No soy dado a la adulación ni la necesito. Tampoco considero que quien ejerce una función pública deba recibir elogios por el simple hecho de ocupar una posición de poder. Pero desde la responsabilidad que actualmente desempeño en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y desde mi compromiso con la cultura, tampoco considero justo pasar por alto aquellas iniciativas que consiguen acercar las instituciones a la sociedad.
Los grandes problemas de la República Dominicana continúan pendientes: la seguridad social, la educación de calidad, la pobreza, la exclusión social, la salud, el deterioro medioambiental y tantos otros. Ningún gobierno, desde la fundación de la República, ha conseguido resolverlos plenamente. Precisamente por eso creo que debemos aprender a valorar las políticas públicas que producen resultados concretos, sin que ello implique renunciar a la crítica.
Desde esa perspectiva, quiero destacar la labor desarrollada por el ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, junto a los viceministros Pastor de Moya y Luis R. Santos, y felicitar a Reynaldo Paulino Chevalier Hernández por la organización de la XXVIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026.
Salvo error de mi parte, pocas veces había observado desde el Ministerio de Cultura una iniciativa con una capacidad tan amplia de conexión con la sociedad dominicana y sus provincias. Pero lo que más me interesa destacar es la posibilidad de que esa política cultural encuentre en la Universidad Autónoma de Santo Domingo un aliado natural para profundizar su alcance social.
Como parte de la responsabilidad que tenemos en la UASD de fortalecer la vinculación de la Universidad con la sociedad, asumimos nuestra participación en la Feria no como una simple presencia protocolar ni como la instalación de un espacio para exhibir publicaciones. Procuramos que el stand de la Primada de América fuera un verdadero punto de encuentro entre la universidad pública y la ciudadanía.
La XXVIII Feria Internacional del Libro ha concluido, pero el verdadero reto empieza ahora. Lo que hemos experimentado debe servir para fortalecer políticas permanentes de promoción de la lectura, circulación del libro, apoyo a los escritores, descentralización cultural y vinculación entre las instituciones públicas y las comunidades.
Los resultados hablan por sí mismos. Durante los diez días de la Feria, nuestro stand recibió cerca de diez mil visitantes. Realizamos más de 720 tomas de presión arterial, desarrollamos actividades culturales, intercambiamos más de tres mil libros y presentamos nuestras revistas académicas y culturales. Es decir, llevamos a la Feria una parte de lo que la UASD es y representa: conocimiento, cultura, servicio y compromiso social.
Esta participación contó con el respaldo decidido del rector, Dr. Jorge Asjana David, a quien corresponde reconocer su visión y disposición para apoyar una presencia activa, productiva y socialmente vinculada de nuestra Universidad en este importante acontecimiento cultural.
También tuvimos la oportunidad de mostrar la riqueza de la creación literaria de nuestros profesores y escritores. Participaron, entre otros, Ibeth Guzmán, Pedro Paulino, Rita Díaz, Faustino Medina, Florangel Román, Jacqueline Ureña, Mateo Morrison, Tony Raful, José Mármol y Pablo Reyes, además de quien suscribe, con Versos que abrazan a Quisqueya. A ellos se sumaron otros autores vinculados a nuestra institución.
En mi caso particular, la editorial española Huerga y Fierro informó que Versos que abrazan a Quisqueya fue el libro más vendido entre los stands de editoriales universitarias extranjeras durante la Feria. Lo recibo con satisfacción personal, naturalmente, pero sobre todo como una señal de que la literatura dominicana puede encontrar lectores cuando se generan los espacios adecuados para ese encuentro.
La experiencia de estos diez días confirma algo en lo que he creído desde siempre: la extensión universitaria no puede limitarse a llevar ocasionalmente una actividad fuera del campus. La verdadera extensión consiste en construir vínculos permanentes con la sociedad. Cuando una persona recibe un libro, conoce una revista universitaria, participa en una actividad cultural o recibe un servicio de salud en un espacio como este, la Universidad deja de ser una institución distante y se convierte en parte concreta de su vida.
Por eso valoro especialmente la articulación que se ha producido entre el Ministerio de Cultura y la UASD. El Ministerio tiene la responsabilidad de democratizar el acceso a la cultura; la Universidad pública tiene el deber de democratizar el conocimiento. Ambas responsabilidades se encuentran en la Feria del Libro y pueden proyectarse mucho más allá de sus diez días de duración.
La XXVIII Feria Internacional del Libro ha concluido, pero el verdadero reto empieza ahora. Lo que hemos experimentado debe servir para fortalecer políticas permanentes de promoción de la lectura, circulación del libro, apoyo a los escritores, descentralización cultural y vinculación entre las instituciones públicas y las comunidades.
Desde la UASD estamos dispuestos a continuar aportando en esa dirección. Y si una Feria del Libro consigue reunir al Ministerio de Cultura, la universidad pública, los escritores, las editoriales y miles de ciudadanos alrededor del conocimiento y la cultura, ¿no estamos ante una experiencia que deberíamos convertir en una política permanente de vinculación entre la cultura y la sociedad dominicana?
Compartir esta nota
