Los ritmos cotidianos

Lo estético en el juego de las formas, los signos y los ritmos cotidianos: la literatura en la posmodernidad (III)

Es común atribuir a esta época cierta aceleración de las cosas, el inmediatismo, lo instantáneo, la impaciencia crónica, la hiperestimulación, la velocidad en la obtención de resultados, el tiempo real, el tiempo virtual… El ritmo de vida de una persona del Renacimiento no es igual al de la modernidad ni al de la posmodernidad, y mucho menos cuando, en los contextos sociales, políticos, espaciales y económicos, todas las transformaciones —principalmente tecnológicas— llegan tardíamente a esos escenarios. Este ritmo de la sociedad moderna está regulado, como afirma Rosa (2016), por «un régimen temporal severo configurado por la lógica de la aceleración social. Los sujetos modernos, por ende, no están gobernados por autócratas o dictadores […], sino por un régimen temporal invisible pero omnipresente. Los individuos son empujados por este régimen a actuar de una manera determinada» (p. 115). El choque es brutal, excluyente y está marcado por los privilegios. Los cambios generacionales, antes de asimilarse por completo, están precedidos por un esquema o plan de sustitución, lo que genera un tipo de estrés, como el burnout. Estos juicios provienen de la sociología, la filosofía y la psicología contemporáneas y forman parte de la teoría de la aceleración social y de la crítica a la sociedad del rendimiento, que funden sus enfoques para mostrar una de las capas visuales de la realidad posmoderna.

En las sociedades se dan al mismo tiempo dualismos, y es fácil observarlos en aquellas consideradas «descolgadas» o en desarrollo. Mucho más cuando esas sociedades pasan abruptamente de unas formas de producción y comunicación a otras. Este caso puede presentarse en Latinoamérica y en otros países dependientes de potencias económicas, tecnológicas y políticas. Por ejemplo, en una misma zona: una industria de enclave de zapatos italianos producidos en una ciudad de la República Dominicana y, en la misma acera, un modesto zapatero arreglando suelas de zapatos. Obviamente, se ilustra la existencia de un dualismo estructural y de un asincronismo entre los modos de producción.

Atendiendo a este contexto de aceleración, desigualdad y enajenación, todo cambia de ritmo, desde la música hasta la más simple actividad cotidiana. Quizá aquí haya alguna discusión filosófica o metafísica que permita disentir de este juicio, en tanto que se refiere a los conceptos de inmanencia, esencia y trascendencia. Sin embargo, debe reflexionarse sobre cómo lo humano no está exento de cambios: la dispersión y la congregación en sus estados de evolución y regresión.

Configuración de lo estético

Lo estético en el juego de las formas, los signos y los ritmos cotidianos: la literatura en la posmodernidad (III)

Una vez que la cultura humana se acelera, lo único que le espera es una desaceleración, del mismo modo que se contrae o se dispersa. El espíritu entrópico de dispersión agranda sus espacios y alcances; se asiste a una nueva manera de configurar el ser y lo estético. ¿Se producirá lo mismo en el lenguaje del creador? Entonces… ¿cómo debe expresarse el autor de este tiempo para alcanzar nuevos niveles estéticos y ser intérprete de su realidad presente? ¿Cómo se puede configurar lo estético en sociedades de consumo digital, de velocidad, de signos y de simulación?

Ante el pálpito de este tiempo, la obra de arte —lo estético— no es estacionaria; se agita y se desplaza —en la evolución de sus esencias— a velocidades superiores a las de otras épocas. En ese proceso, las configuraciones de pensamientos y movimientos estéticos establecidos se relegan más rápidamente que antes. Siguiendo esas mismas ideas, los poetas tienden a ser menos románticos y menos modernos. No me refiero solo al contexto dominicano, sino también a los de Occidente que están impactados por el giro posmoderno.

En el ámbito global, las etapas de la evolución de las naciones —tecnológica, productiva, política, educativa y social— se presentan de manera diferenciada. Lo mismo ocurre en la cultura, en el pensamiento y en las artes. Durante mucho tiempo habrá adeptos y productores de literatura y de cualquier arte clásico, romántico, vanguardista o moderno. No todos los artistas se identificarán con la realidad posmoderna. En el arte se tiene la ventaja creativa de sondear lo estético desde todos los frentes, perspectivas y principios. Lo que no debe olvidarse es su realidad actual, de la que proviene gran parte de sus motivos artísticos. Estas ideas traen al tapete, desde una perspectiva filosófica y epistemológica, lo dicho por Feyerabend (2008): «¿Y cómo puedo decidir un caso desde lejos, viendo que la realidad es más rica que la más maravillosa imaginación?». Aunque no de manera absoluta, la percepción de la realidad actúa como un punto de ruptura que da origen a una nueva sensibilidad. Este quiebre se vincula conceptualmente con la noción lacaniana de la ruptura del semblante, abordada aquí no desde un prisma puramente psicoanalítico, sino desde una dimensión estética.

La construcción mental de la realidad y la búsqueda de la verdad están determinadas por los contextos y las formas dominantes. El lenguaje asume las características y las maneras de expresión de los estados sensibles construidos en esas épocas. Por ejemplo, los trovadores y poetas-músicos medievales (testigos de las Cruzadas) de los siglos XII y XIII componían «canciones de cruzada», composiciones líricas y poemas profundamente militares, amorosos y bélicos que servían de propaganda para reclutar hombres para los ejércitos. Toda esa literatura estaba impregnada de la sensibilidad construida por las élites para responder al llamado al alistamiento. En ese caso, lo estético de los versos, las canciones y las narraciones tenía como objetivo ser útil a la causa, aprovechando las estructuras sensibles configuradas por el poder dominante. Sobre ese tema de las Cruzadas, poetizaron Torcuato Tasso (1544-1595) con su célebre obra cumbre de esa literatura, titulada «Jerusalén liberada», y Tommaso Gross (1790-1853) con «Los lombardos en primera cruzada».

Otro caso, para citar uno más cercano, es la obra Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Para su creación, el autor se valió de hechos del pasado colombiano —como la masacre de las bananeras, que ocurrió en 1928; las guerras civiles acontecidas a finales del siglo XIX y principios del XX; y la Guerra de los Mil Días (1899-1902)— mientras era influido por el contexto de los años 60: la Guerra Fría, la Revolución Cubana y las dictaduras en Latinoamérica. La influencia del presente en la obra también estuvo asociada a sus recuerdos familiares, así como a las creencias, historias y leyendas que le contaron durante su infancia. Es decir, se construyó una estructura de sensibilidades que se reflejó en la obra y dio lugar a un lenguaje en el que la ficción conectaba con la realidad.

Estos ejemplos ilustran cómo influyen los contextos en las obras de arte y, en el caso que seguimos, en la literatura y en la estética. Así sucede en todos los momentos de la historia humana y el autor no debe pasarlos por alto. Anclarse a formas, temáticas y sensibilidades del pasado, sin que aflore lo actual, reduce la posibilidad de un legado artístico que manifieste las huellas sensibles del presente. Antonio Machado, poeta español, no solo plasmó con sus versos la sensibilidad del pueblo español de su época, sino que también hizo emerger en sus obras una estética vanguardista a través del paisaje, los campos de Castilla, los árboles, los ríos y la naturaleza de su tiempo. En su poema «El pasado efímero», retrata satíricamente al típico señorito provinciano de finales del siglo XIX y principios del XX. Su lenguaje y su estética permiten representar una España vacía y estéril, que limita su progreso, y dotan a su obra de un aliento metafísico y existencial, alejándola del modernismo puramente estético. La sensibilidad machadiana plasmada en el paisaje no es una simple descripción, como bien lo expresa Pedro Ovalles (2026) en el periódico digital Acento: «En él, el paisaje castellano deja de ser una simple descripción para convertirse en símbolo del alma colectiva de un pueblo marcado por la historia, la melancolía y la esperanza».

Como se ha señalado anteriormente, Antonio Machado se distanció del modernismo para explorar nuevas coordenadas estéticas. Esta evolución hacia una poesía temporal, un intimismo sobrio, el paisaje real y la vertiente cívica ha sido ampliamente respaldada por la crítica. Al respecto, Dámaso Alonso (1962) profundizó en las raíces de su intimismo, mientras que Luis Cernuda (1957) analizó su ruptura con el modernismo y su concepción del tiempo. Por su parte, Pedro Salinas (1940) examinó el vínculo entre el paisaje castellano y el fluir cronológico; José María Valverde (1974) abordó su desarrollo ético, cívico y filosófico, y Philip W. Silver (1985) aportó una lectura contemporánea sobre la modernidad de este emblemático autor de la generación del 98.

El lenguaje de la fragmentación

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Si una de las características del posmodernismo es la fragmentación —diría yo, la acelerada fragmentación y la más variada dispersión—, de ese fenómeno físico-entrópico no se escapa nada en la naturaleza; tampoco lo hacen las lenguas y los lenguajes. Los procesos culturales que se desarrollan en torno a una lengua permiten, en determinadas circunstancias, cohesionar las formas de comunicación entre los hablantes. Esa dinámica también las dispersa. La sociolingüística permite verificar esos procesos de cambio y, al seguir su curso, se puede observar cómo se dispersan la estructura, las palabras e incluso los significados, lo que conduce a la pérdida de referencias comunes y a la desaparición de la lengua.

La aceleración de la dispersión posmodernista de la lengua se manifiesta en internet y en las redes sociales, que no favorecen ciertos tipos de lenguajes unificados debido a la creación de microlenguajes, jergas (slang) y códigos específicos de cada manifestación cultural, principalmente de las subalternas (periferias urbanas, colectivos marginados, contraculturas juveniles, minorías, etc.).

Las pérdidas de referencias comunes en el lenguaje introducen ruido en la comunicación cuando ocurren abruptamente y no atraviesan procesos de transición intelectual, emocional y sensible en individuos y colectivos. No es que demos vigencia a la metáfora bíblica de la Torre de Babel, pero esta no deja de presentar elementos de similitud con la imagen que manejamos, lo que conduce, en última instancia, a la incomunicación y a la desaparición de la lengua. Por ejemplo, el latín, considerado lengua muerta, ilustra el proceso entrópico posmodernista mediante la fragmentación que ha experimentado y la pérdida de referencias. Como bien señala Leonhardt (2013), el desarrollo cultural europeo se sostuvo en «la coexistencia de una lengua de alta cultura muerta pero universalmente estandarizada, que ya no era la lengua materna de nadie» (p. 3, traducción propia), sirviendo de contrapeso a la fragmentación de las lenguas regionales. En ese mismo sentido, Stroh (2007) expresa que «el latín sobrevivió precisamente porque murió. Al dejar de ser la lengua materna de una población en constante cambio, se salvó de la decadencia natural y de la fragmentación de todas las lenguas vivas, convirtiéndose en un monumento inmutable para la Iglesia y la academia». La Iglesia católica utilizaba una lengua muerta, como el latín, cuyo código lingüístico inmutable y ajeno se empleaba en sus rituales para legitimar su discurso divino.

En busca de expresión

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Todas estas reflexiones conducen a la búsqueda de otras expresiones estéticas en una época de dispersión acelerada, porque el arte no se sustrae a los cambios, aunque, en sus raíces, su esencia tiende a la eternidad.

Es en este medio creativo donde el efluvismo incursiona como vertiente creadora, observa la dispersión cultural, lingüística y estética, medita sobre estos procesos y sondea las características posmodernas del arte y actúa como agente crítico y transformador. La fragmentación y la discontinuidad, la intertextualidad y el pastiche, la metaficción y la ironía, el humor negro y la parodia, relacionados con los valores de conciencia y con la esencia cósmica y universal, pueden generar nuevas estéticas generativas que conecten con el pensamiento, el sentimiento y la sensibilidad de este tiempo. No sería una pérdida de tiempo intentarlo.

Domingo 11 de octubre de 2026

Publicación para Acento No. 192

Referencias

  • Alonso, D. (1962). Cuatro poetas españoles (Vicente Aleixandre, Antonio Machado, Jorge Guillén, Gerardo Diego). Editorial Gredos.
  • Cernuda, L. (1957). Estudios sobre poesía española contemporánea. Ediciones Guadarrama.
  • García Márquez, G. (1967). Cien años de soledad. Editorial Sudamericana.
  • Grossi, T. (1985). Los lombardos en la primera cruzada (M. de las Nieves Muñiz Muñiz, Trad.). Universidad de Extremadura. (Obra original publicada en 1826).
  • Leonhardt, J. (2013). Latin: Story of a world language. [Editorial no especificada].
  • Machado, A. (2014). Campos de Castilla (G. Ribbans, Ed.). Cátedra. (Obra original publicada en 1912).
  • Ovalles, P. (2026, 24 de mayo). Antonio Machado: Modernismo, alma española y estética de la transparencia. Acento. https://acento.com.do/cultura/antonio-machado-modernismo-alma-espanola-y-estetica-de-la-transparencia-9681938.html
  • Rosa, H. (2016). Alienación y aceleración: Hacia una teoría crítica de la temporalidad en la modernidad tardía (P. Setaro, Trad.). Katz Editores.
  • Rosa, H. (2020). Aceleración social: Una nueva teoría de la modernidad (S. G. Distéfano, Trad.). Herder Editorial.
  • Salinas, P. (1940). Reality and the poet in Spanish poetry (E. F. Helman, Trad.). Johns Hopkins University Press.
  • Silver, P. W. (1985). La casa de Anteo: Ensayos de poética hispana (De Antonio Machado a Claudio Rodríguez) (S. Masó, Trad.). [Editorial no especificada].
  • Stroh, W. (2007). Latein ist tot, es lebe Latein!: Kleine Geschichte einer großen Sprache [El latín está muerto, ¡viva el latín!: Breve historia de una gran lengua]. List Verlag.
  • Valverde, J. M. (1974). Evolución del sentido espiritual de la obra de Antonio Machado. En Homenaje a Antonio Machado (pp. 29-48). Universidad de Barcelona.

Virgilio López Azuán

Escritor y académico

Virgilio López Azuán es escritor y académico, exrector de la Universidad Tecnológica del Sur –UTESUR- y ex director general de Educación -MINERD-. Ha cursado maestrías y especialidades en Educación, Lingüística, Estudios Afroiberomericanos y Participación Comunitaria. López Azuán es fundador del Movimiento Literario Efluvismo y ha obtenido diversos premios nacionales de literatura en los géneros, cuento, poesía y teatro. Ha publicado una veintena de libros entre los que se destacan: La pretendida de Verapaz (Novela), Sumer: Poética de los números, Paraísos de la nada, Incendios del Agua, Paraísos de la imagen, Unicornio, Ladran los Huesos, Cuando la mar bota peces, entre otros.

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