiéndose en la primera autora dominicana en participar en ese certamen. Es columnista del diario “Acento”, conduce, produce y dirige el Poncho Morado Podcast, espacio de contenido cultural. Actualmente desarrolla el primer largometraje documental de Poncho Morado Films, titulado “Mi Pedro” acerca de la vida y legado del humanista Pedro Henríquez Ureña

Ver más