La transformación política del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó se produjo cuando las circunstancias históricas le convirtieron en la figura principal de la Revolución de Abril de 1965, donde la participación popular a través de los comandos constitucionalistas le convirtió de un oficial trujillista en un líder antiimperialista. Del mismo modo, su entrenamiento político-militar en la Cuba revolucionaria le transformó de un líder antiimperialista en un guerrillero socialista marxista-leninista, seguidor de las enseñanzas del carismático líder guerrillero de origen argentino Ernesto Che Guevara de la Serna.
1-Caamaño antes de la Revolución de Abril de 1965
Francisco Alberto Caamaño Deñó nació en la ciudad de Santo Domingo el 11 de junio de 1932. Hijo del general Fausto Caamaño, quien fue secretario de las Fuerzas Armadas de la dictadura de Rafael Leónidas entre los años de 1952 y 1955, y de doña Enerolisa Deñó.
Caamaño ingresó a la Marina de Guerra de la República Dominicana en el año 1948 y tras graduarse de oficial como Alferez fue enviado a los Estados Unidos a realizar entrenamientos militares como infante de marina.
En 1962, tras el ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo, pasó a prestar servicios en las filas de la Policía Nacional, alcanzando el rango de Coronel y asumió la comandancia de las tropas de choque, mejor conocidas como "cascos blancos", que posteriormente cambiaría su nombre por el "cascos negros" o "tropas contra motines".
Tras el triunfo arrollador del profesor Juan Bosch con el 60% de los votos en las elecciones del 20 de Diciembre de 1962, ocho días después el mayor Caamaño fue enviado por el presidente del Consejo de Estado, Dr. Rafael Filiberto Bonelly, a comandar la Unidad de los Cascos Blancos en la comunidad de Palma Sola, San Juan de la Maguana, para dispersar a los seguidores de los hermanos mellizos Romilio y León Ventura Rodríguez. Estos hermanos crearon un movimiento mesiánico que le dio continuidad a las prédicas y a las prácticas redentoristas y de sanación mediante el uso de medicina natural, que Olivorio Mateo Ledesma había implementado 50 años antes.
Durante los acontecimientos en que perdieron la vida más de 600 personas, donde resultó muerto el general de brigada Rodríguez Reyes, que comandaba las tropas militares, y resultó herido el entonces mayor Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien ocuparía el puesto de Director de Radio Patrulla en el Gobierno del profesor Juan Bosch.
Bosch fue despojado de la Presidencia de la República mediante un golpe de Estado perpetrado por militares trujillistas y neotrujillistas liderados por el general Elías Wessin y Wessin, en contubernio con la alta jerarquía eclesiástica, la oligarquía tradicional y el imperialismo norteamericano, quienes procedieron a instalar el gobierno de facto del Triunvirato, que en principio presidió el Dr. Emilio de los Santos, quien renunció cuando el líder popular Manolo Tavárez Justo y sus compañeros del Movimiento Revolucionario 14 de Junio fueron fusilados cobardemente, tras sublevarse en siete frentes guerrilleros en diferentes puntos del país. A partir del entonces asumió la Presidencia de la República el empresario importador Donald Read Cabral.
2-Caamaño emerge como líder de la Revolución de Abril de 1965
Al mostrarse totalmente en desacuerdo con la corrupción que auspiciaba el gobierno de facto del Triunvirato, en el seno de las Fuerzas Armadas y en la Policía Nacional, encabezó un levantamiento contra la jefatura de esta Institución y fue trasladado junto al coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez a la Fuerza Aérea. Este lo reclutó para el Movimiento Constitucionalista Enriquillo y más tarde se convertiría en el líder principal de la Revolución de Abril de 1965 en la República Dominicana.
Ante la inminente invasión norteamericana, bajo el pretexto de proteger vidas y bienes de ciudadanos estadounidenses, y la llegada de la 82 división aerotransportada de la Armada de los Estados Unidos, con 42, 400 marines, Caamaño participó en una reunión en la Embajada de los Estados Unidos en Santo Domingo. En esa reunión el embajador norteamericano W. Tapley Bennett le expresó a Caamaño que él no estaba en calidad de negociar, sino de rendirse, ante lo cual el oficial dominicano respondió de forma enfática y con gran dignidad: “Nosotros vamos a demostrarle lo que es morir con dignidad.”[1]
El coronel Caamaño Deñó se juramentó como Presidente Constitucional ante los miembros del Congreso Nacional el 4 de mayo de 1965 en el Altar de la Patria, tras derrotar a los sectores de la Base Aérea de San Isidro que encabezaba Elías Wessin y Wessin en el Puente Duarte el 27 de abril, tomar la Fortaleza Ozama por asalto junto a los integrantes de los Comandos Constitucionalistas en la mañana del 28 de abril, donde tenían su centro de operaciones los "cascos blancos", y enfrentar a los 42,400 marines que integraban tropas norteamericanas en el perímetro de la zona colonial y ciudad nueva.
Caamaño supo integrar a los diferentes sectores sociales, económicos, políticos, militares, culturales e ideológicos del país en la gestión gubernamental, teniendo siempre como referente fundamental al pueblo dominicano y como norte político la recuperación de la constitucionalidad perdida el 25 de septiembre de 1963 y el retorno al poder del profesor Juan Bosch.
La concepción de Nación que tenía el presidente Caamaño Deñó se puso de manifiesto en el breve discurso de toma de posesión que pronunció ante el Altar de la Patria en la mañana del 4 de mayo de 1965, cuando dijo:
En esta hora dramática que vive la República, estoy consciente de que no hay ser humano capaz de resolver por sí solo los ingentes problemas que gravitan sobre el lamentable estado socioeconómico de nuestra empobrecida República. Por tal motivo, invito a todos los dominicanos, campesinos, obreros, estudiantes, profesionales, comerciantes, industriales y todas las clases de la comunidad dominicana a que cerremos fila para probarle al mundo que no sólo hemos sabido luchar con las armas, sino que con honra y con dignidad reconstruiremos nuestra Patria. Es tan importante la labor para la reconstrucción de un país del más humilde de sus ciudadanos, como la del presidente de la República. Tenemos que estar conscientes que en un pueblo que ha atravesado por momentos tan cruciales como los acontecidos en estos últimos días, no puede haber odios ni venganzas y sólo la justicia podrá juzgar a los culpables, porque para reconstruir el país no puede haber revanchismo. Los gobernantes constitucionales son gobiernos de derecho y en defensa de esos derechos se ha levantado el pueblo dominicano.[2]
Una muestra de ese espíritu conciliador del presidente Caamaño Deñó lo es el decreto No. 17 del 7 de mayo de 1965, donde se anunciaba: “Se confirman en sus cargos a todos los empleados de la administración pública, sin distinción de persona o credo político.”[3]
En la alocución del 11 de mayo de 1965 el presidente Caamaño Deñó reiteró su juramento de luchar al lado del pueblo dominicano y conducirle sin vacilaciones ni mediatizaciones:
La batalla libertaria que libramos, hasta el éxito total, con el mismo sentido de responsabilidad histórica de que ha dado muestra el pueblo dominicano. Les digo a todos que no daré un paso atrás, pese a la fuerza colosal que nos amenaza, esa fuerza no nos atemoriza, sino que estimula nuestro sentir dominicanista y nuestra capacidad de lucha.[4]
El pueblo dominicano respaldó masiva y heroicamente al coronel Francisco Alberto Caamaño en las diferentes acciones militares que se desplegaron contra los sectores oligárquicos y contra la presencia grosera de las tropas norteamericanas.
La relación de comandos registrados por la Presidencia de la República que encabezaba el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, a los cuales se le otorgó una ayuda económica para su subsistencia con los recursos que se obtenían en las aduanas del puerto de Santo Domingo, alcanzó la cifra de unos 48. No obstante, se formaron tantos comandos como fueron necesarios para dar solución a las necesidades de armas, municiones, entrenamiento, abastecimiento de comida, agua, salud, educación, arte, recreación sana y otros servicios básicos perentorios en los sectores en que surgieron.
Los comandos constitucionalistas conjugaron en su práctica cotidiana aspectos tan disímiles e interesantes como la comunicación de masas, la creatividad artístico-literaria, la difusión de ideas políticas revolucionarias al interior de la población, la satisfacción de necesidades básicas del pueblo, el reconocimiento de espacios para el amor de pareja, la impartición de justicia con apego a la ética y la equidad, la preparación política y militar de los combatientes por la democracia y la libertad en el terreno de los hechos, así como la organización y realización de acciones bélicas por el control de espacios de poder local y central.
Las mujeres jugaron un rol de primer orden en la cotidianidad de los comandos constitucionalistas, en la lucha por la constitucionalidad democrática de la República Dominicana, en la acción decidida contra la segunda intervención militar norteamericana y en la lucha por la reafirmación de la soberanía nacional, a través de su participación como enfermeras, mensajeras, artistas, escritoras y como entrenadoras en la Academia Militar “24 de Abril”.
3-Caamaño ante la Intervención norteamericana: resistencia y negociación
A petición de los sectores reaccionarios de la Base Aérea de San Isidro, el presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, autorizó el desembarco a la República Dominicana de las tropas invasoras norteamericanas. Estas mancillaron el territorio nacional el 28 de abril de 1965 con un contingente de 42 mil 400 marines, pretendiendo controlar la Zona Constitucionalista en cuestión de horas.
La magnitud de la resistencia del pueblo dominicano y la contundencia de las acciones realizadas por los comandos constitucionalista fue tal, que al cabo de seis meses la Organización de Estados Americanos (OEA), a través de la Fuerza Interamericana de Paz (FIP), se vieron compelidos a iniciar un proceso de negociación para lograr un acuerdo de paz con el sector constitucionalista que encabezaba el coronel Caamaño Deñó.
Refiriéndose con pesar a la odiosa intervención militar norteamericana, el presidente Caamaño Deñó expresó el 11 de mayo de 1965:
Muchos son los factores que hemos tenido que enfrentar, pero ninguno tan doloroso como el ver en nuestra Patria tropas extranjeras que creíamos eran cosas del pasado. Y que nos hacen recordar los momentos que vivieron nuestros antepasados del 1916 al 1924… Pero el pueblo dominicano ha sabido corresponder a la cita de honor a conquistar sus derechos que les fueron arrebatados el desgraciado 25 de septiembre… Hoy tenemos un régimen de derecho, el Gobierno Constitucional de la República, que me honro en presidir: será un régimen de justicia, de oportunidad para todos. Nuestros únicos enemigos serán la corrupción, la miseria y la ignorancia.[5]
El 24 de mayo de 1965 el Gobierno Constitucionalista anunció, a través del presidente Caamaño Deñó, su disposición a aceptar el inicio de conversaciones que permitieran encontrar vías de entendimiento en los campos de la paz, el derecho y la justicia, ante el pedimento que al efecto hizo la Fuerza Interamericana de Paz (FIP), organismo controlado por las tropas norteamericanas que se convirtió en juez y parte en el desarrollo y en la finalización del conflicto bélico. Las negociaciones desarrolladas entre funcionarios del gobierno de los Estados Unidos y representantes del Gobierno presidido por el coronel Caamaño Deñó, mediante las cuales se buscaba establecer un gobierno presidido por el hacendado y ex secretario de Agricultura del gobierno del profesor Juan Bosch, don Silvestre Antonio Guzmán Fernández, fracasaron estrepitosamente.
Al cumplirse el 102 aniversario de la Guerra de la Restauración, en su discurso del 16 de agosto de 1965 describe las características de esa gesta patriótica, donde destaca la participación de todos los sectores de la vida nacional, con estas palabras:
En esa guerra por la restauración de nuestra independencia, se unieron todas las clases sociales con verdadero amor nacional. La unidad fue estrecha, apretada, contra el invasor y contra quienes habían llamado al invasor. Campesinos medios y pequeños, comerciantes, artesanos, obreros, profesionales, todos unidos agigantaron sus fuerzas para vencer a los enemigos de la soberanía dominicana. Así pudieron derrotarlos, así surgió la victoria en esa jornada nacionalista.
Gregorio Luperón, héroe en el campo de batalla, restaurador y héroe, sobre todo, en la afanosa lucha por la unidad de todos los dominicanos en defensa de la soberanía nacional, describió la significación de la guerra restauradora y la firme alianza del pueblo contra el invasor, con estas palabras:
En aquella grandiosa batalla de la independencia, que será eternamente la mayor gloria y honra de la nación dominicana, cada pueblo y cada lugar era un inmenso campo de combate y cada dominicano se convirtió en un soldado de la libertad.[6]
En el discurso del 27 de agosto de 1965 el coronel Caamaño anunció los acuerdos a que se arribaron en el proceso de negociación en los siguientes términos:
Los acuerdos definitivos que surgieron de esas negociaciones con la Organización de Estados Americanos, tras largas y fatigosas discusiones, significan, en parte, un triunfo de los principios democráticos por los cuales ha luchado el pueblo dominicano, ya que se garantizan las libertades públicas consagradas en la Constitución de 1963, aseguran el rápido retorno al orden institucional, y defienden el principio de la soberanía nacional.[7]
Sin embargo, Caamaño le recuerda al pueblo dominicano que para alcanzar la solución definitiva del conflicto debía mantenerse en pie de lucha:
Por todo esto, quiero decirle al pueblo dominicano que para alcanzar la solución definitiva, debemos continuar en pie de lucha reforzando de más' en más nuestra capacidad de resistencia. Mientras más fuertes seamos, más rápidamente podremos alcanzar la victoria final contra nuestros enemigos nacionales y extranjeros. Cualquier descuido hacia una posible agresión, será aprovechado para tratar de echar por tierra las aspiraciones del pueblo dominicano.[8]
El primero de septiembre de 1965, el ex canciller del gobierno del profesor Juan Bosch, Dr. Héctor Rafael García Godoy, asumió la presidencia de la República y los principales líderes militares constitucionalistas fueron designados como agregados militares en diferentes embajadas dominicanas en el exterior, entre los que se destacaron Francisco Alberto Caamaño Deñó en Londres, Inglaterra, y el Vicealmirante de la Marina de Guerra, Manuel Ramón Montes Arache en Ottawa, Canadá.
4-El presidente Caamaño Deñó entrega el poder al pueblo dominicano
El 3 de septiembre de 1965, en una multitudinaria manifestación en la Plaza de la Constitución, antigua Fortaleza Ozama, el coronel Caamaño Deñó se dirigió el pueblo dominicano, donde expuso de forma pormenorizada el proceso de negociación y los acuerdos a que se habían arribado, manifestó que en la contienda bélica de abril no hubo vencidos ni vencedores, al tiempo que expresó de forma lapidaria:
Porque el pueblo medio el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece. Ningún poder es legítimo si no es otorgado por el pueblo, cuya voluntad soberana es fuente de todo mandato público. El día 5 de mayo de 1965, el Congreso Nacional me honró eligiéndome presidente Constitucional de la República Dominicana. Solamente así podía aceptar tan alto cargo, porque siempre he creído que el derecho a gobernar no puede emanar de nadie más que no sea el pueblo mismo.
Bien legítimo era ese derecho, forjado por nuestras grandes mayorías nacionales en las elecciones más puras de toda nuestra historia, y depositado en mis manos en momentos en que el pueblo dominicano se batía, a sangre y fuego, para conquistar sus instituciones democráticas. Esas instituciones, surgidas de la consulta electoral del 20 de diciembre de 1962, fueron devoradas por la infamia y la ambición de una minoría que siempre ha despreciado la voluntad popular…
Heroicamente, con más fe que armas, y con un enorme caudal de dignidad, el pueblo dominicano abría de par en par las puertas de la historia para construir su futuro. Hondas, muy profundas, eran las raíces de esa lucha. Desde la Independencia, desde la Restauración, caminaba el pueblo muriendo y venciendo, tras su derecho de ser libre. El 24 de abril era un paso gigantesco hacia la consecución de ese derecho y hacia la democracia que lo consagra plenamente.
Los enemigos del pueblo, aquellos que por encima de los intereses de la Patria colocan sus propios intereses, en un vano empeño por mantenerse en el poder, hacían correr como ríos la sangre generosa. Pero sobre nuestros muertos nos levantamos siempre con mayor fuerza. La revolución avanzaba triunfante. América entera miraba con admiración esta tierra, esperando ansiosa nuestro triunfo, porque en él veía una victoria de la democracia sobre las minorías opresoras que azotan, como plagas, todo el continente americano.
Desgraciadamente, el 28 de abril, cuatro días después de iniciada la revolución, cuando la libertad renacía vencedora, cuando todo un pueblo se volcaba fervorosamente hacia el encuentro con la democracia, el gobierno de los Estados Unidos de América, violando la soberanía de nuestro Estado independiente, y burlando los principios fundamentales que sostienen la convivencia internacional invadió y ocupó militarmente nuestro suelo.[9]
Sin duda alguna, la Revolución de Abril de 1965 puso de manifiesto que el poder sólo es legítimo cuando emana del pueblo y éste participa activamente en los procesos de toma de decisiones y selección de sus gobernantes, la puesta en marcha de mecanismos efectivos de control, rendición de cuentas y revocación de los cargos, en caso de incumplimiento de la función para la que se eligió a alguien. Sólo de esa manera se puede lograr una patria justa y equitativa para todos, donde haya una mejor distribución de las riquezas del país, ejecutorias gubernamentales, legislativas y judiciales responsables orientadas hacia el bien común (tal como concibieron la política el filósofo griego Aristóteles y nuestro padre fundador Juan Pablo Duarte), así como un ejercicio ético, transparente y honesto del poder.
[1] Hermann, Hamlet. Francis Caamaño: Coronel de Abril, Comandante de Caracoles. Santo Domingo: Editora Amigo del Hogar, 2000, p. 204.
[2] Presidente Caamaño Discurso y Documentos. Santo Domingo: Comisión Permanente de Efemérides Patrias, 2006, pp. 19-20.
[3]. Gautreaux Piñeyro, Bonaparte. El gobierno de Caamaño, 1965: documentos, discursos y decretos. Santo Domingo: Editoria Corripio, 1989, p. 58.
[4] Presidente Caamaño. Discursos y Documentos. Santo Domingo: Comisión Permanente de Efemérides Patrias, 2006, p. 22.
[5] Ibidem.
[6] Ibidem, p. 68.
[7] Ibidem, pp. 73-74.
[8] Ibidem, p. 75.
[9] Ibidem, pp. 77-80.
Compartir esta nota
