Lev Tolstói (Lev Nikoláievich Tolstói) nació en una propiedad en las cercanías de Moscú, donde vivió la mayor parte de su vida y en la que también escribió muchas de sus obras. La vida de Franz Kafka se desarrolló en Praga. Estos autores no se conocieron en persona. Se diferenciaron tanto en términos generacionales como geográficos. Sin embargo, se piensa que Kafka leyó novelas de Tolstói. Este hecho resulta interesante al analizar, desde el punto de vista psiquiátrico, la interrelación entre dos de las obras más reconocidas de estos autores. Lev Tolstói escribió su novela La muerte de Iván Illich entre 1884 y 1886. Franz Kafka creó su famoso cuento La metamorfosis o La transformación en 1915, veintinueve años más tarde que la novela de Tolstói.
A pesar de las diferencias de estilo y períodos históricos, encontramos gran consonancia temática entre la novela de Tolstói y el cuento de Kafka. Planteamos que ambas obras tienen múltiples características en común. Entendemos que, de manera particular, la descripción del perfil psicológico de los personajes y su ambiente social se prestan a análisis y nos ayudan a entender la transformación de sus personajes y los mecanismos psicopatológicos de fondo. Postulamos que los cambios psicopatológicos descritos en ambos relatos tipifican mecanismos que derivan en una misma condición psiquiátrica. La evolución de sus personajes puede leerse, para el ojo entrenado, como si fuera parte de la historia clínica.
Debido a la brevedad inherente a la mecánica del cuento, Kafka codifica la información que provee. Tolstói hace uso de los recursos de la novela para profundizar en la descripción de sus personajes y sus contradicciones. Sin embargo, podemos notar la similitud de las características que ambos autores atribuyen a sus protagonistas.
Iván Illich, el personaje creado por Tolstói, es un abogado que, luego de alcanzar una posición económica favorable y un estándar de vida cómodo en Moscú, en lugar de encontrar la felicidad, confronta un estado de desilusión. Una enfermedad progresiva desmejora su salud y conduce a su fallecimiento. Sus renombrados colegas empiezan de inmediato a preocuparse por cómo su muerte les afectará en sus respectivas posiciones.
A partir de esa apertura, la novela describe el trayecto de vida del protagonista y su familia hasta el momento de su deceso. El personaje principal de La metamorfosis es Gregorio Samsa, un comerciante, el cual se encuentra rodeado de una estructura familiar rígida como su homólogo en la novela de Tolstói. Ambos personajes se caracterizan por ser el sostén principal de la familia y por una creciente incapacidad para trabajar que los transforma poco a poco en entes improductivos.
La transformación que experimentarán los protagonistas es notable: pasan de ser ejes indispensables de la familia a inútiles. Las dos historias muestran una similitud asombrosa. La descripción de la estructura familiar y sus cambios en ambas historias son importantes para comprender lo que sucede en el ámbito psicológico. La pérdida del bienestar económico de las familias tiene consecuencias graves.
El padecimiento de los protagonistas, que se agrava con el tiempo, alimenta una creciente indiferencia entre los miembros de la familia. El deterioro de su salud corre paralelo al declive de su importancia y valoración en el contexto familiar. Resulta notable, por igual, la conformidad gradual con la que los personajes poco a poco empiezan a aceptar su discapacidad y a tornarse ineficientes ante sus propios ojos y los de sus familias. En ambas instancias se establece un «antes» y un «después» de iniciarse el cambio, marcado por el padecimiento.
En el caso de Iván Illich, con cada día que pasa, él se torna más incapacitado después de sufrir un accidente. Gregorio Samsa, en cambio, despierta convencido de que su cuerpo se transforma en algo extraño, un insecto, y sus parientes empiezan a verlo tal cual. A partir de esas alteraciones, los dos personajes son vistos por sus familiares y el entorno social como una especie de «artículo dañado» del cual buscan deshacerse.
En ambos personajes persiste la percepción, un tanto distorsionada, de su propio estado físico. Esto contribuye, a su vez, junto a una reducción de actividad, a profundizar la sensación de tristeza, desconsuelo y a arribar a una franca depresión. La vergüenza al sentir que han fallado en lograr lo que en un momento dado supusieron serían sus metas para alcanzar la felicidad, y la frialdad y crueldad de la familia, hacen sucumbir a los dos personajes en la desesperación. Podría argumentarse que en ambos casos la gestión emocional del estado disfuncional se transforma en una somatización, es decir, una conversión de las tensiones en trastornos físicos reales.
La maestría sugestiva de Kafka nos lleva a creer que Gregorio en verdad se ha convertido en un insecto. Nos asombramos quizás al descubrir que adoptamos la actitud de Gregorio y sus familiares; hasta sentimos una cierta solidaridad y comprensión hacia ellos. Kafka nos hace partícipes de la degradación del personaje como ser humano y nos convierte de esa manera en parte de la familia, en cómplices de un mecanismo psicopatológico que crea y alimenta el proceso evolutivo de depresión en el personaje. Lo interesante es que, si comprendemos el mecanismo, podemos aprender una lección importante y evitar caer en una trampa similar en situaciones que se presenten en nuestro mundo real.
La depresión es una condición clínica que se estima afecta, a nivel mundial, a más de 332 millones de personas. Tolstói y Kafka descubren para nosotros algunos de los mecanismos que exacerban esta condición humana, en la que el entorno familiar y social, así como la definición personal de cada persona sobre su forma de alcanzar la felicidad, juegan un papel importante.
Más allá de las vivencias descritas en las obras de Tolstói y Kafka, otro aspecto relevante, la invalidez, es un fenómeno muy real para muchas personas en nuestros días y a nuestro alrededor. La forma en que cada uno de nosotros y nuestras familias lidiamos con esa circunstancia será determinante en lograr un mejor o peor resultado en la calidad de vida de la persona afectada. Una mala gestión del estado emocional puede conllevar a la depresión u otras condiciones de mala adaptación. La sociedad de consumo en que vivimos nos seduce a pensar que la felicidad consiste en gran parte en la adquisición de bienes y un aumento del patrimonio, una creencia compartida por los personajes creados por Tolstói y Kafka. Este paradigma conduce con frecuencia a conductas autodestructivas y estructuras intrafamiliares inefectivas.
Quienes piensan que la vida moderna se aleja mucho de los escenarios kafkianos o de Tolstói están destinados a experimentar una desagradable sorpresa.
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