El poeta dominicano Oscar Acosta Pérez, acaba de publicar bajo sello de EDITORES Tiempo de Nosotros, Santo Domingo de Guzmán, provincia Distrito Nacional, capital de la República Dominicana, el libro de poesía titulado SIN ABISMOS NI CIELO, con PRESENTACIÓN de Luesmil Castor, destacado profesor de la UASD y también poeta destacado de la Generación poética de los 80tas. Son 64 páginas que contienen 28 poesías de versos libres y algunas son en prosa.

En la literatura nacional, el aporte de la General de los 80tas, abarca varios géneros literarios, como la poesía, la narrativa y otros géneros. El poeta Oscar Acosta era el vínculo prístino que teníamos los poetas de Neiba con los poetas de la ciudad capital de la República. Había entonces una especie de círculo de hierro donde los poetas y narradores de la provincia nacional, no tenían cabida. Empero, el Taller Literario CÉSAR VALLEJO, de la UASD, era la ventana que nos permitía gozar de los colores del arco iris en aquellos cielos nublados de esperanzas. Sin embargo, en sus días de vacaciones de universitario, el poeta Oscar Acosta regresaba a Neiba con su mochila llena de alegría y libros de bolsillo de la mejor poesía hispánica universal; la Antología Póstuma con prólogo de Salvador Allende, editada en 1978 por la Editorial "Alfa y Omega", y el Canto General II, séptima edición de la Editorial Losada, S. A. Buenos Aires, de Pablo Neruda, que fue para nosotros un descubrimiento extraordinario; en ese entonces leíamos las OBRAS de Garcilaso de la Vega, de la Colección Austral, en la Biblioteca Circular Apolinar Perdomo, y en otro viaje, Oscar Acosta llegó con las Cotidianas, de Mario Benedetti; una Antología de César Vallejo, y el obligado libro de poemas del poeta nacional, don Pedro Mir, Hay un país en el mundo.

Para ese entonces en Neiba los muchachos conocíamos y habíamos leído en grupo la revista de La Poesía Sorprendida, la poesía de D. Moreno Jimenes y de los Postumistas, así como los cuentos y novelas de Juan Bosch, y de otros narradores dominicanos. Primero nos reuníamos durante el recreo en la biblioteca Jorge Noboa, del Liceo de Reforma Manuel de Jesús Galván, de Neiba; y, durante el fin de semana, en el patio de la Parroquia San Bartolomé de Neiba, cuya biblioteca era amplia y universal, también a disposición de todos. En una que otra ocasión llegamos a reunirnos en la Biblioteca Circular Apolinar Perdomo, ubica en la calle del mismo nombre, esquina calle Mella, cuyo bibliotecario era don Enrique González Méndez, y posteriormente su hermana Bernabela. Y, cuando el poeta Acosta Pérez venía de vacaciones, nos reuníamos en caza de sus padres, en la calle Taveras casi esquina calle Apolinar Perdomo, bajo los umbríos árboles del patio.

En una ocasión fuimos invitado por los poetas de Azua de Compostela, por los integrantes del grupo literario CIELA, entonces dirigido por el poeta y narrador laureado Virgilio López Azuán, quien nació en Barahona pero sus padres pasaron a residir en Azua cuando el también educador apenas contaba con días de su nacencia, de ahí lo de López Azuán, vocablo que era, además, el nombre de una de las dos regiones del Antiguo Egipto; la otra era la región Mendes, donde vivieron los hebreos cuatrocientos años en esclavitud, hasta que Dios mismos llamó a Moisés a liberar a su Pueblo, Israel, y lo condujo a la "tierra prometida", a cuyas puertas los dejó, bajo el mando de su sucesor, Josué, esforzado y valiente…

En otra ocasión fuimos invitado por el Círculo Literario D. Moreno Jimenes, dirigido entonces por el poeta Gonzalo Flores, y cuyo nombre me recordó al primero de los poetas clásicos españoles, Gonzalo de Berceo, autor de los Milagros de Nuestra Señora. Nos fuimos de madrugada y compartimos todo el día; almorzamos en casa de aquellos  entusiastas poetas; a mí  me tocó almorzar en casa del poeta Gonzalo Flores, que era el líder del grupo y tenía en casa varios volúmenes de poesía y otras obras interesantes de su autoría, y que cada vez que voy a alguna librería busco su nombre y me extraña no encontrar ningún libro suyo, ni del doctor De Paula, que era como la  base moral de aquel grupo; pero sí he encontrado libros de los otros integrantes, como es el caso del poeta Médar Serrata.

En fin, al leer las Cotidianas, de Benedetti; las Odas Sencillas de Neruda; Hay un país en el mundo, de Mir, y el Azul, de Rubén Darío, la praxis poética del Grupo Literario Bahoruco, que posteriormente dio un salto y  se llamó Colectivo Literario "Post.tierra", trascendió el quehacer literario neibano que le precedió, con excepción de la poesía universal de Ángel Atila Hernández Acosta, parte de la cual recogió el compilador Eddy Mateo Vásquez en la Antología Literaria de Neyba, creo que de 1979, pero ya el fundador del Taller Literario César Vallejo, el profesor meritísimo de la UASD Julio Cuevas, había publicado su poemario Epistolario del Crepúsculo, creo que en 1973, y no aparece en Antología de Mateo Vásquez, ni tampoco aparecen otros poetas de la época, como Ángel Gonzaga Peña, que junto a Eddy Mateo Vásquez fundaron el Círculo de Jóvenes Escritores de Neyba, CJN, y dieron buenos frutos, como fue la fundación de la Biblioteca Jorge Noboa en el Liceo de Reforma Manuel de Jesús Galván, y también llevaron a Pedro Mir al Casino Unión Neyba, Inc., un domingo por la mañana, donde en medio de un gran público recitó varios de sus poemas más representativo, incluyendo Si quieres saber quién es mi Patria, Huracán Neruda, Hay un país en el mundo, entre otros libros de autores famosos como El Escritor, Historia y Vida, de Azorín,  o la Idea Imperial de Carlos V, de Ramón Menéndez Vidal, de la Colección Austral. También llegaron a celebrar un homenaje al poeta Ángel Atila Hernández Acosta, Quinito, en el mismo casino neybero.

En el Grupo Literario Bahoruco nos limitábamos a leer poesías de los grandes poetas universales, y propias también, y a seguida se producían lluvias de ideas críticas sobre los mismos. La camaradería, por no decir la hermandad, no tenía nada que pudiera enviarles a otros grupos de la misma índole, y nos considerábamos entonces neopostumistas, y brindámos el locto-palmo, el coctel de agua de coco de los postumistas. El cambio de nombre, o sea, con la fundación del Colectivo Literario Post-tierra, vocablo que significa postumismo, después de la tierra, se debió a que la evolución del grupo no era homogéneo; se respetaba que cada quién tuviera y mantuviera su afinidad poética, o sea, unos eran nerudianos, otros más acentuadamente postumistas o creacionistas porque también leíamos a Vicente Huidobro. La inmensidad de autores que llegamos a leer en Neiba, en grupo y también en forma individual, como eran Constancia C. Vigil, Amado Nervo, y los modernistas, el poeta Santos Chocano, y poesías románticas, desde Gustavo Adolfo Bécquer, y más  modernos como Federico García Lorca, o Edgar Allan Poeta, mencionar sus obras y demás sobrepasa el propósito de estas palabras marginales al nuevo libro de poemas del poeta Oscar Acosta Pérez, que fue quien proporcionó al grupo diríase que el vaso comunicante con la poesía que se hacía en Santo Domingo, incluyendo al laureado poeta José Mármol, a quien llevamos a dictar una conferencia en el Casino Unión Neybera, Inc. y a la cual asistió don Manuel Arturo Acosta Sierra, don Repipín, hoy fenecido, entre muchas otras figuras destacadas de Neiba, un publicito que en amor a la Patria y a la poesía siempre está muy atento bajo aquellos cielos de sol de mil cuchillos de días y en la noche tachonado de estrellas.

Volviendo al principio, este nuevo libro que el poeta Acosta Pérez pone en manos de los ávidos lectores mundo, titulado SIN ABISMOS NI CIELO, consta de veintiocho poesías en sesenta y cuatro páginas, y en la PRESENTACIÓN, en una de sus partes, el también poeta Luesmil Castor, dice esto que nosotros también confirmamos:

"Es que la poética de Oscar Acosta es un estruendo que sacude la conciencia humana bajo un derroche de fuertes imágenes literarias, con un manejo de lo lírico barnizado de un histrionismo, que nos hace recordar el mortal que somos; esto lo podemos ver en un trozo de su poema Caín…

La hora por más justa que fuera

Tenía un negro siempre detrás de la oreja

Sembrando maíz y fumando tabaco en el Edén

Los blancos trajeron sangre por los mares

Y taparrabos para los amarillos.

La hora por más justa que fuera.

Fue siempre la del hombre y la mujer

Una costilla desprendida para el sufrimiento y la

alegría

Con el cazabe y la pelota

A la ronda ronda con la música.

"No es discutible los mapas de intertextualidad avizorados en la poética de Oscar Acosta, pero igual se siente un emerger de ruidos desde la salinidad del Caribe en su canto poético, igual hay una conversación de espacio lúdico-onírico que va dejándose como huellas que se convocan a un cuidado de los sentidos. Son poemas transidos desde la concepción espiritual, donde nos habla desde sus mundos, desde sus voces, desde sus sueños y pesadillas. Pero igual es una forma de pensarse como un puente hacia su libertad espiritual y emocional y como río en trompa arrastrar la de sus leyentes.

"En la poética de Oscar Acosta hay un interdiálogo que atraviesa su pensar poético y esta parece ir desgarrada en el envolver de un dolor prematuro a la creación ficcional de la palabra, es su canto poético una búsqueda incesante por lo desconocido que se nos ha impuestos desde la ritualidad religiosa. Tal y como lo deja expresado en esta estrofa de su poema Abel y los profetas de Mateo, donde expresa dentro de otros cuestionamientos a lo largo del poema…

"No… no… estos son barros, soplos de Dios,

no son estos tus presas..l

Búscate tus otros demonios que adornen

y repitan como loros

tus oraciones mutiladas

en los libros que a nadie les gusta leer…

"Hay certeza de que el poeta busca una salida al vasto espacio de la creación, de la que él duda, de la que él se siente engañado desde el concepto filosófico del universo creacional religioso tradicional. El poeta cuestiona en su canto, en su decir, en su su complicidad con las palabras intenta emborrachar el tiempo sumergido en las liturgias de los imprevistos desmembrados de mudez cuestionadas.

"No hay dudas de que la poética de Oscar es una poética del cuestionamiento, de la búsqueda, un canto por la otredad marginal de las sagradas escrituras, un espacio de símil para el dolor cargado en el alma de los que como él le amarran a la candidez de las palabras, para intentar encontrar en ellas la soberbia respuesta a lo desconocido pero impuesto palabra sobre palabra, así lo deja expresado en esta estrofa de su poema Génesis, cuando dice:

Su ausencia a cada hora

Cada hora es su fin

Un fin indetenible

Indetenible como la ceniza

Como la ceniza de los cuerpos

De los cuerpos cuando desaparecen

Desaparecen más no de las almas

De las almas nunca han sido

Nunca han sido tampoco de la carne

De la carne ni de los huesos

De los huesos volvieron

Volvieron por fin a como eran en principio

al principio de los siglos y por los siglos.

"En su poética Oscar Acosta carga de la helada melancolía su narrar, es una orante que desgarra el vestido del pecado ardiente, verso a verso como quien golpea con un hachazo de luz la oscuridad de los años vividos y por vivir….

En fin, nos dice Luesmil Castor, "En el arco narrativo de la obra de este poeta Neybero avizora una creatividad poética que hace desprender un grito existencialista, un mascullar filosófico que adorna su canto. Quienes le conocemos, sabemos que Oscar es un poeta del silencio, no de la sombra y desde el silencio deja colgada la impronta de buen vate y de mejor ser humano, tal y como se desglosa en cada uno de los poemas de este manjar servido en Sin abismos ni cielo".

Luego de citar estas emocionadas palabras del profesor Luesmil Castor Paniagua, poeta, narrador y ensayista, con quien estoy plenamente convencido que el lector está de acuerdo con Luesmil y conmigo, que el poeta Oscar Acosta Pérez es un poeta natural de honda raigambre metafísica de una señera sensibilidad humana observante que capta el mundo que le rodea y más allá su voluntad de pequeño Dios huidobriano atrapa las esencias de todo y las vuelve poesía en sencillas estrofas donde su pensamiento aprehende el cosmos con un cerebro más bien cuántico. Oscar provoca un despertar en las conciencias dormidas. Es un revolucionario de corazón a quien los ateos no pudieron arrebatarle la fe, pero sí compartió con ellos la idea del cambio social y la defensa de los de abajo. Oscar nunca ha negociado su amor a Dios, ni su defensa de los pobres explotados o indiferentemente abandonados por la demagogia oficial.

En la poesía dominicana de los años 80tas, he visto pocos poetas que parte desde su conciencia sincera y transparente, que siente y dice lo que siente y después que lo dice agoniza: "Aborrezco el fin del comienzo de las cosas", nos dice: "Ahora llevo conmigo una escalera sin principio ni final/ Ahora estoy en donde nunca entré ni salí". Con un corazón de niño, la poesía de Oscar Acosta nace en los mares y sobre los árboles y es nube blanca, a veces o gris u oscura que pasa sobre la muchedumbre humana, mientras él se sabe poseedor de un amor universal que, como el del rey Salomón, es más fuerte que la muerte.

Por eso, al poeta Oscar Acosta los golpes de la vida, aunque grite: Ay, ay, ay, nunca cae en los abismos de la desesperación, ni se queda suspendido en las nubes que pasan, sino que con los pies en la tierra traza un círculo de fuego donde sus palabras protegen el alma de quienes entran en él, por los siglos de los siglos, más allá de las palabras porque en ellas está la vida, antes y después de la vida, como un espíritu o rayo de luz que sirve de conexión a todas las almas en el universo. Es un pensar del sentir, un sentir del pensamiento. A diferencia del pensar filosófico, que agoniza en un camino metodológico hasta dar con la verdad, y luego proferirla, Oscar Acosta, en cambio, acuña con voluntad de Ángel de luz, la materia cuántica de las cosas, y agoniza después que el verso se ha convertido en un poema.

Como Neruda, que también cantó a la espada que Dios puso en manos de entidades espirituales a cuidar del Edén, Oscar Acosta vuelve al Génesis, en una poesía a la que le pone ese mismo nombre, y no toma literalmente la sagrada palabra, como lo hizo Máximo Avilés Blonda en su libro Los Profetas, sino que, en su pequeña ciudad sureña, ve que "Los héroes del niño Jesús son otros", en la continuación infinita de la vida, porque Dios hizo todo hermoso y  bajo la redondez de la tierra, Dios nos trae a participar del milagro de la vida, como aquel niño Jesús de Nazaret, porque siente que "la soledad es una ausencia", y en ese fondo solidario del tórax, como un hoyo negro cósmico, somos más que dolor y ausencia. Como dijeron nuestros padres fundadores: somos Dios, Patria y Libertad, y quienes lean Sin abismos ni cielo, de Oscar Acosta, convendrán conmigo que su poesía es un despertar de las conciencias dormidas y un grito de esperanza que redime…

Abraham Méndez Vargas

Abogado y escritor

Abraham Méndez Vargas. Abogado litigante, ExJuez 1er. Sustituto de la Cámara Civil, Comercial y de Trabajo de la Corte de Apelación del Departamento Judicial de Barahona. Autor de la novela “La Fiesta de Lucas Cajnavá”, 2007, dedicada a Manuel Mora Serrano. Autor de la novela “La Sangre de las Uvas”, y de otros libros.

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