Descubrí la serie de televisión Mozart in the Jungle cuando todavía estaba al aire en TV. Inmediatamente me obsesioné con ella y la he vuelto a ver un par de veces desde entonces. Me parece una visión satírica y exagerada de lo que sucede detrás del telón. Así que, por supuesto, decidí leer el libro Mozart in the Jungle: Sex, Drugs, and Classical Music de Blair Tindall. Ahora puedo confirmar que el libro y la serie tienen muy poco en común. Este libro no es una sátira; expone las realidades que muchos de nosotros en la industria de la música clásica no estamos preparados para enfrentar.
Creo que el título le da al lector una idea del contenido del libro. Es una memoria mezclada con investigación periodística. Tindall comienza su historia en el momento en que fue expuesta a la música clásica en Viena y continúa a través de su vida académica y su experiencia como oboísta independiente en Nueva York. Expone el abuso de sustancias, el grooming, la agresión sexual, los problemas financieros, los problemas de salud mental y muchos otros temas.
Este libro se lee como un testimonio y, para algunos jóvenes músicos que están a punto de sumergirse en esta industria, podría sentirse como una dosis decepcionante de realidad. Tindall explica la cruda realidad de lo poco preparados que están muchos músicos, en sus propias palabras: “¿Qué músico necesita matemáticas?”. Durante su tiempo como estudiante en la North Carolina School for the Arts, no estudió historia ni inglés, aunque se suponía que debía funcionar como un bachillerato. Ella explica que “era recompensada sin tener que hacer el difícil trabajo académico que se les exigía a todos los demás”. Era la década de 1970 cuando vivió estas experiencias. Aún en el 2026, muchos conservatorios todavía funcionan de esta manera; creyendo que todo lo que necesitas para tener una carrera exitosa es teoría musical y tus clases privadas. Dejando a los estudiantes insuficientemente preparados para construir sus carreras musicales.
Tindall también hizo un maravilloso trabajo periodístico con esta memoria, publicándola en 2005. Imaginen mi sorpresa al descubrir que muchos de los problemas que ella expuso han persistido durante los últimos 21 años, a pesar de décadas de conocimiento sobre ellos.
Una de las cosas que no ha cambiado es la crisis de financiamiento que enfrentan las orquestas. Como alguien nacida a principios de los 2000, pensaba que los déficits presupuestarios, la falta de personal y los cierres de orquestas se debían a que la gente estaba perdiendo interés en las artes. Sin embargo, Tindall presenta una perspectiva diferente. Lleva al lector atrás en el tiempo, explicando cómo surgieron los modelos de financiamiento dependientes de la filantropía y de las donaciones exentas de impuestos, y cuáles han sido sus repercusiones.
Para definir este modelo sin fines de lucro, Tindall cita a Alice Goldfarb Marquis: “un barniz altruista y moralmente casto sobre actividades básicamente egoístas…” El resultado fue la alienación de las personas de las artes, en palabras de Tindall: “al vender la cultura como aceite de serpiente para las masas, las élites podían diseñar la vida artística de una ciudad para separarse de los plebeyos, creando una pantalla de humo de ritual cultural que también distanciaba a los intérpretes de su público”.
Ella explica que el auge de las donaciones privadas y del financiamiento estatal para las artes ocurrió entre las décadas de 1940 y 1960, pero para la década de 1970 ya había orquestas que “recaudaban $30 millones pero gastaban $76.4 millones” y, para 1990, “ellas [las orquestas] recaudaban $290.4 millones pero gastaban $688.9 millones”.
En un mundo ideal, si llevas 20 años operando con déficits presupuestarios, intentarías encontrar una manera de cambiar el modelo o una manera de solucionarlo, ¿verdad? La respuesta es no. La Metropolitan Opera actualmente opera con un déficit presupuestario de USD$47 millones. Desde 2023, han retirado $120 millones de su fondo de dotación y todavía enfrentan un déficit.
De cada dólar que genera el Met, solo 37 centavos provienen de la venta de entradas, mientras que el resto proviene de donaciones. El Met actualmente está teniendo problemas para llenar sus asientos; se ha estancado en un 72% de capacidad y solo el 15% de ese público son suscriptores; la mayoría de ellos tienen alrededor de 70 años.
Pero ¿qué está pasando? El Met es uno de los principales escenarios de ópera del mundo y, de alguna manera, ¿está perdiendo dinero? Para la temporada 2026-27 están teniendo el número más bajo de producciones en 60 años, con 17 producciones, de las cuales solo 5 serán nuevos montajes. El 38% del total de las funciones de la temporada estará dedicado a los favoritos del público, como Tosca y La Bohème de Puccini, y Aida de Verdi. No sé ustedes, pero yo no me suscribiría a un servicio que solo presenta las mismas producciones, aun siendo una fanática de la ópera.
Tindall menciona la gran brecha salarial dentro del personal de las orquestas y del personal administrativo, y cómo los directores, solistas, directores ejecutivos y gerentes pueden ganar tres veces o más que el músico promedio. Este es también otro problema del Met. El director musical gana $2,045,038, el director general gana $1,395,216, y la mayoría de los puestos de tiempo completo de los músicos ganan entre $115,000 y $200,000.
El Met no es un caso aislado; situaciones como esta están ocurriendo en todo el mundo. El Grupo BBC propusó una reducción de costos del 20% en 2023. Esta reducción fue revertida un mes después debido a la presión del sindicato de músicos, del público e incluso de algunos políticos. El hecho de que las orquestas y otras instituciones culturales se estén hundiendo no es un problema nuevo, y tampoco es exclusivo de las organizaciones sin fines de lucro; la BBC funciona mediante un sistema de licencia. Llega un punto en el que alguien tendrá que dar un paso atrás y mirar el panorama general, en lugar de simplemente decir que "la música clásica está muriendo."
Tindall no solo explica las finanzas, sino que también habla sobre el nepotismo, la brutalidad de las audiciones y la triste realidad que enfrentan muchos estudiantes jóvenes. “La musicalidad era subjetiva, y la falta de cooperación con un profesor, ya fuera sexual, académica o interpersonal, podía describirse como mala afinación, fraseo aburrido o incluso falta de talento ante un administrador sin conocimientos de música”. Explica cómo las chicas mayores le decían que aceptara el comportamiento inapropiado de un profesor para asegurarse de obtener una buena posición en la orquesta de la escuela.
Tindall habla abiertamente sobre salir con sus profesores cuando era menor de edad y tener amoríos con los principales de sección, quienes le ofrecían trabajos y suplencias en algunos de los escenarios más prestigiosos del mundo. ¿Qué tan alejada estaba su experiencia de lo que vivimos hoy?
La agresión sexual, el grooming y el comportamiento inapropiado no son temas nuevos en la industria de la música clásica. Aunque muchas víctimas han hablado, se ha producido muy poco cambio. En 2024, el Women and Equalities Committee de la Cámara de los Comunes del Reino Unido publicó el Misogyny in Music ReportUno de sus hallazgos principales incluye el gran número de trabajadores independientes que genera un desequilibrio de poder en el que los abusadores se aprovechan de las noches largas, el alcohol y las drogas presentes en los entornos musicales. Aunque el informe aportó muchas conclusiones y vino acompañado de sugerencias sobre cómo hacer que la industria musical fuera más segura para las mujeres, el gobierno hizo muy poco.
En 2024, comenzó una investigación en el Interlochen Centre for the Arts, después de que exalumnos que asistieron a Interlochen entre las décadas de 1950 y 2010 hablaran sobre agresiones sexuales en el centro. Algunos de esos informes incluyen un nombre inquietantemente familiar: Jeffrey Epstein; quien fue estudiante del campamento de verano en 1967 y posteriormente se convirtió en un importante donante entre 1990 y 2003. Interlochen publicó un comunicado, en el que afirmaba que, tras realizar investigaciones internas en 2009 y 2019 relacionadas con Jeffrey Epstein, “no encontraron ningún informe de conducta indebida en Interlochen relacionado con Epstein en nuestros registros… posteriormente tuvimos conocimiento de información que surgió públicamente de personas que compartieron que conocieron a Epstein a través de Interlochen en la década de 1990."
En el informe de 97 páginas publicado a finales de julio de 2026, antiguos estudiantes relatan 70 acusaciones de agresión sexual que involucran a 50 adultos que fueron empleados o estuvieron afiliados a Interlochen. Solo entre diez y quince de las 47 personas acusadas podrían potencialmente enfrentar un proceso judicial, porque para muchas de ellas el plazo de prescripción ha expirado.
No se trata solo de Interlochen. El Sistema en Venezuela también ha estado en el ojo público por denuncias de abuso y explotación sexual; profesores y mentores intercambiando sexo por oportunidades con estudiantes jóvenes. No era un secreto para muchos, pero muy pocos hablaron, y terminó convirtiéndose en un comportamiento normalizado dentro de ciertos entornos.
Los casos y las acusaciones no terminan ahí. Los problemas no existen únicamente en las relaciones entre profesores y estudiantes; también existen entre colegas dentro de las orquestas profesionales. Como en el caso de la violinista Esther Hwuang en la Vancouver Symphony Orchestra. Fue agredida sexualmente en 2017 y 2018 por un miembro de mayor rango de la orquesta. Habló públicamente de su historia en 2019 y se le pidió que firmara un acuerdo de confidencialidad como parte de su acuerdo de conciliación, y el perpetrador fue despedido. Pero en 2025, volvió a hablar públicamente sobre los incidentes y las repercusiones que tuvieron en su vida profesional. Explica que, antes de hablar, tocaba en “todos y cada uno de los conciertos durante más de dos años completos”. Pero después del acuerdo, “le ofrecieron cada vez menos trabajo hasta que [le] dejaron de ofrecer trabajo por completo”.
No dejo de preguntarme: ¿cómo es posible que esta industria siga escondiendo las cosas debajo de la alfombra? ¿Cómo es posible que toda una industria siga sin abordar los problemas que Tindall expuso hace más de 20 años? Esta industria ha encontrado maneras de minimizar e ignorarlos. Pero vale la pena preguntarnos, ¿por cuánto tiempo más sobrevivirá la industria a esto? ¿Por qué no intentamos solucionar los problemas que tenemos delante y romper el ciclo?
La industria de la música clásica ha encontrado una manera de perpetuar los mismos patrones. Mientras nos distrae de lo que sucede a puerta cerrada, con correos electrónicos contundentes, programas de “diversidad” performativos, falsas demostraciones de riqueza y muchas otras pantallas de humo.
Yo era una niña cuando se publicó este libro y he formado parte de esta industria desde que tenía ocho años. Y, de alguna manera, estoy viviendo las mismas amenazas que estaban presentes cuando ella era adolescente, una joven adulta y una música profesional que escapó del sistema “fallido”. Al final del día, nada de lo que este libro describió cambió; el sistema simplemente se aseguró de ocultarlo bien.
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