Para nadie es un secreto que en la mentalidad intelectual del Dr. Bruno Rosario Candelier (Moca, 1941) coexisten múltiples facetas, a saber: el filólogo y lingüista, el ensayista y crítico, el novelista, el educador y promotor literario y el gestor cultural pleno.

Todas estas facetas se manifiestan por medio de la prolífica escritura, siendo, con seguridad, el escritor con mayor cantidad de obras publicadas en el país, así como, sin lugar a duda, uno de los más productivos en lengua castellana; y, también por medio de su trabajo cultural, como gestor a tiempo completo.

Según publicó en el periódico digital Acento, el escritor Juan Ventura, don Bruno se inició en el magisterio como profesor de lengua, literatura y materias afines:  a nivel de enseñanza primaria y secundaria en centros docentes de Jarabacoa, Moca y Santiago, desde 1959 hasta 1969. Profesor de la Escuela Normal de Maestros “Teodoro Henekén”, de Licey al Medio, Santiago, de 1965—1969. Y, por las declaraciones del propio Rosario Candelier: “Cuando salí del seminario busqué la forma más adecuada para ganarme la vida, y esa manera fue el magisterio. Había estudiado filosofía”. Y continuamos con sus declaraciones: “Al tiempo que trabajaba como maestro en esa escuela, me matriculé en la Universidad Católica Madre y Maestra de Santiago. Por la mañana daba clases en Licey y por la tarde asistía a la universidad como estudiante. Impartí docencia en esa escuela durante cuatro años. Esa escuela, para la literatura tiene una gran importancia, porque allí formé el primer taller literario que se creó en el país, en el año 1967. Lo formé con estudiantes que yo veía que daban señales de que tenían vocación literaria. De hecho, de ahí salió un poeta muy importante que es el poeta José Enrique García, novelista y académico de la lengua. Incluso, —hoy— la mayoría de los escritores han pasado por un taller literario. (Entrevista El Caribe).

Licencia­do en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra (Santiago, Rep. Dominicana, 1969), ejerció luego la docencia en ella, tras ganar un cargo por concurso, hasta que partió al extranjero a completar sus altos estudios en España y los Estados Unidos de Norteamérica, alcanzando el doctorado en filología y formaciones adicionales, en periodismo. Oigan como lo dice don Bruno: “Hice un doctorado en Filología, en la Universidad Complutense de Madrid, y cuando terminé me reintegré como docente en la Madre y Maestra”. Y allí ejerció como docente por 35 años.

Bruno Rosario Candelier.

En 1990 fundó el Ateneo Insular y creó el Movimiento Interiorista o Interiorismo, corriente literaria que ha mantenido desde entonces una actividad continuada mediante encuentros de escritores, lecturas, estudios y talleres de formación escritural, de manera desinteresada, altruista y permanente. Con el Interiorismo don Bruno se convierte en un promotor cultural literario y un mentor de jóvenes aspirantes a escritores de ámbito nacional.

“De mi carrera lo que más me ha satisfecho es haber podido testimoniar mis convicciones y mi percepción del mundo. Ahora estoy al frente del Ateneo Insular, cuya sede principal se encuentra en Moca. Esta entidad está conformada por escritores y aspirantes a escritores de todo el país. Esa institución surge apoyada en la idea de San Juan de la Cruz de que el concepto insular de Ínsula, alude al alma”.

Por lo que conozco sobre el Dr Bruno Rosario Candelier afirmo, sin lugar a dudas, que sobre todas las facetas ya mencionadas una sobresale por encima de todas, la de educador. Estamos ante un educador a plenitud, por vocación, que ha forjado un verdadero compromiso con el desarrollo de las letras dominicanas y la formación de escritores a nivel nacional. Si podemos elogiar, y nos asombra, su prolífica producción literaria, donde radica el verdadero potosí es en la cantera de escritores que han sido forjados por su labor, inconmensurable y permanente. Por eso, don Bruno se merece, porque se lo ha ganado el ser considerado maestro. En palabras de Miguel Collado, publicadas también en Acento, ¡él ha construido un magisterio! Y a la vez, Collado recoge las palabras de otro gigante de la literatura , don Marcio Veloz Maggiolo: «Independientemente de que uno pueda o no estar de acuerdo con los postulados estético-literarios de Bruno hay que reconocer la extraordinaria labor desarrollada por él con la creación del Ateneo Insular; en algún momento escribiré sobre ese magisterio de él». Y, acota Collado, Bruno Rosario Candelier tiene un magisterio que pocos intelectuales pueden exhibir en República Dominicana —yo ampliaría en Hispanoamérica y mucho más allá— porque para construir un magisterio es esencial poseer la pasión de la entrega, el deseo entrañable de dar y ver crecer a los demás como raíces haciendo crecer los árboles.

Con visibles perfiles didácticos, también como director de la Academia Dominicana de la Lengua, es un intelectual que siempre se ha preocupado porque sus semejantes hagan un buen uso de la lengua de Cervantes.

Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua.

Es que, como bien escribió Basilio Belliard, “en todos, sobresale el maestro, el pedagogo o el doctrinario, que busca adoctrinar, ideologizar, despertar y descubrir pasiones creadoras o vocaciones literarias, ocultas o suspendidas; o el evangelizador literario, que lleva la antorcha no del teólogo, sino del místico, que asume el oficio de la palabra, como un ideal laico de vida y de trabajo.”

Y a propósito de lo planteado por Basilio Belliard, yo expreso que no podía ser menos:  ya que su referente literario para concebir el movimiento interiorista, fue san Juan De la Cruz, no César, Vallejo, ni Borges y mucho menos Alejo Carpentier. Y es que por formación misma, proveniente de un seminario, su pensamiento y filosofía manó del catolicismo. Sí, del catolicismo, el mismo del que han surgido tantas escuelas y universidades a través de más de ocho siglos, desde Salamanca (1218) a la universidad Santo Tomás de Aquino en este Santo Domingo(1538), desde la universidad San Carlos de Lima (1551), a la Universidad Santo Tomás, en Manila, Filipinas (1611), considerada la universidad más antigua y la primera de tipo europeo en Asia. Y lo que algunos han señalado de manera crítica a la Ateneo Insular es precisamente su punto fuerte, el uso de la mística como vehículo de enseñanza literaria. Respecto a esto, lamentablemente muchos escritores, hasta dentro del mismo movimiento, no lo han comprendido a cabalidad y una inmensa pléyade de otros no lo han sabido valorar y, desde fuera, critican al movimiento.

El Interiorismo como buena escuela y don Bruno como buen maestro, moldea, endereza y transforma a todos y cada uno de los que con constancia cumplen con el rigor, la dedicación y la pasión que el Ateneo Insular demanda. Y esta gran gestión la logra el maestro por su constancia. Y la verdad que sea dicha, la contribución de este movimiento al desarrollo de las letras nacionales y en la formación de escritores dominicanos es inconmensurable. Esto hay que reconocerlo, siendo agradecidos, sin ser incondicionales. Al árbol que da frutos es al que hay que seguir dándole abono y él los ha dado ciento por ciento. Bruno Rosario Candelier fue premiado con muchos talentos, pero estos talentos no los enterró, y como buen cristiano, los invirtió como semillas sembradas en campos fértiles. No olvidemos que proviene de una familia de agricultores, habiendo nacido en una tierra pródiga como el Cibao.

Bruno Rosario Candelier y José Mármol.

Un profesor tiene alumnos, un maestro tiene discípulos. Los discípulos del maestro Rosario Candelier son incontables, primero, porque jamás él ni nadie ha llevado un registro de todos aquellos que hemos pasado por su gran escuela, tanto los del pupitre formal, como los más, de las rondas y las sabias conversaciones, debajo de los árboles o en los recintos de corte sagrado, que él siempre ha escogido para sembrar sus enseñanzas. Es que esta labor, como realmente lo es para un maestro, ha tenido una honda vertiente espiritual, un tinte de trascendencia, un ribete sagrado, en la cual siempre se ha cultivado la palabra y la literatura y se ha buscado la elevación tanto del creador, como de la creación que surja al calor de las enseñanzas del Interiorismo. En síntesis, enaltecer la palabra, la literatura y al ser creador mismo.

El perfil de un maestro ideal combina una sólida formación académica, competencias pedagógicas avanzadas y cualidades humanas esenciales para guiar el desarrollo integral de las personas a formar. Un buen maestro combina habilidades humanas, pedagógicas y emocionales para transformar la experiencia formativa. En don Bruno, es fácil identificar todo lo anterior. Y cuando tomamos en cuenta las principales características esenciales de un maestro, para que sea tal, él las cumple todas a cabalidad: Empatía y paciencia, vocación y entusiasmo para contagiar su amor por la literatura; ética y compromiso social con la literatura, guiado por elevados valores, universales y cristianos. Pasión por la enseñanza del ensayo, de la poesía, la narrativa y la crítica literaria. Gran capacidad de comunicación clara. Liderazgo y autoridad de forma positiva, transmitido a los jóvenes escritores y los aspirantes que se pongan bajo su égida. Capacidad de motivar e inspirar a las personas que llegan a él por cualquier vía, desde los que visitan la Academia de la lengua, los que van de visita al movimiento interiorista, hasta los que se entregan con decisión en el proceso formativo, que dirige en el Ateneo insular. Por esa pasión por la enseñanza de la literatura con él uno desarrolla una gran responsabilidad y compromiso por la buena literatura y sus discípulos se sumergen en un aprendizaje constante.

En fin, maestro de maestros, súper prolífico escritor con una sólida obra y con un fuerte liderazgo, que trasciende a los límites de nuestro país y se desborda por parte de hispanoamérica, crítico literario excepcional, pero sobre todo un educador con una vocación para la entrega a través de la enseñanza, don Bruno Rosario Candelier es un ser humano excepcional, que se ha ganado un puesto en la historia de la literatura, la cultura y la formación de una escuela, el Ateneo insular, de una corriente de pensamiento literario y escritural, el Movimiento Interiorista, y de una visión estética y espiritual que enaltece a nuestra patria, haciéndola trascender por encima de la vacuidad y lo superfluo, en busca de lo bello y lo sagrado.

Nosotros, sus discípulos, tenemos el compromiso de honrarlo a él ahora, en vida, y en la posteridad difundiendo y manteniendo su inmenso y trascendente legado.

¡Loor al Maestro de Maestro! ¡Que viva y perdure el Interiorismo!

Eduardo Gautreau de Windt. Feria internacional del Libro Santo Domingo, sábado 3 octubre 2026

Eduardo Gautreau de Windt

Médico y escritor

Eduardo Gautreau de Windt. Poeta, narrador, dramaturgo y ensayista. Miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la lengua y miembro de número del Instituto Duartiano, donde es considerado tratadista de la hermana del patricio Juan Pablo Duarte y Díez, la insigne Rosa Protomártir Duarte y Díez. Actualmente parte de la directiva nacional. Coordinador nacional de Intelectuales por la República Dominicana. Productor y coordinador de una Tertulia poética que fue un referente en Santo Domingo, por 7½ años. Ha publicado 9 obras, como autor entre ellas un poema-poemario: "Martirio de una Rosa", en homenaje a Rosa Duarte, que ha sido llevado al teatro y a danza contemporánea y ya traducido al holandés, francés y papiamento y dos obras como coautor. Ha producido teatro y cine. Poemas suyos han sido traducido al inglés, al italiano y al francés. Ensayos suyos ha sido publicados en México, Puerto Rico, España y EE.UU. Ha sido invitado a actividades literarias en: Italia, España, Colombia, Puerto Rico, Honduras y Estados Unidos. Cirujano torácico y especialista en Vías respiratorias. Fue profesor universitario por 17 años y aún es profesor de posgrado. Ha recibido formación en música y teatro, en producción y escritura de guiones de cine. Y en múltiples talleres de escritura (poesía, narrativa, ensayo, dramaturgia y estética). tertuliapoeticaegw@gmail.com

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